One piece : Soy Trafalgar D. Water law - Capítulo 82
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82: 81 82: 81 El ambiente pesaba como una lápida sobre los hombros de Penguin, Sachi y Bepo mientras avanzaban entre los escombros.
Aunque los edificios ardían a medias, los verdaderos restos eran invisible, he increíble observar lo despiadado que puede llegar a ser el hombre, esclavizando a sus pares.
—No podemos quedarnos aquí mucho tiempo.
Si Robert está cerca, puede volver… y no tendremos oportunidad de reaccionar con los aldeanos en este estado —advirtió Bepo con firmeza, girando la cabeza a cada ruido que se filtraba entre la madera quebrada.
Penguin se acercó a una de las paredes con símbolos.
Los tallados eran toscos, profundos, como si hubieran sido grabados con garras.
—Estos no son solo advertencias… son burlas —susurró con los dientes apretados—.
Este bastardo está jugando con nosotros.
Sachi se acercó por detrás y levantó la vista hacia la colina.
Un destello plateado reflejaba la luz pálida del sol.
—Una torre de vigilancia… si hay alguien ahí, podremos ver hacia dónde se los llevaron.
¡Vamos!
Subieron por la colina sin perder tiempo.
Desde la cima, el valle se extendía como una cicatriz abierta.
En la distancia, una columna de polvo avanzaba lentamente: una caravana.
No era grande, pero sí constante.
Decenas de figuras se movían en formación, escoltadas por bestias de carga.
—¡Esos son los aldeanos!
—dijo Penguin.
—Y no están solos —añadió Bepo, sus ojos fijos en las siluetas oscuras que caminaban alrededor del grupo—.
Están custodiados.
Deben ser parte del ejército de Kairon… o algo peor.
—Entonces no podemos atacarlos de frente —murmuró Sachi—.
Si Robert o Tyron están ahí, nos harían pedazos antes de liberar siquiera a uno.
Bepo asintió.
—Dividámonos.
Yo los seguiré entre los árboles, como explorador.
Ustedes vuelvan al punto de reunión e informen a Law.
Esto cambia todo.
—¿Estás seguro, Bepo?
—preguntó Penguin, con preocupación sincera, pero frente a el el oso blanco esbozó una media sonrisa y levantó el pulgar diciendo.—No te preocupes por mí.
¡Soy un oso!, se cómo moverme en bosques como este.
Si algo sale mal… ustedes lo sabrán.—Con un firme apretón de puños, el grupo se separó.
Mientras tanto, en el otro extremo de la isla, Law no había perdido el tiempo entrenando a los mineros, quienes si bien no tenían una mala constitución muscular por su riguroso trabajo, sí mantenían una preocupante desnutrición, por lo que llevó a que law y Luigui se encargaran de obtener los alimentos suficientes para todos, las ojeras en sus rostros hablaban del tiempo que llevaba sin dormir, pero sus movimientos seguían siendo precisos.
Luigui, cubierto de sudor, se acercó a él.
—Capitán, los mensajeros de la aldea del este regresaron.
Dicen que encontraron trampas en el camino, pero lograron dejar los mensajes ocultos en los puntos de reunión.
Tal vez los otros pueblos ya estén en movimiento, Law asintió sin apartar la vista de los aldeanos entrenando.
—Es cuestión de tiempo antes de que Kairon se mueva.
Y cuando lo haga, todo dependerá de lo rápido que podamos ejecutar el plan.
¿Han vuelto Penguin y los otros?— —No… pero deberían estar cerca.
Tal vez estén retrasados por el terreno.
En ese instante, un cuervo negro descendió en picada, posándose sobre la rama frente a Law.
Atado a su pata había un pequeño cilindro de metal.
Law lo tomó con rapidez y desdobló el papel: “Aldea arrasada.
Aldeanos capturados.
Rumbo noreste.
Huellas con signos de hibridación Zoan.
No atacar aún.
Bepo los sigue.” Los ojos de Law se oscurecieron.
—Robert y Tyron —murmuró, reconociendo el estilo.
Luego alzó la voz—: ¡Luigui!
Reúne al segundo escuadrón.
Que preparen suministros y provisiones.
Partimos en una hora hacia la ruta noreste.
Luigui parpadeó.
—¿Y la defensa de la aldea?
—Confío en Dan y en los demás.
Si no actuamos ahora, los refuerzos no llegarán a tiempo.
Si Bepo se expone solo contra dos usuarios zoan, es muy probable que morirá antes de que podamos apoyarlo si esperamos.— En la distancia, el viejo Dan alzó la vista al escuchar la orden.
Sus ojos sabían lo que se avecinaba.
Y sin pedir permiso, se acercó a Law.
—Quiero ir con ustedes —dijo sin rodeos.
—Dan… tus heridas… nos retrasarás.— dijo Luigui preocupado por la situación que mostraba Law.
—¿Y qué más me puede herir que ver a otro niño encadenado como lo fue el mío?
Law dudó un instante… pero luego asintió.
—Entiendo tu frustración y tu deber con la causa, pero solo ganarás una muerte y tienes nietos que cuidar, déjanos esto a nosotros, tú ayúdanos a recibir a aquellos que lleguen a luchar por la causa.— El anciano Dan mostraba una expresión molesta y amarga, pero aún así asintió y dijo, —Entiendo, lo haré cuenta con ello.— Mientras tanto a muchos kilómetros de la ciudad en el denso corazón del bosque, Bepo se encontraba deslizándose entre la maleza tratando de pasar desapercibido, pero su evidente pelaje blanco lo hacía casi imposible, aún así Bepo se deslizaba entre las sombras como un cazador.
Algún tiempo después de que se adentrara en el bosque la caravana no se detenía.
Había al menos veinte soldados, pero lo que más le inquietaba no era su número… era el rastro de olor que lo acompañaba.
Un olor a sangre se percibía en el ambiente, bepo podía sentirlo, el miedo y la presión cada vez era más abundante el olor a sangre, Y, más importante aún, Bepo sentía que se acercaba cada vez más a Robert.
Bepo se detuvo, sus oídos captando el menor crujido entre las ramas.
No estaba solo.
Sintió una presión repentina, como si lo observaran desde todas las direcciones.
Una risa se filtró entre los árboles, delgada y helada como el filo de un bisturí.
—Me preguntaba cuándo aparecerías, osito polar… estás muy lejos del invierno, pero no te preocupes, te haré sentir el frío de la muerte.—dijo Robert, desde algún lugar entre la neblina.
—.
¿Tú solo?
Qué imprudente, solo buscaste tu propia muerte.— respondió bepo en tono sarcástico cuando de pronto Bepo giró en seco y sus garras saliero mientras mostraba una mirada salvaje al observar la posición de Robert con una mirada salvaje y gruñendo —No soy un simple oso, y estás por averiguar el por qué.—gruñó con voz ronca y una expresión molesta Bepo.
—Perfecto… así será más divertido— dijo Robert, con una mirada loca inyectada en emoción y sus ojos brillaban observando a Bepo.
El suelo tembló bajo el peso de la transformación de Robert que hizo que lanzara un gruñido desgarrador, pero al final terminó de transformarse: su cuerpo cubierto por un pelaje negro azabache, colmillos alargados y unos ojos encendidos como brasas.
La silueta de un lobo humanoide se alzó, respirando vapor en medio de la neblina del bosque.
Bepo no se intimidó y con una sonrisa dijo.
—¡Vaya, te volviste más feo!— su pelaje blanco contrastaba con la oscuridad que lo rodeaba.
Avanzó con paso firme, los músculos tensos como cuerdas, sus garras brillando a la luz filtrada entre las ramas.
Robert se recuperó del golpe inicial y sonrió mostrando sus colmillos.
Pero justo antes de que Robert transformado en el lobo negro humanoide saltara a su primer ataque…..
Bepo se adelantó a una velocidad increíble para su tamaño pateando la rodilla de Robert y posteriormente el abdomen lanzándolo unos metros hacia atrás de la fuerza del impacto.
—Tienes fuerza… pero aún eres muy amable.— dijo Robert levantándose con un salto brutal, y al estar de pie se lanzó contra Bepo.
Sus garras descendieron como cuchillas negras, desgarrando troncos a su paso.
Pero Bepo giró sobre sí mismo, interceptando con el antebrazo y desviando el ataque, al mismo tiempo que descargaba un zarpazo al rostro del lobo.
La sangre oscura de Robert salpicó el suelo.
El lobo aulló, furioso.
—¡Me atreviste a marcar el rostro!
—rugió, y con una velocidad endiablada desapareció de la vista.
Bepo apenas alcanzó a reaccionar cuando sintió el aire cortarse a su costado.
Rodó por el suelo, levantando tierra y raíces, esquivando por centímetros una mordida que habría destrozado su cuello.
La garra de Robert se clavó en el árbol detrás, partiéndolo como si fuera un palillo.
—Si crees que por transformarte en un “Lobo” vas a dominar los instintos y la fuerza de uno, estás equivocado, yo nací y vivo como un oso y a mis ojos no eres más que una réplica barata.— respondió Bepo, erguido de nuevo, sus ojos brillando con determinación lanzándose hacia adelante, esta vez tomando la iniciativa.
Su pata golpeó contra el suelo con tanta fuerza que levantó una nube de polvo, cegando momentáneamente a Robert.
Entre la cortina de tierra, Bepo emergió como un rayo: un uppercut con su garra impactó el mentón del lobo, seguido de un rodillazo que lo levantó del suelo.
Robert se estrelló contra un peñasco, destrozándolo.
Sin embargo, se levantó riendo, con el hocico ensangrentado comenzó a reír.
El lobo extendió los brazos y su musculatura se expandió aún más, adoptando una forma híbrida completa.
Su velocidad aumentó exponencialmente.
En un parpadeo, Robert apareció frente a Bepo y lo embistió con una violencia brutal, lanzándolo contra varios troncos que crujieron y cayeron uno tras otro.
Bepo tosió sangre, pero sus patas se clavaron en la tierra deteniendo su arrastre.
Bepo, Levantó la mirada, jadeante pero con una sonrisa feroz liberó toda su fuerza.
Sus músculos se tensaron, y en un abrir y cerrar de ojos su velocidad rivalizó con la de Robert.
El choque entre ambos fue como el de dos bestias titánicas: garras contra garras, colmillos contra colmillos.
Cada impacto retumbaba en el bosque como un trueno.
Árboles eran derribados, la tierra se partía bajo sus pies y el aire se llenaba del olor metálico de la sangre.
Ninguno cedía.
Finalmente, tras un intercambio furioso, Bepo atrapó el brazo de Robert y lo torció con fuerza inhumana, incrustando al lobo contra un tronco.
Robert había sido clavado en una rama por el hombro derecho, la sangre emanaba de sus heridas y su mirada lucía inyectada en adrenialina y sangre, por su parte Bepo tenía su pelaje blanco tintado en rojo en los lugares donde tenía heridas, pero mostraba una mirada peligrosa.
—Sabes, entiendo que tu siento un animal te creas superior, pero te equivocas totalmente, por qué además de ser un Lobo negro, también soy el líder de la manada, SOY UN ALFA.— Gritó antes de empezar a aullar tan fuerte que incluso Sachi y penguin que evacuaban a las personas lograron distinguir a lo lejos.
—Cierra la boca y deja de decir.— Dijo Bepo acercándose para golpear y neutralizar a Robert cuando de pronto un Lobo corrió y mordió a Bepo de la mano, soltó un rugido cuando los colmillos del primer lobo se hundieron en su brazo, desgarrando la carne.
El peso del animal lo arrastraba hacia abajo, pero Bepo se levantó con violencia y lo estrelló contra el suelo con tal fuerza que los huesos del lobo crujieron como ramas secas.
—¡¿Más lobos?!
—gruñó, apenas levantando la guardia cuando otros tres salieron disparados de entre la neblina.
Uno se le aferró a la pierna izquierda, mordiéndolo con tanta furia que la sangre manó de inmediato.
Otro le saltó al lomo, enterrando sus fauces en el hombro, mientras un tercero buscaba su garganta.
Bepo reaccionó con instinto: giró sobre sí mismo en un torbellino de garras.
El lobo que iba directo al cuello fue detenido por un zarpazo que le desgarró medio rostro, haciéndolo caer aullando.
Luego, con un giro brusco, se dejó caer de espaldas, aplastando al que lo mordía desde el hombro contra el suelo hasta que un chasquido seco reveló que había partido sus costillas.
El tercero seguía aferrado a su pierna, desgarrando músculo.
Bepo lo tomó con ambas garras y lo arrancó de un tirón, lanzándolo contra un árbol que se partió con el impacto.
Su pelaje blanco estaba ahora teñido de rojo en varios puntos, pero aún así su respiración era firme, sus ojos fijos en la amenaza.
Y entonces, el crujido que había olvidado resonó: Robert, con una sonrisa sádica, arrancaba su propio cuerpo de la rama que lo había atravesado.
La sangre brotaba de su hombro, pero eso no lo detenía; de hecho, la herida parecía excitarlo más.
—¿Lo sientes, osito?
—rugió, sus colmillos goteando sangre—.
¡La presión de la manada!
¡El instinto de la cacería!
¡Ahora tú eres mi presa!— En un parpadeo, Robert desapareció de la vista.
Bepo apenas alcanzó a girar cuando el lobo negro cayó sobre él desde arriba, su garra extendida como una guillotina, el golpe fue tan fuerte que derribó a Bepo al suelo sofocándolo del impacto.
Sin perder el tiempo los lobos se abalanzaron sobre Bepo tendido en el suelo, Robert “Victorioso” sonrió observando a Bepo ser mordido por su “manada” y dijo.
—Debo admitir que eres un tipo duro, pero tu habilidad no fue suficiente frente a mi manada, después de que mi manada se alimente contigo, partiré por la cabeza de tu líder, y el resto de tus Nakamas, sin duda serán un gran alimento para mis chicos.— Bepo tendido en el suelo siendo mordido y jaloneado por los lobos de brazos y piernas buscaba la forma de quitarse a los lobos, escuchaba molesto a Robert mientras ardía en rabia.
—Ha es maravilloso ver tu expresión, ojalá pudieras ver tu expresión antes de morir.— Dijo Robert dando la orden de atacar a los lobos.
Dos detonaciones retumbaron en el aire, secas y certeras.
Dos de los lobos que desgarraban a Bepo soltaron un alarido ahogado antes de caer al suelo, con humo aún saliendo de sus heridas.
Robert giró bruscamente, sus ojos encendidos, cuando desde la maleza apareció, penguin sujetando con firmeza su rifle modificado.—¡Quita tus asquerosos colmillos de mi compañero, maldito perro sarnoso!
—rugió Penguin, con una furia que rara vez dejaba ver.
El momento fue suficiente: Bepo, con un bramido poderoso, liberó un brazo y de un zarpazo brutal agarró al lobo que seguía en su pierna.
Con un movimiento lleno de rabia, lo levantó por el cuello y lo estrelló contra un árbol, que crujió y se partió en dos por el impacto.
El animal cayó desplomado.
Otro lobo trató de lanzarse contra él, pero Penguin disparó un tercer proyectil, golpeando de lleno su sien y derribándolo al instante.
El aire se llenó de humo y jadeos.
Robert, con el hombro ensangrentado y los colmillos tintados de rojo, no dejaba de sonreír, excitado por la resistencia de sus enemigos —¡Mierda!
—dijo con voz ronca, sus ojos recorriendo a los dos.
—Pagarán con sangre esto.— Gritó Robert lanzandose por su mazo.
Bepo, mientras tanto estaba respirando con dificultad, se puso en pie y miró a Penguin con una sonrisa teñida de sangre.
—Llegaste justo a tiempo.
Penguin giro el perno de su rifle y recargó sin apartar la vista de Robert.
—No iba a dejar que murieras solo, idiota.
Además… alguien tiene que cubrirte la espalda cuando te lanzas de cabeza contra un sicópata andante.
Ambos se colocaron hombro con hombro.
El aire entre ellos vibraba con la tensión, como antes de una tormenta.
Robert soltó un aullido gutural, y sus músculos se tensaron, su cuerpo adoptando una postura aún más salvaje.
—¡Los voy a despedazar a los dos!
¡Y sus gritos serán la música de mi banquete!— Bepo gruñó, encorvándose como un luchador listo para saltar, mientras Penguin levantaba ambas armas, apuntando directo a la cabeza del alfa.
—Entonces ven por nosotros… —dijo Penguin, con una calma gélida.
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