Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

One piece : Soy Trafalgar D. Water law - Capítulo 84

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. One piece : Soy Trafalgar D. Water law
  4. Capítulo 84 - 84 83
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

84: 83 84: 83 El resonar de los martillos y cinceles, picos y palas perforando la piedra y extrayendo diamantes retumbaba como un tambor constante por toda la cueva.

Las paredes de la mina vibraban con cada golpe, haciendo que el aire se llenara de polvo fino que brillaba débilmente con la luz de las antorchas.

Entre la multitud de mineros, hombres ancianos y mujeres, miles de personas trabajaban sin descanso, algunos cubiertos de sudor, otros de polvo, todos concentrados en extraer las gemas preciosas.

Vagones cargados hasta el tope recorrían las vías de tren, serpenteando por los túneles oscuros hacia la capital, donde las gemas serían almacenadas y contadas.

Tyron, un hombre rubio de mirada aguda y constitución fuerte, observaba la operación con una sonrisa ligera.

Su camiseta de tirantes mostraba sus músculos tonificados, y su pantalón y botas tácticos estaban impecables a pesar del polvo que flotaba por el aire.

No parecía perturbarse por el ajetreo: cada movimiento de los mineros le daba satisfacción, una sensación de control absoluto sobre aquel caos organizado.

A unos pasos detrás de él, dos figuras se mantenían inmóviles, sus trajes negros y gafas oscuras reflejaban la luz tenue de la mina.

Eran miembros del Cipher Pool, el grupo de élite conocido por sus métodos despiadados y su lealtad inquebrantable a los objetivos de la organización.

Uno de ellos, Jabra, era imposible de ignorar.

Su piel oscura contrastaba con su traje impecable, y su rostro estaba marcado por una cicatriz vertical que descendía desde el ojo izquierdo hasta la mejilla, un recuerdo silencioso de batallas pasadas.

Su bigote estilo Fu Manchu y su perilla puntiaguda le daban un aire siniestro, mientras que su largo cabello trenzado caía en una gruesa cola que se asemejaba a la de un escorpión, balanceándose ligeramente con cada paso que daba.

A su lado, su compañero era igualmente intimidante, aunque diferente en su presencia.

De estatura media, complexión atlética y piel clara, sus ojos grises parecían capaces de analizar cada detalle de la mina sin pestañear.

Su cabello negro estaba cortado al estilo militar, impecable, y su expresión permanecía imperturbable bajo las sombras de sus gafas.

Mientras observaba a los mineros, no mostraba emoción alguna, pero cada movimiento suyo sugería que estaba calculando, evaluando, preparando algo que nadie más podía anticipar.

Tyron se giró ligeramente hacia los dos hombres—Todo marcha según lo planeado —dijo, su voz firme y cargada de autoridad a lo que Jabra asintió, sus trenzas golpeando su espalda con un sonido sordo —Sí, pero no olvidemos que incluso aquí, en lo profundo, siempre hay riesgos, un descuido podría ser fatal, y a nuestros amigos los Dragones celestiales no les gustan los errores.— Su compañero permaneció en silencio, evaluando los vagones que descendían por las vías.

Cada uno lleno hasta el límite con diamantes y esmeraldas, símbolos de riqueza y poder que no pertenecían a nadie más que a los que controlaban la mina.

Un leve temblor recorrió el suelo, apenas perceptible, pero suficiente para que todos los presentes tensaran sus músculos.

Tyron frunció el ceño —Tranquilo.

Solo es otro día de trabajo.

Mantengan los ojos abiertos, pero no hay motivo para alarmarse.

Sin embargo, en los ojos de los dos agentes del Cipher Pool, había algo más que vigilancia: un presagio de que aquel día, la mina no solo sería escenario de trabajo, sino de decisiones que podrían cambiarlo todo.

Y mientras los mineros continuaban con su labor, ajenos a la situación cambiante en la cual se encontraban, en la superficie, Jonny Masterson, Rosseta y Bellamy corrían encontraban direccion de la cueva, después de que los sobrevivientes les dijeran la dirección no dudaron y corrieron hacia allá.

El camino hasta la entrada de la cueva no fue sencillo, el terreno estaba marcado por huellas de ruedas, restos de campamentos improvisados y cenizas aún tibias de fogatas recientes.

Al llegar, Jonny, Rosseta y Bellamy se quedaron paralizados por un instante.

Ante ellos se erguía la abertura de la mina: una grieta gigantesca en la montaña, reforzada con vigas de acero y madera que la mantenían abierta como una herida que nunca cerraría.

El aire que emanaba de su interior era húmedo, cargado de polvo y con un olor metálico, como si el corazón de la tierra misma sangrara minerales.

—Dios…

—susurró Rosseta, llevándose una mano a la boca—.

Esto no es una simple cueva…

es una ciudad bajo tierra.

La magnitud era abrumadora.

Justo al ingresar, un sistema de vías de tren se extendía en distintas direcciones como venas metálicas que conectaban la mina con sus túneles más profundos.

Vagones repletos de esmeraldas y diamantes descansaban alineados, esperando ser sacados al exterior.

Lámparas de aceite colgaban de cadenas oxidadas, iluminando tenuemente el lugar con un resplandor amarillento, suficiente para revelar la inmensidad del espacio Bellamy dio un paso adelante, sus botas resonando contra la grava y el metal de las vías.

—Esto es más grande de lo que imaginé…

¿cuánto tiempo habrán trabajado aquí?— a lo que Jonny masterson respondio —¿Trabajar?

Yo mejor preguntaría ¿desde cuando han sido esclavisados para trabajar aquí.— Se adentraron con cautela.

Los túneles parecían interminables, algunos ascendiendo como colinas de piedra, otros descendiendo hacia la oscuridad absoluta.

A medida que avanzaban, los ecos de picos y palas retumbaban a lo lejos, mezclándose con el chirriar metálico de las ruedas de los vagones.

El suelo vibraba de tanto en tanto, como si la mina tuviera vida propia.

Las paredes estaban cubiertas de vetas verdes y brillantes que resplandecían débilmente con la luz de las antorchas, y el aire se volvía cada vez más pesado, cargado de polvo que quemaba la garganta con cada respiración.

De pronto, Rosseta se detuvo, tensando el cuerpo.

—Escucharon eso… —murmuró.

Un murmullo grave, casi como una orden, resonó más adelante.

El grupo se escabulló hasta un recodo del túnel y, al asomarse, sus ojos se encontraron con una escena inquietante: Tyron, erguido en medio del corredor principal, supervisaba a los mineros como un general en el campo de batalla.

A su lado, como sombras imponentes, estaban los dos miembros del Cipher Pool tapando su rostro con máscaras de teatro.

El contraste fue brutal.

Tyron irradiaba seguridad, sus brazos cruzados sobre el pecho, su mirada penetrante dominando el lugar.

—Yo me encargo de estos simplones.— dijo indicando a Jabra y a su compañero Dorian, ambos se mantenían atentos, y asintieron aún que se seguían manteniendo al asecho.

Jonny sintió la sangre hervirle en las venas.

No necesitó intercambiar palabras con Rosseta ni Bellamy, sabían que aquel era el hombre que debían enfrentar.

El eco de sus pasos al salir del recodo llamó la atención de Tyron, que giró lentamente, arqueando una ceja con una sonrisa despectiva.

—Vaya, vaya… —dijo con voz grave—.

Los ratones se han atrevido a entrar en la madriguera del tigre.

El silencio se quebró como un cristal al caer.

Bellamy fue el primero en reaccionar, levantando su puño cubierto por un guantelete metálico que resonó al cerrarse.

Rosseta desenvainó sus dagas, las hojas reflejaron el brillo esmeralda de la pared.

Jonny, con el corazón bombeando furia, adelantó un paso y señaló directamente a Tyron.

—Este lugar se convertirá en tu tumba, este es el final para ti.— La sonrisa de Tyron se ensanchó, pero no alcanzó sus ojos.

Con un gesto de su mano, Jabra y su compañero dieron un paso al frente, sus sombras proyectándose largas contra las paredes iluminadas.

—Entonces… que la mina decida quién merece quedarse.— El suelo vibró como respondiendo a sus palabras, y en un parpadeo la tensión se convirtió en acción Jonny se lanzó directo contra Tyron, Rosseta interceptó al agente de ojos grises, y Bellamy embistió contra Jabra, cuyo cabello trenzado se agitaba como la cola de un escorpión listo para inyectar veneno.

La mina, testigo muda de siglos de explotación, se convirtió en un campo de batalla donde las chispas del metal, los gritos y los golpes resonaban con más fuerza que los martillazos de los mineros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo