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PAKNEY - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Un pequeño imprevisto
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14: Un pequeño imprevisto 14: Un pequeño imprevisto Al irse la mira, notando una expresión de molestia en ella —(¿Lo conoce…?

¿O será que… ¡¿él era el verdadero objetivo?!

Pobre señor espero no sufra.

Aun así, me sigue pareciendo extrañó, Petra es profesional ¿por qué actuar de esa manera ante su objetivo?) Fue hasta una banca cercana y se sentó, sacando su nueva Zuwtazu con cuidado —(Es muy grande, cualquiera notaría que llevo algo raro.

No puedo andar con esto así hasta la casa…) Tras buscar entre los menús, descubrió que podía controlarla con gestos y comandos de voz.

La configuró como pudo, pero entonces una notificación le apareció en pantalla —¿Qué será?…

Señalando la notificación esta abre la página, dándose cuenta de que es la página que llego a ver anteriormente del >>cofre negro<< —(¡Este señor definitivamente es multimillonario!

Darme esto debió ser como quitarle un pelo a un gato.

Por lo que veo la página es bastante sencilla) En pantalla, cinco pestañas principales.

Al presionar una, apareció una larga hilera de nombres con siluetas negras numeradas del 1 al 100.

Cada vez que uno se iluminaba en rojo, desaparecía de la lista —(¿Murió…?

Parece una especie de ranking de… ¿cazarrecompensas?) Probó otra pestaña y apareció información detallada sobre los individuos más ricos del universo.

Justo como le había explicado Petra días atrás —(¡Todo encaja!

Esta página pone a los más importantes del universo.

¿Estará Petra aquí?) Buscó el alias que le había dicho antes que se fuera semanas atrás: Perior.

—(¡Increíble es la séptima!

Y yo durmiendo al lado de una leyenda sin saberlo…) Tomare fotos por si acaso… —Lamentablemente la página no deja.

—Tsh, ni modo —Entra a la pestaña que decía >>Otros<< —(¡Oh!

¡Es de criaturas!

¡¿El gusano de Tambora está en el puesto 16!?

¡¿Y eso que es de nivel H?!) Navega sorprendida, viendo sus estadísticas: inteligencia alta, cooperación grupal sobresaliente… —(Aunque sea de nivel H su inteligencia y apoyo grupal hace quedarlo en el puesto N16, las demás criaturas no las conozco, pero son de nivel L y A) —Mirando las primeras del Ranquin Después de un rato, una ventana emergente cubrió la pantalla: >>Su sesión ha caducado.

Acceso restringido<<.

—(¡Rayos!) —La página la sacó automáticamente… —Le contare a Petra que es la N7, quiero ver su expresión cuando lo sepa (a no ser que tenga esa información…) —De repente suena la Zuwtazu —¡Ah!

¡Apágate!

—Esta se apaga quedando en su forma original —Fue lo mejor configurarla con mi voz uf… Bien ahora sí, para el depa… Estaba por dar un paso cuando notó en la distancia un grupo numeroso acercándose a los portales.

—¿Qué pasa ahora…?

Hmm.

Nop, ni loca me meto ahí Se giró para tomar otro camino.

Apenas había avanzado unos pasos cuando sintió su chamarra más ligera.

—(¿Eh?) —Buscó con la mirada, alarmada, hasta que vio, a lo lejos, cómo un pequeño bombillo con patas corría con su Zuwtazu.

—¡Maldito ratero!

—Saliendo disparada tras él.

Aun que cuando ve hacia donde se dirige, este va hacia los portales —Ni modo ya se la robaron… ¡O eso te gustaría oír!

El bombillo la vio venir y empezó a zigzaguear entre la gente con sus cortas patas.

Saltó al andén y cruzó la zona roja de los portales, acelerando su huida.

Elizabeth le pisaba los talones.

Estiró el brazo para atraparlo, pero el condenado aceleró aún más.

Justo cuando estaba por atravesar uno de los portales, se estrelló contra un transeúnte.

Cayó, y con él, la Zuwtazu.

No lo pensó dos veces.

Se lanzó hacia el suelo y la atrapó antes de que el ladrón pudiera recuperarse.

El bombillo se sacudió y desapareció entre la multitud —(¡Ja!

¡No tan rápido!) —Suspiró aliviada, pero al mirar a su alrededor, notó algo peor.

Estaba en plena zona roja —¡Oigan!

¡Déjenme pasar!

(¡Que les pasa!) —Grito, mientras intentaba escapar, pero nadie la escuchaba.

La marea de cuerpos la empujó sin piedad hacia uno de los portales.

No tuvo forma de resistirse —(¡No!

¡Mi dinero!) Sigue el paso de la multitud, poco a poco se acerca a la orilla; para luego salir —(¡Al fin!

¡¿Ahora en que ciudad estaré…?!) Saltó varias veces para intentar leer el cartel flotante con el nombre del lugar, pero la gente era demasiada —(¡Quítate del medio, gigante barrigón!) intentaba ubicarse entre la multitud interplanetaria.

Entonces, sin previo aviso, un grupo de Alados descendió desde los niveles superiores con la elegancia que sólo la costumbre otorgaba.

Uno de ellos, al extender sus enormes alas, la empujó hacia atrás de manera accidental.

Su gorra voló como una hoja en el viento, y las gafas giraron en el aire antes de caer al suelo.

Elizabeth tambaleó…

pero justo antes de tocar el pavimento, una mano fuerte y firme la sostuvo, como si hubiera estado esperando ese momento.

—Soris, ¡cuida esas alas!

—Reclamó otro Alado, sin detenerse —Casi haces caer a esa humanita.

—¡Mis disculpas, niña!

—Exclamó Soris con desdén, sin siquiera mirar atrás.

—(Vaya disculpa…) —pensó Elizabeth mientras se sacudía el polvo de la ropa.

Una voz profunda, metálica, quebró el ruido ambiente con una seriedad que se sintió en el pecho: —Qué falta de respeto… Elizabeth giró de golpe, y sus ojos se encontraron con un ser colosal: traje de acero pulido, ojos incandescentes y una presencia que eclipsaba a cualquiera.

Era un Screin.

—Mu-muchas gra… gracias —Tartamudeó.

De pronto, la garganta se le secó como si el aire la hubiera abandonado.

—No hay de qué.

¿Vienes por el evento demostrativo?

—Preguntó el Screin, agachándose con precisión robótica para recoger su gorra y gafas.

—Escuché del evento, sí… pero no sabía que era aquí en Ogan —Dijo, colocándose los objetos con rapidez —(Tenía que ser justo aquí…) —Entiendo.

Entonces…

¿a qué viniste?

—Fue un accidente.

Me arrastró la horda de gente…

—Trataba de sonar tranquila, recordando el consejo de Alis: >>Actúa como si nada.

Tranquila, normal, relajada…<< Pero pensarlo era fácil, hacerlo otra historia.

—Suele pasar —Respondió el Screin, cruzando los brazos con firmeza mientras su mirada escaneaba la multitud con un brillo calibrado.

—Son de lo peor.

Ni siquiera me escucharon… —Susurró, mientras sus gafas encendían una alerta con tonalidad roja —(Genial, justo ahora se activan… qué útil.) Estaba a punto de dar las gracias y marcharse, cuando una voz interrumpió desde el fondo: —Comandante, tenemos problemas con el N3613.

El Screin se volteó parcialmente.

Elizabeth contuvo el aliento.

—(¿Más Screins?

¡Tengo que irme!) Bueno, me tengo que ir.

Suerte con su trabajo —Dijo con una sonrisa tensa y se alejó entre la gente, deseando fundirse con el ruido.

—(Qué miedo.

Los había visto antes…

pero jamás tan cerca.) —Al revisar sus gafas, vio una flecha roja parpadeando —Diez portales más adelante.

Murmuró para sí: —Bien, allá es donde debo ir.

Detrás de ella, el comandante Screin se giró hacia su grupo.

—Deiris, ¿qué ocurre con el N3613?

El Screin Comandante, detectó algo inusual en su uniforme: un cabello humano, atrapado entre placas.

Lo tomó entre sus dedos, lo elevó, y su muñeca proyectó un holograma complejo.

Interactuó con rapidez.

Un dispositivo emergió de su armadura y desintegró el cabello.

Sus ojos se iluminaron con la descarga de datos.

—Necesitamos aprobación para más repuestos.

Las máquinas están fallando constantemente.

—Solicitud aprobada, Deiris.

Qué ADN tan hermoso… —Murmuró el comandante, analizando los datos.

—¿Dígame, señor?

—Quiero que investigues a esa humanita.

No importa la empresa que haya emitido su registro.

Si hay algún inconveniente, yo me encargaré personalmente.

La quiero en mi nave.

—Por supuesto, señor —Asintió Deiris, con voz neutra.

— Mientras tanto, en otra región del planeta, Tauro disfrutaba de un baño reparador.

El vapor envolvía su cuerpo mientras tarareaba una melodía olvidada.

Pero un zumbido interrumpió la paz.

—¿Eh…?

—Salió del agua empapado y se acercó a la pantalla interdimensional que parpadeaba.

Al ver la notificación, sus ojos se abrieron de par en par.

—¡¿Quién demonios está escaneando el registro de Eli?!

—Tecló como un poseso — ¡Deiris…

Screins!

¿Cómo se cruzó con un subcomandante?

Verificó el sistema con precisión quirúrgica.

—No hay Screin que me gane en cibernética —Sonrió con ironía —Veamos…

Pero la pantalla mostró lo impensable: Cliente dado de baja.

Motivo: Registro no confirmado.

Situación: Pendiente de aprobación judicial.

Acción: Presentarse en juzgado para validación.

Tauro dio un golpe en la mesa.

—¡¿Se fueron por lo jurídico?!

¡¿Cuánto tuvieron que pagar para que el sistema más seguro del universo se torciera?!

Debo avisarle a Petra, ya.

— En lo alto de un edificio, Petra esperaba enfundada en su traje de asesina, vigilando a un Cliente que acababa de salir del hotel.

Estaba por actuar cuando el aviso llegó.

—Tauro, ahora no es el mejor momento para…

—Elizabeth fue dada de baja por los Screins.

Voy hacia ella.

Te mando la ubicación.

Petra revisó el mapa en su visor y maldijo entre dientes.

—¡¿Está en Gerintyun?!

¡Le dije que fuera directo a casa!

—No sé cómo llegó allí.

Lo importante ahora es llegar antes que ellos.

—Voy en camino.

Dos minutos para llegar al portal —Dijo, viendo una última vez el Closa…

Se deslizó por el borde del edificio y corrió sin mirar atrás.

— Elizabeth, por su parte, ya había llegado al portal.

—(Siempre hay fila…) —Pensó con fastidio.

Al avanzar, una discusión entre criaturas de orejas largas bloqueaba uno de los accesos.

El siguiente tampoco se movía.

—(¡¿En serio?!

¡Y nadie hace nada!

Qué rabia…) —Se mordió el labio.

Tendría que rodearlos.

Su Zerutwa vibró.

Una llamada entraba.

—(Tauro… si llama, es porque algo pasó) —Respondió al instante.

—Eli, cambia de portal.

Cinco entradas a tu izquierda hay uno más grande.

Mézclate con la gente y permanece entre grupos.

Vamos hacia ti.

—Está bien.

(Definitivamente no es mi día…) Se movió rápido entre las personas.

Un grupo numeroso pasaba justo frente a ella.

Se coló entre ellos con naturalidad, siguiendo la flecha roja en sus gafas.

En la distancia, vio a Tauro asomando por una esquina…

pero entonces, todo cambió.

El aire se tornó denso.

Una vibración imperceptible recorrió la calle.

Uno a uno, los cuerpos a su alrededor comenzaron a desvanecerse.

No hubo luz, ni sonido.

Sólo ausencia.

—¡Elizabeth!

¡Salta hacia Petra!

¡Izquierda, ya!

Giró instintivamente y vio a Petra corriendo a toda velocidad entre el vacío.

Los gritos comenzaban a extenderse.

La gente entraba en pánico.

Elizabeth y Petra saltaron al mismo tiempo.

Brazos extendidos, miradas conectadas… pero un segundo antes del contacto, Elizabeth desapareció.

El tiempo pareció congelarse.

Petra, suspendida en el aire, aterrizó sin dirección.

El caos estalló como una explosión invisible.

Petra cayó de rodillas, golpeó el suelo con los puños.

El dolor se reflejaba en su rostro como una grieta interna.

—¡Ah!

¡Maditasea!

Tauro se acercó lentamente, con una sombra en los ojos.

—Elizabeth…

—Susurró.

La ciudad se oscureció aún más…

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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