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One piece : Soy Trafalgar D. Water law - Capítulo 88

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88: 87 88: 87 87 Law avanzó entre los árboles con tranquilidad, cada paso calculado para no producir el más mínimo ruido, el castillo se alzaba a lo lejos, una mole de piedra negra iluminada por la tenue luz de las antorchas que colgaban de las murallas.

A pesar de su tamaño, Law sabía que aquel lugar no estaba preparado para detener a alguien con sus habilidades, según la información del viejo Willy había sido precisa, el puente levadizo era el punto más vulnerable, y si lograba sabotearlo, la defensa del castillo quedaría gravemente comprometida.

Apenas encontró un claro lo suficientemente cercano, arrojó una roca y extendió su mano derecha.

—Room… Shambles —susurró.

En un parpadeo, su cuerpo desapareció del lugar para reaparecer en lo alto de un árbol junto a la muralla, desde esa posición tenía una vista perfecta del mecanismo que controlaba el puente, dos guardias armados con ballestas vigilaban el engranaje principal, Law no perdió tiempo con un movimiento de su espada Kikoku, creó un nuevo Room que abarcó toda la sección de la muralla.

En silencio, cambió de posición con una de las piedras que llevaba en la mano.

El guardia más cercano apenas tuvo tiempo de girarse cuando la piedra apareció en su lugar, cayendo al suelo, mientras Law surgía detrás de él como una sombra.

Un golpe preciso con el mango de su espada bastó para dejarlo inconsciente.

El segundo guardia intentó gritar, pero Law lo desarmó teletransportando su ballesta a su propia mano.

Antes de que el hombre pudiera reaccionar, lo durmió de un solo movimiento.

Sin perder tiempo, abrió el mecanismo del puente.

Sus dedos, acostumbrados a las incisiones precisas de un cirujano, manipularon los engranajes, cortando los cables de tensión con su espada recubierta de Room.

Cuando el castillo intentara levantar el puente, los contrapesos se romperían y el puente caería con todo su peso, inutilizado.

Pero Law no planeaba quedarse ahí.

Saltó a una de las torres laterales, nuevamente intercambiando su posición con una piedra.

Allí encontró el depósito de armas de asedio, catapultas, barriles de flechas y proyectiles para los cañones.

Con un movimiento seco, invocó otra vez su habilidad.

—Room… tact— Los barriles comenzaron a flotar, chocando unos contra otros en un estruendo sordo que alarmó a los guardias cercanos.

Antes de que pudieran llegar, Law hizo que los barriles se elevaran varios metros y los dejó caer con precisión quirúrgica, destrozando las catapultas y bloqueando el pasillo con los restos de madera astillada.

Las flechas se esparcieron por el suelo como una lluvia de acero.

Una campana de alarma resonó en el interior del castillo.

Gritos de confusión llenaron el aire.

Soldados corrían en todas direcciones, incapaces de ubicar al intruso.

Law, mientras tanto, se movía como un fantasma entre las sombras, apareciendo y desapareciendo dentro de su Room.

En cada torre por la que pasaba cortaba cuerdas, destrozaba arcos, vaciaba depósitos de proyectiles.

Para los guardias, parecía que los propios muros del castillo se estaban volviendo en su contra.

Cuando un grupo de soldados finalmente lo divisó en el patio central, ya era demasiado tarde.

Law levantó su mano derecha, su mirada fría y calculadora.

—Room… Counter Shock.— Una descarga eléctrica surgió de su espada, recorriendo el suelo de piedra.

Los soldados cayeron al instante, inconscientes por el impacto, sin esperar refuerzos, Law se teletransportó a los jardines del castillo, dejando atrás un caos total, el puente inutilizado, las armas de asedio destruidas, las flechas esparcidas y un ejército en pánico que no sabía si enfrentaba a un hombre o a un demonio.

El eco de las alarmas se apagaba a lo lejos cuando Law reapareció en el bosque.

Su respiración era tranquila, como si no hubiera hecho más que un simple paseo.

La primera fase estaba cumplida: el castillo era ahora un hervidero de confusión, y cuando llegara el resto del grupo, la resistencia sería mínima.

Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, en una vieja cantera utilizada como refugio temporal, no muy lejos de la capital el ambiente era completamente distinto.

Una gran fogata iluminaba el lugar, proyectando sombras largas sobre las paredes de roca.

Bellamy, Jonny Masterson y Rosseta se encontraban reunidos junto a los mineros recién rescatados, atendiendo a los heridos y distribuyendo provisiones.

El aire olía a carbón y sudor, pero también a esperanza.

Kai, con el rostro cubierto de hollín, daba indicaciones a los hombres para que reforzaran las entradas de la cantera.

Bepo, Sachi y Penguin llegaban en ese momento con otro grupo de mineros rescatados, sus ropas desgarradas por el escape.

Los abrazos y las risas se mezclaban con los sollozos de alivio de las familias que volvían a reunirse después de días de incertidumbre.

Luigui, el líder de los mineros de la ciudad del viejo Willy, se mantenía de pie sobre una roca, observando a su gente con una mirada firme pero serena.

Su voz, grave y segura, rompió el murmullo general —Hoy hemos recuperado nuestra libertad, pero la lucha aún no termina.

El castillo está débil, y pronto será el momento de derribarlo para siempre.— Los presentes asintieron, algunos apretando los puños, otros limpiándose las lágrimas.

La noticia de que Law ya estaba ejecutando su misión de sabotaje comenzaba a circular entre los hombres, encendiendo una chispa de valentía en cada uno.

El caos que él había sembrado era la señal de que el final de la tiranía estaba cerca.

La gente iba armada con picos, palas, palos y piedras, sin armaduras que los protegieran, con la piel cubierta de hollín y suciedad, pero aun así corrían todos juntos, movidos por una mezcla de unidad y desesperación.

El deseo de ser libres se reflejaba en sus rostros cansados, y en medio de esa multitud improvisada, cada grito era un recordatorio de que no tenían más armas que su voluntad y la esperanza de cambiar su destino.

Mientras esa muchedumbre avanzaba con convicción, en lo alto un águila real surcaba el cielo.

Desde esa altura, observaba con precisión al ejército que se desplegaba bajo las órdenes de la tripulación de Law.

Entre ellos, Magnus, transformado en su forma híbrida, batía las alas con majestuosidad.

Una sonrisa se dibujó en su rostro al contemplar el caos que se avecinaba.

—Los tengo —murmuró para sí, antes de descender y volver a tomar el mando de su ejército.

Alrededor de tres mil soldados se encontraban organizados en formación, sus pasos firmes y sincronizados hacían retumbar la tierra.

Avanzaban en dirección a la tripulación de Law con disciplina y determinación, una fuerza que contrastaba con la turba desordenada que se aferraba a su esperanza.

El choque era inevitable.

Ambos grupos avanzaban con un propósito que los empujaba hacia adelante, hasta que finalmente, en un claro abierto en medio de la polvareda, se encontraron frente a frente.

El aire se tensó, cargado de la inminencia de la batalla, y por un instante, todo quedó en silencio, como si el mundo aguardara a que la primera chispa encendiera la tormenta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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