Paraíso de Pecados: Sistema de Dominación - Capítulo 155
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- Capítulo 155 - 155 Capítulo 155 – Partida a la Ciudad Portuaria de Lima
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155: Capítulo 155 – Partida a la Ciudad Portuaria de Lima 155: Capítulo 155 – Partida a la Ciudad Portuaria de Lima —¿Necesitas algo de mí?
La primera pregunta de Isabelle fue fría, y sus ojos se estrecharon peligrosamente cuando le pedí a García que la sacara del comedor de la iglesia.
Después de asearnos tras nuestra última actividad, decidimos que era hora de partir, así que fuimos a buscar a Isabelle a la iglesia, quien no tenía ni idea de que estaba invitada a nuestra misión.
Esperaba algo más de su reacción.
Como agresividad o algo parecido al encontrarse conmigo, pero no fue para nada el caso.
Se limitó a mostrar una expresión fría y distante, como si fuéramos extraños.
«Es realmente inesperado, pero me viene bien.
Al menos no me está evitando».
En ese momento, estábamos justo fuera de la iglesia, en el pasillo que conducía al campo de entrenamiento.
Yo estaba junto a García, de espaldas a la pared, mientras Isabelle se encontraba frente a nosotros.
—Sí —le respondí a Isabelle asintiendo—.
Iremos a una misión distinta a la de Sophia y los otros dos —proseguí, observando su expresión.
—… ¿Es obligatoria?
—preguntó ella, dejando escapar un suspiro.
Su actitud no era la que una caballera de la iglesia mostraría, o debería mostrar, frente a mí, un Paladín.
Incluso García fulminó a Isabelle con la mirada después de que la chica de cabello de ónix mostrara su falta de respeto al suspirar tras responder a mi pregunta.
Tampoco era que esta misión fuese obligatoria para ella.
Tras hablar con Sana ayer, llegamos a la conclusión de que la iglesia también necesitaba investigar la Ciudad Portuaria de Lima.
Y para mí tampoco era obligatorio hablar de misiones, ya que no recibí ninguna del Sistema.
Asumí que este suceso no me causaría ningún problema, y me dieron tiempo para ocuparme primero de mis asuntos personales.
«Es como si alguien controlara el Sistema y supiera cada uno de mis movimientos.
Es inquietante».
En fin…
—No lo es.
La decisión es tuya.
Tampoco hay nada que te obligue a venir conmigo, pero también quiero llevar a cabo una investigación personal en la Ciudad Portuaria de Lima.
Especialmente en la Cascada del Fin del Mundo —respondí con seriedad.
Era una apuesta.
Lo que insinué con lo de la «investigación personal» podía interpretarse de dos maneras distintas.
En el caso de García, supuse que pensaba que quería investigarlo por mi cuenta para asegurarme de que todo estaba en orden y no causaría problemas a la iglesia ni a los ciudadanos.
En cuanto a Isabelle… era un poco más complicado.
Si ya llevaba varios años viviendo en este mundo, seguro que ya conocía su geografía y la existencia de los confines del mundo.
Los misterios que rodeaban el fin del mundo eran interesantes.
Anoche me surgieron muchas preguntas, y el fin del mundo probablemente podría responder a una de ellas.
Como, por ejemplo, de qué manera pudo Isabelle llegar a este mundo.
O quizá…
«Pueda encontrar el camino a casa sin tener que morir».
Aun ahora, todavía quería volver a casa.
Si moría, regresaría a casa; esa fue la promesa que me hizo la persona que estaba detrás del Sistema.
Sin embargo, no era tan ingenuo como para creerme esa promesa.
También había creado nuevos vínculos aquí y, de ser posible, me gustaría que ellos también pudieran visitar mi mundo.
Al ver la expresión de Isabelle, supe que estaba pensando lo mismo.
O, como mínimo, que también sentía curiosidad por mi investigación personal.
Decían que la Cascada del Fin del Mundo era la puerta a otro mundo.
Si a ella le interesaba aunque solo fuera un poco, entonces…
—¿Cuánto tiempo nos quedaremos en esa ciudad?
—me miró, alzando la vista—.
Primero tengo que preparar mi equipaje.
«Cayó».
Tal y como pensaba, iba a aceptar venir conmigo.
Como respuesta, la comisura de mis labios se curvó ligeramente.
—Como mucho, unos siete días.
Y no hace falta que prepares una tienda, ya que usaremos una [Gema de Teletransporte] para llegar a la Ciudad Portuaria de Lima.
La Arzobispa Sana nos dio suficientes para los tres.
—Está bien.
Tras decir eso, Isabelle se dio la vuelta y se marchó, no en dirección al comedor, sino al dormitorio de las caballeras, junto a la iglesia.
Sus pasos eran firmes y su expresión denotaba determinación.
—Señor Arturo… ¿es esa la caballera que quería traerse a esta misión?
Cuando Isabelle desapareció de nuestra vista, la monja pervertida me hizo de repente esa pregunta.
—Ha sido grosera con usted.
—Jajaja… —reí sin ganas.
Puede que eso fuera cierto desde la perspectiva de alguien que no conociera nuestra situación.
Pero Isabelle se había mostrado un poco más cálida hace un momento.
Al menos no me fulminó con la mirada como anoche.
Por suerte, no parecía mostrarse hostil hacia mí.
Y eso me permitiría acercarme a ella con más facilidad y preguntarle por qué tenía ese colgante.
—No te preocupes por eso, García.
—Le di una palmadita en la cabeza y le alboroté el pelo.
García ronroneó felizmente y cerró los ojos, disfrutando de mi caricia.
Incluso me sujetó la mano y la apretó contra su cabeza, queriendo más.
Sonreí con ternura ante la escena antes de apartar la mano.
Me miró con decepción, pero su expresión cambió rápidamente y fue reemplazada por su habitual y dulce sonrisa.
—Isabelle tiene muchas cosas en la cabeza —dije, mirando hacia el cruce por el que había desaparecido—.
Además, fue culpa mía no haberla reconocido, cuando está claro que ella a mí sí me conocía de antes.
Así que no la culpo.
—¿Conoce a esa caballera, Señor Arturo?
—La conozco… —respondí.
Ese colgante… Quería saber por qué lo tenía ella.
Mi mayor arrepentimiento de Horizon Online fue el hecho de que nunca recuperé los objetos de Tristán porque había desaparecido.
¿Y si no murió y en realidad se estaba escondiendo de mí?
¿Y si seguía viva y aún estaba en Horizon Online?
Aunque dije que era el último jugador, no sabía nada de los que se ocultaron y que probablemente seguían vivos en alguna parte.
¿Habrían sido expulsados y devueltos a la Tierra?
¿O me siguieron a este mundo por culpa de esa persona que está detrás del Sistema?
La respuesta probablemente la tenía Isabelle.
Si supiera cómo llegó a este mundo, sería más fácil encontrar la solución y una forma de volver a casa que no fuera la muerte.
—Se supone que debería conocerla —proseguí.
García no preguntó nada más después de eso, y yo tampoco dije nada.
Muchas monjas pasaron a nuestro lado, inclinando la cabeza ante mí al darse cuenta de quién era.
Obviamente, acentuaban sus pechos y movían las caderas con cada paso en un intento de seducirme para que me acostara con ellas.
Sabían que era inútil, ya que solo me acostaba con las que me gustaban, pero aun así lo seguían haciendo.
Los caballeros me saludaban al pasar.
Poco después, Isabelle regresó con una bolsa de cuero colgada al hombro.
También se había cambiado y ahora llevaba la [Armadura de la Noche] que le di ayer.
Como provenía de Horizon Online, su diseño no era tan revelador como el de las armaduras de este mundo.
Tenía hombreras, guanteletes y grebas de metal.
El vestido que llevaba debajo de la propia armadura le dejaba el escote al descubierto, y una abertura en el lado derecho de la falda mostraba sus tersos muslos.
Llevaba el [Filo de la Noche] ceñido a su cintura izquierda, completando el conjunto de la Mantis Sombría.
Verla así, junto con el hecho de que llevaba el colgante de plata al cuello, me recordó a Tristán.
A ella le encantaba esa armadura.
La imagen de una chica rubia de pelo largo y sonrisa radiante se superpuso al rostro frío de Isabelle.
Sin embargo, sacudí la cabeza de inmediato para despejar la mente.
Eran demasiado diferentes.
No había ninguna posibilidad de que Isabelle fuera, en realidad, Tristán.
Entonces, se detuvo frente a nosotros.
—Estoy lista cuando quiera, Señor.
—Muy bien.
Asentí y saqué tres [Gemas de Teletransporte] de mi inventario.
Les di las otras dos a García e Isabelle.
Ambas las tomaron y apretaron la gema en la palma de su mano.
—Pongámonos en marcha, entonces.
A la Ciudad Portuaria de Lima.
A mi señal, activamos la [Gema de Teletransporte] y desaparecimos envueltos en una brillante luz azul que cubrió nuestros cuerpos.
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