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PAKNEY - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 El cazador más fuerte del Universo
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26: El cazador más fuerte del Universo 26: El cazador más fuerte del Universo —(¡Este tipo es Ibigort!

Será mejor que tenga cuidado…) —Tensando la postura.

Luego de que se dirigiera a las criaturas, estas se miraron entre sí y comenzaron a comunicarse con gruñidos bajos, casi metálicos.

Ibigort observó la interacción con interés.

—(¿Le entendieron?

Qué interesante…) Eres capaz de enfrentarlas e incluso hablar con ellas.

Me intrigas… —Murmuró, mientras hacía un gesto con la mano.

Las criaturas, al instante, sonrieron de forma siniestra.

Uno de ellos gruñó con voz áspera: —Hey, enano… será mejor que te prepares.

El amo quiere jugar contigo… y cuando juega, suele matar.

Estallaron en carcajadas roncas, con ecos metálicos.

Elizabeth tragó saliva.

—(¡No!

¡No debí hablarles!) Incorporándose con rapidez mientras comenzaba a retroceder con cautela.

—Amm… oye, ¿sabes?

Ahora que me acuerdo, tengo que irme.

Mi abuela me espera en la nave… Ibigort la ignoró por completo.

—Voy a comprobar algo… —Dijo con voz calmada, comenzando a caminar hacia ella.

—(¡¿Acaso no me está escuchando?!) —Pensó con creciente alarma.

De pronto, Ibigort concentró toda su fuerza en su pierna derecha.

La tierra bajo su pie se agrietó por la presión, y en un parpadeo se lanzó hacia ella.

Dirigió su puño derecho hacia sus costillas, pero al ver que ella se disponía a bloquear, cambió hábilmente de brazo y golpeó con la izquierda.

El golpe le atravesó como un trueno seco.

Sintió cómo se fracturaban dos costillas al instante, el aire escapando de sus pulmones con violencia.

Salió volando, chocando contra ramas, lianas y troncos a lo largo de varios metros.

—(Agh… ¡Qué fuerza!

¡Y solo fue un golpe limpio!

¡Fue, capaz de hacerme esto!…) —Mientras caía entre los árboles, intentando recomponerse.

Pero no tuvo respiro.

Ibigort apareció de nuevo, esta vez por su espalda.

Elizabeth, forzando su cuerpo, aceleró su pulso y logró girarse justo a tiempo para bloquear una potente patada.

El combate se intensificó.

Ibigort lanzó una ráfaga de golpes veloces, tratando de acertarle uno más, pero esta vez ella respondía al ritmo, esquivando y bloqueando con una agilidad inesperada.

—(Interesante… antes no podía seguirme el ritmo… Pero ahora… se adaptó a la velocidad del traje.

Veamos qué pasa si lo subo al 70%) Ajustando los parámetros.

El traje emitió un leve zumbido, las placas de los brazos brillaron con una luz amarilla y roja entremezcladas tenue.

Ahora iba en serio.

Uno de sus siguientes golpes impactó directo en la cabeza de Elizabeth, haciéndole perder algunos dientes.

Con rabia, ella incrementó aún más su pulso, tensó el puño derecho con fuerza y contraatacó con un poderoso golpe ascendente al mentón.

Ibigort salió impulsado por la fuerza, arrastrándose unos metros antes de recuperarse.

Se incorporó, observando los datos proyectados en su casco… —Interesante… —Murmuró, tocándose el mentón con curiosidad.

—(No solo resiste, también contraataca… ¿Defensa al 100%?

Mis Hemedbeod pueden romper esa barrera… Y, aun así, casi logra dañarla.

Además, no hay registros de su especie en ninguna base de datos.) Revisó las imágenes que había capturado durante el combate.

—(¿Una raza capaz de comunicarse con criaturas así, con ese poder… y sin registro alguno?

Hmm… Tendré que investigar más a fondo.) … El cazador echó un vistazo a su alrededor.

—Ah… se fue —Murmuró al ver el claro vacío frente a él.

—(Por ahora, me abstendré de hablar de esto.

No hay registros de un cambiaformas de este nivel, así que dudo que sea uno de ellos… Pero esas llamas en su cuerpo…) Suspiró con una mezcla de frustración y curiosidad.

—Realmente me intriga… — Tras asestarle un golpe a Ibigort, Elizabeth no lo pensó dos veces: emprendió la huida de inmediato, saltando entre ramas y trepando por paredes rocosas con la agilidad que le permitían sus músculos aún adoloridos.

Finalmente, llegó a una cascada que caía con fuerza sobre un pequeño lago de aguas cristalinas.

Jadeante, se dejó caer de rodillas a la orilla.

—(¡Corrí tan rápido que mis piernas tiemblan!

Pero… ¿qué demonios hace ese tal Ibigort aquí?

Siento que tengo un imán para los cazadores… ¿Qué debería hacer ahora?

Quería irme con el estómago lleno, pero no puedo volver con ese tipo rondando…) —Pensó, mientras trataba de controlar su respiración… Sin previo aviso, una criatura marina emergió del agua.

De cuello largo y escamoso, con un tono blanco amarillento, intentó devorarla de un solo bocado.

Falló por poco, estrellándose contra las piedras y deslizándose torpemente de nuevo al lago.

—¡Dios!

¡Qué susto!

—Exclamó, sin apartar la mirada del agua.

Desde lo alto de la cascada, varios monos silbaban con fuerza, agitados, lanzando gritos nerviosos y moviéndose con inquietud.

—¿Dónde… estoy exactamente?

—Comenzando a observar su entorno.

Su expresión se tornó sombría al reconocer el lugar —(Ay no… ¡estoy en el territorio del Rosfresh loco!.

¡Tengo que salir de aquí!) Pero no tuvo tiempo de reaccionar.

Un dolor abrasador recorrió su cuerpo de golpe, obligándola a caer de rodillas.

—¡Aargh!

¿Pero qué… me pasa?

(Siento como si todo mi cuerpo fuera a explotar…) El dolor era intenso, profundo, casi insoportable.

Sin embargo, tras unos largos segundos, comenzó a disminuir.

—Ahh… ¿¡Pero qué carajos fue eso!?

¡Sentía que iba a morir!

(Luego le preguntaré a Ersod…) Un crujido detrás de ella hizo que girara bruscamente, pero fue demasiado tarde.

Los colmillos del Rosfresh ya estaban sobre su torso.

La criatura la mordió con fuerza, alzándola y sacudiéndola como una presa, intentando desgarrar su carne con repetidas embestidas.

—(¡Spauneó un Rosfresh!

—Dijo con una mezcla de pánico y humor negro involuntario.

El monstruo apretaba con más fuerza, perforando finalmente la piel de Elizabeth.

—¡Aaargh!

Desesperada.

Sin dudarlo, hundió sus uñas en el ojo izquierdo de la bestia —¡Suéltame!

(No puede ser… ¿Eres el hermano?) —Pensó con horror —(No es como ellas… Está completamente ido…) Pero en lugar de ceder, el Rosfresh reaccionó con más furia, mordiéndola con aún más violencia, agitándola de un lado a otro como un trapo viejo.

—¡No quería hacerte daño!

—Gritó con lágrimas en los ojos, sintiendo cómo la piel cedía bajo los colmillos —¡Pero no me dejas otra opción!

Colocó ambas manos sobre la mandíbula superior de la criatura y empujó con todas sus fuerzas.

Sus músculos se tensaron, sus brazos temblaban bajo el esfuerzo, hasta que finalmente logró abrirle la boca a la fuerza.

La presión hizo que los tendones del Rosfresh se forzaran más allá de su límite, provocándole un daño severo.

La criatura soltó un alarido, y Elizabeth cayó al suelo, jadeando, empapada en sangre y barro… — Unos minutos después, desde lo alto de la cascada, Ibigort observaba a Elizabeth enfrentarse al Rosfresh.

Sus ojos se estrecharon mientras analizaba la escena.

—(Aquí hay un Rosfresh… pero este…) Hizo zoom con su casco.

—(Sus ojos muestran signos de exposición a la sustancia ING.

Por eso está tan agresivo…

Los otros dos deben estar más al sur.

Aunque resulta extraño que mis criaturas no los hayan detectado.

Tendré que enviarlas de regreso a la nave… Después de todo, ya han salido suficiente por hoy) Observó con detenimiento los movimientos de Elizabeth.

—(Este tipo… Le debería haber resultado más fácil abrirle la mandíbula al Rosfresh.

¿Entonces por qué le costó tanto?

Parece que está perdiendo fuerza…

En fin, veamos cómo termina esto) —Cruzándose de brazos.

— Abajo, Elizabeth, gravemente herida, esquivaba con dificultad los zarpazos de la bestia.

Uno de sus enormes brazos la alcanzó en el costado; aunque logró bloquearlo, la fuerza del impacto la lanzó contra un muro de tierra.

—Si sigo así…

me matará —Murmuró con dificultad, mientras todo a su alrededor parecía moverse en cámara lenta —(Carli… Carsy… lo siento, pero tendré que matar a su hermano…) Pero entonces, una voz resonó en su cabeza.

—(¡Elizabeth!) —¿Ersod?

—Respondió, con sorpresa.

—(¡Vuela!

¡Tú puedes volar!) —(¿Volar?

Pero… yo no tengo alas) —(Sí las tienes.

Has sentido esa extraña sensación, como si alguien te abrazara suavemente por detrás, ¿cierto?) —(Oh… bueno sí, pero no le presté mucha atención) —(Esa sensación son tus alas.

Imagínate ese abrazo expandiéndose hacia afuera desde tu espalda… ahora haz que ese impulso golpee el suelo.

Rápido, antes de que el Rosfresh ataque) —Bien… lo intentaré… La criatura se lanzó con furia.

Elizabeth lo esquivó por un pelo y, de inmediato, cerró los ojos para concentrarse.

Buscó aquella sensación cálida y, al encontrarla, algo extraordinario ocurrió: desde su espalda comenzaron a ensamblarse unas alas como piezas de un rompecabezas, hasta adquirir forma completa.

Sin pensarlo, golpeó con fuerza el suelo con ellas.

Salió disparada hacia el cielo.

—¡Wow!

¡Estoy volando!

—exclamó con asombro.

—(Rápido, ve con Survion.

El cazador anterior nos estaba observando desde la cima de la cascada…) —(¡Entendido!) —Respondió, cambiando de rumbo.

Mientras descendía en dirección a la cueva, un silbido cortó el aire.

Un arpón pasó rozando su mejilla.

Al mirar hacia abajo, vio a los monos agitándose.

—(Ya veo… solo atacan a las criaturas aéreas.

Interesante…) —Ignorándolos.

Con unas cuantas batidas de alas logró perderlos de vista.

Descendió en la entrada de la cueva y caminó con rapidez por el interior hasta encontrar a Survion, quien luchaba por cargar una de sus pesadas máquinas.

—¡Survion!

Tenemos que irnos ya —Dijo, sin aliento… Survion, concentrado en cargar una de las máquinas, se sobresaltó al escuchar el grito repentino de Elizabeth.

—¡Ay, por mi madre!

No te aparezcas así…

—Dijo, girándose bruscamente.

Al verla de pies a cabeza, arqueó una ceja —¿Otra vez, te peleaste con una criatura?.

—Ah… sí, bueno… digamos que me topé con un cazador.

Y tenía unas bestias con él…

La cosa es que necesitamos irnos.

Ya.

Survion, aún nervioso, suspiró mientras se giraba hacia sus aparatos.

—Bien… pero primero necesito cargar estas máquinas en la nave.

¿Y cómo es que un cazador te está persiguiendo?

—Te ayudo —Respondió, acercándose rápidamente para agarrar una de las máquinas.

—¡Hey, hey!

Esa no.

Esa la dejaremos —Advirtió él, deteniéndola con un gesto.

Mientras levantaba otra, Elizabeth continuó: —Bueno… sobre el cazador… digamos que robé parte de la comida de una de sus criaturas, y ahora me tiene en la mira.

Sus bestias son mucho más fuertes que un Rosfresh… Dejó la máquina justo afuera de la cueva.

—¿Más fuertes que un Rosfresh?

Eso significa que… ¿¡es una criatura de nivel L!?

¡¿Quién travos sería capaz de tener una de esas como mascota!?

—¿Travos?

—Repitió ella, ladeando la cabeza mientras dejaba la caja en el suelo.

—¡Rápido!

Ven, ayúdame a cargar las últimas dos —Dijo Survion, ya corriendo de nuevo hacia el interior de la cueva.

En cuestión de minutos terminaron de agrupar todo.

Justo entonces, una nave apareció en el cielo, su estructura reflejaba los rayos del sol con un brillante color verde lima.

—(¡Sí!

¡Por fin podré volver!

Alis… Petra… ya casi voy con ustedes…) —Pensó, con el corazón acelerado.

Una luz envolvió a ambos, desdibujando sus formas en un resplandor blanco.

Pero entonces, desde la hierba, algo más saltó hacia la nave, teletransportándose con ellos… — Ibigort permanecía sentado sobre el cuerpo sin vida del Rosfresh.

A los pocos segundos, los Hemedbeod llegaron y se agacharon ante él, inclinando sus orejas hacia atrás.

Un leve gruñido brotó de sus gargantas.

—(Parece que de verdad no están por aquí…

No deberían haber ido muy lejos.

Su fisiología no está hecha para soportar el calor del desierto.

Mis Hemedbeod ya deberían haberlos localizado) Pensó mientras se incorporaba, observando la información de su casco —¿Serás tú el responsable?

Y pensar que tendrías alas… Se quedó en silencio, analizando las imágenes que desfilaban frente a sus ojos.

Durante unos segundos, su expresión permaneció imperturbable… —Tal vez no seas un cambia formas…

sino algo diferente.

Si ese es el caso, te dejaré para después… —Dijo perdiendo su mirada en el cielo.

— Elizabeth, dentro de la nave, observaba por la ventana cómo el planeta se hacía cada vez más pequeño.

—(He sobrevivido… pero por poco.

Si quiero seguir ayudando, debo entender qué soy… y qué está despertando dentro de mí.

Alis, Petra… espérenme.

Pronto estaré con ustedes.

Nos vemos, Tambora…) Y mientras su estela se desvanecía en el firmamento, Elizabeth permanecía en silencio, con la mirada fija en las estrellas, que ahora parecía más vasto que nunca.

No era solo una despedida: era el inicio de algo nuevo.

Las Rosfresh viajaban hacia su libertad, y ella, hacia un destino aún incierto, pero inevitable.

El universo seguía girando, repleto de vida, de secretos enterrados en planetas olvidados, de criaturas que aún no habían sido nombradas, y de historias que apenas comenzaban a escribirse.

Y en medio de todo eso… Pakney seguía caminando.

Porque el viaje, aunque lleno de despedidas, también estaba hecho de encuentros que cambiarían el curso de mundos enteros.

—Fin del primer volumen— REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaliaWrites El volumen 2 está en proceso.

¡Gracias por leer!

Algunos datos más: Estaturas Ibigort : 1,90 Egnis: 1,72 Survion: 1,62 Mytbronco: 8,60 de alto Droittu: 18 metros, de alto Por mi página azul podrán ver a los personajes.

Me encuentro como DaliaWrites.

(^v^)/

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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