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PAKNEY - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 ¿Un nuevo mundo
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2: ¿Un nuevo mundo?

2: ¿Un nuevo mundo?

—Am…

supongo que esto no será…

—Se da un leve pellizco en el brazo —¡Ay!

No, definitivamente no es un sueño…

¿Eso de allá es una ciudad?

—Entrecierra los ojos al mirar hacia el horizonte —No parece un templo…

en absoluto.

(Entonces era verdad lo que me dijo Binad…) Se cruzan dudas por su mente como nubes veloces.

—¿No se suponía que debía estar en un templo?

O al menos, cerca de uno…

Pero lo que tengo enfrente es claramente una ciudad.

A menos que aquí los templos tengan forma de urbe…

¿Debería ir hacia allá?

Hmm…

no estoy muy segura…

Un destello llama su atención.

Su cabello ha cambiado: ahora una mezcla de morado y rosa, como si una aurora se hubiera tejido entre sus hebras.

Brilla bajo la luz del sol como si estuviera encantado.

—¿¡Qué…!?

¿¡Por qué mi cabello se ve así!?

—Toca sus mechones, asombrada —(Aunque está bonito…) ¡Pero aun así!

Me siento extraña con un color tan…

llamativo.

Una sutil vibración bajo sus pies la sobresalta.

El temblor, casi imperceptible al principio, anuncia algo más grande que se avecina.

Entonces, una voz distante y desconocida retumba como eco en la llanura.

Al alzar la vista, ve una figura humanoide de pie sobre lo que parece una nave flotante.

El extraño ser gesticula enérgicamente, moviendo los brazos arriba y abajo.

Segundos después, cambia el gesto: ahora señala hacia un costado.

Elizabeth sigue la dirección de su dedo y su rostro se desencaja.

Algo masivo se desplaza bajo tierra, levantando nubes de tierra y piedras a su paso.

No lo piensa dos veces.

Corre.

—(¡Más rápido, más rápido!

¡No mires atrás!

¡Corran, piernas de espagueti!) El crujido del suelo resquebrajándose la persigue como una amenaza viva.

—(¡No quiero morir tan rápido!) De pronto, una criatura gigantesca irrumpe desde las profundidades, estallando la superficie.

La fuerza del impacto la lanza al suelo.

Queda tendida, paralizada, mientras la bestia, con pinzas colosales, se cierne sobre ella.

Las tenazas se abren y cierran con una precisión tan elegante como mortal.

—(¿Es este mi final…?

¿Así termina todo?) Cierra los ojos.

Espera.

Pero…

el silencio que sigue la desconcierta.

Cuando abre los ojos, la criatura ya no está.

Se ha ido.

La ha dejado viva.

—¿Ya no está…?

—Se deja caer de espaldas —¡Qué susto tan hijuemadre!

Pensé que no la contaba…

La nave flotante comienza a descender.

El extraño se aproxima lentamente, como si el tiempo no tuviera apuro.

Cuando por fin está lo bastante cerca, intenta comunicarse.

Habla un idioma ininteligible para ella.

Elizabeth lo mira con desconcierto.

Intenta hacerle entender con gestos que no comprende ni una palabra.

El ser parece entender.

Se gira y vuelve al interior de su nave.

Momentos después, reaparece…

con una cubeta.

Y sin más, la vacía sobre ella.

—¡Oye!

¿¡Qué es esto!?

¡Es pegajoso!

Goteando y confusa, trata de sacudirse la sustancia viscosa.

Pero antes de que pueda exigir explicaciones, otro temblor más fuerte sacude el suelo.

El extraterrestre la mira con urgencia y le indica que lo siga.

La nave gira con suavidad, alejándose de la ciudad que había visto.

Elizabeth aprieta los dientes.

—¡Eres…

un…

desgraciado!

—Grita, y corre con todas sus fuerzas.

La respiración se le agita.

Cada paso se vuelve una lucha.

Pero entonces, entre el polvo, aparece una estructura circular.

En su centro, un par de rejas metálicas se abren como si la esperaran.

Sin pensarlo, cruza el umbral.

Instantes después, las criaturas que la seguían también entran.

Las rejas se cierran con estrépito.

Ahora están todos encerrados.

Los seres emergen por completo del suelo.

Sus cuerpos son retorcidos, sus movimientos inquietantes.

Pero no atacan.

Se le acercan lentamente…

y la lamen.

—¿Qué rayos…?

Pensé que me iban a partir en pedacitos.

Ja, ja…

—Traga saliva —Ese desgraciado me hizo algo para atraerlas, ¿verdad?

¡Claro!

Como vio que la otra criatura no me hizo nada…

Ahora, ¿Dónde estará?

Con esa nave tan lenta seguro se demora una eternidad…

Mira las rejas.

—No pienso quedarme con estas cosas mucho tiempo.

Tendré que escalar…

Entonces, una voz familiar le llega desde algún rincón.

Se da vuelta.

Ahí está.

El extraterrestre.

Ahora lo ve con claridad: adulto, de orejas levemente puntiagudas, piel morada que brilla con un resplandor suave.

Sus ojos verdes emanan una paz extraña.

Le hace un gesto, señalando una puerta recién abierta.

Lo sigue con cautela.

Al cruzar el umbral, entra en un taller repleto de artefactos antiguos y desgastados.

Un olor fuerte, mezcla de grasa, hierbas y…

granja, impregna el aire.

—(Parece un taller de mecánica…

pero huele raro…) El ser busca entre unas cajas y extrae un dispositivo pequeño.

Se lo ofrece con una sonrisa amable.

Le muestra cómo colocárselo, señalando uno igual que él ya lleva.

Elizabeth lo imita.

El dispositivo emite un zumbido, seguido de un desfile de luces.

Al final, una tenue tonalidad celeste lo cubre.

—Por un momento pensé que no lograría traducir tu idioma —dice, ahora comprensibl—Este modelo es viejo, pero funcional.

Ahora quédate quieta un segundo.

Saca un cepillo brillante de cristal.

—Espero que esta vez no sea nada baboso…

—Murmura ella.

—Jajajaja —Ríe el ser —Mis disculpas por lo anterior.

Aquello era comida para Greicrooz.

Esta vez solo es para limpiarte…

y para quitarte ese olor.

—Ah…

entiendo.

El cepillo emite rayos suaves que recorren su cuerpo, dejándola limpia y fresca.

—¡Es increíble!

¡Como si me hubiera bañado!

—No es lo último en tecnología, pero hace el trabajo.

Ven, siéntate un momento —Dice el extraño, señalando una mesa.

Se sientan.

La luz tenue da al lugar un aire acogedor entre lo bizarro y lo familiar.

—¿Cómo te llamas?

—Pregunta él.

—Elizabeth…

¿y tú?

—Me llamo Ruio.

Soy un Udcaisto.

—¿Udcaisto?

—Sí, así se llama mi raza.

Tú…

¿eres humanito, cierto?

—(¿Humanito?

¿Así nos llaman?) ¿Humanito?

—¿O perteneces a otra especie?

—(Él no sabe que vengo de otro universo…

¿Qué le digo?) Bueno…

la verdad es que…

—Hace una pausa, fingiendo inseguridad —Llegué aquí a través de un portal.

Desde entonces…

he estado lidiando con amnesia.

Solo tengo recuerdos borrosos…

—Entiendo —Ruio asiente —He oído hablar de casos como el tuyo.

Portales que se abren y llevan a personas a otros mundos…

(Si no está registrada, podría meterse en problemas…) —Quería disculparme por lo de antes —Sus orejas bajan con expresión de culpa —Fue grosero arrojarte la comida sin explicarte nada.

—Te perdono…

pero no lo vuelvas a hacer.

No tienes idea del susto que me llevé.

¡Pensé que estaba a punto de morir!

—Lo entiendo.

Como compensación, puedes llevar lo que quieras de aquí —Ruio abre los brazos, mostrando su taller.

—¿En serio?

—Frunce el ceño —(¿Cree que con eso me compra?) —Y también, gracias por atraer a los Greicrooz.

Su carne es muy valiosa.

—¿¡Se los comen!?

—Elizabeth palidece —¿Por eso huele a granja?

—Sí, criar Greicrooz es mi oficio.

No es fácil: tierra fértil, temperatura controlada, y paciencia.

Gracias a ti, tengo dos hembras y un macho.

Me ahorraste semanas de trabajo.

—Aprovechándote de la situación, ¿verdad?—Dijo con una mezcla de reproche e ironía…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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