One piece : Soy Trafalgar D. Water law - Capítulo 87
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87: 86 87: 86 Tyron sonreía triunfante, con la mirada fija en su futura victima, Jonny Masterson yacía en el suelo, jadeando, con la ropa hecha jirones y la sangre corriéndole por el costado, el gigantesco Tyron, de pie frente a él, peleaba como una bestia reforzado por su cuerpo híbrido de tigre.
—No te preocupes —dijo con una calma cruel, inclinando la cabeza —te daré un final rápido.— Jonny apretó la mandíbula, intentando arrastrarse hacia atrás, pero sus músculos se negaban a responder, cada segundo que pasaba, la sombra de Tyron parecía más grande, más ineludible, sintió el peso de la derrota, la certeza helada de que ese momento sería el último, pero entonces, un estruendo retumbó en la distancia.
Gritos.
Pasos desordenados.
Cientos de personas comenzaron a salir corriendo desde el interior de la cueva.
Eran los mineros, liderados por Kai, que irrumpían en una estampida desesperada hacia la salida.
Sus voces resonaban en el túnel como un alud humano.
Tyron, sorprendido, desvió su atención apenas un segundo para mirar el caos, ese instante fue todo lo que Jonny necesitó, con una rapidez nacida de la pura supervivencia, desenfundó su revólver y disparó dos veces.
—¡BANG!
¡BANG!— Las balas impactaron en la pierna y el hombro de Tyron, el coloso rugió de dolor, tambaleándose, mientras la sangre oscura salpicaba las piedras, Jonny aprovechó para rodar a un lado y ponerse en pie, el corazón latiéndole con furia, no era una victoria, pero era suficiente para escapar de la muerte.
En lo profundo de la mina, la batalla entre Rosseta y Dorian llegaba a su clímax.
El eco metálico de las armas chocando reverberaba por los túneles, mezclándose con los rugidos de la tierra,Rosseta, con la respiración entrecortada, blandía sus dagas con movimientos desesperados.
Cada golpe que lanzaba era respondido con una fuerza brutal por la espada de Dorian, que cortaba el aire con una precisión letal.
—¿Eso es todo lo que puedes hacer?
—espetó Dorian con una sonrisa fría, mientras avanzaba paso a paso, Rosseta retrocedía, los músculos ardiendo, la mente buscando una apertura que no llegaba.
Intentó un giro rápido para atacar su flanco, pero Dorian leyó el movimiento, Con un rugido, desvió la daga y le propinó un golpe seco con la empuñadura de su espada.
El impacto la lanzó contra una columna de roca, arrancándole un grito.
Sintió cómo el mundo se volvía borroso mientras caía de rodillas, las dagas resbalando de sus manos.
—Eres buena, pero no lo suficiente para terminar conmigo, tus trucos no fueron suficientes.—dijo Dorian, acercándose con la espada en alto, listo para dar el golpe final.
Rosseta intentó levantarse, pero sus piernas no respondieron, Veía el filo brillar bajo la tenue luz de las lámparas mineras, y por un instante aceptó que allí acabaría todo.
De pronto, un estruendo ensordecedor sacudió la cueva, el suelo tembló con tal violencia que Dorian perdió el equilibrio por un momento, las paredes comenzaron a crujir, grietas profundas se abrieron en el techo, dejando caer una lluvia de polvo y fragmentos de piedra.
—¿Qué…?
—Dorian levantó la vista, desconcertado.
Una enorme roca, desprendida por el derrumbe, cayó directamente sobre él, sus ojos se abrieron en un instante de incredulidad antes de que el bloque lo aplastara con un estrépito que hizo vibrar el suelo.
Rosseta quedó inmóvil, el corazón latiéndole en los oídos, el enemigo que segundos antes estaba a punto de matarla había sido silenciado por la montaña misma, el polvo lo cubrió todo, convirtiendo la escena en un caos de sombras y ecos.
—¡Rosseta!
—una voz cortó el trance.
Bellamy irrumpió entre la nube de polvo, su cuerpo cubierto de heridas pero aún firme.
Sus piernas se transformaron en resortes de acero con un sonido metálico.
De un salto, aterrizó junto a ella y la levantó en brazos.
—¡Tenemos que salir de aquí ahora!
—gritó, mientras una nueva grieta se abría detrás de ellos.
Rosseta apenas logró asimilarlo cuando Bellamy la impulsó hacia el túnel principal.
Con cada salto, esquivaba las rocas que caían, su cuerpo rebotando de pared en pared como una máquina perfectamente calibrada.
Más adelante, divisaron a Jonny Masterson tambaleándose, con el rostro cubierto de sudor y sangre.
Bellamy extendió su brazo, lo sujetó del cinturón y, con un impulso, lo arrastró consigo.
Los tres escaparon en una carrera frenética, mientras el rugido de la cueva desplomándose los perseguía como un monstruo invisible.
Detrás de ellos, el túnel se cerraba con un estrépito final, sellando para siempre el destino de Dorian y dejando a la mina convertida en una tumba de polvo y piedra.
Afuera, el aire frío de la noche los recibió como un golpe de realidad.
Kai y los mineros observaban, algunos llorando, otros exhaustos, mientras los últimos temblores recorrían el suelo Rosseta, aún en brazos de Bellamy, apenas podía creer que seguía con vida.
Jonny, apoyado en una roca, miró el cielo estrellado, sabiendo que habían escapado de algo más que una simple batalla, habían burlado a la muerte misma.
—¿Creen que hayan sobrevivido esos tipos del gobierno mundial?— preguntó Jonny masterson entre jadeos con una preocupación evidente en su rostro.
—No lo creo, uno de ellos murió dentro, una roca enorme lo aplastó…— Dijo Rosseta con una expresión sorprendida y en un estado de shock.
—Posiblemente haya sobrevivido el otro tipo, Jabra se llama…— Dijo Bellamy sorprendiendo al grupo.
—¿Como es que lo sabes?— preguntó Rosseta, a lo que Bellamy contestó indiferente.
—cuando me di cuenta que la situación se estaba complicando dejé de pelear y regresé por ustedes en un instante, tal vez tuvo el tiempo suficiente para escapar.— —Bueno, no es tan importante, después de todo no creo que haya sobrevivido Tyron— dijo jonny masterson girándose a observar a los mineros, todos se encontraban sorprendidos, cansados y lesionados, pero al final habían sobrevivido, y ahora se desahogaban llorando.
—Por lo menos hemos hecho algo bueno…— dijo Bellamy al observarlos, cuando sus palabras fueron interrumpidas por un chico que se acercaba decididamente a ellos.
—¿Quienes son ustedes?— preguntó el chico con un tono fuerte, pero bajo la vista de todos no pasó desapercibido que aparentaba su valentía… —¡Nosotros somos la tripulación de los piratas Heart, mi nombre es Jonny masterson, mi compañero es Bellamy y mi compañera es Rosetta, hemos venido a liberarlos!— dijo Jonny masterson con determinación generando sorpresa en el joven Kai y el resto de mineros que estallaron en lágrimas.
— mi capitán se encuentra en la aldea del sur reuniendo y entrenando a el resto de pueblos para hacer un asalto a la capital, ya hemos neutralizado a una de las manos del rey Kairon.— mencionó jonny masterson —No creo que Tyron regrese de los escombros.— pensó Jonny masterson.
Mientras Jonny masterson, Bellamy y Rosseta se reubicaban con los mineros al igual que Bepo, Sachi y Penguin.
Dentro de un enorme castillo un hombre daba vueltas de un lado a otro mientras se comía las uñas, sus pasos resonaban en todo el salón de lado corte real, a su lado los consejeros lucían expresiones pálidas y visiblemente temerosas… En el centro de la corte Magnus visiblemente recuperado, pero aún con marcas de golpes y heridas, narraba los hechos de sus peleas con Law.
—Su majestad, este tipo Trafalgar D.
Water Law es un hombre peligroso, en los mares de le conoce como el King slayer.— mencionó un cortesano a la par que colocaba un cartel en la mesa.
El Rey se acercó y lo tomó, en el cartel aparecía Law blandiendo su Katana “Kikoku” su cabello despeinado, y su mirada furiosa, en la descripción mencionaba, Individuo altamente peligroso con altas tendencias violentas y usuario de fruta del diablo, fruta del diablo desconocido….
Recompensa de 25,000 berrys.
Dentro de un enorme castillo de piedra negra, la tensión era casi palpable, las antorchas chisporroteaban en las paredes mientras el sonido de pasos nerviosos resonaba por todo el salón del trono, el rey Kairon caminaba de un extremo a otro, con las manos entrelazadas detrás de la espalda, aunque por momentos se las llevaba a la boca para morderse las uñas, incapaz de disimular su inquietud.
A su alrededor, un círculo de consejeros lo observaba en silencio, sus rostros pálidos y los ojos cargados de temor, en el centro de la sala, de pie se encontraba Magnus, a pesar de las vendas que cubrían su brazo y las cicatrices frescas en su rostro, su porte seguía siendo el de un soldado listo para atacar, el hombre relataba con voz grave su enfrentamiento con Trafalgar D.
Water Law, la aparición de los piratas Heart.
—Su majestad —dijo un cortesano, inclinándose ligeramente mientras colocaba un cartel de búsqueda sobre la mesa de mármol—.
Este es el hombre del que hablamos.
El rey tomó el cartel con manos temblorosas en él, una imagen de Law lo mostraba con su katana Kikoku desenvainada, el cabello revuelto y una mirada que destilaba pura amenaza, bajo el retrato, una recompensa llamaba la atención: 25,000 de berries.
Uno de los consejeros rompió el silencio con una risa nerviosa.
—Con el debido respeto, su majestad… ¿veinticinco millones?
No es precisamente una suma que indique a un monstruo de los mares, quizá estamos exagerando su amenaza…— dijo un consejero del Rey, Pero de inmediato Magnus lo fulminó con la mirada, voz retumbó en el salón como un rugido contenido.
—“King Slayer”, lo llaman en los mares del North Blue.
Un hombre que ha enfrentado a Warlords y ha salido con vida.
Si está aquí y apoya a los mineros lo más probable es que lleve a cabo una rebelión…— dijo Magnus infundiendo temor en el rey cuando de pronto fueron interrumpidos.
—¡Su majestad!
—exclamó casi sin aliento un vasall.
—Hemos… hemos perdido todo contacto con las aldeas mineras.
Ninguna de las guarniciones responde.
Las betas de extracción que debían cumplir con el encargo del Gobierno Mundial… ¡todas en silencio!— El rey Kairon se detuvo en seco, su piel se volvió casi tan blanca como el mármol del salón y un sudor frío le recorrió la frente, unos segundos, solo se escuchó el crujido de sus dientes apretados.
—Entonces… —murmuró con una voz que apenas era un hilo— la rebelión ya comenzó.— Sus ojos, encendidos de furia y miedo, se clavaron en Magnus —Tú.
— Su dedo tembloroso lo señaló con una mezcla de desesperación y autoridad.
—Serás mi espada en esta guerra.
Reúne a cada soldado disponible, cada mercenario, cada maldito cazador de recompensas.
Quiero un ejército marchando antes del amanecer.— Encuentra a esos intrusos, destruye a los rebeldes, quema sus aldeas si es necesario… y tráeme sus cabezas.
El silencio que siguió fue roto solo por el eco de las palabras del rey.
Magnus inclinó ligeramente la cabeza, una sonrisa fría dibujándose en su rostro curtido.
—Como ordene, su majestad— El rey asintió, aunque sus manos seguían temblando.—Acaba con ellos, Magnus.
Que nadie vuelva a desafiar el nombre de Kairon.—:dijo Mientras la corte se agitaba en un frenesí de órdenes y mensajeros, Magnus se giró y salió del salón con paso firme, su capa negra ondeando como una sombra de muerte.
La guerra en el reino acababa de comenzar.
En las lejanas llanuras del sur, el ambiente era completamente distinto.
Bajo el cielo nocturno, el campamento rebelde hervía de actividad.
Fogatas iluminaban los rostros decididos de los aldeanos, hombres y mujeres que hasta hacía días eran solo mineros y campesinos, pero que ahora empuñaban lanzas improvisadas, palos reforzados y viejas espadas oxidadas.
En el centro del campamento, Luigui se movía de un lado a otro, corrigiendo posturas, enseñando cómo bloquear un golpe, cómo mantener la guardia.
Su voz firme resonaba entre los grupos de entrenamiento.
—¡No bajen los brazos!
¡El rey no tendrá piedad y nosotros tampoco debemos tener miedo!
—gritó, mientras levantaba un viejo sable para demostrar un corte rápido.
Los aldeanos lo imitaban, torpes pero decididos.
De pronto, un sonido familiar rompió el aire: —Pururururu… pururururu… click.
Luigui se llevó la mano al cinturón y sacó su den den mushi, cuya carita imitaba su expresión de tensión.
La voz que emergió del pequeño caracol era grave, tranquila, pero cargada de autoridad.
—Luigui… soy Law.— Un silencio se extendió a su alrededor.
Todos los aldeanos detuvieron su entrenamiento, mirando expectantes.
La mera mención de ese nombre parecía encender una chispa de esperanza y peligro al mismo tiempo.
—El momento ha llegado, he hablado con shiki, las armas y refuerzos no tardarán mucho en llegar —continuó Law con frialdad—Reúne a todos los que estén listos.
Mañana al amanecer… comenzaremos a movernos hacia la capital.— Luigui apretó los dientes, la mirada encendida por una mezcla de adrenalina y determinación.—Entendido, capitán.
El rey Kairon no sabrá qué lo golpeó.— El den den mushi emitió un último click antes de quedarse en silencio.
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