Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 31
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31: capitulo 30 31: capitulo 30 Las pisadas se confunden.
Los zapatos un poco más conservadores que el resto, su vestido pulcro, caro, de fibras hiladas y cultivadas por el colectivo, teñidas por pigmentos naturales, salario de un año para quien busca ganar adicional, pero una vida para pagar una ropa que se romperá en cada protesta, sumando poco a poco una deuda impagable.
Su sistema marca un ligero destello en la pupila ¡Al fin el paquete se entregó!
Nada de lo que pase a partir de ahora tendrá mayor importancia, ni las jornadas de protesta, ni las eternas horas en la oficina, la mala paga y lo que pasaría en este momento, este salón de las arrepentidas mantenía despierta a Susana, así sin apellidos, orgullosa poseedora de un nombre reconocible, un placer que solo los mandos importantes tenían.
Las sillas eran de madera ― lujo inexplicable ― al centro un par de agregadas culturales mostraban un baile modificado para la audiencia, la temática no importaba, era resaltar la causa lo único que hacía que tuvieran fondos, aun cuando no había estética.
Tenía ese empoderamiento, esa sensación de que lograrían destruir ahora así a su enemigo, el pobre vagabundo golpeado con esos abanicos metálicos no entendía siquiera qué había pasado, pero si aguantaba sin morir le pagarían dinero que no vería ni en esta vida ni en la otra.
Una pena que no resistió: Dos jóvenes lo sacaron en hombros, probablemente aparecerá en algún lugar perdido de las calles.
Era un ser aborrecible aunque también pertenecía a un grupo vulnerado, pero no tanto como las personas presentes se sentían.
Lo malo es que aún no terminaba la ceremonia, un par de personas fueron llevadas al centro, acusadas de confraternizar con otras que pensaban distinto, por sonreír a un anciano, por decir algo bonito a una madre en la calle, la incongruencia de su grupo cada vez era más intensa.
Se resistían y como era de esperarse, fueron golpeadas y bañadas en aceite para cubrirlas con plumas.
Servirían a la causa, hasta el final ninguna entendió qué hicieron mal, pero el sistema advertía que esta conducta humanizaba a sus enemigos ― míos ya no ― Al final salió nuestra representante y habló de los riesgos por el envejecimiento de nuestro grupo, no teníamos reclutas jóvenes, pese a que había mucha más penetración del mercado, las necesitamos para mantenernos conectados a todo lo que requiere una protesta enérgica, solo que ya no hacemos eco en sus mentes, somos personas arcaicas, no podemos protestar por lo antiguo porque no hay mucho que quede que no nos otorgarán.
― No hay nada nuevo que podamos protestar porque no entendemos cómo lo ven, “no entendemos esa es la realidad”.
Incluido lo que es Ouroboros, no lo podemos entender.
Advertimos que otros mundos eran muy peligrosos, que ahí no respetaban nuestros logros y no dudarían en destruirnos por pensar diferente, sin embargo frente a la posibilidad de seguir viviendo, muchos de nuestros donadores, nos dejaron.
Abandonaron el futuro que gente del mañana tendría, la verdad a juicio de Susana lo tenían merecido, pero ella no podía seguir aquí.
Había un llamado que la buscaba, dolía estar parada, momentos donde se regodeaba de los logros de la asociación le sabían inútiles.
Había algo que la corroía.
Algo que nunca pensó sentir, al terminar la sesión sus pies la llevaron a su equipo, no habían dormido así que tomó un par de estimulantes orgánicos y en su pantalla reprodujo una vez más el vídeo.
― ¿Qué estoy viendo?
― ¡Sifuentes, esto es algo grave!
― La voz de Luca suena un poco átona, no había algo que abarcara el total de sus emociones a este punto.
― ¿Quiénes son los que hacen esto?
― la voz sonaba tan tensa que ponía en duda la coherencia del usuario.
― Luca mira que te juro que si no me dices qué está pasando va a correr sangre.
― ¡Cálmese jefe!
― ¡No voy a calmarme!
Mi ex me envía este vídeo, esos niños parecen tener la edad de mis hijos ¿Es falso?
― ¡No, jefe, no lo es, en este momento el sistema dice que sí son menores, que están encerrados, algunos no se mueven pero el sistema detecta que están aquí todavía ¡Al menos por ahora!
― la voz de Luca tampoco es normal sino lenta, considerando que cada cosa que dirá no será una retahíla de vulgaridades.
― En un día conseguiré su ubicación, pero esos muchachos…
no tienen a donde regresar.
– ¿A qué te refieres?
― ¿Ve el ícono que está en cada una de sus batas?
― ¡Ajá!
― la supervisora contesta, no puede comprender qué pasa con esos niños, pero verlos con la mirada perdida, las posiciones de sus cuerpos, la sensación de que no estaban aquí, que estaban “rotos” era abrumadora ― ¿Qué son?
― Ellos son huérfanos ― La bomba causó menos efecto que el esperado, porque todos sabían que era una batalla perdida, la obligación del Estado solo correspondía a que hubiera cumplimiento de las disposiciones de salud o comida y espacio para esparcimiento, aún no tenían edad para la educación obligatoria, con que una holo-pantalla recitara las bases de la geometría y del idioma, acompañada de algunos muñecos generados por ordenador y de figuras y colores bonitos, no había obligación del Estado para irrumpir en los métodos de cuidado de ningún orfanato, a pesar de que ninguno de los menores pudiera recibir la información o no pareciera interesarles, ahí, en la posición más extraña para su cuerpo, con la saliva en el piso, los restos de comida, al fondo esa tonada alegre que era semejante a un moño en el montón de infierno que vivían.
― ¿Están sedados…
alguno es mi hijo?
― El sistema está reconociendo a todos y su morfología en estimación con las características genéticas dominantes y recesivas que tengo de usted en la base y de su ex mujer ― La mirada que hizo más que de autosuficiencia era de pena ― Pensé en usar esto si se volvía muy irritante…
perdón.
― No importa es mejor así, yo…
― La luz verde indicaba algo, tan contundente que ni Haggard lo ignoró.
El vídeo terminaba mostrando a un grupo de adultos que venía para cargar a todos en una flotadora y los alejaba de la cámara, hacia una puerta con su conocido “Prohibido el paso”, lejos de Luca, donde dos lágrimas no los alcanzarían.
El propietario de una estrelló su puño en el muro, el otro solo minimizó el reproductor.
Venían por ella, probablemente habían rastreado el vídeo y sabían que no eran gatos, mientras la arrastraban, decidió que era un buen momento para morderlos, de rabia, tristeza, culpa, por el tiempo perdido.
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