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PAKNEY - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Nave Screin
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16: Nave Screin 16: Nave Screin En una de las naves más grandes de la especie Screin.

Elizabeth fue teletransportada a una habitación blanca.

La celda era un cubo perfecto, sin ventanas, sin sombras.

La luz artificial flotaba en el aire como una niebla blanca, sin fuente visible.

Las paredes, lisas y metálicas, reflejaban el vacío emocional del lugar.

Elizabeth estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y la espalda apoyada contra el frío acero.

Su rostro, marcado por el cansancio y la rabia, parecía tallado en piedra.

Sus ojos, antes vivos, ahora se movían con lentitud, como si cada pensamiento pesara toneladas.

—(¡Me quitaron todo!

Al menos no entienden lo que estoy diciendo…)¡Malditos hijos de ****!

—Apretando los dientes.

El grito se esparció por todo el lugar, y tras un largo suspiro, bajó la cabeza.

—Bien… ya estoy mejor.

Se levantó y recorrió la celda con la mirada.

No había grietas, ni textura, ni color.

Todo estaba diseñado para borrar la noción del tiempo.

—Ni una ventanita… Dios.

Al menos hay una camita —Murmuró, dejándose caer sobre el colchón sintético.

Pero apenas tocó la superficie, se incorporó de golpe.

—¡Tengo que salir de aquí!

Ya sé lo que haré… Cinco horas después, un zumbido rompió el silencio.

Una compuerta se deslizó en una de las paredes, y un brazo mecánico dejó caer una bandeja.

Sobre ella, una masa amarilla, tibia y sin forma.

Elizabeth la observó con asco.

El vapor que salía de la comida parecía burlarse de su plan.

—El plan se fue a la basura… —Susurró, y comenzó a comer en silencio, con los ojos perdidos en el techo.

— En un gran salón, en otro punto del planeta… La sala era inmensa, con techos abovedados y paredes cubiertas de símbolos antiguos.

En el centro, cinco Screins estaban sentados en sofás metálicos y redondos, conectados al suelo por gruesos tubos de energía azul.

La luz pulsaba bajo sus pies como un corazón mecánico.

Uno de ellos habló, rompiendo el silencio: —Dinos, comandante Nolver, ¿a qué se debe esta reunión tan repentina?

Nolver, de pie frente a ellos, con su armadura reluciente y su rostro oculto tras un traje bien diseñado, acabados perfectos casi parecerá su propia piel.

Respondió con firmeza: —Ancianos de las Cinco Edades, vengo a solicitar permiso para… —¿Para usar el ADN-1700?

—Sí.

—Supongo que encontraste a un sujeto con al menos un 80% de compatibilidad.

—Es mucho mejor —Dijo Nolver, activando un holograma.

La proyección flotó en el aire: gráficos, pulsos vitales, estructuras genéticas.

Los ancianos se inclinaron hacia adelante, estudiando cada dato.

—Aun así, hay una alta probabilidad de fallo.

Nuestra tecnología aún no está lista para el ADN-1700.

—Además, es la última probeta que tenemos.

—¿Realmente podemos avanzar tanto en los pocos años de vida de un humanito?

Si no lo hemos logrado en diez mil años, ¿creen que lo haremos en mil?

La resistencia de un cuerpo disminuye con el tiempo.

Con suerte, llegará a los 500 años antes de que el margen de error se dispare.

Por eso, creo que lo mejor es aprovechar esta oportunidad ahora.

Los ancianos intercambiaron miradas.

Finalmente, uno de ellos asintió.

—Está bien.

Te dejaremos utilizar el ADN-1700.

—Les agradezco —Dijo Nolver, bajando la cabeza con respeto.

—Pero será tu responsabilidad si el experimento tiene éxito.

Te encargarás de la criatura hasta que podamos venderla.

—Como ordenen.

—Ya puedes retirarte.

—Con su permiso.

Nolver salió del salón.

Tras él, los ancianos continuaron hablando en voz baja.

—Nuestros ancestros preservaron este ADN con la esperanza de recrearlo algún día.

Y ahora, será usado en un frágil humanito… —Lamentablemente, los muertos no hablan.

No está de más intentarlo.

— Diez horas después… Elizabeth fue trasladada a una instalación blanca como el hielo, con detalles en azul eléctrico.

La arquitectura era minimalista, casi celestial.

En el centro, una máquina de aros giratorios esperaba.

Los aros emitían pulsos de energía azul y negra, rodeando una cápsula transparente.

Elizabeth fue colocada dentro.

Su cuerpo temblaba, pero sus ojos estaban firmes.

—(Ya sabía que era extraño que me hicieran exámenes.

No pierden el tiempo… No deben haber pasado ni dos días) —Exhaló —(Alis, Petra, Tauro… creo que no volveré a verlos.

¡Ah!

¡No puedo dejar las cosas así!

¡Necesito resistir esto si quiero volver a verlos!) En una cabina de control, tres operadores manipulaban pantallas flotantes.

Nolver y Deiris observaban desde lo alto.

—¿Cómo está el sujeto, Deiris?

—Estable, señor.

Pero… sería más efectivo si lo programamos antes de iniciar.

—No es necesario.

Esta es la oportunidad perfecta para deshacernos de ese ADN tan costoso.

Si muere, no me interesa.

—Comprendo.

—Por lo menos que llegue al 50%, que se note el esfuerzo.

—Lo que usted diga.

Comiencen.

Los aros comenzaron a girar.

Rayos cruzaban la cabina.

Un fluido rojo con tonos violeta oscuro empezó a regarse dentro de los aros.

—¡Esperen!

¡Necesito prepararme mentalmente!

Bueno… no siento nada… No, sí… ¡ahora sí!

Aunque no es tanto como pensé… — En el espacio… Una esfera flotaba entre estrellas.

Dentro, Ersod golpeaba con sus pequeñas manos.

—¡No sé cuánto llevo flotando!

¡Esta esfera no me deja salir!

A lo lejos, una nave apareció.

La esfera aceleró y colisionó con ella.

La compuerta se abrió, y Ersod entró.

—(Tenía que ser una nave Screin…) Flotó por los pasillos, atravesando paredes y pisos.

Vio cuerpos alterados, razas transformadas.

—Ojalá pudiera ayudarlos… Llegó a una sala más grande.

En el centro, Elizabeth gritaba dentro de la máquina.

—¡Ah!

¡Ya no aguanto el dolor!

—Apretaba los dientes —(Es como si mis huesos y cada célula estuvieran por explotar…) Ersod se acercó, horrorizado.

—(Pobre…) —Pero entonces Ersod observó con detenimiento la máquina —(Algo aquí está mal…) Los aros giraban más rápido.

Elizabeth escupió sangre.

—No… me siento… bien… —¡La están matando!

En la cabina: —Comandante, el ritmo no es adecuado.

—Informo uno de los Screins que manipulaba los controles.

—¿No llegará al 50%?

—Sí, pero prácticamente muerta…

—Entonces no hay problema.

—45% —Informó Deiris.

Elizabeth ya no lloraba.

Solo un silencio húmedo cubría su rostro.

—Ya no siento mi cuerpo… (Ah… cómo hubiera sido volver a charlar con ustedes… debí dejar ir esa zuwtazu…) Entre su visión borrosa, vio una silueta frente a ella.

—Qué linda es… —Intentó alzar una mano.

No respondió.

—(¡Me está mirando!

¡Resiste!) Se desmayó.

—47% —¡No!

—Gritó Ersod.

Puso sus manos sobre ella.

—¡¿Esto es todo lo que puedo hacer?!

¡Kether, dime qué debo hacer!

Sus manos comenzaron a hundirse en el cuerpo de Elizabeth.

—¿¡Qué pasa!?

¡Me absorbe!

—50% —Es increíble que haya resistido tanto… —Susurro.

—(Si tan solo se hubiera programado con más tiempo…) Ersod fue absorbido.

El corazón de Elizabeth se detuvo.

—53%.

Ya no hay actividad neuronal.

—Terminamos.

Deiris, ven conmigo.

Seiyos, a mi oficina.

—Sí, señor… — En un lugar donde todo es blanco… Elizabeth flotaba en un espacio sin tiempo.

Recordó a Binad, pensando: Tal vez, ya me devuelva…

Entonces, escuchó un sonido: —Ñuu ñu ñu… —Oh… eres tú, la criatura que vi antes.

Hola, pequeñita… ¿qué haces aquí?

—¿Ñu?

Ñuu ñu… La criatura flotó hacia ella… y entró en su pecho.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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