PAKNEY - Capítulo 27
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27: La Semilla del Vacío 27: La Semilla del Vacío En las selvas perpetuamente sombrías de un planeta remoto, criaturas bípedas de cuerpo alargado y ágil, similar a un depredador prehistórico.
Posee patas traseras fuertes con garras afiladas, brazos cortos y prensiles, un cuello largo y una cabeza estrecha.
Pequeñas plumas emergen de su piel, y una cola extensa le sirve de equilibrio.
Su apariencia transmite velocidad, astucia y peligro silencioso.
Aquellas criaturas, disputaban un territorio que parecía maldito.
Sus cabezas, adornadas con tres cuernos agrietados y ensangrentados, se estrellaban una contra otra, resonando como campanas de guerra.
Tras cada choque, se inmovilizaban en un duelo de mirada, sin pestañar.
Su musculatura se hinchaba, y bajaban las cabezas lentamente, tan cerca del suelo que la tierra se partía bajo su aliento venenoso.
Gruñidos reverberaban, guturales y distorsionados, mientras giraban en espiral, acechándose con furia contenida.
Sin previo aviso, una se alzó con violencia y estrelló su cráneo contra el del adversario.
Su contrincante cayó, tambaleante, con la mirada perdida.
El vencedor no tuvo compasión: hundió sus fauces en el cuello del vencido, desgarrando carne y venas.
La criatura forcejeó, liberándose con torpeza.
Humillado, retrocedió con la cabeza gacha, símbolo de rendición.
Alzando su cuello, el ganador, rugió con arrogancia, mientras su eco viajaba por los árboles negros como presagio de muerte.
La criatura herida se arrastró lejos, dejando un rastro de sangre pútrida entre raíces retorcidas.
Tras una hora de agonía, cayó frente a la entrada de una cueva donde ni la luz se atrevía a entrar.
Su respiración se tornó errática; su visión, una neblina rojiza.
Y entonces lo sintió: algo reptaba desde las profundidades del abismo… una masa oscura con matices púrpura, palpitante como un corazón descompuesto, se acercaba lenta y decidida.
La criatura no pudo esquivarla.
La masa se deslizó por sus fosas nasales, invadiéndolo como un veneno antiguo.
El cuerpo convulsionó violentamente.
Sus ojos se pusieron completamente blancos, y luego, las pupilas regresaron… distintas.
No había dolor, ni consciencia: sólo vacío.
Se incorporó con movimientos torpes, como un cadáver que no entendiera sus propios huesos.
Cada herida fue regenerada a una velocidad impresionante.
Era como si, hubiera renacido aquella criatura, luego de inspeccionar su cuerpo.
Los recuerdos borrosos de la humillación que tuvo, volvieron a su mente, y algo dentro de él —Algo que ya no era suyo —rugió con odio puro.
La criatura corría como si el mundo la estuviera devorando por dentro.
No pensaba, no dudaba.
Solo avanzaba.
Sus patas golpeaban el suelo con furia, levantando barro y hojas podridas.
Cruzó ríos turbios que le lamían el vientre con agua helada, rompió arbustos repletos de espinas que se clavaban en su piel sin que le importara.
El dolor era parte del impulso.
El olor de su enemigo flotaba en el aire, fresco, confiado.
Lo encontró junto al río, bebiendo con calma, ajeno al desastre que se acercaba.
El reflejo del agua tembló justo antes del salto.
No hubo advertencia.
No hubo honor.
La criatura se lanzó como una sombra rabiosa.
Lo desgarró vivo.
Las garras abrieron carne, los dientes se hundieron hasta el hueso.
Su cuello crujió con un sonido que hizo temblar a los árboles.
Un chasquido repugnante… El cuerpo cayó, inútil, y el silencio se hizo por un instante.
Entonces, la criatura alzó la cabeza.
Su pecho se expandió.
Y rugió.
Un rugido que no pedía permiso.
Que no buscaba respuesta.
Que se alzó hacia un cielo sin estrellas, como si quisiera arrancarlas una por una.
El sonido de las ramas quebrándose sutilmente, como si no quisieran ser escuchadas, atrajo su atención.
Se giró bruscamente, y entonces vio.
Dos hembras de su especie lo observaban desde la penumbra, con los ojos llenos de desconfianza.
Él les sonrió… una sonrisa rota, ajena, como si algo dentro de él se burlara del concepto de empatía.
Bajó las patas delanteras y se lanzó hacia ellas, abriendo su boca como un abismo…
Años después, una nave descendió sobre aquel planeta moribundo, cubierto de cicatrices y abandono.
La compuerta se abrió con un lamento metálico, una figura solitaria emergió.
Un hombre, de unos casi dos metros, vestía un tecno-traje, de colores negro con amarillo, sus botas, crujían al hundirse en la superficie.
En el reflejo de su casco, se vislumbraban cuerpos descuartizados de criaturas grotescas.
Se acercó a ellos en silencio, agachándose para examinarlos con precisión quirúrgica.
Al tocar las heridas, el casco activó su sistema de análisis.
Fragmentos de datos convergieron hasta formar la silueta de una criatura, pero algo no cuadraba.
Las heridas eran demasiado precisas, la carnicería demasiado metódica.
Esa criatura no debería haber sido capaz de semejante masacre.
Cuanto más se adentraba en el terreno, más cadáveres aparecían, algunos enormes, con capas óseas que desafiaban la lógica de una sola victoria.
Era imposible.
Horas después, buscando los posibles lugares donde estaría la criatura responsable, halló una cueva.
En su interior, cuerpos apilados como ofrendas en un altar macabro.
Eran cazadores, incluso algunos cazarrecompensas conocidos, identificables solo al remover sus cascos corroídos.
Los rostros, descompuestos, parecían congelados en expresiones de terror.
Al avanzar unos pasos, un rugido quebró la quietud.
Los pasos resonaban desde dentro de la cueva, La criatura emergió de entre las rocas, lanzándose con violencia.
Reaccionó al instante, esquivando con precisión cada ataque.
Su traje se activó automáticamente al 90%, envolviéndolo como un escudo viviente.
La criatura lo observó con una sonrisa enfermiza, de oreja a oreja, como si estuviera deleitándose.
Rugió con furia y se abalanzó, retorciendo su cuerpo en movimientos antinaturales para intentar golpearlo.
El seguía esquivando sin dificultad, impasible.
Pero la criatura aceleró de repente con rabia, y logró marcar su mejilla.
Quebrando así el escudo que lo cubría.
Al ver la sangre, su sonrisa se amplio con una satisfacción repugnante.
Sin embargo, el sujeto, frío como la superficie del planeta mismo, extrajo una pistola de plasma y disparó a sus patas.
La criatura evadió el ataque ágilmente, y se lanzó directo a hacia él.
En ese instante, el traje se apagó.
La criatura cayó al suelo como si la gravedad se hubiera duplicado, desorientada.
Sin saber lo que había pasado, trató de levantarse, pero el, disparó de nuevo, esta vez directo al cuello.
El proyectil se fragmentó al impacto, liberando un líquido que se propagó por todo su sistema.
La criatura se retorció, poco a poco perdía la conciencia.
Sus ojos, clavados en su oponente hasta el último aliento de lucidez, hasta que el silencio se convirtió en su único pensamiento… Mientras la criatura era escoltada hacia la nave por una raza erguida, de complexión firme y rostros cubiertos de múltiples ojos parpadeantes.
Ya encerrada en su jaula de contención, el momento se quebró con el sonido abrupto de una llamada.
Cómo si no hubiera pasado nada, contestó: <<Xiangustipa, sabes mis precios…>> REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaliaWrites Luego de una larga pausa, ya estoy renovada.
Esta nueva parte, tendra mucha acción y descubrimientos de diversos puntos claves del la historia.
Espero les guste.
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