PAKNEY - Capítulo 20
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20: La cueva 20: La cueva —Creo que me excedí… —Murmuró Elizabeth, preparándose para partir.
Pero antes de dar el primer paso, Born se acercó tambaleante y gritó desde la distancia: —¡No vayas hacia allá!
¡Los lodos son peligrosos!
—¡Born, no te muevas!
¡Aún estamos curándote!
—Le advirtió Bormi, corriendo tras él junto a Onpur y Urm.
—Por esa dirección están los Droittu.
Si alguien se acerca a su territorio… lo devoran.
—Papá… —Estoy bien, Urm.
No te preocupes —Respondió Born con una sonrisa débil.
—¿Por qué les llamas Droittu a los >>cara de hueso<<?
—Preguntó Bormi, curiosa.
—Nois dijo que así los conocen las personas de las estrellas.
—¿Y tu herida?
¿Cómo va?
—Pregunto Elizabeth —Mucho mejor.
—Es increíble… ¿cómo sanó tan rápido?
—Una planta de nuestro planeta tiene propiedades curativas —Explicó Bormi, señalando con la cabeza hacia una flor cercana.
—Es hermosa… La planta tenía pétalos en forma de cruz, teñidos de azul y violeta, con un tallo verde oscuro que parecía absorber la luz.
Urm se acercó a Elizabeth, con los ojos brillantes.
—Gracias por salvarme… y por salvar a mi padre.
Elizabeth se agacho para acariciarla.
—Fuiste valiente al enfrentarte a ese cazador.
¿Ahora entiendes por qué tu padre te pidió que te quedaras?
—Sí.
¡Cuando crezca, lo protegeré!
¡Y también a ti!
—(¡Ay, qué ternura!) —Pensó sonriendo— (Aunque esa cazadora… espero que no vuelva.
Si murió, era ella o yo.) —¿Crees que regrese?
—Dijo Onpur.
—Lo dudo.
Los Droittu tienen una coraza dura, y por dentro son igual de resistentes.
Si logra salir, no será en una pieza.
En fin… es hora de buscar comida.
—¡Por fin lo dices!
Estoy hambriento.
—Por cierto, Pakney, ¿tú qué comes?
—Preguntó Bormi.
—Se supone que comía de todo… pero ahora no sé.
(Aunque, hablando de comida… tengo hambre.
Mucha.) —Con tu destreza, seguro encuentras algo.
Solo no vayas hacia allá —Dijo Bormi, señalando al noroeste —Ese es el territorio del Rosfresh loco.
Evítalo.
—Entendido.
(Veré si puedo comer frutas.
No podría cazar si escucho gritar a mi comida…) Con un rugido en el estómago y una expresión resignada, Elizabeth se adentró en el bosque.
Pronto, vio unos monos saltando entre los árboles y decidió seguirlos.
Encontró árboles cargados de frutos extraños.
—(¡Ajá!
Lo sabía.
Hay que seguir a la naturale..za…) Los monos silbaron y se ocultaron.
Un faisán gigantesco cruzó el cielo.
Elizabeth se quedó inmóvil, observando.
De repente, un arpón atravesó al ave, que cayó al suelo.
Uno de los monos la arrastró con su cola, que era como una resortera afilada.
—(¡Y yo que pensaba que se escondían por él!
Ya veo… esas colas son como la Magic Hose de mi mundo.) Los monos le arrancaron las plumas, que parecían escamas de pescado.
—(Recojo lo que necesito y me voy.
Por suerte no les importa que esté aquí.
Gracias, monos raros.
Son cazadores nómadas… letales.) Minutos después, con su botín de frutas, se sentó bajo la sombra de un árbol.
—Estaban ricas… aunque sigo con hambre.
Luego le preguntaré a Born si hay algún río cerca —Murmuró, limpiándose las manos en la hierba.
Un crujido entre la vegetación la alertó.
Se levantó, en guardia.
—(Ese olor… no es de un gusano de Tambora.
Huele… a sangre.) Una criatura enorme se desplomó entre los arbustos.
Estaba cubierta de heridas abiertas y respiraba con dificultad.
—(Está muy malherida…) Corrió a buscar la planta curativa.
La trituró entre sus manos y comenzó a aplicarla con cuidado.
—Espero no me hagas daño cuando mejores… (Es tan grande como los gusanos cuando se alzan.) —¿Cómo… puedes hablar?
—Gimió la criatura, con voz grave y rasposa.
—¡Oh!
Sí… pero no te muevas mucho.
—Elizabeth parpadeó —(¿Tengo un traductor integrado?
Aunque… los monos no hablaron.) A lo lejos, una voz retumbó: —¡Pakney!
¡Aléjate!
¡Esa criatura es un Rosfresh!
—Gritó Born, arrastrándose con Bormi, Onpur y Urm detrás.
—(¿Es en serio?) —Elizabeth levantó la mano —Está herida y puede entenderme.
No parece querer hacernos daño… por ahora.
Los gusanos se mantuvieron a distancia, observando con recelo.
—Pregúntale quién le hizo eso —pidió Born.
—¿Quién te hizo esto?
—Intenté salvarla… a mi hermana —Gruñó el Rosfresh —Hombres con rayos se la llevaron… a montaña redonda.
Intenté entrar… rayos por todos lados… me arrojaron.
—(Habla distinto.
Más directo… como si le costara formar frases.) Elizabeth repitió el relato.
—Dile que le ayudaremos, si nos permite cruzar su territorio sin problemas.
Ella lo explicó.
El Rosfresh asintió lentamente.
—Dice que sí.
—Bien.
Tenemos una razón más para ir hacia las corazas —Dijo Born, con renovado ánimo.
La criatura se incorporó con esfuerzo y bajó la cabeza.
—Les agradezco su ayuda.
Los gusanos se tensaron, pero Elizabeth intervino: —Tranquilos.
Solo está agradeciendo.
—Nunca había visto a un Rosfresh tan de cerca —Dijo Bormi, con una risa nerviosa.
—Ni yo… —Añadió Onpur, sin apartar la mirada.
—Es normal.
Yo también me pongo a la defensiva.
Elizabeth se quedó junto a la criatura, confiada.
—(No me parece tan malo…) —Pensó, mirándola.
—Me llamo Carli —Dijo el Rosfresh, mirándola.
—Un gusto, Carli.
Yo soy Pakney.
¿Y tu hermana?
—Carsy.
—Oh… nombres parecidos —sonrió —(Como los de los gusanos.) —Sí… madre ponernos así.
—Ya, ya… están lindos los nombres —Dijo, examinando sus heridas ya cerradas —(¡Qué rápido sanó!) —Tu voz cambia cuando hablas con él —Observó Onpur.
Elizabeth parpadeó.
—(¿Entonces… mi voz se adapta automáticamente?) Ah… no lo sabía.
—Es curioso —Comentó Bormi.
—Apresurémonos.
Hay que ayudar a su hermana —Dijo Born, avanzando entre las plantas.
Tras varias horas de caminata por la selva, llegaron a una cueva cubierta de raíces y musgo.
—Y… ¿para qué estamos aquí?
—Preguntó Elizabeth.
—Reconozco este lugar —Dijo Onpur, olfateando el aire —Aquí venía la antigua raza de los Zure.
—¿Zure?
(Creo que escuché sobre ellos en la red Uny…) —Una vez vine con uno de ellos —Dijo Born —Adoraban a una criatura mística que fertilizaba sus cosechas.
—¿No estarás hablando de MytBronco?
—Interrumpió Onpur.
—¿La criatura que mencionó el anciano?
¿No era solo un cuento?
—Preguntó Bormi.
—Yo lo vi aquel día —Dijo Born, solemne —Apareció entre las llamas.
Los Zure guardaron silencio… y él les respondió.
Elizabeth miró a Carli, que los seguía en silencio, con la mirada firme Al llegar al fondo de la cueva, se toparon con una enorme figura tallada en la pared: una criatura imponente, de rasgos míticos y mirada severa.
A sus pies, varias velas estaban encendidas, arrojando sombras danzantes sobre la piedra… —¿Esas son… velas?
—Preguntó sorprendida —Parece que alguien ya estuvo aquí.
—Sí —Asintió Born —Y no hace mucho.
Aquí huele a que un Zure pasó recientemente.
Es extraño… hace tiempo que se fueron.
—Tienes razón —Afirmo Bormi —Si vuelve, tú, Pakney… habla con él —Haré mi mejor esfuerzo —En su mente se imaginaba a los Zure como una raza grande y corpulenta.
—¿Piensas pedirle ayuda a MytBronco?
—Preguntó Bormi, con curiosidad.
—El abuelo dijo que es una criatura capaz de controlar magia.
Posiblemente nos sea de ayuda —¿Una criatura que puede controlar magia?
¿No sería eso… raro?
—Intervino Elizabeth, escéptica.
—MytBronco es diferente.
Mi teoría es que tal vez no es lo que aparenta.
Nois llegó a contar historias de Maestros que tomaban forma de criaturas de gran poder —O sea… que en realidad podría ser una persona —Murmuró Elizabeth —(Posiblemente alguien que completó parte de las pruebas de esos templos…) —Sí, podría decirse.
Y ahora que las velas están encendidas, como tú dices, ya no tendré que pedírtelo.
—Ah, menos mal —Sonrió ella —(Porque apenas sé prender un fósforo…) —¿Y qué le pedirás… si es que aparece?
—Preguntó Bormi, con intriga —Se que las corazas pueden volverlas a construir, así que pensé pedirle que no deje encontrar las gemas con su magia —Entiendo… ¿Y cómo planeas llamarlo?
—¿Con… el pensamiento?
—No tienes idea de cómo lo hacían los Zure, ¿verdad?
—Dijo Onpur —La verdad… no —Ellos rezaban.
—Interrumpió Elizabeth —Juzgando por cómo se quedaban en silencio, puedo decir que rezaban… Es como pensar en esa persona y pedirle que te ayude, desde el corazón —No estaba tan mal entonces… —Bajen sus cabezas, cierren los ojos y pídanle lo que quieren a MytBronco.
Los gusanos obedecieron.
Elizabeth se arrodilló, colocando sus manos sobre las piernas, cerrando los ojos en silencio.
Pasaron las horas… sin señales —Born, ya hemos esperado lo suficiente —Dijo Bormi con voz baja —Urm ya comenzó a masticar la cola de Pakney otra vez… —¡No es un chicle!
—Sacudiendo la cola mientras todos soltaban una risa disimulada —¿Qué es un chicle?
—Preguntó Urm, con la boca llena, mientras era zarandeada de arriba a abajo, riéndose —Está bien, salgamos… Justo cuando el grupo se disponía a dar media vuelta, una sombra de tristeza se dibujó en los ojos de Urm.
Su mirada se perdió en el resplandor de las velas, como si algo invisible le llamara desde el fondo de la cueva.
Entonces, un grito rompió el silencio: —¡Papá!
¡Mira las llamas!…
Todos se detuvieron.
El fuego, que hasta entonces había ardido en tonos cálidos de rojo y amarillo, comenzó a agitarse como si respirara.
Las llamas se alzaron, se expandieron por las paredes como una marea viva, envolviendo la entrada de la cueva en un velo incandescente.
El color cambió, mutando en un azul profundo, espectral, que parecía arrancado del corazón de un sueño antiguo.
Carli, con los ojos muy abiertos, se escondió detrás de unas rocas, su cuerpo temblando ante la energía que ahora impregnaba el aire.
Una voz surgió de entre las llamas.
Grave.
Firme.
Como si la montaña misma hablara.
—Hmm… sentí una presencia familiar.
Los ojos de la figura se clavaron en Elizabeth.
No había duda: la reconocía.
—Ya veo… Elizabeth tragó saliva.
El fuego azul reflejaba en sus pupilas como un espejo de otro mundo.
—(Es bastante imponente…) ¿A qué te refieres con presencia familiar?
Born dio un paso adelante, con los ojos brillando de emoción.
—(¡Sí vino!) —Exclamó en su mente.
—(Se me eriza la piel…) —Pensó Bormi, estremecida.
—(¡No puedo creer que le salgan las cosas como quiere!) —Añadió Onpur, entre asombro y incredulidad.
La figura se acercó, envuelta en un aura de fuego azul que no quemaba, pero sí imponía respeto.
—Eso no te lo puedo decir… pero sí te diré que luego te lo contaré.
Primero lo primero —Dijo con voz pausada, como si cada palabra pesara siglos —¿Ustedes quieren que oculte la Gema de la Vida de esos avaros de las estrellas?
Born bajó la cabeza, seguido por los demás.
—Sí… se lo agradeceríamos mucho.
—Haré lo que pueda.
—¡Gracias!
—Gritaron los tres gusanos al unísono, mientras Urm daba pequeños saltos de alegría al fondo de la cueva.
La figura se volvió hacia Elizabeth.
Su mirada era distinta.
Más profunda.
Más personal.
—Ahora bien, tú… Elizabeth.
Ser de otro universo —Dijo con solemnidad —Te daré un consejo para ese cuerpo de fuego que posees: las sensaciones que sientes, debes imaginarlas recorriendo tu cuerpo, expandiéndose como ondas.
Pero recuerda… no debes abusar de ello.
Aunque es un cuerpo fuerte, también requiere grandes cuidados.
Si no quieres sufrir en el futuro… tendrás que encontrar a alguien que ya conoces.
Solo entonces podremos volver a hablar algún día.
Elizabeth se quedó en silencio.
Cada palabra parecía grabarse en su piel.
—Ah… y una cosa más —Añadió la figura, con un tono más grave —No te dejes llevar por la ira.
Las apariencias no siempre son lo que piensas.
Dicho esto, su figura comenzó a desvanecerse, como si se fundiera con las llamas.
Poco a poco, volvieron a su estado normal.
Elizabeth entrecerró los ojos, con una media sonrisa.
—Increíble… —Susurró—.
(Habla como profeta de cuento fantasioso… cómo los odio.) —
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