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PAKNEY - Capítulo 17

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17: Nuevo despertar 17: Nuevo despertar El dolor era lo primero.

Un ardor profundo, como si cada célula estuviera siendo reescrita desde dentro.

Elizabeth abrió los ojos con dificultad, sintiendo que su cuerpo pesaba el doble.

—(Ah… Dios… era mejor cuando estaba a punto de ir hacia la luz… ¡me duele todo!) El suelo bajo ella era áspero, cálido, y se deslizaba entre sus dedos como polvo vivo.

—¿Esto es… arena?

—Murmuró, alzando la mano.

La luz del sol reveló algo alarmante: su piel tenía escamas.

Escamas rojas, finas, que brillaban con un tono iridiscente.

—¡¿Mi mano tiene escamas?!

—Exclamó, llevándose los dedos al rostro.

Al tocarse la cara, sintió la misma textura rugosa.

Luego, algo se movió detrás de ella.

Un peso extraño, serpenteante.

—¡¿Tengo… cola?!

—Se giró de golpe, y vio una larga extremidad reptiliana ondeando detrás de su espalda.

(Pero qué interesante…) —pensó, con una mezcla de horror y curiosidad.

Entonces, un olor putrefacto la golpeó como una ola.

Era penetrante, mareante, como carne podrida bajo el sol.

—¡Qué peste!

¿De dónde viene…?

Al tocarse la nariz, notó una especie de perilla.

La giró instintivamente… y el olor empeoró.

—¡Ah, no, al otro lado!

—Giró de nuevo, y el aire se volvió más soportable—.

Mucho mejor… Se incorporó con dificultad.

Sus piernas temblaban, como si estuviera aprendiendo a caminar de nuevo.

—(Esto es como andar en tacones… bueno, un poco.) Exploró su cuerpo con torpeza.

Al tocar sus orejas, notó que también tenían perillas.

—(Mejor las dejo como están…) Al girarse, el origen del hedor se reveló: una montaña de cadáveres, apilados como basura.

Frente a ella, dos gusanos gigantes, de casi cuatro metros de alto…

Devoraban los cuerpos con mandíbulas que trituraban huesos con un sonido seco y visceral.

—(Pero qué… grandes…) —Retrocedió con cuidado, observando sus cuerpos segmentados y brillantes —(Siento que ya los he visto…) Uno de los gusanos tragó con fuerza y habló: —¡¿Ves?!

Te dije que estaba con vida.

Ahora me debes tres blourms.

—No te debo nada, Onpur.

Iba a matarlo, pero tú me lo quitaste.

—Sí, claro.

Yo solo veo que no quieres aceptarlo.

—Prevenía otra criatura de las estrellas que nos quite el territorio.

—Como digas, Born… Elizabeth se congeló.

—(¿¡Habló!?) —Como digas, Onpur.

Yo solo sé que si llega a hacer algo, lo mato —Gruñó Born, emitiendo sonidos graves como tambores, mientras la miraba fijamente.

—(Qué bueno que los puedo escuchar…) Al intentar huir, la arena frente a sus pies comenzó a moverse.

De ella emergió un pequeño gusano, con ojos brillantes y cuerpo suave.

—(Oh… pero qué bonito es…) —¡Urm, no te acerques a esa cosa fea!

Podría ser peligrosa —Gritó Born.

—(¿Fea?

¡Ustedes son más feos!) —pensó, con una pizca de molestia.

Al agacharse, el pequeño gusano se lanzó a su cabeza.

Elizabeth cayó al suelo, intentando quitárselo desesperadamente.

—(¡¿Está tratando de comerme esta…

pequeñez?!) El gusano se soltó y dijo con desdén: —Bah, qué piel tan dura.

—¿Mi piel es dura?

—¿Eh?

—¿Ah?

—¡Habló!

¡Habló!

—Saltó Urm alrededor de ella.

—(¡Que iba a saber que me entendería!) —¿Qué dice Urm?

—Dijo que habló la cosa rara… Los gusanos gigantes dejaron de comer y se acercaron.

—¿¡En serio!?

Pensé que solo los Elfos sabían hacer eso.

—¿De dónde eres, cosa?

—Ah, pues… la verdad es que vengo de muy lejos… de entre las estrellas.

—¡Vuelvo, vuelvo!

Al anciano le gustará saber esto —Dijo Onpur, arrastrándose por la arena.

—¿Conoces a alguien llamado Nois?

Es un Elfo de Pabilion.

Hace años nos enseñó muchas cosas del espacio y los cambios en nuestro planeta.

—(Pabilion… Es el nombre del planeta que mencionó Alis.

Lamentablemente no lo conozco.) Disculpa, pero no.

—¿Y un tal Ibigort?

—(¿¡Cómo es que este gusano sabe ese nombre!?

Es el primero en la lista de cazadores y cazarrecompensas… ¿se habrá enfrentado a ese tipo?) Escuché sobre él… pero solo eso.

Un gran grupo de gusanos la rodeó.

Del montón salió uno más arrugado que los demás, con ojos profundos y voz pausada.

—¿Esta es la criatura que habla?

Ciertamente no es un Elfo.

¿Cómo te llamas?

Elizabeth dudó —(Quizá debería llamarme diferente.

Aunque no creo que haga falta con animales… igual, ¿por qué no?

Así también me acostumbro.

A ver…

¿Cómo debería de llamarme?

Ya se, me pondré el nombre que tenía en Runger) —Me llamo Pakney… —Un gusto, Pakney.

Yo soy Bumur, el líder de este grupo.

—Igualmente, es un gusto, Bumur.

(¡Espera un momento… ya recuerdo!

¡Estos son gusanos de Tambora!

¡Estoy en un planeta de clase H!

Necesito calmarme…) Y ese Nois del que hablaba… —Me llamo Born, cosa —Interrumpió el gusano con un bufido.

—Born, ¿hace cuánto fue que lo vieron?

—Si no me falla la memoria… unos mil doscientos años.

—Dijo Bumur —(¡¿Pero cómo es que saben contar…?!

¿Y recordar tanto tiempo?) ¿Cómo sabes sobre los años?

—Nois nos enseñó sobre los días, meses y años.

Gracias a sus enseñanzas hemos sabido mejorar.

—Ya veo… (¡Es increíble la inteligencia de estos gusanos!

No era broma que eran avanzados.

Si Nois aún estuviera aquí… podría ayudarme a salir de este planeta) ¿Hacia dónde se fue Nois?

—El día que se marchó, sentí su olor yendo hacia donde se oculta el sol.

—(Hacia el Oriente, eh.) ¿Qué hay en esa dirección?

—La selva.

Con tu tamaño, llegarías en unos diez días.

—(Hmm… no sé qué me espera por allá, pero tengo que intentarlo.) Gracias… supongo que iré para allá.

—Anciano, ¿puedo acompañarlo?

—preguntó Born de pronto.

Sonidos de tambor resonaron —¿No odiabas a las personas de las estrellas?

—Y sí, aún lo hago… pero posiblemente Onpur habría venido con el.

Además, ya sabes cómo es… —¿De qué hablas?

Si fuiste tú el que se ofreció en primer lugar… Born le picó un ojo, disimuladamente.

—Am… tal vez… sí.

—¿Ves?

—Hmm… no sé si sea buena idea dejarlos ir solos ustedes dos.

Otro gusano salió del montón, arrastrándose con dificultad.

—Disculpen… me llamo Bormi.

También me gustaría ir.

Mi cuerpo ya casi no tiene agua; necesito reabastecerme otra vez.

—Recuerda, anciano, que yo valgo por cinco de nosotros.

No habrá problema —Dijo Born con confianza.

—Ah… estos jóvenes.

Está bien, tengan cuidado.

Y no se acerquen a las Corazas Gigantes.

Sobre todo… no se adentren demasiado en la selva.

Todos respondieron al unísono: —¡Sí, señor!

— Así, partieron del lugar, adentrándose al calor abrazador del desierto.

Después de una hora de marcha, Pakney rompió el silencio: —Oigan… ¿a qué se refería Bumur con eso de las Corazas?

—Son hechas por los seres de las estrellas —Respondió Onpur.

—Yo diría más bien invasores de las estrellas… —Born, ¿vas a contarle tú mejor?

—No, sigue.

—Hmm… son minas, como decía Nois.

Extraen gemas y minerales preciosos.

—(Esto debe ser a lo que Carla se refería…) Después de que Nois les revelara la verdad —Que aquellas Corazas estaban devorando el planeta desde adentro— Born y su grupo no dudaron.

Se lanzaron a destruirlas con furia.

Al principio, todo parecía ir bien.

Varias fueron eliminadas.

Pero veinte días después, cuando regresaron al mismo lugar, las Corazas estaban allí otra vez.

Como si nada hubiera pasado.

—Volvimos a intentar destruirlas —relató Born, con la voz cargada de frustración —Pero esta vez… no pudimos.

Un muro transparente, enorme, nos bloqueó el paso.

—Y no olvides las armas —Interrumpió Onpur, con un escalofrío en la voz —Los que salían de la arena… morían al instante.

—Ah, sí… se me olvidaba eso —Admitió Born, bajando la mirada.

Pakney los observaba en silencio.

Algo en su interior se revolvía.

—(No sé por qué, pero siento que me van a querer utilizar…) —Oye, Pakney… —Dijo Born, con un tono más suave.

—¿Sí?

(Aquí viene…) —Pensaba que tú podrías ayudarnos.

Tengo un plan para que te metas y… Un retumbar de tambores interrumpió la frase.

Bormi se adelantó, con expresión severa.

—¿Qué pasa, Bormi?

—Preguntó Born, molesto por la interrupción.

—Solo digo que estás poniendo tu confianza en alguien que ni siquiera conoces.

Me parece ridículo.

Born guardó silencio.

Luego bajó la cabeza, avergonzado.

—Tienes razón.

Me dejé llevar… pensé que al fin podríamos salvar nuestro planeta.

Disculpa, Pakney.

Pensé egoístamente.

Pakney lo miró con cautela.

—(¿Está diciendo eso para que sienta lástima?

Dan miedo.

No quiero ni imaginar si fueran enemigos.) —Respiró hondo antes de hablar.

—Si les soy sincera… no sé de lo que soy capaz.

Este cuerpo que tengo… no es el mío.

Fui transformada en contra de mi voluntad en esta criatura.

Me aterra no saber lo que pueda pasarme.

—¿Es algo como magia?

—Preguntó Bormi, con curiosidad genuina.

—¿Magia?

No.

Es tecnología avanzada.

Capaz de reescribir… la sangre.

Sería como volverme uno de ustedes mediante esa tecnología.

—Qué miedo —Murmuró Onpur.

—¿Duele?

—Preguntó Bormi, con tono preocupado.

—Mucho.

Hasta puedes morir en el proceso.

—Qué horror… ¿quién hace eso?

—Los seres de las estrellas… espero, de todo —Respondió Born, con evidente molestia.

—¿Y cómo saben de magia?

—¡Nois nos enseñó sobre ella!

Es increíble —Exclamó Onpur, emocionado.

—Lástima que no podamos utilizarla… —¿No pueden?

—Nos contó que tenemos que evolucionar hasta tener un cuerpo con manos y pies, como el tuyo… bueno, casi como el tuyo —Dijo Onpur, señalando con su cabeza los pies de Pakney, que claramente no eran del todo humanos.

Pakney asintió lentamente.

—(Debe ser parecido a mi mundo.

Para que un animal pase a ser humano, tiene que vivir varias vidas en distintos cuerpos animales.

Aunque no puedo estar del todo segura…) —Por cierto, Pakney… ¿eres hembra o macho?

—Preguntó Bormi, con curiosidad inocente.

Pakney dudó.

Miró sus escamas, su cuerpo ajeno.

—Bueno… era mujer…

Hembra.

Supongo que eso sigue siendo lo mismo ahora.

—¡No me digas que esa tecnología también puede hacerte cambiar de sexo!

—Exclamó Onpur, sorprendido.

—No lo sé.

¡Soy pura escama!

¡Ni siquiera sé por dónde hago del cuerpo!

—¿Hacer del cuerpo?

—Preguntó Bormi, intrigada.

—Cagar… ¿popó?

¿Les suena?

—Ah, hablas de defecar.

Qué grosera eres al decir “cagar” —Respondió con una leve reprensión.

—Em… (¡¿Qué iba a saber yo?!

Además, no es una grosería…) —¿Por dónde defecas?

—Déjala, Onpur.

Lo sabrá cuando tenga ganas —Intervino Born.

—(Solo espero que sí tenga… y no sea un defecto del cuerpo.) —Tal vez está debajo de las escamas —Dijo Onpur, pensativo.

—Al fin usas el cerebro, hermano.

—¡Siempre lo uso!

—Replicó, con una mirada fija.

Born se giró hacia Pakney.

—¿Qué tal si probamos qué tanto puedes hacer?

—No sé si este cuerpo esté muy bien… Tal vez, si encontramos agua, podríamos intentarlo.

(A decir verdad, no siento calor.

Es más, esto se siente hasta agradable.) —Bien, sé dónde hay.

Sube.

Pakney lo miró, sorprendida por la amabilidad.

—¿En serio… subirme, encima de ti?

¿Puedo?

—Sí, está bien.

Ahora que hemos hablado un poco y sé más de ti, no me importa que subas.

—¡Oh, gracias!

(¡Montaré un gusano de Tambora!) Miró hacia arriba.

La altura era como la de una casa de un piso.

—Esto está… un poco alto.

—Intenta saltar, a ver qué tanto puedes.

Pakney se preparó.

—(Siento que soy un poco más alta que antes…) —Con un esfuerzo temeroso, dio un salto.

Su cuerpo se elevó con facilidad.

—¡Wow!

Me sentí super liviana.

(Y eso que no hice mucho esfuerzo…) —Vaya, ese cuerpecito sí que puede saltar —comentó Bormi, sorprendida.

—Quién diría que terminarías llevando a un ser de las estrellas en tu lomo —agregó Onpur, con ironía.

—Calla, Onpur.

(Su cuerpo se siente como una cama de agua, muy suave) —Pensó Pakney, sujetándose de los cuernos.

—Estoy lista.

(Aunque, si no mal recuerdo, estos gusanos pueden alcanzar hasta 150 km/h… por ahora…) Born aceleró de golpe.

Pakney se aferró con fuerza mientras la velocidad se intensificaba segundo a segundo.

Después de una hora de viaje, la arena parecía querer devorarla.

—(Pensé que se me metería en cada abertura de la cara… pero este cuerpo tiene sus secretos.) Cuando el viento empezó a soplar con más fuerza, sus ojos desplegaron una segunda piel transparente.

Sus oídos y nariz activaron filtros que bloqueaban la arena por completo.

Volteó a ver a Onpur y Bormi, que los seguían de cerca.

—¿Cuánto falta para llegar?

—Prácticamente ya llegamos —Respondió Born.

Poco a poco, la velocidad disminuyó hasta detenerse.

Pakney se bajó del gusano y miró a su alrededor.

—Aquí no veo nada… De repente, Onpur emergió desde la arena, revelando un túnel.

—No me digas que tengo que bajar ahí.

—Es bastante seguro, no tengas miedo —Dijo Bormi con calma.

—Hmm… Está bien.

Mientras se adentraba al túnel, notó una sustancia viscosa en las paredes.

—(Debe ser lo que evita que la arena colapse…) Finalmente, llegó a una gran cueva.

En el centro, un arroyo de agua fluía suavemente.

Pero lo que más le llamó la atención fue otra cosa: —(¿Cómo es que… puedo ver todo con tanta claridad aquí…?

Acaso yo… ¡Soy capaz de ver en la oscuridad!) Con emoción, miró a su alrededor mientras se acercaba al agua.

Bebió con ansias, y al terminar, se limpió las gotas de la boca.

Y salieron del lugar.

—Qué buena estaba.

—¿Te irás ahora, Bormi?

—Preguntó Born.

—No.

Aún me necesitan para que los cazadores no los vean como presa fácil.

—Nos quedaremos un rato.

Veamos qué tan rápida eres, Pakney.

—Ah, claro vamos…

— Born y Bormi se posicionan.

Onpur, algo resignado, se prepara para dar la señal de salida —Tenía que ser yo… —Deja de quejarte Onpur tu eres el más lento —Dice en la lejanía Born —Bien, bien, entiendo… Con un fuerte sonido de tambor, Onpur da la señal, y todos aceleran a gran velocidad.

Elizabeth se lanza hacia adelante, decidida a darlo todo.

Pero en el instante en que da su primer paso, una extraña sensación la invade: todo a su alrededor se mueve en cámara lenta mientras ella avanza como si flotara.

Sorprendida, se detiene bruscamente a unos metros por delante de los demás.

—(¿Qué… qué fue eso?) Cuanto más rápido late su corazón, más lento parece moverse el mundo.

La adrenalina inunda su cuerpo.

Ha entrado en un estado distinto, algo más allá de lo normal Bormi y Born se sorprenden al ver cómo a llegado de golpe al frente.

—¡Cuando llego ahí!

—Exclamo Onpur en la lejanía.

Pero la velocidad tiene su precio.

Al perder el equilibrio, Pakney cae con fuerza sobre la arena, el impacto la sacude de lleno.

El entorno aún se mueve lentamente, pero ella se siente atrapada en una burbuja de tiempo distorsionado.

Su corazón late con furia.

Intenta levantarse, pero sus músculos están pesados, adormecidos por el esfuerzo.

La confusión la invade al ver a los gusanos acercándose rápidamente.

—(¡Vamos… vamos… levántate!) Con un esfuerzo casi sobrehumano, intenta concentrarse en su respiración, tratando de calmarse.

Poco a poco, a medida que su pulso se estabiliza, el mundo comienza a recuperar su ritmo normal.

—¡Me tiemblan las piernas!

—Sintiendo cómo la fatiga se apodera de su cuerpo.

La desesperación la invade al darse cuenta de que no podrá moverse a tiempo para evitar el desastre Born y Bormi, al verla inmóvil en medio del trayecto, intentan frenar, pero ya es tarde.

La inercia los traiciona.

En un instante, uno de ellos pierde el control y, sin poder evitarlo, pasa por encima de ella.

El peso inmenso del gusano la hunde en la arena.

—¡Pakney!

—Bormi con desesperación, dirigiéndose a toda velocidad hacia el lugar del accidente…

Cuando llega, sus ojos se abren con preocupación —¿Estará bien?.

Born, al detener finalmente su giro, se recompone lo más rápido que puede y se dirige con urgencia hacia la colisión.

Justo antes de que llegue, la arena comienza a moverse… y Elizabeth emerge.

—¡Me hicieron comer arena!—Escupiendo, mientras se incorpora con algo de esfuerzo —Pensé que te había herido… —Responde Born con alivio —No te preocupes estoy bien —Limpiándose la arena del cuerpo —Qué alivio… pensé que, con el peso de Born, quedarías como hoja… bien planita.

—Solo me fatigué cuando me detuve, por eso no pude salir del camino a tiempo.

—Comprendo.

Bueno, al menos ya sabemos que eres rápida.

Pero tendrás que practicar más… —¿Y ahora qué sigue?

—pregunta Onpur.

—Hay que ver qué tan fuerte es —Responde Born con una sonrisa.

—¡Que cargue a Bormi!

Ella está más rellenita —No.

porque tengo mis huevos, tal vez pueda hacerme daño —(Con que está embarazada…) —Te toco —Mirando a Born.

Exhalando —Esta bien… —No esperen ¿no sería mejor una piedra?

(¡Son grandes!

Quién sabe si pueda) —¿Ves alguna cerca?

—Hmm… —Mirando alrededor —Solo álzame si te toma mucho trabajo paras —Toma aire quedando solido como roca —(Oh, no sabía que podían hacer eso) Se posiciona.

Coloca las manos debajo de él, hundiéndolas un poco en la arena, y comienza a levantarlo.

El peso se concentra en su pecho y hombros, pero con un esfuerzo firme, lo logra.

—¡Sí que pudo!

—Y pensar que esa pequeñez tiene tanta fuerza… —Añade Bormi, impresionada.

Born, incapaz de retener más el aire, se desinfla.

En el proceso, una de sus uñas rasga accidentalmente la superficie, provocando una extraña sensación que recorre su cuerpo.

Al sentir esto, Elizabeth lo suelta —(Que habrá sido eso) ¿Born estas…?

—Si, fue un rasguño no es la gran cosa.

Mira sus uñas las cuales estaban limpias —(Que extraño).

—Nuestra piel es bastante gruesa quien diría que serias capaz de traspasarla —Dijo Onpur mientras se acercaba.

— Una hora más tarde, reanudan el viaje.

Mientras se desplazan sobre la arena, Elizabeth va montada en el lomo de Born, observando con asombro el cielo de Tambora.

La arena de color cobre resplandece bajo una luz tenue, contrastando con un firmamento teñido de púrpura claro y azul pálido.

Con el paso de las horas, el día va cediendo paso a la noche.

Hacen una pausa para descansar.

Los gusanos comienzan a enterrarse para descansar, formando pequeñas dunas a su alrededor.

Elizabeth, recostandose sobre la arena, contemplando el cielo estrellado.

—Tambora es muy similar a mi planeta en cuanto al paso del tiempo.

Deben ser más de las siete… Pensé que sería más peligroso, pero supongo que eso se debe a que estoy con los gusanos más temidos de aquí.

Si no pudieran entenderme, esta situación sería completamente diferente… Bosteza, sintiendo cómo el cansancio comienza a pesarle.

—Espero que Alis y Petra estén bien…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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