Otros Invocan Dragones, Yo Invoco Caballeros Legendarios - Capítulo 281
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Capítulo 281: Emperador Carmesí — Emperador de los Jefes
El aura que irradiaba el emperador era algo que Godfrey no había sentido nunca. Liberó su primer núcleo, manifestó rápidamente un arco de Eco de Ballista y activó Estrago Balístico.
Una onda expansiva de aire barrió el lugar cuando Godfrey lanzó más de trescientas flechas en un instante, cada una con la potencia suficiente para destrozar tres rascacielos al imbuirlas con una gran cantidad de maná.
Cada una de ellas crepitaba con relámpagos intensos al abalanzarse sobre el emperador. Acto seguido, los relámpagos explotaron y el humo se alzó. Godfrey bajó el arco, con la vista clavada en el estrado del trono, acribillado a flechas: algunas se habían desviado de algún modo para golpear los pilares, y tanto el trono como la pared tras él también estaban repletos de ellas.
Y, sin embargo, el emperador permanecía allí, completamente ileso, con la cabeza ladeada en un gesto de pura arrogancia que poco a poco se tornó en desprecio.
Había algo en esa armadura que hizo que Godfrey entrecerrara los ojos.
—¿Eso es todo? —resonó la voz del emperador. Provenía de su lado.
Los ojos de Godfrey se abrieron lentamente mientras sus iris se posaban en el emperador, que había apretado el puño para lanzarle un puñetazo. Fue rápido, increíblemente rápido incluso para él, pero no era su primera batalla al límite. Además, tenía el cuerpo y los instintos de un caballero que había entrenado durante siglos.
Alzó su mandoble para bloquear el puñetazo, preparándose para contraatacar con un tajo a la parte inferior del cuerpo del emperador, pero en el momento en que chocaron, el mandoble de Godfrey se rompió y él salió despedido por los aires.
Un fuerte estruendo resonó cuando se estrelló contra un pilar. Debido a la densa concentración de maná en esta mazmorra, todo el palacio era increíblemente resistente. Los propios pilares resultarían más difíciles de destruir que un rascacielos de la Tierra y, aun así, cuando Godfrey se estrelló contra uno, se propagaron grietas por él.
Aquel ojo gigante apareció de nuevo tras el emperador y de repente desató un rayo tan caliente y rápido que la sección central del pilar quedó desintegrada casi al instante.
Godfrey lo esquivó por los pelos. Por lo poco que había visto, si ese emperador llegaba a la Tierra, Pekín se desmoronaría en menos de cuarenta y ocho horas.
El ojo gigante desató otro rayo. Godfrey manifestó un escudo de Eco de Montaña. El rayo era rápido, demasiado rápido, pero el escudo apareció justo a tiempo.
Justo cuando parecía que el rayo iba a golpear el escudo, se curvó. Los ojos de Godfrey se abrieron de par en par mientras forzaba su cuerpo a girar con todas sus fuerzas. Por desgracia, le alcanzó en el costado izquierdo. El fuego consumió su armadura y su carne gritó de dolor.
Su brazo izquierdo, su pecho y hasta la parte izquierda de su cintura quedaron calcinados hasta ser irreconocibles. El rayo tuvo que destruir primero su armadura; de lo contrario, le habría aniquilado la mitad del cuerpo.
La muerte pasó como un destello ante sus ojos. ¿Qué clase de jefe era este? Un emperador entre jefes, sin duda alguna.
Se tambaleó. El emperador no iba a darle ni un respiro; ya se cernía sobre él con una mirada condescendiente.
—Mi palabra es ley. ¡Y, como he dicho, los muertos no crecen!
Lanzó una patada feroz, que Godfrey esquivó echando el pie izquierdo hacia atrás e inclinando el cuerpo en la misma dirección, con la vista clavada en el techo.
Godfrey vio cómo la onda de choque de la patada del emperador desgarraba el aire. Hizo añicos dos pilares. Podrían haber sido dos rascacielos, destruidos de una sola patada.
Con ojos relucientes, Godfrey manifestó una esfera solar sobre la palma de su mano. Al mismo tiempo, sus ojos brillaron con más intensidad, como si el fulgor dorado de su interior quisiera estallar.
Le estampó la esfera directamente en la cara al emperador, aprovechando que el jefe aterrizaba. Al mismo tiempo, Godfrey activó Aniquilación Solar.
Primero, la parte superior del palacio voló por los aires a causa de unas llamas rugientes que se elevaron hasta el cielo; luego, las llamas lo barrieron todo, consumiendo los pilares y los muros, y haciéndolo estallar por completo. En un instante, el palacio estaba allí; al siguiente, había sido reemplazado por un hongo de fuego que se alzaba imponente sobre un terreno calcinado.
Otra llamarada en forma de cúpula, que empezó siendo pequeña y creció hasta alturas increíbles, arrasó los edificios que rodeaban el palacio y más allá. El enorme patio, varias veces más grande que el de la auténtica Ciudad Prohibida, fue borrado del mapa.
El humo se elevaba del suelo en ruinas. Todo era negro, calcinado hasta quedar irreconocible. Y, aun así, el emperador, que había recibido el golpe de lleno en la cara, se limitó a levantar la cabeza.
No había ni un rasguño en su armadura, solo estaba cubierta de hollín.
—Estoy impresionado. No eres débil, humano. Por desgracia, el destino de esta batalla ya está decidido —dijo el emperador mientras bajaba la cabeza para clavar la mirada en Godfrey, que no daba crédito a sus ojos.
El ojo gigante del emperador apareció tras él.
Disparó un rayo y, como estaban demasiado cerca, Godfrey invocó un escudo para bloquearlo, pero el rayo lo perforó, le abrasó las manos hasta dejárselas irreconocibles y lo envió derrapando hacia atrás.
La respiración de Godfrey se volvió irregular. Apenas podía respirar con tanto dolor. «Podría disparar de nuevo». El pensamiento resonó en su mente y su cuerpo obedeció, agachando el torso y aferrando la arena negra con una mano mientras el rayo pasaba por encima de su cabeza.
«Una existencia incontenible…». Su voz resonó en su mente mientras liberaba su segundo núcleo. El maná fluyó a través de su cuerpo como una presa rota y sus ojos refulgieron.
«No moriré así, ni aquí, ni ahora. Ni siquiera el destino… puede definirme».
Un rugido brotó de su garganta al activar las llamas solares, no de forma externa, sino dentro de sí mismo. Su cabello estalló en llamas tan calientes como el sol, y sus puños parecían recién sacados de una forja.
Su piel casi se consumió, incapaz de soportar el calor. Esta era la razón por la que Solsticio no se atrevía a usar la totalidad de sus llamas sin adoptar su forma de dragón.
Solo el cuerpo de un dragón solar podía dominar todo su poder ígneo. Un cuerpo humano se desmoronaría. Eran llamas del Sol Origen, mucho más calientes que el sol de la Tierra.
Godfrey exhaló, y una llamarada brotó de su boca mientras su maná se esforzaba en expulsar fuego y, a la vez, en curar su cuerpo para evitar que se desplomara.
Invocó las espadas gemelas de Solsticio. Al ver esto, dos espadas brotaron de los guanteletes del emperador y este las empuñó.
Ambos se lanzaron el uno contra el otro, pero justo cuando estaban a punto de chocar, Godfrey se volvió invisible de repente.
El emperador cortó el aire, pero se giró bruscamente al sentir algo detrás. Volvió a cortar el aire, pero Godfrey estaba debajo.
Aunque el emperador se dio cuenta al instante siguiente, ya era demasiado tarde, pues Godfrey le clavó una de sus espadas duales a través de la cota de malla hasta la barbilla.
Las llamas salieron de entre sus dientes y, cuando abrió la boca, brotaron como si su propio dióxido de carbono fuera fuego.
Godfrey retiró su espada y cubrió sus espadas con las llamas solares antes de hundirla a través de la cota de malla en el pecho del emperador. El emperador cayó de rodillas mientras Godfrey se desplomaba de espaldas.
—¡¡Frey!! —su grito le taladró los oídos. Por muy deliciosa que fuera su voz, le dolió un poco. Así de sensible estaba en su estado actual. Sus ojos reflejaban al dragón que se elevaba hacia las ruinas del palacio.
Impaciente, Isolde saltó de la espalda del dragón, cayendo en picado hacia el suelo como un misil. El polvo brotó de la tierra, levantándose cuando aterrizó, pero aun así no se atrevía a tocarlo.
Estaba cubierto de quemaduras y apenas parecía vivo.
—Frey… —le temblaron los labios.
—Estoy bien —forzó una sonrisa Godfrey. De repente, la armadura se desprendió del emperador muerto, pieza a pieza, voló hacia él y se ensambló, cada parte encontrando su lugar en el cuerpo de Godfrey.
El frágil moribundo que se reflejaba en los ojos de Isolde se transformó en una aterradora existencia acorazada. Vio que el emperador había sido consumido hasta convertirse en un esqueleto marchito.
Los ojos de Isolde se abrieron como platos. Intentó arrancarle la armadura, pero esta ya se había conectado al cuerpo de Godfrey, drenando lo último de su maná.
Antes de que todo se volviera negro, Godfrey deseó poder decirle a Isolde que era inútil intentar dañar la armadura.
«Qué hombre tan extraño», resonó una voz.
¡¿Qué?! ¡¿La armadura podía hablar?!
***
Un par de ojos azules se abrieron. Godfrey parpadeó mientras miraba a su alrededor, un poco confundido, de pie en un pasillo con una de las puertas más grandes que había visto jamás ante él.
Este era su castillo, pero esa puerta era casi tres veces más grande que las demás y en ella estaba tallada la misma armadura que llevaba el emperador.
La puerta chirrió mientras se abría lentamente hacia adentro, revelando una corta escalera que conducía a un amplio espacio donde estaban reunidos los Soldados Taotie Carmesí.
Los jinetes y los soldados de a pie, todos de pie como estatuas.
—¿Cómo? —murmuró. Justo entonces, todos los soldados taotie se apartaron y un ser apareció. Era la armadura. La tela negra y andrajosa de las escarcelas ondeaba como sombras, acompañando lentamente el chasquido del metal contra el suelo.
Al subir la escalera, Godfrey observó la armadura, esta extraña reliquia que le devolvía la mirada como si lo estuviera evaluando.
—Futuro rey de los Pathans. Deberías habérmelo dicho antes, te habría permitido matar a ese vejestorio mucho antes —habló la armadura.
Se ensambló sobre el cuerpo de Godfrey antes de que pudiera responder. En el momento en que la armadura lo cubrió por completo, los treinta mil soldados de a pie cayeron de rodillas, pegando la cabeza al suelo, mientras que los jinetes inclinaron las suyas.
—¿Qué te parece mi colección? No está nada mal, ¿verdad?
A Godfrey no le sorprendió volver a oír hablar a la armadura, pero vestir una armadura viviente era una experiencia que nunca creyó posible.
«Espera». Salió de la sala y se dirigió directamente al monumento que había fuera de la puerta.
Reliquia: Armadura Inmortal
Nivel: Ninguno
Descripción: [Una armadura creada por un dios soberano de la Generación Cero, uno de los primeros Dioses Antiguos. Se alimenta del maná del portador para poder igualar el nivel del portador, al tiempo que aumenta la fuerza, la defensa y la agilidad generales mejorando al portador 1.0 por encima de su máximo. Posee rasgos defensivos sin parangón y ha sido portada por incontables grandes guerreros, todos los cuales han acabado cayendo, lo que ha conducido al verdadero desapego emocional de la armadura.]
—¿Dioses Antiguos? —entrecerró los ojos Godfrey.
—Qué lugar tan extraño. Tsk, el árbol de maná nunca dejará de crear una abominación tras otra. ¿Cómo sabía esa cosa de mí? —refunfuñó la armadura.
—Hay mucho que no entiendo aquí. Creo que tú sí, así que… ¿qué significan estos términos: Generación Cero, Dioses Antiguos y dios soberano?
La armadura suspiró. —Los Dioses Antiguos son seres superiores a los dioses Titulados, el dios soberano es solo uno de los niveles entre los Dioses Antiguos, pero no tienes que preocuparte por eso.
—¿Por qué?
—Porque no lo verás. Verás, el universo entero gira en torno a la pregunta del árbol de maná.
—¿El árbol de maná hizo una pregunta?
—Sí. ¿Cuál es la cima? Es un árbol que se pregunta si de verdad existe una etapa en la que no hay más espacio para la evolución, donde hay un final, y eso es porque el árbol de maná sigue creciendo. Hay muchas cosas que preferiría no decir. Hablar me agota, pero necesitas saber esto.
La armadura respiró hondo. —Normalmente, cada mundo llega a la etapa final, donde madura. Entonces, el árbol de maná selecciona algunos mundos elegidos para que pasen por la Etapa de Ruina, y ahí es donde la mayoría de los mundos fracasan y acaban en ruinas, como los Pathans. Eran una poderosa raza de hombres, crecieron hasta el nivel de los dioses Titulados y, como mundo elegido, se enfrentaron a la Etapa de Ruina. Je, je, el árbol de maná bombardea tu mundo con montones y montones de dioses, tanto de dentro como de fuera. Los Pathanis formaron otras órdenes que lucharon entre sí mientras las mazmorras se volvían cada vez más feroces, pero no pudo producir un Dios Antiguo y cayó. Lo mismo le va a pasar a la Tierra.
—¡Estoy aquí, y esa es la prueba indudable de que este es el próximo mundo elegido. Y ya está cerca de la etapa final…! —la armadura no pudo concluir, ya que Isolde llegó corriendo hacia Godfrey con los otros Caballeros de la Orden Dorada detrás de ella.
Ella le rodeó el cuello con la mano.
—¡Hmph! Ni siquiera ha podido admirar mi aspecto. ¡Esto es humillante, no apruebo esta relación! —espetó, pero por desgracia, nadie aparte de Godfrey podía oírlo.
Isolde parpadeó cuando por fin se dio cuenta de que la armadura seguía ahí. —¿Cómo ha llegado aquí? —frunció el ceño.
—¡Por fin! Se ha fijado en mí.
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