OSHIKURA - Capítulo 19
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: El campo de arena…
19: El campo de arena…
Y así pasó.
Terminé entrando al dojo como alumna de Iyigae.
Honestamente pensé que habría tensión con los alumnos, pero la verdad es que no.
A las chicas les caí muy bien, incluso demasiado.
Varias me decían cosas sobre mi cara o mi cuerpo, y yo solo pensaba en cómo demonios había pasado de ser una sombra sin nombre a que me anden tirando flores.
Con los hombres era distinto; me respetaban, firme y sin acercarse.
Y yo lo agradecía.
No me gusta estar cerca de hombres que no sean para pelear.
Pero Kishibe… Kishibe parecía haber nacido con el don de incomodarme.
Si respiraba, me insultaba.
Si me movía, me insultaba.
Si existía, me insultaba.
Y cuando nos tocaban duelos, el aire se volvía tan pesado que parecía que todo el dojo aguantaba la respiración.
Yo no entendía por qué me tenía tanta rabia.
Tal vez por eso, siendo querido por todos los clanes, terminó pidiendo su traslado.
Y no a un dojo armonioso; eligió el más tenso.
Este.
Cuando Iyigae escuchó la noticia, solo dijo: —Ni modo.
Como si le hubieran avisado que se acabó el té.
A veces creo que este hombre vive tan tranquilo que ni una tormenta le mueve un músculo de la ceja.
— Tres días después, estoy frente a él.
Entrenamiento.
Pelea ligera.
Bueno… ligera para él.
Para mí es sobrevivir con dignidad.
Nos inclinamos.
El piso de madera está tibio.
Yo exhalo.
Él exhala.
Y empieza.
No pienso.
Solo actúo.
Lanzo un golpe al costado.
Su mano atrapa mi muñeca.
Me empuja hacia atrás.
No con fuerza brutal, sino con precisión, como si conociera exactamente cuánta resistencia tengo.
Intento barrerle las piernas.
Él levanta el pie y lo deja caer justo donde me detiene el impulso.
Giro, ataco por arriba.
Su antebrazo bloquea, su otra mano roza mi codo y me desestabiliza.
Intento usar mi velocidad, pero él la lee.
Todos mis intentos los corta antes de nacer.
Mis golpes son flechas; los suyos, simples puertas que se cierran justo cuando quiero entrar.
No puedo tocarlo.
Y lo odio un poco.
Pero también lo admiro.
Cuando paro, jadeo apenas y veo algo que no esperaba: sus manos están rojas.
No es grave, pero sí duele.
Ese tipo de dolor que te recuerda que tu alumno dio más de lo normal.
—Vas muy bien, Rengetsu —dice con esa voz calma que dan ganas de morderle el hombro por lo sereno.
Me inclino, respetuosa.
Camino hasta sentarme junto a Kagura, que parece tan cansada como yo aunque ella ni peleó.
Sopla sobre su propio pecho, como si eso fuera a enfriar algo.
El calor del dojo es constante.
Casi insoportable.
En mi mente solo pienso que este sería el clan perfecto… si dejara de sentirse como un horno.
—Perdiste nuevamente, Rengetsu-dono —me dice Kagura.
—El instructor es realmente fuerte.
Ella me agarra un mechón de cabello.
Lo sostiene como si analizara una reliquia.
—¿No crees que deberías cortar el pelo?
La miro.
—¿A qué te refieres?
—Seguramente pelearás con alguien formidable.
Y tu pelo largo puede ser una desventaja.
Aparto la mirada.
Agito la mano como para echarme aire.
—No pasará.
Nadie podría hacerlo.
Kagura simplemente se encoge de hombros.
Ella no discute.
Solo deja caer la idea como quien suelta una gota de tinta.
A los pocos segundos, miro mi propio mechón.
Hiyori dijo que mi cabello era hermoso.
Que lo amaba.
Y… no pienso cortarlo.
Suspiro.
Creo que me estoy ablandando en este clan.
Nunca me sentí tan querida.
Nunca pensé siquiera tener derecho a participar en una simulación.
A ser parte de algo que no sea solo “sobrevivir el día”.
Miro por la ventana.
Ahí está el estadio de combate.
Enorme, imponente, casi un monstruo de piedra esperando gritos, sudor y gloria.
Sé por lo que he escuchado que es un tributo al fundador y actual señor del clan.
Aunque el clan valora su paz, los barcos extraños que se acercan a la isla no dejan descansar a nadie.
Por eso el fundador decidió militarizarla.
Y también quiso crear ese evento.
Un torneo donde los tres mejores alumnos de cada uno de los veintiún clanes participan cada año.
Ahí se define el rol, la posición, el arma ideal.
Todo el destino de un guerrero en una sola competencia.
La intención es que los duelos terminen en noqueo.
Pero ya se sabe cómo es el código de honor.
Si un clan se niega a rendirse y su representante también… puede terminar en muerte.
Ha pasado.
Varias veces.
Aunque la mayoría de veces, el fundador mismo interrumpe para evitar que un talento se pierda por orgullo.
Y al final, siempre está el combate amistoso entre los instructores.
Uno contra uno.
Prohibido matar.
Pero todos saben que los maestros disfrutan rozar ese límite.
Solo imaginarlo hace que algo dentro de mí se despierte como una llama bien alimentada.
Me pregunto quién será mi oponente.
Me recorre un escalofrío.
No de miedo.
De emoción.
Porque nadie aquí se compara con Rikuya.
Nadie dura un minuto contra él.
Nadie tiene su atractivo, su personalidad, su forma de ver el mundo.
Pero este evento… este escenario… tal vez, por primera vez, niegue esa comparación.
Tal vez pelee por mí misma.
Y por ese nombre que ahora llevo.
Rengetsu.
Mientras miro el estadio, entiendo algo.
Estoy lista.
O me estoy convenciendo de que lo estoy.
Pero voy a entrar.
Y lo voy a ganar.
Porque lo merezco.
Y porque Rikuya me habría dicho: “Ve y destrúyelos.” Así que eso haré.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com