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Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 28

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28: capitulo 27 28: capitulo 27 La hoja de papel es un bien arcaico, el solo acto de poseer una te califica como un neandertal de la tecnología, pero en el reglamento para efectos de lo que en esa habitación se encontraba su hoja de papel daba a Sifuentes un poco de tranquilidad.

Salir de prisión fue lo de menos, no fue importante el “fue una equivocación pero quédese cercas… puede que lo llamemos para testificar”; menos la mano extendida del jefe de policía, el sudor en su frente y en la camisa manchada daba suficiente explicación del nivel de estrés al cual estaba sometido, la mirada serena que no se distinguía en el tic de la ceja ni en la despedida tan amigable.

Hasta ahí todo estaba dentro del manual de procedimiento de la compañía, pero no continuó mucho tiempo por ese camino.

La psicóloga se rehusó a viajar sola, la zona donde vive es relativamente segura, pero aún así rechazó el envío vía servicio de transporte automatizado ― con sistemas guía que controlan desde centrales el flujo y la ruta que el transporte ha de seguir ― con las opciones limitadas, Haggard la escolta a su domicilio, justo cuando, apoyado en la puerta se disponía a realizar sus preguntas llegó la invitación temida por el área de calidad.

― ¿Puedo ofrecerte un café?

Regularmente lo rechazaría, hay miles de estrategias con las que son capacitados quienes trabajan interactuando fuera de la oficina, la cámara que regularmente trae en su chaqueta se quedó en la comisaría para servir de evidencia ante la autodefensa, así que, empleando la impresora portable ― capaz de reimprimir contratos en una película que antes de eso ocupaba 1cm³ en su saco ― expide un documento el cual le presenta a la psicóloga: ― ¿Un contrato de no intención?

― La risa se oye por primera vez en un lugar donde todavía manchas de sangre ― Pase hombre precavido, esta es la casa de una psicóloga, no visita a una neo puritana o a una paranoica esquizoide… créame las conozco y no son tan elegantes.

― Es evidente, me disculpo por mi insinuación ― Forzando una sonrisa, sin protección legal alguna, se adentra en un sitio que horas atrás contuvo mucha gente y ahora solo dos solitarios.

Ahí comenzó un terreno desconocido, él sin interactuar fuera de los lineamientos y con compañeros a los que no se los comunica, se los corrige o los viene encima el infierno, dependiendo del error.

Ella, acostumbrada a escuchar, todo el tiempo, pero sin mucho que decir, con amplios deseos pero una preparación extrema para no anteponerlos a sus pacientes.

El pitido de la cafetera los regresó al cuarto, entre disculpas por la preparación de los platos con algunas galletas anónimas sin los molestos audios de los niveles elevados de azúcar y el riesgo para la salud que representan.

En ese momento Sifuentes notó el por qué tenían ese aroma, alguien las había hecho en casa ante la expresión, una sonrisa algo apenada surgió de la psicóloga.

― Una señora viene los viernes, ella es mi proveedora de chatarra, todo sale de su horno, garantizado que lo limpia ― Sus ojos un poco más brillantes de lo habitual lo contemplan ― Al menos eso dice.

Una risa auténtica escapa de su boca, por primera vez en años y aunque la contiene, sabe que no es apropiada… la gente en su oficina aún contempla la bocina como si fuera una blanca navidad y no los pegotes grises de nieve ácida, al pensar en su personal, un calor sube poco a poco por su cuello.

― Le recuerdo que no está con el enemigo… siéntese.

― Bien, debo decir que… ― Un nervioso aspirar ― Vaya que tiene gustos extraños.

― No me parece que valga la pena perder la vida en cosas habituales, incluso si son un vicio recurrente.

― Pero torrado… ― Claro y nada de sustitutos, original azúcar de caña ― Aspira un poco ― Esto da un poco de sentido cuando…ya sabe cuando todo se va a la mierda.

― Descuide, el servicio de respaldo de Ouroboros… ― Y calló no porque olvidara el speech, era por respeto; sabía que lo vivido la acosaría por años ― Como dije no se preocupe.

Afortunadamente no se encontraba sola.

― Lo sé y por eso le estoy agradecida, me podría haber defendido de no haber tenido otra oportunidad.

― Claro ― Los casos de homicidio agravado excedían en últimas fechas por la resistencia a los asaltos, pero nadie quería ir al otro mundo habiendo sido un cobarde en este ― Bueno…sé que hoy no es un buen momento pero ¿Gusta que le anote en la agenda otra visita?

― ¿Para reparar mi sistema de ambiente “bosque húmedo”?

No sé si lo volveré a disfrutar ― Una pequeña línea marcando el fondo de la taza da la respuesta ― Me quedaré entonces, un tiempo al menos ― El café era rico pero las galletas, un toque de almendras que pocas veces podrías pensar que no son auténticas ― No se puede despreciar semejante tentempié.

― Un arcaísmo ¡Vaya que vale la pena pasar el tiempo con usted!

― Descuide, si quiere, hablemos de su trabajo.

― Qué caso tiene, veo muchas cosas estúpidas, pero nada de esto lo podemos revelar, cosas horrendas que ganarían una demanda pero bajo el esquema de confidencialidad limitan su uso como declaraciones ― Toma lo que le resta de la taza y se para a servirse una más ― Por favor no me malinterprete, estoy segura de que soy muy interesante pero no vino a eso, ni a salvarme, ni solo es un buen samaritano… ― El ruido de la taza fue más lento que los pasos de Sifuentes, al momento en que el líquido salpica las orillas de vaso de ella, él está usando su pie para amortiguar la caída, con tan mala suerte que usó mucha fuerza y esta salió disparada al muro contrario, despedazándose en el proceso.

Sus ojos desenfocados hacen que Haggard entienda que no es momento para subterfugios.

― Soy un agente de Ouroboros, pero no de los que reparan, vine, a verificar información, a darle seguridad y actualmente no me iré de aquí.

Los ojos rojos y nublados lo contemplan unos segundos, el calor que expide; el picor de un sudor proveniente de una dieta poco nutritiva, todo le dio una respuesta.

― Sí…sé que no se irá ¿Dígame todo esto es por el pescador que contraté?

― ¿Pescador?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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