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PAKNEY - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 El Rugir de la mina
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22: El Rugir de la mina 22: El Rugir de la mina Transformada en la criatura alada, Elizabeth surcó el cielo abrasador mientras los gusanos de Tambora se adentraban en la arena.

Esta vez, el sol no era solo luz: era fuego.

Cada rayo parecía querer arrancarle las alas.

—¡Esta criatura se va a asar antes de llegar!

¡Piensa, piensa!… tal vez… ¡una capa de escamas!

—Se concentra y una pequeña capa se forma en su espalda —Ah, mucho mejor… pero, ¡ya no vuelo igual!.

Se balancea mientras comienza a perder altura.

Intenta cambiar constantemente su piel para recuperar el control y, con esfuerzo, logra alcanzar la nave, donde se esconde en una de sus entradas de aire.

—Uf casi que no lo logro (el sol literal me estaba cocinando, siento que me arde la espalda) Poco a poco el dolor se va desvaneciendo como por arte de magia —Que extraño, ya no siento nada… La nave desciende, abriendo un hueco en el escudo.

Al tocar el suelo, vuela hasta unas cajas cercanas y observa el entorno: en el centro hay un gran agujero, dentro del cual un enorme tubo de acero se mueve lentamente hacia abajo, perdiéndose en la profundidad —Este lugar es grande, me pregunto dónde estará el Rosfresh.

Un gruñido agresivo y de temor se escucha a un lado de la mina.

—Oye Lois calla a esa bestia, no me deja leer.

—Y si mejor vas y vigilas las defensas, deja de leer ese libro de mierda.

—Es poesía imbécil, mejor que estar viendo viejas encueradas como alguien que conozco.

Una puerta se abrió de golpe.

Un hombre alto, con voz autoritaria, salió del cuarto.

—Yo tengo una mejor idea, se callan los dos y se ponen a trabajar.

Ya llego la nave de suministros alisten al Rosfresh y a los Baibee, súbanlos de inmediato —Retirándose al interior de un cuarto mientras cierra la puerta.

—Si señor Cieren —Voy señor Cieren —(Por lo que veo ¿solo hay tres en esta mina?

Tengo que apurarme antes que la suban, veo son más que todo robots aquí, Esos tres son humanitos o bueno eso parecen).

Elizabeth nota que la caja en la que esta suena algo, baja y sube la tela, viendo a la misma criatura en la que está convertida —(Si me ven quedare dentro de estas cajas, pero esta criatura es tan apreciada que hasta las capturan, realmente debe de tener propiedades curativas como pensaba, tal vez..).

Aprieta su pequeño puño, haciendo que la piel se endurezca y crezca como la de su forma de lagarto.

Mira a ambos lados, toma impulso y… ¡crash!

El cristal estalla, liberando a las criaturas aladas que se dispersan por toda la mina.

—¡Mierda!

¡Los Baibee están por todas partes, que paso!

—¡Y para saber!

Rápido ve por la red 100Qe.

Elizabeth vuela hasta la ventana del cuarto donde entró Cieren y comienza a golpear el cristal con fuerza, intentando captar su atención… —Pero que está pasando ahí afuera… Se asomó por la ventana antes de abrir la puerta.

En ese instante, Elizabeth se lanza hacia su rostro y lo rasguña varias veces, haciéndolo caer cerca de un escritorio.

Luego, ella emprendió el vuelo y se posó sobre él.

Cieren, aún en el suelo, recogió un conjunto de papeles doblandolos.

—¡Maldita criatura!

¡Mira cómo me dejaste la cara!

Exclamó, alzando la mano y lanzando un golpe rápido.

Sin embargo, la criatura esquivó el ataque, transformó sus músculos nuevamente, y lo noqueó de un puñetazo.

—Espero que eso no lo haya matado… Instintivamente, se sintió atraída por la sangre que tenía en la cara.

—Wow, wow, no, no… pero huele bien… demasiado bien… (¡Resiste a la tentación!…

Esto significa que… No, ahora no puedo ponerme a pensar en eso) Desvió su atención, se transformó en Cieren, y escondió su cuerpo debajo del escritorio.

Luego, le quitó la ropa y se la puso cuidadosamente, imitando sus gestos y expresión.

—Bien, ya me hice una idea de cómo es él después de ver su pequeña discusión (Si alguien nota algo raro en mi voz o forma de caminar, estoy perdida…) Salió del cuarto y vio cómo trataban de atrapar a todos los Baibee —Es increíble… —Dijo con un tono de desaprobación y enojo Los trabajadores lograron escucharlo —¡Oh!

Señor, no se preocupe, ya estamos atrapándolos de nuevo —Sí, ya tenemos bajo control a la mayoría —Iré a ver al Rosfresh.

No quiero presenciar cómo se escapa y nos devora —Oh, no, señor, él está bien…

—Dije, que iré a verlo —Respondió, mirándolo con una expresión seria —Ah, bien, como usted diga —Se acercó a su compañero —Aiwar, creo que nos va a despedir —Ni que lo digas, está furioso.

Al llegar, el Rosfresh le mostró los dientes mientras decía: —Si salir de aquí, te devoraré primero —Carsy, soy amiga de tu hermana Carli, no te asustes.

Ella está esperándote afuera —¿Cómo puedes hablar?

No… no quiero escucharte.

Sin otra opción, intentó emitir la canción anterior.

Carsy entrecerró los ojos, desconfiada.

Su gruñido se volvió un murmullo confuso.

—Esa canción… tú la cantas muy feo, pero… solo mi hermana sabe de ella —Necesito que vengas conmigo.

Desactivaré el campo y las armas, luego volveré.

Por favor, no quiero que les hagas daño a las personas de aquí.

—Confiaré en ti, pero, querer clavarles el diente y partirlos en dos… —(Ay Dios…) Solo, sígueme cuando te lo diga y no puedes parar de correr, o podrían atraparnos —Bien —Dijo, acostándose —Vuelvo.

Subió unas escaleras y se encontró con los trabajadores.

—Señor, ya volvimos a organizar a los Baibee —Bien, ahora ve a inspeccionar las defensas y asegúrate de que estén funcionando correctamente —Sí, señor.

Lo observó y notó que entraba a una de las salas al lado de su cuarto.

Observó al otro trabajador y dijo: —¿Y tú qué esperas?

Sube las cajas —Claro, señor, disculpe.

De repente, alguien salió de la nave: un cuerpo humano, pero con dos cuernos en la cabeza y una estatura de tres metros —¿Qué pasa?

¿Por qué no están entrando las cajas?

¿Cieren?

—(¡Es un gigante!

…y no cualquier gigante, parece un general de guerra… ¡Mierda, tengo que mantener la calma!) Ah… sí, ya les ordené que las suban.

Están haciendo un desastre como siempre.

—Hmm, comprendo.

Hazlo rápido, sabes que Xiangustipa es muy estricto con los horarios —Sin más que decir se devuelve al interior de la nave.

—Sí, sí, lo sé.

(¡Espera, ¡¿qué?!

Ese señor… ¡No me digas que es el dueño de las minas!

Bueno pero, no me puedo poner a pensar en eso ahora…) Elizabeth se retiró y fue hacia donde había entrado el trabajador.

En la sala, vio varias máquinas y un cristal que contenía una gema —Ah, señor, no lo vi entrar —Ve a ayudarle a Lois a cargar las cajas —Claro… (Para que me mandas a revisar las defensas si, luego vas a venir…) Se retiró del cuarto molesto.

Luego de unos minutos…

—(Bien, es hora del desmadre) —Dijo agarrando una llave de mantenimiento.

Golpeó el panel quebrando lo en dos, luego una consola chispeó y se apagó.

Rompió otra pantalla, luego giró una válvula hasta hacerla estallar.

El ruido se extendió como una alarma silenciosa.

El campo que protegía la gema parpadeó… y desapareció, Elizabeth lanzo la llave y se lo tiró, haciendo que la gema cayera —¡¿Pero qué mierda está pasando ahora?!

—Exclamó Lois Miraron cómo el campo de fuerza se desvanecía y el sistema anunciaba: >>Se necesita energía para mantener el sistema de la planta estable.

Sobrecalentamiento al 40%.

El suministro de energía se agotará en treinta minutos<< —¡¿Aiwar, qué hiciste?!

—¡Yo no hice nada, te lo juro!

El último que se quedó fue Cieren —¿Y ahora qué pasa?

—Preguntó el ser de tres metros saliendo nuevamente de la nave.

—Iré a ver qué está pasando en el cuarto de control Al llegar, vio todo destruido —¡Ay, mierda, qué pasó aquí!

(¿Dónde se metió Cieren?) Salió rápidamente y fue a la oficina.

Al no verlo, regresó —¡Cieren es un traidor!

Dañó los componentes, todo está hecho añicos —¡¿Qué?!

Eso es imposible, lleva años trabajando aquí.

Un estruendo sordo recorrió el suelo.

Como si un trueno hubiera estallado bajo tierra.

El sonido del gusano de Tambora retumbó, profundo y antiguo.

Todos se detuvieron en seco… —Yo me voy, ahí se ven —Dijo mientras se adentraba en la nave, el ser de tres metros.

Miles de Baibee salieron de la nave.

—¿Pero qué…?.

—Se cubrió con sus manos de las ráfagas que salían despavoridas.

Una fuerte explosión sacudió los cimientos.

Desde el fondo de la mina, los gusanos de Tambora rompían todo a su paso, levantando columnas de tierra.

Entre la nube de polvo, el Rosfresh emergió, imponente, corriendo a toda velocidad hacia la salida.

En su lomo, un Baibee agitaba una patita en señal de despedida —¿Viste lo que yo vi?

—Un Baibee saludándonos desde su cabeza.

Sí.

Pensé que estaba loco La nave comenzó a elevarse poco a poco.

—¡Hey, espera!

Otra explosión activó los sistemas de seguridad.

Los cañones giraron y comenzaron a disparar sin control —¡Mierda, corre!

Un rayo impactó contra la nave en ascenso.

Esta cayó en picada dentro del gran agujero, golpeando el tubo central con un estruendo metálico.

Mientras tanto, Lois y Aiwar se escondieron dentro de la oficina de Cieren —¡¿Pero qué pasó?!

—Dijo Aiwar mientras veía por la ventana el caos —Tenemos que salir antes de que el sistema se sobrecaliente al 80%.

—Fue tan rápido que ni pudimos hacer nada.

Veré si hay algo que nos ayude por aquí.

Lois se dejó caer en la silla con cansancio.

Miró hacia abajo… y vio un cuerpo semidesnudo, bajo el escritorio.

—¿Qué…?

¡¿Cieren?!

Aiwar se volteó de golpe.

Ambos se miraron, y el miedo se apoderó de sus rostros.

—Entonces… ¿quién era el otro…?

Pero no hubo tiempo para más.

La mina rugió.

Desatando el infierno.

Una última explosión sacudió los cimientos.

La tierra se abrió, lanzando columnas de fuego, metal y arena por los aires.

Los gritos quedaron sepultados por el rugido final de la mina…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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