Paraíso de Pecados: Sistema de Dominación - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capítulo extra Capítulo 34 – Una mañana en la mansión
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34: [Capítulo extra] Capítulo 34 – Una mañana en la mansión 34: [Capítulo extra] Capítulo 34 – Una mañana en la mansión A la mañana siguiente, me desperté temprano para desayunar.
Anoche no cené nada porque volví a tener sexo con García después de que nos despertáramos en mitad de la noche.
Fue una gozada y ella estaba mejorando.
Acabé echando otros dos asaltos con ella antes de que se fuera a su habitación, y limpié mi cama con <Purificación>.
Parecía que esa monja pervertida se volvía más activa por la noche.
¿Era por su sangre de Media-Demonio?
No lo sabía, pero me gustaba.
Bajé a la primera planta y me recibió García, que estaba de pie junto a las escaleras.
—Buenos días, Paladín.
—Hizo una reverencia educadamente mientras llevaba una ropa similar a la de antes.
Sabía que era nueva porque la anterior acabó cubierta de fluidos corporales, pero de eso no íbamos a hablar.
En fin, me sonrió con dulzura, como si lo que hicimos ayer no le importara en absoluto.
Era el gesto profesional que me esperaba, y lo bordó.
Sin embargo, algo despertó mi curiosidad.
—Buenos días.
¿Qué haces aquí?
—Lo estoy esperando.
Milea ya ha preparado el desayuno en el comedor.
Permítame que lo acompañe.
Creo que aún no ha recorrido la mansión.
—Sus mejillas enrojecieron un poco cuando terminó la frase.
«Ah, es verdad».
Como ayer solo fui a la mazmorra y a mi habitación, todavía no había recorrido la mansión.
Aunque conocía la distribución de la mansión gracias al radar de mi habilidad <Detección de Presencia>, no sabía qué habitación era cuál porque solo se veía como un mapa sin ninguna descripción.
«Qué buena sirvienta».
Y pensar que me estaba esperando cerca de la entrada para acompañarme después de haberse quedado despierta hasta tarde anoche.
—Cuento contigo, García.
Era realmente la mejor monja que había conocido.
—Sí, Paladín.
***
El comedor era grande y lujoso.
Al entrar en el comedor, mi mirada se sintió inmediatamente atraída por la magnífica araña de luces dorada que colgaba del techo.
Su intrincado diseño brillaba y resplandecía, proyectando un cálido resplandor por toda la estancia.
La larga mesa de comedor se encontraba en el centro de la habitación, captando la atención con su tamaño y su suntuoso acabado en madera.
La mesa estaba adornada con delicados manteles individuales de intrincado tejido y puesta con relucientes cubiertos de plata, resplandecientes copas de cristal y platos de un blanco inmaculado.
La mesa del comedor estaba repleta de una variedad de platos apetitosos, cada uno cuidadosamente preparado y dispuesto para agradar a la vista y al paladar.
Milea… Dijo que confiaba en su cocina, pero esto era excesivo.
—¿Sabes dónde está Milea?
—le pregunté a García, que estaba de pie detrás de mí, mientras tomaba asiento.
Esta monja de pelo plateado incluso me retiró la silla para que me sentara.
Realmente había asumido su deber como mi sirvienta.
—¿Milea?
Creo que todavía está preparando un postre para usted, Paladín.
¿Hay algo entre los platos que no le guste?
Me encargaré de ello inmediatamente.
—No —la detuve cuando hizo ademán de coger la comida de la mesa, probablemente a punto de llevarla de vuelta a la cocina—.
Al contrario, quería elogiarla por preparar este lujoso desayuno.
Si está haciendo el postre, supongo que lo traerá más tarde, ¿no?
—Sí.
Eso creo —asintió García, retrocediendo un paso de nuevo.
Seguía llena de sonrisas, como si nunca fueran a abandonar su rostro.
Aun así, era mejor que verla con cara sombría mientras me servía.
—Bien, pues.
Por ahora, empezaré a comer.
Puedes acompañarme si quieres, García.
—No se preocupe, Paladín.
Yo ya he comido antes —respondió ella con la cara sonrojada.
Esa reacción fue extraña.
Pero yo sabía de qué hablaba.
Debía de estar hablando de cierto líquido blanco.
Decidí ignorarla y disfrutar de mi comida, ya que no quería perder el apetito.
Y tal como aparentaban, todos los platos estaban deliciosos, incluso más que la comida del restaurante que visité con Rania anteriormente.
—Paladín, mientras come, permítame informarle de una petición que le ha hecho el Arzobispo.
—¿Mmm?
—Dejé de comer y miré a García.
¿Una petición de Sana?
Tenía planeado acorralar a los espías hoy, pero una petición suya también era importante, ya que también había prometido cumplir con mi deber como Paladín—.
¿De qué se trata?
Bueno, podía hacer ambas cosas.
Quedarme en casa sin hacer nada después de terminar mi plan también sería aburrido.
Mejor hacer algo para la Iglesia y acercarme a Sana.
—Es un exterminio de monstruos.
Se han avistado algunos monstruos cerca de la Ciudad Academia.
Un escuadrón de caballeros lo acompañará.
Y en cuanto al plazo, el Arzobispo dijo que es flexible siempre que sea en los próximos siete días.
Ah, en los próximos siete días, ¿eh?
Pensé que tenía que hacerse hoy mismo.
En ese caso, tendría mucho tiempo para castigar a los espías por haberse metido conmigo.
¡Glup!
—De acuerdo, entonces.
Visitaré la iglesia cuando esté listo —asentí mientras me comía el último trozo de carne de la mesa.
Bien, eso era estupendo.
Mi apetito también había vuelto a la normalidad después de acostumbrarme a este cuerpo.
García parecía bastante sorprendida de que me terminara tantos platos con facilidad.
Aun así, era de esperar, porque mi cuerpo necesitaba muchos nutrientes.
Y yo mismo era de buen comer.
—S-se lo comunicaré al Arzobispo —dijo la monja de pelo plateado, asintiendo ligeramente.
En ese momento, la puerta se abrió de un empujón y le siguió un traqueteo.
Me giré y vi a Milea empujando un carrito con una bandeja encima.
La monja rubia sonrió ampliamente al detener el carrito cerca de mi mesa.
¿Era solo mi imaginación o su falda era aún más ajustada y corta que antes?
Su culo respingón, que se vería perfecto en mi mano, se balanceó cuando abrió la tapa de la bandeja y reveló un bizcocho tierno.
—¡Paladín!
He preparado un postre para usted.
¡Por favor, disfrútelo!
—exclamó mientras ponía el pastel delante de mí, inclinándose ligeramente y mostrando su culo liso y redondo.
«¿Otra vez no lleva bragas?»
Incluso a García se le cayó la mandíbula ante el intento de Milea de seducirme.
Bueno, supuse que esta chica estaba hambrienta de mi atención.
—Gracias, Milea —dije con una sonrisa, y ella retrocedió ligeramente.
—¡De nada!
Es mi deber servirle, Paladín —dijo ella con descaro mientras guiñaba un ojo.
Si tanto quería seducirme, debía recompensarla por su intento, ¿no?
Y la comida que preparó estaba realmente deliciosa, así que darle una recompensa por su trabajo no era extraño.
—No lo digas así.
Dime, ¿quieres algo de mí?
Te lo concederé en la medida de mis posibilidades.
Le lancé el cebo.
Que lo mordiera o no dependía únicamente de ella.
—¿De verdad?
Pero sabía que sin duda mordería el anzuelo.
Porque ya había intentado seducirme varias veces con su cuerpo menudo pero perfecto.
Milea era incluso un poco más baja que Sana, pero la forma en que usaba sus curvas perfectas para seducirme era como la de una prostituta profesional.
La habría confundido con una si no fuera alguien de la Iglesia Castitas.
Aunque quizá encajaría mejor en la Iglesia Luxuria.
Pero esa era solo mi opinión.
Y entonces, respondió.
—¡En ese caso, por favor, déjeme servirle por la noche, Paladín!
A un lado, García parecía bastante celosa; incluso hizo un puchero.
Bueno, si Milea me servía esta noche, eso significaba que la monja de pelo plateado no tendría su turno.
Aun así, esta noche era imposible.
—¿Qué tal mañana?
Hoy tengo planes.
—¡Claro!
¡Muchas gracias!
—exclamó Milea con una sonrisa descarada y las mejillas ligeramente enrojecidas.
Ya que estaba, me aseguraría de que no volviera a seducirme sin mi permiso.
Le haría saber cuál era su lugar como mi sirvienta y que era alguien a quien yo dominaría.
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