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One piece : Soy Trafalgar D. Water law - Capítulo 85

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85: 84 85: 84 El aire en la mina se volvió pesado, cargado de electricidad invisible que helaba la sangre.

El eco de los pasos de Jonny al embestir contra Tyron retumbaba como un tambor de guerra, mientras Rosseta y Bellamy se lanzaban contra los agentes del Cipher Pool.

Tyron dio un paso al frente, sin necesidad de transformarse todavía.

Alzó el brazo y con un movimiento seco detuvo el primer golpe de Jonny, el choque de su puño contra la palma de Tyron resonó como una explosión contenida.

La piedra bajo sus pies se resquebrajó por la fuerza del impacto.

—¿Esto es todo lo que tienen?

—gruñó Tyron, empujando a Jonny con tal brutalidad que lo hizo retroceder varios metros, tambaleándose.

Rosseta apareció como una sombra a su costado, girando con una doble estocada de dagas.

Tyron esquivó la primera con un leve giro de cadera, y la segunda la bloqueó con el antebrazo desnudo, dejando apenas un rastro de sangre en su piel.

La sonrisa de Tyron se volvió más feroz.

Bellamy lo embistió desde el frente, su guantelete brillando con la fuerza de un hierro forjado.

El impacto lo obligó a retroceder un paso, levantando una nube de polvo.

El suelo vibró con cada golpe, como si la mina misma se quejara.

—¡Tres contra uno y aún no logran derribarme!

—rugió Tyron, sus ojos brillando con un fulgor salvaje.

El aire se impregnó de un aura animal, una presión salvaje se desató frente a todos, el cuerpo de Tyron comenzó a deformarse y volverse más grande, y mientras comenzaba a desatar su transformación las piernas y el abdomen de Bellamy se convirtieron en resortes y susurrando con una sonrisa se colocó sus lentes negros y dijo [Spring shot] De inmediato el cuerpo de Bellamy salió disparado como bala girando a gran velocidad en dirección de Tyron, pero al estar cerca Jabra se interpuso en el camino de Bellamy, Tratando de bloquearlo con sus manos, Sus trenzas se sacudieron como látigos y con un tirón lo arrastró contra la pared, haciéndolo crujir contra la roca.

Rosseta apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el otro agente, Dorian, se deslizó frente a ella.

Sus movimientos eran fríos y quirúrgicos, lanzó una patada baja que le hizo perder equilibrio y, con un movimiento de muñeca, desvió sus dagas como si fueran juguetes.

Jonny frunció el ceño al ver la transformación de Tyron, quien lo esperaba con los brazos abiertos como un depredador jugando con su presa, pero Jonny no permitió dejarse intimidar, sus puños se apretaron y rápidamente tomó sus pistolas de la cintura, y comenzó a disparar en dirección de Tyron.

De pronto Tyron comenzó a Moverse tratando de esquivar las balas, pero de pronto un rugido gutural desgarró el aire, Tyron se inclinó hacia adelante, y de su hombro comenzó a brotar un poco de sangre, Jonny masterson le había asestado un tiro.

La furia de Tyron se mostraba en su rostro deformado por la apariencia híbrida y sus músculos se tensaron como cables de acero, su piel se cubrió de un brillo opaco, y de su mandíbula brotaron colmillos largos y curvos.

Sus ojos adquirieron un tono dorado, salvaje, y un vello áspero comenzó a cubrir sus brazos.

—Tiger punch—susurró Dorian con un hilo de voz, incorporándose con dificultad tras esquivar otra ronda de disparos de Jonny Masterson.

Tyron rugió, su voz mezclada con la de la bestia, esquivando los tiros gracias a su velocidad, de pronto al llegar frente a Masterson, le atacó con la liberación de su poder desplomando lo en el suelo del impacto de su primer golpe  Jonny Masterson cayó, y escupió una bocanada de sangre, por su parte Tyron se mantuvo erguido he imponente diciendo con una sonrisa desquiciada z— Ahora… la cacería comienza.— Rosseta se encontraba siendo rebasada por la habilidad de Dorian y solamente podía esquivar sus ataques, pero bajo la presión nadie pudo pasar por alto que el suelo tembló de nuevo, esta vez no por las herramientas de los mineros, sino por el choque de poder desatado en el interior de la mina que desestabiliza los muros de carga de la mina….

El temblor de la mina se volvió un rugido sordo que hacía caer polvo y pequeñas rocas desde el techo, y a la vez algo que todos ignoraban de momento, la luz de las lámparas temblaba, proyectando sombras distorsionadas danzando alrededor de los combatientes.

El aire se llenó de un calor sofocante, como si la propia caverna respirara con furia.

Rosseta apretó los dientes, sus dagas brillando con un tenue reflejo carmesí bajo la luz parpadeante.

Dorian avanzaba con una calma casi inhumana, sus ojos helados fijos en ella, cada paso midiendo la distancia con precisión quirúrgica.

—Eres rápida… pero no suficiente —murmuró, su voz casi un susurro, mientras su pierna se elevaba en un arco perfecto.

Rosseta bloqueó el primer golpe cruzando ambas dagas, pero la fuerza de Dorian la hizo retroceder varios metros, dejando surcos en la grava con sus botas.

Antes de recuperar el equilibrio, una ráfaga de puños cortos y secos cayó sobre ella.

El acero de sus dagas chocaba una y otra vez contra los nudillos endurecidos de Dorian, chispas saltaban en cada impacto.

Rosseta sentía los huesos de sus brazos vibrar.

—¿Qué eres…?

—escupió, girando sobre sí misma para evitar un rodillazo que le habría destrozado las costillas.

—Soy… una herramienta del gobierno mundial —respondió Dorian sin emoción, y con un tono aterrador a la vez que estaba lanzando una patada descendente que cortó el aire como una cuchilla.

Rosseta rodó por el suelo, levantando una nube de polvo, y al levantarse dejó que el sudor se mezclara con la sangre de un corte en su mejilla.

Sus ojos brillaban con rabia.

—Estoy siendo rebasada —dijo entre jadeos.

En un solo movimiento, lanzó una de sus dagas hacia la pared lateral.

La hoja rebotó contra la roca, desvió su trayectoria y, con un giro de muñeca, Rosseta utilizó la segunda daga para desviar el reflejo metálico, haciendo que la primera rebotara con mayor velocidad hacia la espalda de Dorian.

El agente apenas inclinó la cabeza para esquivarla, pero eso bastó para que Rosseta se deslizara a su flanco, clavando la segunda daga en su hombro.

La sangre brotó en un chorro escarlata.

Dorian frunció apenas el ceño, su mirada de depredador no se quebró.

Giró el torso con una brutalidad inesperada, atrapando el brazo de Rosseta con su mano ensangrentada.

—Inteligente… pero aún lenta.— La levantó y la lanzó contra una columna de roca, el impacto hizo retumbar la mina entera.

Mientras tanto, a pocos metros, yacía Tyron sobre Jonny Masterson, el suelo agrietado bajo su peso.

El híbrido tigre-humano rugía con una ferocidad que hacía vibrar los huesos, su aliento caliente chocaba contra el rostro ensangrentado de Jonny.

—¿Sigues respirando, cazador?

—gruñó Tyron, levantando un brazo como una garra lista para desgarrar.

Jonny, jadeante, alzó una de sus pistolas, pero Tyron apartó el cañón con un manotazo, destrozando el arma como si fuera madera podrida.

Más allá, Bellamy se reincorporaba, su cuerpo elástico absorbiendo los golpes de Jabra, que lo mantenía contra las paredes con una fuerza bestial.

—¡Spring Snipe!!

—rugió Bellamy, sus resortes tensándose como acero a punto de romperse.

Con un movimiento relámpago, su cuerpo salió disparado hacia Jabra, la fricción del aire provocando un silbido agudo.

Jabra intentó detenerlo con un golpe directo, pero la fuerza del impacto lo arrastró varios metros, destrozando una pared lateral de la mina y levantando una tormenta de polvo.

El estruendo de ese choque hizo vibrar el techo, desprendiendo rocas que comenzaron a caer en todas direcciones.

El corazón de la mina crujía, como si toda la estructura se quejara del caos.

Rosseta, aturdida, se incorporó tambaleándose.

Dorian avanzaba entre el polvo, la herida del hombro manchando de rojo su chaqueta negra, pero su paso seguía firme, inexorable.

—Levántate, .

Quiero ver si esa mirada desafiante sobrevive.

Rosseta escupió sangre, su respiración agitada convertida en un siseo feroz.

—No pienso morir aquí… menos por alguien como tú.— Sus dagas centellearon mientras se lanzaba de nuevo, cada movimiento más rápido, más desesperado.

Dorian respondió con la misma frialdad letal, cada choque de acero volvía cada vez más peligroso el combate que estaba resonando.

Rosseta sintió el peso de la realidad golpearla como un martillazo en el pecho.

Cada intercambio de golpes con Dorian era una danza mortal en la que ella siempre terminaba retrocediendo.

Sus músculos ardían, los huesos de sus brazos vibraban con cada bloqueo, y el sabor metálico de la sangre le llenaba la boca.

—No puedo ganarle así…— pensó, esquivando una patada descendente que cortó el aire como una guadaña.

—No puedo seguir su ritmo… no sin ayuda.— pensó roseta analizando su situación.

El agente del Cipher Pool se movía como una máquina programada para matar, y a decir verdad lo era, puesto que es preciso, implacable, sin un solo movimiento desperdiciado, buscando hacer menguar la defensa de rosseta.

Cada golpe de Dorian era una posible sentencia de muerte que ella apenas lograba eludir.

Rosseta rodó por el suelo, jadeando, mientras sus dedos tanteaban el pequeño frasco oculto en su cinturón.

—Si no puedo vencer su fuerza… la reduciré.— pensó para si misma.

Con una destreza ganada en años de cacerías clandestinas, acabando con los enemigos de la mafia, una asesina también tenía distintos trucos, por lo que destapó el frasco en un parpadeo.

El líquido oscuro, espeso como sangre coagulada, goteó sobre las hojas de sus dagas mientras fingía reacomodar su postura.

La mezcla desprendía un aroma metálico apenas perceptible, camuflado por el polvo y el sudor de la mina.

Dorian avanzó sin pausa, ajeno a la trampa.

—¿Rindiéndote?

—su voz helada cortó el silencio como un cuchillo.

Rosseta apretó los dientes, levantándose justo a tiempo para desviar un rodillazo que le rozó las costillas.

—Ni lo sueñes, la única forma de que termine esto será con el fin de tu vida o la mía… —gruñó, lanzando una estocada lateral, el filo impregnado de veneno rozó el antebrazo de Dorian, apenas un rasguño.

Otro corte en su muslo, una herida superficial en el hombro.

Nada mortal, pero suficiente.

Rosseta sabía que no necesitaba matar de un solo golpe, solo debía sumar heridas, dejar que el veneno se abriera camino en su torrente sanguíneo, pero el problema fue que por más que lograra causarle un daño, no salía libre de daños.

ella pagaba con dolor, un puñetazo seco le desgarró el labio, una patada la envió de espaldas contra una columna de roca.

Su cuerpo gritaba por descanso, pero su mente se aferraba a la estrategia, seguía luchando y poco a poco, el cambio se hizo visible.

Dorian seguía atacando, pero algo en su ritmo cambió, sus movimientos, antes perfectos, ahora llegaban una fracción de segundo tarde, su respiración se volvió más profunda.—¿Qué…?

—murmuró, frunciendo el ceño cuando su pierna falló en un giro que antes habría sido impecable.

Rosseta sonrió, una mueca teñida de sangre y triunfo.—Lo sientes, ¿verdad?

La pelea apenas acaba de comenzar—susurró, girando con una nueva embestida.

Su daga volvió a cortar, esta vez en el costado de Dorian, y la sangre oscura brotó con mayor lentitud.

El agente intentó replicar su frialdad habitual, pero su mirada delató un destello de alarma.

Sus reflejos se volvían pesados, sus músculos parecían traicionarlo.

Cada vez que alzaba el brazo, Rosseta encontraba un hueco, un espacio, una oportunidad.

El equilibrio de la pelea comenzó a cambiar.

Donde antes Rosseta solo esquivaba, ahora atacaba con una precisión que arrancaba chispas en cada choque de acero.

El veneno estaba ganando la batalla que su fuerza no podía.

—Ahora es mi turno…—pensó, apretando los mangos de sus dagas con una renovada ferocidadc Dorian retrocedió un paso, apenas un paso, pero suficiente para que el silencio de la mina se cargara de un nuevo significado, por primera vez, él estaba a la defensiva, pero sonrió con arrogancia y dijo —Entonces… ¿solo sabes usar trucos, perra?— Rosseta sonrió y dijo —Aún no los he utilizado todos.— y se lanzó al ataque chocando contra Dorian de nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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