PAKNEY - Capítulo 32
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Capítulo 32: Pactos y despedidas
La vendedora se retiró un momento, dejando a Elizabeth y a Survion en un silencio que se extendió como una brisa tranquila en medio del enorme hangar. Pasaron unos minutos hasta que Survion, con cierta vacilación en la voz, rompió el silencio:
—Supongo que… aquí nos despedimos. —Dijo cruzándose de brazos.
—Sí… —respondió Elizabeth, bajando un poco la mirada.
—Puedo… compartirte mi número, por si llegas a necesitar mi ayuda —dijo, dudando internamente si debía seguir hablando, pero al final ignoró la voz en su cabeza que le pedía callar.
—¡Por supuesto! Aunque… necesitaría comprar un Xuio —Recordando que necesita uno.
—Sé dónde venden unos buenos. Ahora que nos entreguen las naves te ayudo a conseguir uno.
—Te lo agradecería mucho. Has sido bastante tolerante conmigo, jajaja.
—Nah, no es nada. Romori es peor, ese no se calla jamás. Una vez me habló de todo el reglamento de la FIU… casi cinco horas escuchándolo. A la primera ya estaba que me dormía. —sacudió la cabeza recordando—. También me contó que lo mantenían rotando entre los grupos de compañeros de cuarto. Yo pensé: si con solo unas horas ya me deja con agotamiento mental, ¡imagínate tenerlo las 24 horas!
Elizabeth no pudo evitar reírse con la imagen que se formaba en su mente, y al ver que Survion también esbozaba una ligera sonrisa, la suya se ensanchó.
—Sabes… —dijo con un tono más suave, apartando la vista hacia el cielo antes de volver a mirarlo—. Si alguna vez necesitas un compañero de viajes de confianza… puedes acudir a mí…
Survion se sorprendió un poco ante sus palabras y, al observar la naturalidad con la que las dijo, soltó una carcajada sincera.
—Lo tendré en cuenta.
—
Un fuerte estruendo metálico resonó en el aire cuando los portones de la bodega comenzaron a abrirse lentamente. Un haz de luz azulada se filtró por la rendija creciente, iluminando el suelo como si el mismísimo cosmos quisiera darles la bienvenida.
Primero salió un vapor blanco, denso y frío, que cubrió el suelo como una neblina misteriosa. Entre ella, las sombras de dos enormes figuras comenzaron a tomar forma.
Elizabeth contuvo el aliento al ver cómo su nave, Ukraxia, emergía majestuosamente de la oscuridad.
La estructura azul y roja brillaba bajo la luz de los focos, los bordes metálicos relucían como si recién hubieran sido forjados. Los nano paneles de su casco emitían un resplandor intermitente, y su nombre, grabado en letras luminosas, se encendió en el lateral: UKRAXIA.
—(Es hermosa… es como ver a un coloso espacial nacer frente a mí…) —pensó Elizabeth, con los ojos abiertos como platos.
A su lado, la nave que Survion había elegido floto hacia la plataforma. De líneas sobrias y aspecto robusto, parecía hecha para resistir cualquier travesía. Su diseño inspiraba respeto; era menos llamativa que Ukraxia, pero transmitía seguridad y fuerza.
Un estruendo seco marcó el momento en que ambas naves encendieron sus sistemas principales. Motores gravitacionales comenzaron a vibrar con un zumbido profundo que se expandió por todo el hangar, haciendo temblar el suelo bajo sus pies. Las luces exteriores se encendieron una a una, iluminando sus siluetas como gigantes despiertos.
La vendedora, con un orgullo que apenas podía ocultar, anunció:
—Aquí están, listas para sus nuevos dueños. El sistema ya fue vinculado a sus registros, por lo que solo ustedes podrán comandarlas.
Elizabeth dio un paso al frente, sintiendo que el corazón le latía más rápido. Al mirar a Ukraxia, tuvo la sensación de que la nave la estaba esperando, como si el vínculo hubiera comenzado desde el momento en que cruzó su interior.
Survion, en cambio, se quedó inmóvil unos segundos, admirando su nave en silencio. Luego, sin poder contener una sonrisa de satisfacción, murmuró: —No puedo creer que después de tantos años… al fin es mía.
Las compuertas traseras se cerraron con estrépito, y las naves quedaron estacionadas frente a ellos, brillando con majestuosidad, como dos fieras listas para ser liberadas en la inmensidad del espacio.
Elizabeth acarició el lateral de Ukraxia, sintiendo bajo su palma el cosquilleo de los nano circuitos en movimiento.
—(Esto ya no es solo una nave… es el inicio de un nuevo viaje).
—
Después de que la vendedora se despidiera con una sonrisa, Survion y Elizabeth salieron del parqueadero, dejando sus naves aseguradas para recogerlas más tarde. Caminaron unas cuadras hasta llegar a un punto de venta.
Dentro del local, Survion la ayudó a escoger un Xuio adecuado. Tras unos minutos de configuración, ya estaba listo para usarse.
Afuera, bajo la luz suave de la calle, ambos intercambiaron sus números con una leve sonrisa, como si aquel simple gesto sellara un pequeño pacto de confianza.
—Bien, ya quedó —dijo ella, guardándose el Xuio en el bolsillo del pantalón.
—Entonces te llamaré… ya sabes, por si algún día quiero viajar por el espacio… o más bien, quedarme varado en el fango —añadió Survion con tono burlón.
—¡Hey! Eso fue un accidente.
—Jajaja, lo sé, es broma. Cuídate hasta que llegue ese día.
Survion le extendió la mano con una sonrisa amistosa. Elizabeth la estrechó con firmeza, correspondiendo con una sonrisa traviesa
—Tú cuídate más, enano, que casi se cagó en los pantalones al ver un Rosfresh.
—¡Eso es de sentido común! Algo que tú no tienes…
—¿O sea que sí te cagaste? —lo miró con ojos burlones.
—¿Qué? ¡No! No me refería a eso… ¡Olvídalo! —río nervioso—. Adiós, Pakney.
—Hasta que nos volvamos a encontrar. ¡Adiós!
Elizabeth lo observó hasta perderlo entre la multitud. Por un instante, la ciudad se sintió demasiado grande, demasiado ruidosa. Pero fue entonces que se acordó del Ukra…
—¡Es verdad! ¡Se me olvido despedirme de Yumi! —Agarrándose la cabeza, miro hacia el cielo de aquel planeta, las estrellas titilaban pasibles sobre el firmamento… Parecía como si formaran la figura de Yumi.
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