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OSHIKURA - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 camino a la arena 12
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22: camino a la arena 1/2 22: camino a la arena 1/2 Miro el techo.

Las vigas de madera se cruzan sobre mí como cicatrices viejas.

No sé cuántas veces las he visto desde este ángulo, pero ahora parecen distintas.

Más lejanas.

Mi respiración es pesada, irregular, como si el aire no terminara de entrar.

¿Gané?

La pregunta se me forma sola, sin fuerza.

¿Realmente gané… o solo estoy equivocándome?

El tatami está frío contra mi espalda.

Siento el pulso en la sien, insistente.

Giro la cabeza apenas, lo suficiente para verla.

Akari.

Está a mi lado, pero podría estar en otro mundo.

No mira el techo, no me mira a mí, no mira a nadie.

Sus ojos están clavados en la pared más cercana, como si esa superficie lisa y gastada fuera lo único que existe.

No parpadea.

Un ardor violento me cruza la nariz.

Tarde en llegar, pero intenso.

Me llevo la mano por reflejo y los dedos salen manchados.

Respiro hondo para no hacer un gesto.

Akari se levanta antes que nadie.

No hay prisa en su movimiento.

Tampoco cansancio visible.

Se sacude la ropa con ambas manos, como si quitara polvo invisible, y sin mirar alrededor se dirige a su rincón.

Ese espacio estrecho, sin puertas, sin nombre.

Un cajón abierto donde siempre está.

Nadie la sigue.

Nadie la detiene.

Yo me incorporo después.

Me cuesta más.

Y no sé exactamente en qué momento lo entiendo.

No es una idea clara, no es un pensamiento ordenado.

Es instinto.

Cuerpo reconociendo algo que la mente todavía no quiere aceptar.

Akari no peleó en serio.

Se contuvo.

Aprieto los puños.

No de rabia hacia ella.

De frustración conmigo.

Siento cómo las uñas se hunden en la piel.

Me levanto y camino hacia la salida.

El instructor me detiene, sujetándome del brazo.

—¿A dónde vas?

—A limpiarme la nariz —respondo—.

No quiero manchar el dojo.

Sonrío.

Es una sonrisa entrenada.

Correcta.

Convincente.

Falsa.

El sol me golpea apenas cruzo el umbral.

El calor es brutal, como siempre.

Me limpio la sangre con la manga.

Ya no gotea.

Sigo molesta.

No por perder.

Sino porque Akari decidió no ir hasta el final.

Respiro profundo.

No puedo guardar resentimiento hacia un compañero.

Mi orgullo no lo permitiría.

Si algo voy a hacer… será intentar entenderla.

Masotora está junto al pozo, bebiendo agua.

Nuestras miradas se cruzan.

Él se incomoda y da un paso atrás.

—¿Otra vez te castigaron?

—le pregunto.

Se detiene.

Asiente sin girarse.

Me acerco y le doy unas palmadas en el hombro.

—Pórtate bien, Masotora-dono.

Asiente varias veces.

Cuando me alejo, lo veo tocarse el hombro, como si el gesto le pesara más de lo que debería.

Regreso al dojo.

El instructor está afuera.

Busco con la mirada.

Ríhoyu juega con Seiji.

Kagura entrena sola.

Todos se mueven.

Hasta que la veo.

Akari.

Frente a la pared.

Pienso que es rara.

Muy rara.

Pero se ganó mi respeto.

Me acerco.

Me planto frente a ella.

No se da cuenta hasta que extiendo la mano.

—Buena pelea, Akari.

Mi voz es sincera.

Ella me mira un segundo.

Solo uno.

Luego vuelve a la pared.

No dice nada.

Retiro la mano lentamente.

Me siento lejos de todos, apoyando la espalda en otra pared.

No voy a poder comunicarme con alguien como ella.

El instructor entra y da palmadas.

—Entrenen duro.

Mañana es el primer combate.

Me levanto.

Busco con quién entrenar.

Todos están ocupados.

Incluso Hyoro.

Solo quedamos Akari y yo.

La miro.

Sigue mirando la pared.

No le pediré entrenar.

No soy masoquista.

Espero.

— La comida es simple.

Arroz, huevo, verduras, sopa.

Damos las gracias.

—¿Mañana irás a la arena con Rengetsu?

—pregunta Chiyo.

Shike sonríe.

—Seguro mi hermana les pateará el trasero —dice Hiyori.

Sonrío incómoda.

Tres semanas.

Solo tres.

Las shōji están abiertas.

El viento mueve los utensilios de cocina.

Un kimono cuelga en la pared.

Es de un hombre joven.

Hay algo que no me deja tranquila.

La anciana.

La abuelita.

Lo dejo pasar.

Mañana es la arena.

— —¡HERMANITA, DESPIERTA!

Abro los ojos de golpe.

—¿Qué pasa…?

Hiyori está encima de mí, temblando.

—Me hago pipí… Suspira mi paciencia, no mi corazón.

Terminamos en el patio.

Espero apoyada en la pared.

Justo soñaba con Rikuya-dono… La cargo al volver.

—¿Puedo dormir contigo?

—Solo hoy.

—¿No te da miedo morir?

Pienso en la invasión.

En Hiroto.

—Sí.

Es agresivo.

La arropo.

Ella sonríe.

—Hasta mañana, hermana.

Me acuesto al lado de ella.

Cierro los ojos.

El canto de los pájaros me despierta.

Y lo recuerdo.

La arena.

Me levanto de golpe.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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