OSHIKURA - Capítulo 21
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21: A un día del debut 21: A un día del debut El sol pega fuerte No es un sol amable.
No calienta, castiga.
La arena arde bajo las suelas y obliga a caminar con cuidado, como si cada paso recordara que este lugar no perdona distracciones.
Llego tarde al dojo.
Lo sé desde antes de cruzar el portón.
No necesito mirar el cielo ni escuchar las trompetas.
Lo siento en el cuerpo, en esa presión incómoda que se instala cuando algo no salió como debía.
Aun así, hay un alivio profundo en mi pecho.
Lo de ayer… no desapareció.
No se borra tan fácil.
Pero ya no pesa igual.
Ya no me aprieta la garganta ni me corta la respiración.
Sigue ahí, como una cicatriz reciente, sensible al tacto, pero cerrándose.
Sigo pensativa.
Eso no cambió.
Pero puedo concentrarme.
Puedo entrenar.
Mañana será el debut del clan.
No es solo una serie de combates.
El clan que gane recibirá el reconocimiento directo del fundador.
El título de clan más formidable de este año.
No es un premio tangible, pero todos sabemos lo que significa.
Prestigio.
Influencia.
Un futuro más claro.
Mientras camino, no puedo evitar preguntarme cómo reaccionarán cuando me vean entrar a la arena.
Una mujer.
Por primera vez.
No siento miedo.
Siento curiosidad.
Y una tensión que me mantiene alerta.
Antes de entrar, me detengo un segundo.
Me pregunto qué estará pasando dentro del dojo.
— (Punto de vista de Iyigae) Rengetsu se demora demasiado.
No es propio de ella.
No suele llegar tarde, y cuando lo hace, siempre hay una razón clara.
Ayer, sin embargo… algo en su expresión me dejó intranquilo.
Me frustra admitirlo.
Es mi alumna más fuerte.
Cuando ella no está centrada, el equilibrio del dojo se resiente.
Pero no puedo detener el entrenamiento.
Aplaudo una sola vez.
—Muy bien.
Las trompetas suenan desde el exterior, marcando el inicio formal de la sesión.
Algunos alumnos se enderezan al instante.
Otros tragan saliva.
Mañana es el debut del clan.
Todos lo tienen presente.
—Como Rengetsu tarda en venir —digo—, Seiji y Ríhoyu.
Ambos se levantan sin decir palabra y se dirigen al espacio de práctica.
La intención de este enfrentamiento es clara.
Necesito ver si Seiji merece ser el suplente de Ríhoyu o si solo ha crecido a la sombra de su titular.
En la arena real, no hay lugar para dudas.
Seiji sostiene la katana.
Ríhoyu está desarmado.
La lógica es simple.
Si Ríhoyu pierde su arma durante un combate real, debe ser capaz de arrebatar la del enemigo y contraatacar.
No es elegante.
Es necesario.
Respiro hondo.
—¡Pelen!
Seiji inicia sin vacilar.
Un tajo directo, limpio.
Ríhoyu se pone tenso.
Lo noto.
Sabe que un error aquí no es simbólico.
Una hoja mal medida corta de verdad.
Esquiva como puede e intenta responder con un codazo al brazo que atacó.
Pero Seiji ya soltó la katana.
Eso lo confunde.
La confusión dura apenas un instante.
Lo suficiente para que Seiji le clave un puñetazo en el rostro.
Recién entonces Ríhoyu ve la katana en la otra mano.
Seiji la pasó por su punto ciego.
Buen movimiento.
Seiji ataca de nuevo.
Ríhoyu cae hacia atrás.
No puede esquivar.
No puede atacar.
Hace lo único que puede.
Patea.
Un golpe seco al brazo de Seiji.
Lo desequilibra.
Ríhoyu cae al suelo, pero se levanta de inmediato.
Seiji cae sobre él con otro tajo.
Ríhoyu reacciona por reflejo.
Gira las muñecas, atrapa la mano que empuña la katana y clava un puñetazo corto, directo.
Seiji se niega a caer.
Pero ya no tiene la katana.
Ahora la tiene Ríhoyu.
Ríhoyu golpea la pierna de Seiji, lo desestabiliza y, sin exagerar, golpea su hombro con el mango.
No es brutal.
Es suficiente.
Seiji cae.
Ríhoyu clava la katana en el suelo, a centímetros del rostro de Seiji.
Tan cerca que podría oler el metal.
Detengo la pelea.
Felicitó a ambos.
Ríhoyu extiende la mano.
Seiji la acepta sin dudar.
Seiji lo hizo bien.
Logró poner nervioso a Ríhoyu.
Antes, solo Kishibe podía hacerlo.
Pero eso es otra historia.
—Sí que no te lo tomaste a juego, Seiji-dono —dice Ríhoyu.
—Realmente quería vencerte —responde Seiji, rascándose la nuca al levantarse.
—Las charlas amistosas para otra ocasión —interrumpo.
Busco a Masotora, el tercer titular.
Luego a Hyoro, su suplente.
No le tengo demasiada fe.
Muchos alumnos se han ido de este dojo buscando dojos más ambiciosos.
Yo me quedé con los que aceptaron crecer lento.
—Masotora.
Hyoro.
Ambos hacen una reverencia.
Le entrego la katana a Hyoro.
—Lo siento por la demora, instructor.
La voz de Rengetsu.
Entra al dojo junto a Kagura, que de inmediato empieza a hablarle.
Rengetsu observa la katana, luego las manos vacías.
Me mira con duda.
Su expresión cambia.
¿Será el cansancio?
¿O algo más?
No importa.
Que entienda sola.
—¡Pelen!
Masotora ataca primero.
Sin miedo.
Un puñetazo directo al rostro de Hyoro.
Hyoro intenta esquivar.
Es una finta.
Masotora destaca en todo, pero sobresale en el combate a puño limpio.
Igual que Rengetsu.
Me pregunto quién ganaría entre ellos, pero no hay tiempo.
El golpe entra.
Hyoro queda atontado.
No detengo la pelea.
Confío en su compañerismo.
Y también en que Hyoro puede dar más.
Masotora ataca de nuevo.
Hyoro detiene el golpe con una sola mano.
Masotora no se impresiona.
Responde de inmediato con una patada directa a las costillas.
—Pam —dice Rengetsu, golpeando el aire.
Creo saber exactamente qué estaría haciendo ella en su lugar.
Los demás están concentrados.
Ríhoyu observa a Masotora, atento a que no deje a su suplente en mal estado.
Hyoro escupe por el impacto y queda en el suelo sin moverse.
Masotora se detiene.
Lo mira.
Duda.
Es una distracción.
Hyoro responde lanzando un puñado de arena desde el suelo.
Luego arroja sus waraji al rostro de Masotora, que ni se inmuta.
Hyoro intenta un tajo.
Masotora responde con una patada.
La katana sale volando.
Detengo la pelea.
No queda nada más que decir.
Masotora ganó por fuerza bruta, pero olvidó el objetivo.
No debía solo vencer.
Debía desarmar.
—Masotora, nunca olvides lo que te digo.
Te excediste.
—Como sea.
Le encanta repetir el mismo castigo.
—Da vueltas por toda la zona y sesenta flexiones.
Ahora.
Masotora obedece sin decir nada.
A la zona me refiero al campo de arena y al dojo.
Tomará su tiempo.
Y el entrenamiento continúa.
Miro a Rengetsu durante unos segundos más de lo necesario.
No porque dude de ella, sino porque dudo de lo que vendrá después.
Su suplente.
Ese es el verdadero problema.
Kagura es una opción evidente.
Fuerte, constante, confiable.
Akari… Akari es distinta.
También destaca, pero lo hace de una forma incómoda.
Siempre está ahí y, al mismo tiempo, parece no estar nunca.
Se esconde entre los demás, se diluye.
Incluso yo me olvido de ella con facilidad, y eso me molesta más de lo que debería.
Decido rápido.
Si Akari pierde, Kagura entrará después.
Alguna de las dos será la suplente de Rengetsu.
Los varones no sirven para este rol, no ahora.
No en este punto.
—Akari.
Rengetsu.
Akari se pone de pie sin prisa.
Su expresión es la de siempre: solitaria, apagada, como si esto no tuviera ninguna importancia.
Rengetsu, en cambio, camina hacia el centro con un leve brillo en los ojos.
No sonríe, pero hay algo de entusiasmo contenido en su postura.
Se inclinan en señal de respeto.
Le entregan la katana a Akari.
—Buena suerte —dice Rengetsu, sincera.
Akari no responde.
No hay nervios en su rostro.
Tampoco temor.
Ni siquiera expectativa.
Levanto la mano.
La pelea comienza.
Ninguna se mueve.
Rengetsu adopta guardia de inmediato, firme, preparada.
Akari permanece erguida, relajada, sin posición defensiva alguna.
Pasan segundos incómodos.
Rengetsu frunce apenas el ceño.
Akari no piensa atacar primero.
Eso es evidente.
Así que Rengetsu toma la iniciativa.
Avanza.
Akari reacciona, pero su ataque es falso.
Una finta limpia, precisa.
En menos de un segundo, Rengetsu ya está a su espalda.
Intenta rodearla, agarrarla, derribarla.
Akari se deja caer.
Se barre por el suelo de una forma errática, casi absurda.
Un movimiento que nadie espera.
No es elegante ni académico, pero funciona.
El público contiene el aliento.
Rengetsu no se detiene a pensar.
Se adapta.
Le sigue el ritmo.
Recuerdo la primera vez que vi pelear a Akari.
Perdió aquella vez, pero algo se me quedó grabado: sus reflejos.
Ahora lo confirma.
Esquiva cada golpe de Rengetsu por un margen mínimo.
Los ataques de Rengetsu cortan el aire con violencia.
Suenan como látigos rompiendo el viento.
Akari responde con palmadas secas, duras, golpeando puntos tensos del cuerpo de Rengetsu.
No busca daño inmediato.
Busca desgaste.
Rengetsu empieza a concentrarse de verdad.
Akari no muestra emoción alguna.
Su rostro refleja fastidio.
Aburrimiento.
Como alguien obligado a mirar algo que detesta.
Rengetsu cambia de estilo.
Deja de avanzar en línea recta.
Se mueve en ángulos, rodea, presiona por los ejes laterales.
Reduce las rutas de escape.
Entiende lo que Akari intenta hacer: cansarla.
Akari intenta una patada al costado.
Rengetsu la bloquea con el codo.
Akari no reacciona al impacto.
Repite un movimiento que vi antes, uno que Seiji usó contra Ríhoyu: cambio de manos, engaño de ritmo.
Rengetsu no cae.
Agarra la pierna de Akari y la vuelca al suelo.
La katana cae lejos.
Akari no replicó bien el movimiento.
Ahí falló.
Pero Rengetsu comete un error mayor.
No la inutiliza.
—No lo hiciste bien, Rengetsu —murmura Akari.
La empuja con fuerza usando las hoyu.
Rengetsu retrocede.
Ríhoyu se encoge de hombros desde su lugar, como si ya lo esperara.
Rengetsu vuelve a atacar primero.
Finta.
Akari esquiva sin dificultad.
Akari intenta un tajo.
Errático.
Mal calculado.
Rengetsu aprovecha y le quita la katana.
No puedo evitar murmurar: —¿Eh?
¿Akari no domina la katana?
Si es así, ¿Por que la usó?
Rengetsu ataca de nuevo.
Akari esquiva con más dificultad ahora.
El equilibrio cambia.
Rengetsu empieza a dominar.
Pero Akari contraataca en el peor momento.
Un golpe rápido, directo a la nariz de Rengetsu.
Sangre.
Rengetsu se aturde.
Akari se barre y la hace caer.
Rengetsu se levanta a medias, tambaleante, negándose a perder.
Incluso para mí, la tensión es brutal.
Akari avanza.
Patada bloqueada.
Puñetazo directo a la nariz otra vez.
Más sangre.
Rengetsu aprieta los dientes.
Aguanta.
Akari sigue golpeando.
Entonces Rengetsu lanza un golpe severo.
Akari lo esquiva por poco.
Sin dudarlo, Akari la derriba con ambas piernas y aplica una llave.
Silencio total.
Estoy a punto de detener la pelea.
Pero Rengetsu se mueve.
Su cuerpo se curva como un escorpión.
Usa las piernas y golpea el rostro de Akari.
Un movimiento imposible.
Pero lo hizo.
Akari cae.
Rengetsu toma la katana cercana y la inutiliza en el suelo.
Akari no se mueve.
Ni una mueca.
Ni una queja.
Detengo la pelea cuando el rostro de Akari comienza a tornarse morado por la asfixia.
Rengetsu cae de espaldas, exhausta.
Akari sigue inmóvil.
Rengetsu murmura un nombre.
No logro oírlo.
Sin duda alguna…
Akari sera titular…
Pero, ¿Y el suplente de Rengetsu?
Demonios REFLEXIONES DE LOS CREADORES Nael_Dalap Sin dudas el capítulo que me costo mas hacerlo…
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