Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

PAKNEY - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. PAKNEY
  4. Capítulo 5 - 5 Ogan
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: Ogan 5: Ogan Tras unos breves instantes, una ciudad comenzó a perfilarse en el horizonte.

Las construcciones se alzaban como siluetas metálicas y curvas brillantes que emergían del paisaje extraño, reflejando la luz del cielo.

—¿Cómo te encuentras ahí atrás?

Gritó Alis, su voz apenas audible por el viento que cortaban a gran velocidad.

Aquel ser antropomórfico mantenía el control del vehículo con destreza, deslizándose por el aire con naturalidad Elizabeth no respondió enseguida.

Iba absorta en la inmensidad del mundo que se desplegaba ante sus ojos.

Un cielo teñido de azul profundo la envolvía, y destellos verdes se movían como auroras suspendidas.

Arriba, dominando el firmamento, una gran luna proyectaba un resplandor tenue, como si sus luces danzaran en espiral sobre su superficie.

Más allá, una luna más pequeña la seguía, tímida, como una compañera silenciosa.

—¿Cómo estarán todos en casa…?

—Pensó Elizabeth en voz baja, mientras un nudo de nostalgia se le formaba en el pecho.

Se preguntaba si alguna vez volvería a verlos.

—Elizabeth, ¿todo bien contigo?

—La voz de Alis volvió a traerla al presente.

—¡Ah!

Sí, sí, todo bien —Respondió rápidamente —Es solo que… nunca había visto un planeta distinto al mío.

Estoy maravillada.

Alis soltó una risa leve, cargada de comprensión.

—Lo entiendo perfectamente.

El universo está lleno de maravillas, y tú apenas estás comenzando a descubrirlas.

Recuerdo una vez que estuve en un planeta cuyo cielo parecía un espejo gigante.

Reflejaba todo: los árboles, el suelo…

Los rayos solares, al chocar contra su atmósfera, creaban la ilusión de que estábamos sumergidos bajo el agua.

Era como volar dentro de un océano de cristal.

—¡Qué interesante!

—Exclamó, los ojos llenos de asombro.

—Quizás algún día pueda mostrártelo —Respondía Alis, con un dejo de nostalgia.

—Me encantaría —Dijo ella, con una sonrisa sincera.

—¿Has pilotado alguna vez uno de estos?

¿O en tu planeta no llegan a estas tecnologías?

—Jamás.

Como dices, no contamos con ello.

Es asombroso, ¡se siente como si realmente voláramos!

Una risa ligera escapó de Alis.

—Te comprendo.

Cuando la adquirí por primera vez, me invadió la misma sensación.

Podría elevarnos mucho más, pero las regulaciones limitan la altura a sesenta centímetros.

Lo habitual es mantenernos a cuarenta del suelo.

—Supongo que es para prevenir accidentes aéreos.

—Exactamente.

Así se reduce el tráfico.

Algunos pueden volar más alto, pero necesitan un certificado especial y pruebas de reflejos.

—Ah, ya veo…

Alis señaló hacia el frente.

—Observa, ya estamos llegando a Ecer, la metrópoli comercial más grande de Ogan.

Muchos vienen aquí a comerciar.

Los rascacielos se alzaban como gigantes de acero.

Elizabeth no podía evitar mirar en todas direcciones: estructuras peculiares, hologramas vibrantes, anuncios que flotaban en el aire, y figuras robóticas que se desplazaban entre la multitud.

Sus pensamientos danzaban en su mente, maravillados.

—Aquello que ves allá es el corazón verde de Ecer, el parque central conocido como Ecerqui.

Su nombre rinde homenaje a los árboles más venerados de Ogan.

Sus copas generan el 80% del oxígeno fresco de la ciudad.

Por eso la metrópoli se llama Ecer.

Se acercaron al parque, deteniéndose frente a una de las entradas.

Esperaban el cambio de color de lo que parecía un semáforo.

—Son tan lindos…

—Murmuró Elizabeth, observando los árboles de hojas rosadas y no más de dos metros de altura.

Lianas colgaban de sus ramas, cargadas de hojas diminutas y flores similares a orquídeas, de un azul oscuro que se tornaba blanco en sus bordes.

—Por la noche, bajo el resplandor de las luces de la ciudad, su belleza se magnifica aún más —Dijo Alis, contemplativa.

Retomaron su trayecto por callejuelas de distinto ancho.

Al llegar a una esquina, Alis se detuvo y miró a Elizabeth.

—Espera aquí.

Dejaré la Xoio con un amigo que me la cuidará.

Vuelvo enseguida.

—Entendido, ve —Respondía ella, pensativa.

(Es extraño interactuar con un ser antropomórfico, aunque después de todo lo que he visto, ya nada me sorprende).

Recordó al ser que vio en el camino: cuerpo humanoide, tentáculos en la espalda y cabeza, y otras rarezas que ahora parecían normales.

Al poco tiempo, Alis regresó.

—Perfecto, cuanto menos sepan de ti, mejor.

Sigamos.

Caminaron unos metros hasta que Elizabeth se detuvo, dudosa.

—Ah, Alis…

—¿Sí?

—Me preocupa que, nunca he trabajado en nada…

Además, no poder trabajar por mi edad.

Alis soltó una carcajada suave.

—¡¡Así que eso te tiene inquieta!?

No te preocupes, muchas empresas aceptan menores, y todo se aprende, Eli.

Así que deja eso en mis manos.

Elizabeth sonrió, aliviada.

—Ah…

Ya veo.

¿Y sobre el registro?

¿Qué tan seguro es?

(Espero que no sea difícil conseguirlo…) —Verás, como es ilegal, si rastrean el código fuente podrían descubrir que es falso.

Los legítimos están en las bases de datos de las empresas.

—(Binad, espero me ayudes con tus poderes de Ángel…) ya…

—Solo si te rastrean.

Si no, simplemente te dejarán ir.

Hemos llegado.

Elizabeth miró alrededor.

—Mmm…

solo veo una pared con dibujos de puertas de colores.

—Parecen dibujos, pero son electro-puertas.

Están camufladas.

—Oh…

creo que entiendo.

—Nos llevarán a un apartamento oculto entre estos edificios.

—¡Como un teletransportador!

—Exacto.

—¿Cómo supiste de estos apartamentos tan inusuales?

—Eso te lo contaré luego.

Toma mi mano.

Elizabeth obedeció, con la mente llena de preguntas.

—No la sueltes hasta que hayamos pasado.

Asintió.

Juntas atravesaron una puerta amarilla, luego una naranja, y por último una lila.

—Esta es la última —Dijo Alis, señalando varias puertas.

—Pero ninguna de esas lleva al apartamento, ¿cierto?

(debe de tener algún truco, si es que son apartamentos ocultos…) —A simple vista no.

Usa esto —Sacó un anillo y lo apuntó hacia la puerta azul, que cambió a negro y blanco parpadeante.

—¡Qué interesante!

(¡Si tenia razón!) —Curiosamente, fue alguien que nunca imaginé quien me enseñó este truco.

Con el tiempo se volvió mi mejor amiga.

—Espero poder conocerla.

¿Podemos confiar en esa puerta?

(Parece averiada…

¡y si me desintegra!) —Yo también tuve mis dudas.

Pero era eso o morir despedazada por los desolladores.

Pensé que desintegrarse era mejor final.

¿Quieres un momento para digerirlo?

—(Los desolladores la perseguían en aquel momento, ¿será esa la razón por la que Alis y Ruio se separaron?

Espero que me cuente más adelante) No te preocupes, no tengo miedo —Dijo Elizabeth, esbozando una sonrisa temblorosa.

—Ah, ya veo —Soltó la mano —Entonces puedes ir tú primero sin problema.

—Bueno…

sí.

Si tú pasas todos los días, no hay de qué temer.

(Espero que no sea diferente para seres de otros universos).

—Bien, ve entonces.

Elizabeth miró la puerta, dio un paso atrás y corrió hacia ella.

Justo antes de atravesarla, escuchó la voz de Alis: —Espero que no le tengas miedo a las alturas…

—(¡¿A qué se refiere con eso?!) Del otro lado, un pasillo estrecho la recibió.

A la derecha, aprecia no tener muro el edificio.

Se adhirió a la pared, con el corazón agitado.

—¡Oh, así que le temes a las alturas!

—Dijo Alis con una sonrisa burlona.

—Sí, ríete de mi miedo…

—¡Jajaja!

No te preocupes.

Puedes alejarte de la pared.

Parece una gran caída, pero hay un vidrio que te protege.

—Hmm…

no lo parece —Contestó, sin moverse.

Toca la superficie.

Varios cuadros transparentes emergen —Está equipado con nanotecnología.

Lo implementé para ver el exterior.

—(Oh…) Aun así…

prefiero quedarme de este lado —Dijo mientras avanzaba con cuidado hacia la puerta al final del pasillo Alis sonrió con un atisbo de malicia mientras contemplaba el paisaje.

—Bueno, te advierto que mi apartamento también tiene esta vista.

Me gusta sentirme como si estuviera caminando en el aire…

Elizabeth arqueó una ceja, disimulando su incomodidad con una sonrisa forzada.

—Claro… Solo un loco querría tener todo su apartamento así.

Ruio, tu amiga ya está mostrando su verdadera cara —Pensó, sin decirlo —Sé que estás bromeando.

—Posiblemente… quién sabe —Dijo Alis, encogiéndose de hombros.

Colocó un dedo sobre la cerradura, que se iluminó con un destello azul.

La puerta se abrió sin un solo sonido —Entra, pues.

Elizabeth avanzó con cautela.

La oscuridad reinaba en el interior; apenas podía ver unos pasos adelante.

Al cruzar el umbral, Alis le dio un leve empujón que la hizo trastabillar.

—¡No!

¡Alis, me las vas a pagar!

—Gritó al sentir que el suelo desaparecía bajo sus pies.

El vértigo la invadió al ver un abismo abrirse frente a ella.

Tropezó con algo inestable y cayó de rodillas.

Una carcajada estalló detrás de ella.

—¡Jajaja!

¡Deberías haber visto tu cara!

—Rió Alis, doblándose de la risa y llevándose la mano al estómago —Ay…

ya, ya… basta… El falso abismo se disipó, desvaneciéndose como neblina al sol.

El apartamento volvió a su forma real.

Alis había programado un robot hologramador para transformar la entrada en una cascada vertiginosa como broma de bienvenida.

Elizabeth se incorporó, sacudiéndose con dignidad.

—Veo que te diviertes a mi costa —Murmuró, mirándola con disgusto.

—Mis disculpas —Respondió Alis entre risitas —Pero no podía perderme la oportunidad.

Elizabeth escaneó el lugar con la mirada.

El apartamento era un caos acogedor, lleno de aparatos, repuestos y extraños dispositivos esparcidos por todas partes.

—Eh… es muy parecido al hogar de Ruio —Comentó —Lleno de cachivaches por todas partes (Es como un depa… no muy diferente a uno de mi mundo).

—¿Disculpa?

—Replicó Alis, ofendida —Son prototipos y repuestos.

Soy inventora, programadora e ingeniera, por si no lo sabías.

Caminó hasta su escritorio con familiaridad.

Elizabeth se cruzó de brazos, intentando no pisar nada raro.

—Con todas esas profesiones, ¿no has considerado un apartamento más grande para todo esto?

—Dijo, arrepintiéndose en cuanto las palabras salieron de su boca —(Todo está muy apretado aquí… ay, se me salió…) —Planeo invertir mis ahorros para obtener el registro —Respondió Alis con naturalidad —Después de eso, podré dejar este lugar y viajar lejos sin problemas.

—(¡Lo suponía!) No sabía que aún no tenías el registro… Disculpa.

(Debe ser difícil vivir así.) Alis comenzó a teclear rápidamente en una pantalla suspendida en el aire.

—Aunque aún no lo tenga, no ha sido tan difícil vivir sin él —Dijo, sin dejar de sonreír —Mis estándares son bajos, así que pocos se interesan en mí.

Vivir aquí no está tan mal.

Pero planeo irme cuando tenga lo necesario.

—¿Y qué harás cuando lo tengas?

—Quiero abrir mi propio negocio de productos tecnológicos.

No solo quiero vender —Se volvió hacia ella —Quiero que mi tecnología sirva a quienes no pueden acceder a las grandes corporaciones.

Pondré mi marca y venderé mis inventos a través de la red Uny.

—¿Ese planeta que mencionaste?

¿El que tiene un cielo como un espejo?

—Sí, ese mismo.

Se llama Pabillon, y está en el sistema solar Centurromt, muy lejos de aquí.

—¿Dónde queda ese sistema?

—Ven, te lo muestro —Alis indicó el ordenador.

Apareció un mapa holográfico en 3D que se expandía por el aire —Estamos en el sistema Oris, dentro de la galaxia Texis.

Para llegar a Centurromt, en la galaxia Gax, hay que atravesar Wox y Qeen.

Es un viaje de unas diez horas.

—¡Diez horas!

Eso no es nada.

Nos demoramos más viajando entre ciudades en mi planeta…

—Gracias a la tecnología de nuestras naves —Explicó —podemos viajar a velocidades extremas y disfrutar del trayecto al mismo tiempo.

—Ya veo… ¿Y cuánto te falta para completar el registro?

—Ya llevo más de la mitad.

Solo unos años más y lo tendré.

—Entiendo.

Por cierto… ¿Cuántos años tienes?

—Tengo 349.

Elizabeth abrió los ojos como platos.

—Oh… has vivido muchísimo.

—Sí —Asintió Alis —Existen razas cuya longevidad supera con creces la mía.

Aún me restan cien años antes de que los signos del envejecimiento comiencen a manifestarse.

Vivimos hasta los 540 años.

—Debe darte una perspectiva única sobre la vida… Con tantos años de experiencia, ¿qué es lo más valioso que has aprendido?

—La paciencia… y la curiosidad —Respondió, pensativa —La paciencia para ver los ciclos largos del tiempo, y la curiosidad para nunca dejar de explorar.

—Ya veo… Yo solo tengo 14.

No sé mucho.

—A tu edad, solo quería jugar y divertirme.

—¿Cómo fue tu niñez?

—Alegre… hasta aquel inesperado día en Ogan —Su mirada se oscureció —Fui abandonada por mis padres.

Habíamos venido a comerciar con tecnología; pulseras inteligentes eran nuestro principal artículo.

Una tarde, me pidieron que los esperara en una banca del mercado…

y no regresaron.

Por suerte, Ruio me encontró antes de que cayera la noche.

Así comenzó lo que él llama su “delirio”.

Rió suavemente.

—Aunque en el fondo, no puedo evitar pensar que quizás les ocurrió algo.

Pero si no fuera por Ruio… quizás no estaría aquí contándotelo.

—Alis… eso debió ser muy difícil.

Me alegra que Ruio te encontrara.

—Adaptarme fue complicado, pero lo logré.

¿Ahora entiendes por qué estoy tan enojada con él?

—Sí… ahora lo entiendo.

—Pero cambiemos de tema.

Eli, ¿qué harías si te encontraras con alguno de los Desolladores o los Screins?

—Intentaría esconderme y correr hacia las electro-puertas para despistarlos… —Jajaja, ojalá fuera así de fácil.

Para eso estoy yo.

Te daré un Zerutwa —Sacó un pequeño dispositivo parecido a un celular —Con solo tocar la pantalla, puedes enviarme una señal: una para los Desolladores, dos para los Screins.

Así validaré tu identificación por un momento.

—No sabía que eso fuera posible.

Gracias, Alis.

Estoy feliz de haberlos conocido.

—Quién sabe… tal vez haya un dios allá afuera ayudando.

Ruio me contó que los GreiCrooz que estaba rastreando se comportaron de manera extraña.

Uno se separó del grupo.

Lo siguió, y te encontró.

—(¿Será que Binad me ha enviado a Ruio?) ¿Crees en Dios?

—En este universo… pocos creen.

Aunque ahora, quizás, yo empiece a hacerlo.

—(Será mejor que oculte por ahora que vengo de otro universo…

Quien sabe que clase de tecnología o magia hay por ahí) Se frotó los ojos, agotada.

—Eh… Alis…

—¿Sí?

—Cuando llegué aquí, era de noche en mi planeta.

Estoy muy cansada… —Ah, claro.

Aquí en Ogan, un día dura 48 horas.

Así que, si te da sueño pronto otra vez, no te preocupes.

—¿¡Cuarenta y ocho!?

En mi planeta solo son 24… —Eso depende de la rotación y otros factores.

Alis caminó hasta una pared junto al área de lavado y presionó con un dedo una pequeña hendidura.

Un rectángulo se dibujó y se abrió como una compuerta oculta.

—Este será tu cuarto.

El mío está al lado.

Para cerrar, toca el mismo lugar; dos toques y quedará asegurado.

Se acercó con curiosidad.

—Este cuarto tiene baño incluido —Señaló Alis el lugar.

—Increíble… incluso los cuartos están ocultos.

Todo flota, como si la gravedad aquí fuera solo una sugerencia.

—Y eso que no has visto lo mejor.

Hay edificios con gravedad propia; no sabes si estás de pie o cabeza abajo.

Es una locura.

—Mi mente explotaría… ¡No quiero edificios así!

—Oh, pero qué anticuada eres.

De todos modos, ya estás dentro de uno.

—Sí, pero este no es tan… extremo.

Ahora quiero dormir.

—Bueno, quién sabe… Elizabeth la miró con desconfianza.

Alis sonrió y Elizabeth le acarició el brazo suavemente al pasar.

—(Qué suave es su pelaje…) —Claro, claro… —Murmuró Elizabeth —Hasta mañana, entonces.

—Apartándola del marco con suavidad y así cerrando la puerta.

—Saldré por unas horas —Avisó Alis desde el otro lado de la puerta —Cuando regrese, te llamaré para acompañarte al registro.

Si convenzo a mi jefe, te dará trabajo de inmediato.

—¡Comprendido!

Alis… —¿Sí?

Elizabeth abrió la puerta y se lanzó a sus brazos, abrazándola con fuerza.

—Gracias por todo.

—No tienes que agradecer.

Es un placer ayudarte.

Ambas permanecieron abrazadas por un momento.

Elizabeth cerró los ojos, reconfortada por la calidez del pelaje.

—Tu pelaje es tan suave… Me relaja.

Pe… pero ya te dejo en paz.

Cuídate.

—Jajaja, claro que sí.

Mi pelaje es un manto de seda.

Y recuerda, siempre estará aquí cuando lo necesites.

—Gracias, Alis.

Nos vemos luego.

Cuando la puerta se cerró, Elizabeth caminó lentamente a su habitación y se dejó caer sobre la cama.

—(Todo esto se siente tan extraño… Necesito investigar esos templos de los que habló Binad.

Pero para eso necesito entrar a la red Uny.) —¿Cómo conseguiré esa Zuwtazu?

¿Y habrá información sobre los templos allí?

—Susurró —Me pregunto cómo estará mi familia ahora…

El cansancio pudo más.

Cerró los ojos… y cayó en un profundo sueño.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo