Paragon Supremo Renacido: El Ascenso de la Humanidad a la Supremacía Galáctica - Capítulo 144
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Capítulo 144: Un milagro hecho posible
Usando Parpadeo, Michael se teletransportó frente a Claire justo a tiempo. Con su mano derecha empuñaba la Lengua del Diablo. Inclinando la espada en vertical, la colocó a modo de escudo.
Al mismo tiempo, su mano izquierda sostenía el Juicio del Cielo. Apuntando la escopeta hacia atrás, activó su gancho.
¡Vush!
La cadena se extendió hasta que el gancho se clavó en el suelo. Entonces, al empezar a retraerse, Michael fue arrastrado hacia atrás, llevándose a Claire con él.
—¡Imbécil, qué demonios estás haciendo! ¡Es casi como si tuvieras tendencias suicidas! —comentó la Lengua del Diablo.
Michael permaneció impasible, recibiendo de lleno la ráfaga del Triturador Espiritual.
—Hago lo que me da la gana —respondió con calma antes de que la ráfaga lo alcanzara.
¡BUM!
Durante unos segundos, los alrededores se volvieron de un blanco puro por la intensidad de la explosión. Ese era el resultado de convertir el poder de un Señor Supremo en una bomba.
—¿Q-qué demonios ha sido eso?!
—¡Retirada, no queremos provocar a lo que sea que esté pasando en el centro!
—¡Tonterías! ¡Nuestros líderes están allí! ¡Debemos comprobar si están bien!
La fuerza de la explosión tomó por sorpresa a las tropas que habían estado ocupadas despejando los escombros por toda la ciudad.
Por un momento pensaron que un segundo sol había aparecido en medio de la ciudad. Una vez que lograron orientarse, se dividieron: unos fueron a comprobar el peligro mientras que otros decidieron evacuar.
Poco a poco, el entorno se calmó. En el centro, los ocho Señores supervivientes permanecían de pie con graves heridas por todo el cuerpo. Habían conseguido distanciarse de la explosión, salvando así sus vidas.
Sin embargo, ni los dos Señores muertos, ni el cuerpo del Señor Supremo, ni el Señor enemigo que los había atacado estaban a la vista.
—¡JODER!
El Señor de Azure rugió de ira. Estaba tan frustrado que no se molestó en ocultar su apariencia con la oscuridad abismal.
No es que nadie pudiera culparlo. Los otros Señores reaccionaron de forma similar.
¿Y cómo no? ¡Esta había sido su oportunidad de lograr un gran avance! Una proeza increíblemente abrumadora entre los cultivadores de su reino.
Esa oportunidad se les había escapado de entre los dedos, ya que apenas habían tenido tiempo suficiente para cultivar.
Peor aún, dos de ellos habían perecido. Sus cuerpos, así como el cadáver del Señor Supremo, habían sido engullidos por la explosión, llevándose consigo la energía espiritual.
A pesar de haber ganado contra las fuerzas alienígenas, ¡Neptuno estaba en una situación peor que antes de que liberaran Celestia!
—Uh…
Al cabo de un rato, la conciencia de Claire empezó a aclararse.
Le dolían las extremidades por el agotamiento y sentía que la cabeza estaba a punto de estallarle. No obstante, había conseguido salir de la explosión casi ilesa… prácticamente un milagro.
Aún un poco desorientada, un olor desagradable le llegó a las fosas nasales. Lo reconoció de inmediato. Era el olor a carne quemada.
—¿…?
Débilmente, alzó la vista hacia la figura que aún proyectaba una sombra sobre ella. El responsable de hacer el milagro realidad.
—… ¿Michael? —murmuró lentamente.
Con un suspiro, Michael se hizo crujir el cuello, apoyó la Lengua del Diablo sobre su hombro y la saludó con una cálida sonrisa.
—¿Estás bien?
Los ojos de Claire se entrecerraron hasta el tamaño de alfileres en cuanto observó su torso.
Su espada le había protegido en parte la cara y el torso, pero sus extremidades estaban carmesí, con la capa superior de la piel calcinada.
—Tú… tú… —Sus labios se separaron, pero se quedó sin palabras. El hombre que tenía delante parecía a punto de morir.
¡Y lo que era más extraño, parecía más tranquilo de lo normal!
Michael rio para sus adentros. Aunque dolía bastante, nunca en esta vida se había sentido tan fuerte. Con la técnica del Brujo activada y sus recientes avances al Reino de Experto Máximo, ahora rebosaba de poder.
—Estoy bien. Se curará solo. Me preocupo más por ti —dijo, tomándola suavemente de la mano para ayudarla a ponerse en pie—. Aunque nos separe un reino de poder, no eres el tipo de persona a la que se le dan bien los enfrentamientos frontales.
Aturdida, Claire se le quedó mirando en silencio, con el corazón lleno de alivio y gratitud por no tener que dejar solo a su abuelo.
Sin embargo, al mismo tiempo, no podía quitarse de la cabeza las palabras de Richard. Sobre que había algo irreparablemente roto en Michael. La forma en que soportaba sin esfuerzo un dolor que habría hecho añicos incluso a los soldados más temibles no hacía más que confirmar la veracidad de esa afirmación.
«¿Qué clase de pasado habrá tenido para que unas heridas de esta magnitud apenas le afecten?», se preguntó, mientras la preocupación empezaba a invadir su corazón.
Tras asegurarse de que Claire estaba bien, la mirada de Michael se centró en Victoria en la distancia. Tenía marcas de quemaduras por toda la armadura, pero estaba lejos de la muerte. Por suerte, su evaluación había sido correcta.
Ver que Colmillo Cibernético había hecho su trabajo y que Richard se había llevado a Ava le dio tranquilidad.
«Todo iba tan bien. Si alguien hubiera muerto hoy por variables imprevistas como esta, me habría enfadado de verdad», pensó Michael, negando con la cabeza con desánimo.
—¡E-espera! ¡No te muevas!
Temiendo que un contacto demasiado brusco pudiera empeorar su estado, Claire le tomó la mano con delicadeza y usó todas las jeringuillas curativas que tenía.
—¡Esto no es ni de lejos suficiente. Necesitas atención médica inmediata! —insistió. Aunque a Michael no le preocupara su estado, a ella sí que le preocupaba.
Estaba en ese estado porque le había salvado la vida. Si él perecía por culpa de la incompetencia de ella, nunca se lo perdonaría.
Mientras los Señores seguían sumidos en su ira, la Señora de Vespera fue la primera en controlar sus emociones.
«Si hubiera sido un poco más lenta, el enemigo también podría haber ido a por mi cuello…», se dio cuenta, avergonzada de lo mucho que había bajado la guardia.
«Ahora que lo pienso, de no haber sido por la advertencia del Experto, yo también podría haber perecido…». Intrigada, escudriñó el entorno en busca del hombre, preguntándose si seguiría con vida.
—… ¿Oh? —musitó, mientras una sonrisa traviesa se dibujaba en su despampanante rostro.
Para su sorpresa, el hombre se mantenía erguido, a pesar de que parecía estar a las puertas de la muerte.
¡Fiu!
Claire, que estaba en medio de un sermón a Michael sobre la importancia de su vida, se quedó helada al sentir a una Señora aparecer peligrosamente cerca.
—¿Qué tenemos aquí? —rio la Señora de Vespera, colocando su esbelta mano bajo la barbilla de Michael.
Más rápido que un parpadeo, su piel se regeneró y todas sus heridas desaparecieron como si nunca hubieran existido.
—Hala… Como nuevo —dijo la Señora, ladeando la cabeza.
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