palabras sin importancia - Capítulo 39
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Capítulo 39: Caida
Suicídate.
Suicídate.
Es lo único que sale de mi cerebro.
Digo al aire que se calle,
pero parece que lucho contra la nada.
Mi respiración me duele
y al sonarme la nariz brota un poco de sangre.
Mi caída en la locura es inminente,
intransigente en mi camino sin rumbo
y con una identidad rota.
Los susurros, más que breves resquicios de conciencia,
se vuelven la melodía que no me deja tranquilo.
Porque ingerir es tan necesario como incómodo,
porque el aire no quiere pasar mi garganta.
El cuerpo en sus acciones me asquea
tanto como verme en un espejo
y contemplar mi doloroso reflejo.
La luz no me deja tranquilidad,
sino un método más para despreciarme.
Me intento comparar con Ícaro,
quien cayó por arrogancia al querer alcanzar la luz y la esperanza;
pero ni a sus talones llego,
pues no me atrevo a alzarme a los cielos prometidos.
Me intriga el fuego robado por Prometeo,
no obstante me aterra el castigo divino.
La vida es tan llena de un espiral de desesperación
que mi aliento se lleva mi cordura
y mi mente colapsa en una inacción
tan aplazada como he podido entregar.
El vicio al placer y a la fantasía
me da un respiro de tranquilidad,
pero al final eso no va a ayudar.
El destino final es perderme en los confines de la realidad
y mi alma fragmentada no aguantará.
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