PAKNEY - Capítulo 29
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29: Rumbo a Zuazmorchi 29: Rumbo a Zuazmorchi Después de abandonar el planeta Tambora, Elizabeth y Survion se dirigían hacia un nuevo destino.
Sin embargo, algo había entrado en la nave junto con ellos… —Bien, siéntate por allá —indicó Survion, señalando una mesa de centro rodeada por varios sofás.
El interior de la nave parecía más un apartamento común que una máquina espacial.
Al fondo, una amplia ventana permitía divisar las estrellas, como si fueran joyas incrustadas en la negrura del universo.
La nave contaba con su propia gravedad, lo que hacía aún más natural aquella sensación hogareña.
Survion, sin perder tiempo, corrió hacia la cabina de mando.
Frente a él se desplegaba un enorme mapa galáctico lleno de números y coordenadas que tecleaba con agilidad en la consola.
Fue entonces cuando Elizabeth sintió algo peludo bajo sus pies.
—(¡Oh!
¡Es un Ukra bebé!) —pensó emocionada.
Sin dudarlo, lo alzó entre sus brazos con ternura, y se dejó caer sobre uno de los sofás.
El pequeño Ukra permaneció quieto, disfrutando de las caricias.
—Pensé que las naves serían… diferentes —murmuró Elizabeth, mientras acariciaba al animal—.
(Ahora que lo pienso, ¿será posible vivir aquí sin problemas?) Survion, tras terminar de programar la ruta, regresó hacia ella, pero se sobresaltó al ver al Ukra en sus brazos.
—Ya fijé el rumbo hacia… ¡¿Qué haces con un Ukra?!
—Se coló en la nave… ¿¡No es hermoso!?
—Elizabeth lo acercó a su rostro y le dio un beso en la cabeza.
Survion suspiró.
—Bueno, luego lo devolveré… mientras tanto, tú limpiarás sus desechos.
—¿Por qué yo?
—protestó, entrecerrando los ojos.
—Porque dices que es hermoso, ¿no?
—(Tss…) ¡Está bien!
No importa… Survion asintió y añadió: —Llegaremos a Zuazmorchi en unas dos horas.
Mientras tanto, quiero mostrarte algo.
Se dirigió a unos gabinetes cercanos a la cocina y sacó un extraño aparato cuadrado con una esfera cristalina en su centro.
Al darle la vuelta, se notaba un orificio con placas, diseñado para sostener algo.
—Dame la gema que me mostraste —pidió amablemente, extendiendo la mano.
Elizabeth dejó caer de sus escamas la gema, y se la entrego.
—¿Qué vas a hacer?
—preguntó con curiosidad, recordando un dispositivo similar que había visto en manos de Alis: un hologramador.
—Solo observa.
Survion introdujo la gema en el artefacto, y de inmediato este se encendió, proyectando paisajes montañosos y cielos azules en el aire.
Elizabeth comprendió al instante: aquella gema no solo era un adorno, era capaz de generar energía.
—¡Wow!
Ahora entiendo porque es tan valiosa… —Sí, aunque no es la única capaz de producir energía.
La diferencia es que esta es infinita.
Este fragmento bastaría para alimentar una ciudad entera —respondió él, contemplando las imágenes con un dejo de melancolía.
—Infinita… —murmuró sorprendida—.
Espera, ¿me dices que un trozo tan pequeño puede dar energía a toda una ciudad?
¡No es de extrañar que Mytbronco la llamara la gema de la vida!
—Tal vez.
O quizá sea porque literalmente da vida al planeta.
Investigaciones demostraron que emite ondas que estimulan el crecimiento de las plantas, además de generar minerales y sales en el suelo.
Es gracias a esta gema es que el planeta sigue vivo.
El problema es que tarda un año entero en formarse.
Antes podían encontrarse incluso en las raíces de los árboles, pero ahora solo nacen en lo más profundo de la Tierra… Elizabeth intentó verle el lado positivo.
—Míralo así: sin esas tres minas, el planeta podrá recuperarse.
Y con Mytbronco involucrado, dudo que encuentren más.
—Exacto.
Quizá en el futuro podamos regresar.
Aunque lo dudo… Mi raza ya no volverá.
Con toda la tecnología y la economía que hay afuera, regresar sería como empezar de cero.
Ha pasado demasiado tiempo desde que nos expulsaron… Lo observó con seriedad.
—¿Tú sabes qué pasó realmente con los Zure?
Survion guardó silencio un momento antes de contestar: —La verdad, recuerdo poco.
Era un niño cuando un Closa compró el planeta.
Algunos estaban molestos por la reubicación.
Escuché disparos en la lejanía, pero yo ya estaba subiendo a una nave, así que no vi nada.
Después supe, por fuentes en la red Uny, que varios Zure habían muerto.
Desde entonces me propuse recuperar nuestro mundo.
Bajó la mirada y continuó: —Cuando apareció la FIU pensé que al fin sería posible, intenté unirme, pero no fui aceptado.
Así que decidí hacerlo a mi manera: estudié los suelos durante años.
Fue entonces cuando conocí a Romori, nos hicimos grandes amigos.
—Sonrió al recordar.
—Al saber que trabajaba para la FIU me ilusioné; pensé que mis análisis tendrían peso.
Le mostré todo, y a través de él lo presenté a la FIU, pero no funcionó.
Dijeron que necesitaban estudios más profundos.
Así fue como terminé comprando mis propias máquinas para seguir investigando.
Y ya sabes el resto… —la miró con una mezcla de resignación y reproche—.
Seguí con mis análisis hasta que tú… lo destruiste todo.
—Oye, me haces ver como si hubiera tirado todo tu esfuerzo a la basura… —Jajaja, un poco sí.
Pero, ¿quién soy yo para criticar al destino?
—respondió con media sonrisa, apagando el hologramador y devolviendo la gema.
Hizo una breve pausa y añadió con un bostezo—: Quiero darme un buen baño y luego dormir un rato.
Si me necesitas, háblame.
Se dirigió hacia uno de los cuartos cercanos a la cocina y, antes de entrar, señaló una puerta contigua.
—Por cierto, ahí tienes un cuarto libre.
Tiene cama, baño… y, bueno, creo que lo necesitas urgente —dijo, mirándola de pies a cabeza, cubierta de tierra y sangre.
Sin esperar respuesta, cerró la puerta tras de sí.
—¿Gra… gracias…?
—murmuró Elizabeth, sonrojada y algo incómoda, aunque debía admitir que tenía razón.
La puerta volvió a abrirse de golpe.
—Ah, y llévate al Ukra.
Mantenlo vigilado, no quiero que muerda los muebles.
La cerró otra vez sin más.
—Está bien… —Cargó al pequeño Ukra entre sus manos, y lo miró a los ojos brillantes—.
¿Prometes no morder nada, sí?
La criatura movió apenas los bigotes, haciéndola soltar una exclamación encantada.
—¡Ay, pero qué ternurita eres!
—dijo, hundiendo la nariz en su pelaje para olerlo con cariño.
Al entrar en la habitación, notó que las puertas tenían el mismo sistema que en la casa de Alis.
Dejó al Ukra en el suelo y lo observó acicalarse mientras ella, por costumbre, se llevó las manos a la ropa… para luego reírse de sí misma al recordar que no llevaba nada.
—Jajaja… qué cosas… Después de una larga batalla limpiando cada escama de su cuerpo, salió fresca y renovada.
Observó el cuarto: una cama bien tendida, un armario con un espejo de cuerpo entero y, junto a la puerta del baño, bolsas con flores medicinales que reconoció de inmediato.
—Bueno… supongo que de algo tiene que sostenerse —susurró, admirando el detalle mientras se secaba.
De pronto, una sensación en su interior le llamo la atención.
Cerró los ojos y se concentró, dejándose transformar.
Visualizó su forma abstracta y comprendió, como siempre, la magnitud de la metamorfosis.
Esta vez, su cuerpo tomó forma humana.
Se miró en el espejo, sorprendida.
—Oh… sabía que era humano, pero… no que era hombre… Ersod salió disparado de su interior, posándose justo frente a ella, cubriéndole las partes íntimas con brusquedad.
—(¡Quita esa transformación en este instante!) —gritó alterado.
—¿Qué pasa?
—preguntó ella, divertida.
—(¡Ese es mi cuerpo!
¡No me hace ninguna gracia verte usándolo!) —Pues ya te vi todo —dijo Elizabeth con una sonrisa maliciosa.
—(¡No me importa!
¡Me incomoda demasiado!) —replicó, nervioso.
—¿Piensas que haría algo raro con él?
—(¡Elizabeth!) —exclamó con desesperación.
—Ya, ya… cálmate, pareces peor que una vieja —se burló.
Suspirando, regresó primero a su forma de lagarto y, acto seguido, volvió a transformarse en humana, pero esta vez como mujer.
Sus ojos brillaron de emoción y dio un salto de alegría.
—¡Sí!
¡Cómo extrañaba este cuerpo!
—exclamó, abrazándose a sí misma.
Ersod la miró fijamente, como un artista ante su obra.
—(Hmm… no está mal) —dijo, asintiendo con la cabeza.
Se giró de inmediato, cubriéndose con torpeza.
—¡Qué miras, marrano!
—(Bah, ya te vi) —respondió con ironía.
Ella frunció el ceño.
—Entonces no debería molestarte que use tu cuerpo… —(Tú lo dijiste, mientras no hagas nada raro no me importa.
Además… cada vez que te transformes en ella, o en alguna otra mujer, podré admirarlas tranquilo) —comentó con una sonrisa pícara.
—¡¿Sabes que puedo escucharte, verdad?!
¿¡Acaso estoy ligada a un pervertido?!
—le lanzó una almohada, aunque atravesó el cuerpo espiritual sin hacerle daño.
—(Qué bueno es ser espíritu… ) —rió él.
—¡Maldito…!
—Elizabeth lo fulminó con la mirada antes de volver a su forma de lagarto.
—(Ajam… cambiando de tema… —Ersod carraspeó—.
No hiciste lo que te pedí.) —Ah… sí, lo sé.
Perdón.
Pero cuando llegue a Zuazmorchi comeré todo lo que pueda.
—(Eso espero, por tu bien… y por el de los demás) Sentándose en la cama, Elizabeth rompió el silencio: —Por cierto… ¿sabes qué fue lo que pasó aquella vez que casi se me explotan los huesos?
—(También lo sentí… era como si algo quisiera salir.
Tal vez una advertencia de tu propio cuerpo.
Lamentablemente, no sé qué será).
—¿Será porque no he hecho del cuerpo en todo este tiempo?
—(No.
Tu organismo convierte todo en energía, no deberías preocuparte por eso.
Lo extraño es que, al estar conectados, tu cuerpo trabaja de una manera distinta… incluso para mí es un misterio.
Jamás había sido un espíritu menor).
—¿Y cómo fue que pasó?
¿Te maldijo una bruja o qué?
—(¿Conoces los Templos, verdad?) —Sí… ¡espera!
¿¡Ya estuviste en uno!?
Ersod dejó escapar un suspiro pesado.
—(Desde niño me fascinó el universo, y con los años descubrí rumores sobre Templos ocultos en distintos mundos: lugares llenos de maravillas, riquezas y poder.
Decían que quien superara sus pruebas podía obtener dones increíbles.
Entonces me adentré en el ocultismo: conocí personas que hablaban con fantasmas, otros que invocaban criaturas, y magos capaces de crear fuego, agua desde la nada.
Pasé cincuenta años buscando… hasta que en una luna remota encontré uno).
Sus ojos brillaron al recordar.
—(Allí conocí a Kether, uno de los diez Nebessny, guardianes de los Templos.
Él me habló de las pruebas del alma, únicas para cada persona, y me entregó un arma: una lanza cubierta de grabados que latían como un corazón vivo… pronto entendería su propósito.
Intenté superar una de las pruebas, pero fallé varias veces en una, hasta que… desperté convertido en esto).
—Abrió los brazos, mostrando su forma espectral.
—Un espíritu menor… —murmuró Elizabeth, pensativa.
—(Exacto.
Es un castigo.
Kether me dijo que hasta que no aprenda de mi >>debilidad<< jamás podré recuperar mi forma).
—¿Y cuál fue esa prueba?
Ersod comenzó a sudar, luchando por no pensar en ello.
Pero era inevitable.
—(Yo… bueno…) —¡Ahhh!
¡Con que así te gustan!
¡Con grandes atributos!
—rió Elizabeth.
—(¡No!
¡Tu cuerpo también es glorioso!
Pero allí… las ilusiones eran más intensas).
—Entonces sí eres un pervertido.
—(No exageres… Soy un artista, con buen ojo para los detalles).
—Claro… lo que yo veo es que adornas tu >>debilidad<< —cruzándose de brazos.
—(¿Y tú qué?
Hablas de mí, pero yo sé que mi cuerpo también te pareció muy…) —¡Ahhh, calla!
—exclamó, enterrando la cara en la almohada.
—(Je, sé que soy un galán, no lo niegues).
Levantando la cabeza, Elizabeth preguntó: —Si es así, ¿por qué no tienes una novia?
El silencio se extendió unos segundos.
—(Como te decía… cuando lleguemos a Zuazmorchi, quiero que utilices mi cuerpo).
—¡Eres un espanta viejas!
¡Ya lo sabía, pervertido!
—(¡No!
¡Escucha bien!
Lo digo en serio.
Mi cuerpo tiene el registro Uny.
Eso te ayudará a pasar desapercibida.
Después podrás conseguir otro cuerpo, pero de momento lo necesitas).
Elizabeth lo miró sorprendida, y luego sonrió.
—Pensamos igual, justo iba a preguntarte lo mismo.
—(Espero que Survion sea alguien confiable.
No percibo maldad en su aura… pero el miedo y la avaricia pueden torcer a cualquiera).
—Yo estoy casi segura de que no es mala persona —dijo ella con una sonrisa radiante.
—(Eres demasiado positiva.
Pero si conseguimos dinero… ¿Dónde piensas guardarlo?).
—Pues… ¿en un banco?
¿Tú me ayudas a abrir una cuenta?
—(Te olvidas que no lo harás con mi cuerpo) —replicó con los brazos cruzados.
—Por eso compraré el registro con otro cuerpo.
—(¿Y cómo conseguirás la sangre para el cambio?… Oh, ya veo: pensaste en mí).
—Exacto.
¿Puedes hacer un poco de magia?
Algo para distraerlos mientras tanto.
—(Lo intentaré.
Haré lo que pueda con mi poder.
Espero si funcione…) —Perfecto, ¡hay que intentarlo!
—dijo Elizabeth, decidida.
….
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