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OSHIKURA - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 La titular Rengetsu
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18: La titular: Rengetsu 18: La titular: Rengetsu El instructor me mira con las cejas levantadas, como si yo fuera algún tipo de bicho raro salido de la tierra.

Escucho un ruido mínimo detrás, alguien pisó mal, alguien jadeó, alguien movió el cuerpo inconsciente de Kishibe.

No aparto la vista de Iyigae.

—¿Estás segura de que eres mujer?

—suelta.

Asiento.

No pienso darle ninguna explicación más.

El tipo respira hondo y avanza.

Luego aplaude una sola vez, fuerte, cortando el aire como un tajo.

—Rengetsu queda oficialmente como titular para la arena de combate dentro de dos semanas.

Mis ojos se abren en seco.

Los murmullos explotan alrededor.

No los escucho del todo, pero sé lo que dicen: que si habla en serio, que si estoy loca, que si Kishibe fue humillado accidentalmente o a propósito.

—¿Habla en serio, instructor?

—pregunta uno.

Iyigae ni siquiera pestañea.

—Un talento como el suyo no puede quedarse encerrado en un dojo.

Tiene que convertirse en guerrera lo antes posible.

Siento las miradas clavarse en mí.

Algunas chicas parecen emocionadas.

Otras parecen querer arrancarme la cabeza.

A otros no les importa, siempre y cuando no las toque para pelear.

Y unas pocas… sí, están molestas.

Kishibe era su pequeño orgullo.

Yo no pienso ceder nada por sus emociones frágiles.

Me inclino para aceptar.

—Desde hoy dejarás de observar duelos —continúa—.

Participarás en ellos.

Sigo inclinada.

No espero aprender nada nuevo de ellos, pero esto me da exactamente lo que quiero: dos semanas para entrar a la arena, dos semanas para lucirme, dos semanas para que el señor del clan y el mismísimo fundador Seiko me vean ganar sin un error.

No pretendo salir de ahí siendo solo una guerrera cualquiera.

Quiero salir convertida en general.

—Pero necesito el permiso de tu madre, Rengetsu.

Mi cuerpo se queda tenso.

¿Mi… madre?

Eso sí no me lo esperaba.

—¿Eh?

—suena solo un quejido involuntario.

— Más tarde estoy en casa, con un té entre las manos.

Hiyori duerme hecha un ovillo en una esquina.

Chiyo no está.

Shike me observa como si fuera un incendio a punto de empezar.

Iyigae está sentado, rígido, demasiado correcto para estar en una casa ajena.

Shike rompe el silencio.

—¿Puedo saber qué sucede?

Iyigae se acomoda.

—Rengetsu derrotó fácilmente a mi alumno más talentoso.

Shike abre los ojos, sorprendida.

—¿Hablan de Kishibe?

¿Acaso él no era el candidato para la arena?

Asiento.

—Lo era —respondo.

—Cielo santo… Shike me mira como si recién se diera cuenta de que soy un arma con piernas.

—¿Acaso solo vino a decirme eso, Iyigae?

—Quisiera que Rengetsu participe en la arena.

Shike cambia por completo.

Su expresión se endurece como piedra.

—No.

Me quedo fría.

No pensé que respondería tan rápido… y mucho menos que lo haría sin pensarlo.

Aprieto los puños en mi regazo.

Tengo que contenerme para no levantarme de golpe.

—Ya veo… —dice Iyigae—.

Pero si decide que Rengetsu no participe, está reprimiendo un talento inmenso.

No es uno común.

Tiene futuro.

—Dije que no —lo corta Shike.

La mirada de Shike se cruza con la mía.

Es dura.

Más dura que todas las veces que me regañó.

Más dura que cualquier corrección silenciosa en la mesa.

Más dura que cuando habló de Kaede.

—¿Cómo puede pedirme eso, Iyigae?

—pregunta sin apartar los ojos de mí.

—Estamos obligados a pulir talento así.

Rengetsu puede deslumbrar.

—¿Y qué tal si muere en la arena?

—responde Shike.

Iyigae calla.

Yo siento que todo se me tensa por dentro.

—Shike-san —digo despacio—.

No voy a morir.

—Es fácil hacer promesas que no sabes si podrás cumplir —contesta.

Intento hablar, pero la voz se me queda atorada en la garganta.

Qué ironía, me paso la vida desafiando a medio mundo y justo ahora me falla el sistema de audio.

Miro a Iyigae, esperando que él resuelva el desastre que acaba de soltar.

El tipo se rasca la nuca como si eso fuera a mejorar la situación, pero al menos lo intenta.

—Normalmente los alumnos van a observar al titular en su combate —dice—.

Si el maestro cree que la pelea llegó a su límite, puede tirar la toalla.

Le daré la oportunidad de que usted tenga la toalla en el duelo de Rengetsu.

Shike lo mira con una mezcla de incredulidad y furia contenida.

—Me niego.

Yo ya no puedo más.

—Shike-san… por favor… No me gusta suplicar.

Me deja vulnerable.

Me deja… humana.

Pero sigo.

Iyigae interviene, medio torpe, medio valiente.

—Sé que tiene miedo, pero este destino es lo que la hace feliz.

¿La ha visto sonreír así con otra cosa?

Shike se queda en silencio.

Ese silencio que te revienta el pecho.

Luego suelta, bajito: —Si Rengetsu muere… Iyigae la corta de inmediato.

—No hace falta que termine.

Su cara ya lo dijo todo.

Me mira a mí.

—Rengetsu-hime, estás consciente de que puedes morir.

—Lo tengo muy en cuenta —respondo, firme.

Y sí, me late el corazón como si quisiera escapar por mi garganta, pero mi decisión va primero.

Shike suelta un suspiro tan largo que juro que envejeció tres años.

—Que quede claro: voy a ir.

Tiraré la toalla si te veo en aprietos, aunque te duela en tu enorme y terco orgullo.

Y gritaré tu nombre.

Siento cómo se me enciende algo en el pecho.

Me brillan los ojos como si me hubieran metido luciérnagas ahí dentro.

Asiento una y otra vez, casi sin poder contener la emoción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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