PAKNEY - Capítulo 3
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3: Mis estándares geneticos…
3: Mis estándares geneticos…
Ruio sonrió con una calma casi filosófica —¿Sabías que en Ogan existe una antigua creencia sobre los Greicrooz?
—Dijo mientras observaba una pequeña figura tallada sobre la mesa —Se cuenta que estas criaturas no atacan a los de buen corazón.
Miran directamente a los ojos, a las ventanas del alma, y juzgan la verdadera esencia de quien tienen delante.
Elizabeth entrecerró los ojos, cruzándose de brazos.
—(Ogan…
así que así se llama este planeta…) —Conteniendo una mueca —(Pero evadió completamente mi pregunta) —Qué fascinante…
y también algo espeluznante.
Me imagino que los que no pasaban la prueba…
no la contaban.
Ruio asintió con gravedad.
—Exacto.
Por eso los llaman los jueces de Ogan.
No son criaturas dóciles.
Si perciben una amenaza, no dudan en atacar.
—¿Tú los has comido?
—Preguntó ella de pronto.
—No.
Y aunque no lo haya hecho, saben que soy cazador.
Su instinto es prodigioso.
Sería un suicidio acercarme.
Elizabeth tragó saliva, incómoda.
Miró brevemente hacia la entrada, recordando cómo habían llegado hasta allí.
—Entiendo… —Pensó —Espero que no piensen mal de mí por haberlos llevado hasta aquí… —Por cierto —Dijo con tono más casual —¿Qué raza habita Ogan?
Ruio sonrió.
—Una muy conocida en el universo: los Humanitos.
Elizabeth parpadeó.
—¿¡Como yo!?
—Exclamó en su mente, aunque por fuera solo murmuró —Ah… —Al principio asumí que eras local —Continuó él —Pero al ver que no hablabas el idioma, terminé comunicándome con señas.
¡Fue divertido!
—¿O sea que mi raza es la más común del universo?
—Se dijo, algo aliviada —Al menos así paso desapercibida… —Sí.
Me sorprendió que no fueras de aquí.
Pero no hay problema, puedo buscarte en el registro de la Uny.
Y si no estás allí, tengo una amiga que podría ayudarte.
Se levantó y rebuscó entre una repisa atestada de objetos hasta dar con unas gafas redondas.
Al ponérselas, pequeñas pantallas holográficas comenzaron a proyectarse frente a sus ojos.
—(¿Registro?) —Pensó Elizabeth —(Debe ser como una identificación universal).
—Es vital para tu seguridad —Explicó Ruio —Sin él, las dos organizaciones más peligrosas del cosmos podrían hacerte daño…
¿Cómo se llama tu planeta?
Elizabeth se tensó.
—(¿Dos organizaciones peligrosas?
Binad, eso no lo mencionaste…) —Inspiró profundo para calmarse —Mi planeta se llama Tierra.
Ruio soltó una risa ligera.
—¡Qué nombre tan bonito para un planeta!
—Sí…
parece que no se esforzaron mucho —Respondió ella con una sonrisa incómoda.
—Es un nombre común.
Cambia la pronunciación según el planeta, pero el significado permanece.
No estás sola en eso.
—Ya veo… al menos algo familiar.
Ruio entrecerró los ojos al revisar los datos que flotaban ante él.
—Tu idioma no está en la red Uny.
Eso significa que tu planeta aún no ha sido descubierto.
Para registrarte, necesitas trabajar.
Es costoso.
¿Eres menor de edad?
—Sí, según las leyes de mi país.
—¿País?
—Las gafas brillaron un instante —Interesante… Aquí no hay países.
Solo ciudades con una autoridad central.
Eso indica que tu mundo sigue en fase Evoluty.
—¿Evoluty?
—Así se llama a los planetas que aún ignoran la existencia de vida extraterrestre.
La FIU —Fuerza Intergaláctica Universal —Los protege, pero no interviene, ni siquiera en conflictos o guerras.
Solo cuando alcanzan cierto desarrollo se integran.
—¿Y qué tiene que ver con estar divididos?
—Las divisiones políticas frenan el avance.
Generan guerras.
Frenan la evolución.
Por eso muchos planetas así se estancan…
o se extinguen.
Elizabeth bajó la mirada.
—(Mi planeta encaja perfectamente en esa descripción…) —Murmuró mentalmente.
—¿Podrías darme un cabello?
—Pidió Ruio.
—¿Para qué?
—Voy a analizar tu ADN.
Así sabremos tu compatibilidad alimentaria, médica, tecnológica…
—Oh, ya.
Aquí tienes.
Él tomó el cabello con cuidado y lo colocó en un pequeño dispositivo circular que tomo del mismo estante.
Al instante, el mechón fue desintegrado, y en su lugar, una imagen con extraños símbolos apareció suspendida en el aire.
Ruio frunció el ceño por un segundo, pero luego volvió a sonreír.
—Sorprendente…
Puedes consumir el 90% de los alimentos de la Uny.
¡Tienes estómago de acero!
—¿Algo más en ese análisis?
—Preguntó, sospechando del cambio en su expresión.
Ruio señaló los símbolos que flotaban ante ellos.
—Estos representan tu compatibilidad genética con tecnología, medicina y ambientes de otros planetas.
Puedes usar el 70% de nuestra tecnología sin problemas.
Y toleras entre un 50 y 55% de nuestras sustancias médicas.
—Eso es útil…
pero…
¿por qué parecías preocupado?
Ruio dudó un segundo.
Luego, con gesto serio, apuntó un símbolo en particular.
—Tu ADN es 100% susceptible a alteraciones biogenéticas.
Nunca había visto algo así.
El máximo registrado era 80%.
—¿Eso es… malo?
—Preocupante.
Las dos organizaciones más grandes en el universo —Los Desolladores y los Scriens— comercian con ADN.
Y cuanto más adaptable, más valioso.
Elizabeth palideció.
—(¿Podrían… usarme como material genético?
¡¿Qué clase de universo es este?!) —Exacto.
Los Desolladores modifican tejidos vivos.
Y los Scriens… ellos son capaces de reescribir por completo un código genético.
Transformar a un humanito… en un Greicrooz, por ejemplo.
—(¡Esto es una locura!
Justo tenía que ser yo la más >>valiosa<< del mercado negro intergaláctico…) —¿Y no existen leyes que prohíban eso?
—No leyes.
Solo acuerdos.
La FIU logró negociar medidas para frenar desapariciones y mejorar la seguridad.
Así nació el registro.
Y también centros de protección.
—¿Ogan tiene uno de esos?
—Sí, pero no está activo.
Se abren cada 100 años, solo por una hora.
El próximo…
será en 48 años.
Elizabeth apoyó los codos en la mesa, abrumada.
—(Este universo está completamente trastornado…) Ruio…
—Dime.
—¿Dijiste que el registro me protege, cierto?
¿Hay formas más rápidas de obtenerlo?
—Sí, existen registros falsos.
Pero solo ayudan a pasar desapercibido.
No garantizan seguridad real.
—¿Y cuánto tiempo dura un registro?
—No es por años, sino por la vida útil de tu ADN.
Un humanito puede vivir hasta mil años.
El registro cubre la mitad.
—(¿Mil años?
¿Será posible que yo también…?
¡Qué locura!) —Voy a hacer una llamada —Dijo Ruio, levantándose —Mientras tanto, te traeré algo de beber… Elizabeth quedó en silencio, observando las luces flotantes que parpadeaban en el aire.
—(Un universo lleno de maravillas, misterios…
y peligros que ni siquiera Binad se había molestado en mencionar…
¡Que clase de ángel es, que ni siquiera me dijo algo como esto!)…
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