One piece : Soy Trafalgar D. Water law - Capítulo 89
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89: 88 89: 88 88 La primera línea de choque fue brutal, los soldados de Magnus avanzaron como una muralla de acero, lanzando gritos de guerra que hicieron estremecer el aire.
La muchedumbre de mineros y civiles, armados apenas con herramientas, embistió con un ímpetu desesperado.
El sonido del metal contra la piedra, de huesos rompiéndose y gritos de dolor, se mezcló en un estruendo ensordecedor.
Bepo saltaba entre la multitud con agilidad animal, derribando soldados con zarpazos brutales.
Su pelaje manchado de sudor y polvo, rugía con cada golpe.
A su lado, Sachi y Penguin luchaban como dos sombras inseparables, cubriéndose las espaldas mientras sus espadas trazaban destellos plateados entre la polvareda.
Bellamy, jadeando, lanzaba sus embestidas con sus muelles, destrozando formaciones enteras con la fuerza de sus saltos, aunque cada caída lo dejaba más exhausto, sus rodillas temblaban al sostener su propio peso.
Jonny Masterson disparaba una y otra vez, su escopeta resonaba como un trueno en medio del caos, pero el sudor le cegaba los ojos y apenas podía recargar a tiempo.
Rosseta, con el cabello pegado al rostro por la sangre y el polvo, blandía su sable contra enemigos que parecían no tener fin, su respiración era entrecortada, pero sus ojos ardían de determinación.
El campo se llenaba de cuerpos caídos, y aunque los soldados de Magnus caían en gran número, la disciplina y el orden de su ejército los mantenía firmes.
Los mineros, impulsados por la furia de la libertad, peleaban con una ferocidad cruda, pero las bajas se acumulaban.
Cada paso hacia adelante era pagado con la vida de decenas, en el centro del campo, Magnus batía sus alas con majestuosidad, observando como un general que contempla la partida de ajedrez.
Con cada batir de sus alas levantaba una tormenta de polvo y rocas, su sonrisa confiada brillaba entre el caos.
—No importa cuánto se esfuercen… este es el final de su resistencia —rugió, alzando su voz para que resonara entre sus hombres.
Bepo gruñó, sus músculos temblaban de fatiga, pero se lanzó contra una columna de soldados.
Sachi cayó de rodillas por un instante, Penguin lo levantó de un tirón.
Jonny disparaba casi a ciegas, mientras Bellamy apenas podía sostenerse en pie después de cada embestida.
Rosseta jadeaba con una herida en el brazo, pero seguía cortando, su voz elevándose en gritos de aliento para los demás.
El tiempo parecía estirarse, cada minuto de lucha se volvía una eternidad.
Los aliados resistían, pero el agotamiento se volvía insoportable.
Entonces, en medio del fragor de la batalla, un estruendo sobrenatural sacudió los cielos.
Las nubes comenzaron a separarse, dejando ver cómo enormes masas de tierra emergían del horizonte.
Islas enteras se elevaban, flotando como si el mundo mismo hubiera decidido desgarrarse.
La sombra de aquellas islas cubrió el campo de batalla, y por un instante, tanto soldados como mineros se detuvieron, alzando la vista con incredulidad.
El silencio fue roto por una carcajada profunda, burlona y escalofriante que descendió desde las alturas.
—Shishishishi… ¡Hace tiempo que no le doy la dicha al mundo de verme!
—retumbó una voz imponente desde el cielo.
Allí, entre las islas flotantes, emergió la figura del León Dorado.
Su melena ondeaba como fuego bajo la luz del sol, y su silueta se recortaba contra el cielo con un aura de poder absoluto.
Shiki descendía acompañado de naves y refuerzos que flotaban junto a las islas, su risa continuaba expandiéndose como un trueno que helaba la sangre.
Los aliados, exhaustos, miraban al cielo con una mezcla de alivio y temor.
El corazón de Bepo latió con fuerza, Sachi y Penguin intercambiaron una mirada incrédula, Bellamy rió entre dientes, apenas sosteniéndose en pie, mientras Jonny y Rosseta respiraban con la esperanza de que la marea al fin estaba por cambiar.
El ejército de Magnus, por primera vez, vaciló.
Incluso sus soldados disciplinados dudaron ante aquel espectáculo imposible.
Shiki extendió los brazos, su voz resonó con autoridad absoluta —¡Hoy esta isla me pertenece, y nadie podrá impedirlo!
Shishishishishi…— —¡PIRATAS DEL LEÓN DORADO ATAQUEN Y APOYEN A LA PRIMERA DIVISIÓN, LOS PIRATAS HEART!— Las islas flotantes comenzaron a descender lentamente, como gigantes dormidos que se preparaban para aplastar todo a su paso.
El campo de batalla quedó sumido en una tensión irreal, el caos de la guerra se detuvo por un instante, porque todos entendieron que la verdadera tormenta apenas estaba comenzando.
Hana, la osa perteneciente a la tripulación de shiki no dudó en dejar fluir todas sus habilidades contra los soldados, al igual que los antiguos prisioneros hicieron valer su derecho a permanecer en la tripulación del león dorado.
Al observar el cambio en las tornas Magnus estaba irritado y molesto, tanto que sin pensar dos veces atacó a shiki que se posaba imponente en el cielo….
[Hawk cut] con sus alas batidas Magnus lanzó una serie de hojas de viento en contra de Shiki, pero shiki las bloqueó y esquivó sin problemas y posó su mirada en Magnus.
—Oh, algo que odio es que los jóvenes me subestimen..— sin decir más shiki desenvainó sus dos katanas y con una gracia como si caminase en el cielo comenzó a atacar a Magnus.
[Guillotina de León.] shiki descendió atacando en múltiples posiciones suprimiendo a Magnus, que trataba de bloquear con sus garras, peor bajo la supresión a Magnus le fue difícil lanzar una ofensiva, así que Magnus se alejó con el batir de sus alas creando un espacio entre shiki y el, ahora con la distancia Magnus lanzó la ofensiva, rápidos cortes de violento, que proyectó como una lluvia de cuchillas de viento que descendieron en abanico, arrasando las nubes.
Los proyectiles silbaron con fuerza letal.
Shiki, sin perder la sonrisa, giró el torso y cruzó sus espadas.
El choque hizo retumbar los cielos, desintegrando la ráfaga en un destello de chispas.
—¿Eso es todo?
—se burló Shiki— ¡Un halcón que no puede cazar ni a un ratón, lástima que no aprendiste otro movimiento en tu vida, no mereces poder volar.— Magnus rugió, extendiendo sus alas de forma violenta gritando —¡Cállate, viejo!
¡Yo soy el futuro, y te arrancaré esas katanas con mis propias manos!— Se lanzó en picada, más veloz que un rayo.
Sus garras envueltas en Haki rasgaron el aire, buscando el pecho de Shiki, pero este se ladeó, dejando que las zarpas rozaran su capa.
Aprovechó el movimiento y contraatacó con un corte en diagonal, el filo abrió el cielo y alcanzó a Magnus en el hombro, arrancándole el ala.
El halcón gritó de dolor, pero giró sobre sí mismo, generando un torbellino que atrapó a Shiki,El aire rugía como una tempestad, las piedras en la tierra comenzaron a elevarse.
Desde abajo, los combatientes detenidos miraban con espanto cómo la tormenta oscurecía el sol.
—¡Desaparece,anciano —vociferó Magnus, cayendo al suelo mientras observaba victorioso el vórtice.
Pero Shiki que estaba dentro, observando los cortes y la fuerza desgarradora que se suponía que debía destronarlo, sonrió con arrogancia y rio, —Shihihihihi.— Con los dientes apretados, sus músculos tensos y la mirada encendida, desató un tajo doble.
Las dos katanas brillaron como relámpagos cruzados y el torbellino se partió en dos, y Magnus salió despedido, herido en el torso, con un corte que atravesaba su armadura de plumas mientras caía, pero Shiki caminó de nuevo sobre el aire, con paso lento, su melena agitada por la ventisca.
—Eres débil… sí, demasiado para un cachorro.
Pero yo no soy cualquier presa.
¡Yo soy el Shiki León Dorado Shiki!
—¡Shishishishi!— Shiki Río por última vez mientras arrancaba con su poder de fruta del diablo una parte de una isla y la lanzaba hacia Magnus que caía del cielo.
La roca atravesó el cieloy al impactar en el suelo la onda de choque se extendió hasta varios metros creando una nube de tirrra, levantando polvo y destrozando parte del campo de batalla.
La onda alcanzó a crear un ligero temblor.
En ese instante, Shiki apareció frente a él.
El León había cruzado la distancia con una agresividad inhumana.
Una katana en la garganta, la otra hundiéndose en el torso del halcón.
El dolor fue indescriptible; Magnus sintió cómo la fuerza lo abandonaba.
—Tu problema, mocoso…es que fuiste demasiado arrogante toda tu vida—susurró Shiki al oído mientras lo empujaba hacia el vacío—Es que pensaste que el halcón podía ser más fuerte que el león.— Shiki, de nuevo suspendido en el aire, alzó los brazos, las espadas chorreando sangre.
Su melena parecía arder bajo la luz del sol.
Entonces liberó su Haki del Conquistador.
La presión cayó como una marea negra.
Los soldados de Magnus comenzaron a desplomarse inconscientes, sus lanzas y espadas tintineando al caer.
Incluso los más endurecidos sintieron que sus rodillas cedían, que el peso de la voluntad del León era imposible de resistir.
Shiki rió de nuevo, victorioso.
—¡Shishishishi!
¡Así termina la batalla, están muertos los halcones!— Mientras abajo el campo quedaba silenciado, un rugido distinto comenzó a escucharse: el de las piedras del castillo derrumbándose.
Entre humo y polvo, las murallas negras se quebraban como vidrio.
En el corazón del caos, en la sala del trono, un bisturí brillaba con fría luz azul.
Law estaba de pie entre las ruinas, su mirada fija en el trono desplomado.
La guerra en el cielo había terminado, y ahora el verdadero desenlace comenzaba entre los escombros del poder.
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