Originador Primordial - Capítulo 517
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Capítulo 517: Yo también voy
Tras regresar a la copa del Árbol Anciano, León se comunicó con el Espíritu Guardián para que reanudara su viaje.
Con la situación actual en el exterior, aunque los muros de ratas en llamas se derrumbaran, seguiría siendo un mar de fuego que la marea de ratas no cruzaría para llegar hasta los elfos.
No obstante, León hizo que el Espíritu Guardián tomara un camino diferente.
—¿Quieres usar el Árbol Anciano para arrasar con la marea de ratas?
Duna adivinó rápidamente la intención de León antes de que este asintiera.
—Así es. Será mejor aprovechar a esta grandullona al máximo —dijo León mientras palmeaba una de sus grandes ramas.
—¿Ah? ¿El Árbol Anciano es una chica? —preguntó Duna con sorpresa, y luego añadió—: No sabía que los árboles tuvieran siquiera género.
—Ah, pues sí que lo tienen. De hecho, los árboles se dividen en cuatro géneros. Algunos árboles incluso pueden cambiar de género, pasando de machos a hembras —explicó León con su vasto conocimiento sobre plantas y hierbas.
Duna sentía mera curiosidad, no es que le interesara demasiado.
Tras escuchar la explicación de León, ella cambió de tema despreocupadamente y le preguntó: —¿Y tú? ¿Has considerado convertirte en mujer?
La pregunta pilló a León por sorpresa y casi se tambaleó antes de que sus labios se crisparan sin parar. «¿Qué clase de pregunta era esa?».
—Por supuesto que no. Nací hombre y moriré hombre.
—Mmm, claro —respondió Duna con una ligera risa.
León negó con la cabeza, impotente.
Un rato después, el Árbol Anciano se movió, dando un corto giro a la derecha antes de avanzar con pasos estruendosos que resquebrajaban la tierra.
El mar de fuego no suponía ninguna amenaza para el Árbol Anciano, que continuó su avance sin miedo y no tardó en alcanzar a la marea de ratas. No se inmutaba ante unas llamas débiles.
¡Chirr! ¡Chirr!
Las ratas cayeron inmediatamente en un desorden frenético ante los pesados pasos del Árbol Anciano que hacían temblar la tierra, mientras cientos de sus congéneres eran aplastadas bajo sus pisadas hechas de raíces.
Muchos Altos Elfos, Ancianos y guardias reales habían abandonado la copa del árbol para ser de utilidad, siguiendo las órdenes previas de la Princesa Tesalia, y solo unos pocos se habían quedado atrás.
En ese momento, se podía ver a la Princesa Tesalia volando por el cielo con otros guardias reales y Altos Elfos mientras masacraban a las ratas.
Como era de esperar, la Princesa Tesalia aprendía rápido y ya había despegado para matar ratas en cuanto dominó la habilidad de vuelo… o eso pensó León al principio.
Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que su vuelo era inestable de vez en cuando.
—Esta princesa elfa… sí que es imprudente —murmuró León, un poco anonadado. «Definitivamente es del tipo que tiene más músculo que cerebro», pensó.
Poco después, León despegó con Duna para matar algunas ratas y refinar más píldoras explosivas con su sangre.
Le gustara o no, eligió una zona no muy lejana a la de la Princesa Tesalia para vigilarla. En cualquier caso, era la hermana mayor de Faelyn.
No podía permitir que le pasara nada.
…
Región de las Praderas, Árbol del Mundo.
En ese momento, un gran número de tropas se afanaban en los preparativos para la partida dentro del campamento militar, cerca del pie del Árbol del Mundo.
Lilith salió de su tienda tras oír el ajetreo de las pisadas.
—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tanto movimiento a estas horas de la noche? ¿Qué están haciendo todos? —preguntó Lilith mientras detenía a uno de los soldados para interrogarlo.
—Señorita Lilith, no estoy del todo seguro. Acabo de recibir órdenes de mis superiores para prepararnos para la partida. He oído a los demás decir que podríamos estar movilizándonos hacia la Frontera Occidental —dijo el soldado.
Lilith se sorprendió y luego frunció el ceño.
—El Árbol del Mundo es ahora el punto central del Imperio Crawford, y la intención del rey de construir aquí la nueva capital no es ningún secreto… Para que el ejército se movilice lejos de aquí, algo gordo debe de haber pasado en la Frontera Occidental… —analizó Lilith.
—Sí, yo también creo que ha pasado algo gordo en la Frontera Occidental, Señorita Lilith —convino el soldado con su análisis.
Lilith miró al soldado con aire pensativo antes de preguntar: —¿Saben sus superiores más detalles sobre lo que ocurre en la Frontera Occidental?
—Quisiera creer que sí. —El soldado no dio una respuesta definitiva.
Aun así, Lilith asintió y pidió: —Por favor, lléveme ante alguien del alto mando. Quisiera preguntarles qué está pasando.
Cualquier cosa que ocurriera en la Frontera Occidental probablemente estaría relacionada con las Tierras Salvajes. Por lo tanto, no podía ignorar lo que pudiera estar sucediendo allí.
—Será un honor, Señorita Lilith. Por aquí, por favor —dijo el soldado, dándose una palmada en el pecho con una gran sonrisa e indicándole a Lilith que lo siguiera.
El soldado se reunió rápidamente con su superior para recibir permiso para su ausencia temporal antes de ir a cumplir los deseos de Lilith.
Un rato después, llegaron a una gran tienda.
—¡A la orden, comandante, la Señorita Lilith desea verle, señor! —dijo el soldado en voz alta con un saludo disciplinado fuera de la gran tienda.
Se oyeron algunos movimientos dentro de la tienda antes de que un soldado de mediana edad con una fuerte presencia saliera de ella, sorprendido.
—¿Necesita algo de mí, Señorita Lilith? —preguntó el comandante cortésmente, dándole un trato preferencial.
—Esperaba que pudiera decirme qué está pasando en la Frontera Occidental, comandante. ¿Por qué el rey está movilizando al ejército allí? —preguntó Lilith educadamente.
—Esto… —el comandante dudó un momento antes de que Lilith le instara—: Por favor, comandante.
—Bueno, de acuerdo. Sin embargo, no puede divulgar a la ligera lo que le diga, Señorita Lilith. Causará un pánico innecesario entre los eruditos y los ciudadanos —afirmó el comandante.
Lilith asintió. —Estoy de acuerdo.
—Eso está bien —el comandante asintió también antes de volverse hacia el soldado—. Hiciste bien en escoltar a la Señorita Lilith hasta aquí. Puedes volver a tu puesto y prepararte para la partida.
—¡Sí, señor!
Poco después de que se fuera el soldado, el comandante hizo un gesto hacia su tienda y dijo: —Hablemos en privado, Señorita Lilith.
—De acuerdo —asintió Lilith.
Poco después de que ella entrara en la gran tienda, el comandante la siguió de cerca. Sin embargo, momentos después, Lilith salió furiosa de la tienda a toda prisa.
—¡Señorita Lilith, por favor, espere! No debe seguirnos. La situación en la Frontera Occidental es incierta, pero definitivamente no será un lugar seguro.
—No me detenga, comandante. Si el Cataclismo es inminente y las Tierras Salvajes están sumidas en el caos por la marea de ratas, como ha dicho, entonces iré con ustedes, le guste o no. ¡Debo regresar con mi clan! —dijo Lilith con determinación.
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