Paraíso Lujurioso - Capítulo 123
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123: ¿Qué está pasando?
¿Dónde estoy?
123: ¿Qué está pasando?
¿Dónde estoy?
—Les dije que no me cabrearan.
Deberían haberme escuchado y haberse quedado callados —dijo el hombre corpulento, fulminando con la mirada a todos en la sala y desafiando a cualquiera a que intentara replicarle—.
Si valoran sus vidas, mantengan la boca cerrada y escuchen mis órdenes.
De lo contrario, acabarán como esos dos.
Nadie se atrevió a pronunciar palabra después de aquello, por miedo a que los criminales los mataran a tiros.
Se limitaron a quedarse sentados en silencio y a hacer lo que el hombre corpulento decía.
No se atrevían a levantar la vista de las mesas, como si esperaran que aquellos hombres los dejaran en paz si no cruzaban la mirada con ellos.
Lucifer miró a sus modelos, que estaban sentadas a su lado.
Todas parecían aterradas tras presenciar las espantosas muertes del anciano y su esposa.
Sus rostros estaban pálidos y sus cuerpos temblaban de miedo.
Era bastante comprensible, considerando la situación en la que se encontraban.
Incluso el propio Lucifer se sentía nervioso, pero intentó que no se le notara en la cara.
—Chicas, no se preocupen.
Pase lo que pase, mantengan la calma y no hagan ruido.
No llamen su atención y pronto todo estará bien —las consoló Lucifer en voz baja, asegurándose de que los hombres no lo oyeran.
Melody y las otras chicas asintieron con la cabeza en respuesta.
Estaban asustadas, pero sabían que debían ser valientes si querían sobrevivir a esa terrible experiencia.
Ninguna de ellas quería acabar como aquellas dos personas, que yacían muertas en el suelo a la vista de todos.
Lucifer cerró los ojos y respiró hondo, tratando de calmarse.
La impotencia de no poder hacer nada más que observar cómo se desarrollaba la situación ante sus ojos lo frustraba.
Odiaba verse forzado a una situación así, pero sabía que no podía hacer nada en ese momento.
Tenía que quedarse quieto y soportar lo que ocurriera a continuación.
«Qué irónico.
Pensar que todos nosotros, la supuesta “gente importante”, hemos quedado reducidos a esto.
Impotentes, aterrorizados y obligados a hacer lo que nos digan estos criminales.
Odio esto.
Odio sentirme tan indefenso», pensó Lucifer para sí.
«Incluso si logro sobrevivir a esta noche, ¿quién sabe cuándo volverá a ocurrir algo así?
¿Tengo que soportar estas situaciones cada vez sin poder hacer nada?
¿Se supone que debo estar para siempre a merced de estos cabrones?
¿Es esta la clase de vida que quiero vivir?».
Lucifer apretó los dientes con rabia mientras estos pensamientos cruzaban su mente.
«No, no puedo permitir que eso ocurra.
Me niego a permitirlo.
No seré una oveja esperando a que estos lobos la masacren.
Al contrario, debo convertirme en un depredador que los devore a ellos.
Ellos deberían ser los que me teman a mí, y no al revés.
Solo entonces podré disfrutar de mi vida sin tener que preocuparme por estas cosas».
Mientras Lucifer pensaba en esto, de repente sintió que su consciencia se desvanecía hacia otro lugar.
Se sintió como si flotara en el espacio, rodeado de oscuridad.
No había nada a su alrededor, excepto la pura nada.
Era a la vez aterrador y reconfortante.
Por alguna razón, percibió que alguien lo observaba desde atrás.
Sin embargo, por mucho que lo intentara, no podía girar la cabeza para ver quién era.
«¿Qué está pasando?
¿Dónde estoy?
¿Cómo he acabado aquí?», se preguntó Lucifer.
No tenía ni idea de lo que había ocurrido ni de dónde se encontraba en ese momento.
Era como si se hubiera quedado dormido sin darse cuenta y se hubiera despertado en un lugar extraño.
«¿Estoy soñando?
¿Es algún tipo de alucinación causada por la conmoción?».
Justo cuando empezaba a pensar esto, una voz resonó a su alrededor:
—¿Quieres poder?
—¿Quién eres?
—preguntó Lucifer con los ojos entrecerrados, pero no obtuvo respuesta.
—¿Por qué no puedo verte?
De nuevo, no hubo respuesta.
«¿Qué demonios está pasando?», pensó Lucifer para sí mientras miraba a su alrededor, intentando encontrar el origen de la voz.
—¿Quieres poder?
—repitió la voz.
Sonaba tranquila pero imperiosa a la vez.
Tenía un aire de autoridad.
A Lucifer no le cabía duda de que esa persona era alguien de gran importancia; alguien que estaba mucho más allá de lo que la humanidad podía comprender.
Lucifer respiró hondo y respondió: —¿Sí.
Quiero poder.
Pero no existe nada gratis en este mundo.
Así que, ¿qué quieres a cambio?
La voz soltó una suave risa.
—Estás en lo cierto.
No hay nada gratis en este mundo ni en ningún otro.
Todo tiene un coste.
Incluso la propia vida requiere un pago.
Pero no te preocupes.
El precio que tendrás que pagar por este poder no es nada comparado con el valor de lo que obtendrás.
—¿Y cuál es ese precio?
—preguntó Lucifer, todavía inseguro de la situación.
«¿Estoy conversando con una especie de Dios?
¿O es solo mi imaginación la que se ha vuelto loca?».
La voz permaneció en silencio sin decir nada más.
Ese silencio puso nervioso a Lucifer.
Quería saber más sobre esa misteriosa entidad que le hablaba.
¿Qué significaba exactamente «poder»?
¿Cuál era el precio que tenía que pagar?
¿Cuál era el objetivo de esa entidad?
¿Por qué había elegido contactar con Lucifer de esa manera?
Esas eran las preguntas que quería hacer.
Sin embargo, sentía que, aunque las hiciera, probablemente no obtendría ninguna respuesta.
Tras un largo silencio, Lucifer suspiró y volvió a hablar: —Como sea.
Si el precio es mi libertad, entonces rechazo tu oferta.
Preferiría estar dos metros bajo tierra que encadenado a la voluntad de otro.
Me niego a vivir como el esclavo de nadie.
Una risa contenida reverberó a su alrededor.
Continuó durante unos segundos antes de convertirse en una carcajada que se hizo más y más fuerte por segundos.
Era como una tormenta rugiente.
Sin embargo, no parecía hostil ni maliciosa.
De hecho, parecía bastante alegre.
Sonaba como si a la voz le hubieran parecido divertidas las palabras de Lucifer.
—No tienes que preocuparte por eso.
El precio que debes pagar es mucho menor de lo que obtendrás a cambio.
Simplemente haz lo que quieras sin preocuparte por nada más.
Vive tu vida como desees —le tranquilizó la voz—.
Sin embargo, no es que haga esto por la bondad de mi corazón.
Tengo mis propios planes, pero eso no te concierne.
Así que, ¿quieres poder o no?
Respóndeme.
Lucifer lo pensó un momento antes de asentir con la cabeza.
—Sí.
Quiero poder.
—Bien —respondió la voz con satisfacción.
….
De vuelta en el salón principal…
Ni un segundo después, una extraña sensación invadió a Lucifer, haciéndole temblar sin control.
Todo su cuerpo ardía por dentro, como si lo estuvieran asando vivo.
El pulso se le aceleró mientras el sudor le goteaba por la cara.
Su respiración se volvió pesada y entrecortada.
Podía sentir algo hirviendo en lo más profundo de su ser, como una fuerza invisible que intentaba liberarse desde su interior.
Era como si todo su ser estuviera sufriendo algún tipo de transformación.
Una transformación que lo cambiaría todo para siempre.
«¿Qué está pasando?», pensó para sí Lucifer.
«Esto no es normal en absoluto.
Nunca antes había sentido un dolor tan intenso».
Sin embargo, sus pensamientos cesaron pronto, cuando otra oleada de dolor intenso lo invadió.
Apretó los dientes, intentando soportar el dolor, no queriendo gritar delante de esos cabrones que podrían matarlo a tiros.
«¡Joder!
Esto es jodidamente doloroso.
¿Qué demonios está pasando?».
Mientras soportaba este dolor, una extraña imagen apareció en su mente.
Se vio a sí mismo rodeado de llamas negras, de pie en un mar infinito de oscuridad.
Un par de enormes alas negras se extendían a su espalda mientras su cuerpo estaba envuelto en un manto de oscuridad.
Sus ojos brillaban con un rojo lleno de malicia y poder, y parecía un ángel de la muerte.
Una sonrisa diabólica se dibujaba en su rostro, como si todo en el mundo existiera para su diversión.
Al segundo siguiente, la visión de Lucifer volvió a la normalidad y todo el dolor había desaparecido.
Todo parecía normal de nuevo.
Nada parecía fuera de lugar.
Pero Lucifer sabía que algo había cambiado dentro de él.
Algo fundamental.
Podía sentirlo.
Era como si un poder invisible recorriera sus venas.
Un poder como nada que hubiera experimentado antes.
Era como si se hubiera convertido en una persona completamente nueva.
Una versión diferente de sí mismo.
«Así que era eso.
Ya está hecho», pensó Lucifer para sí mientras respiraba hondo y miraba a su alrededor.
Todo seguía igual, pero ya no sentía miedo.
No, en su lugar, estaba emocionado.
Su pulso se aceleró una vez más mientras la adrenalina recorría sus venas.
Era como si todo su cuerpo se preparara para la batalla.
Se sentía revitalizado.
«Hora de acabar con esta farsa.
Ya se han divertido bastante.
Es hora de que yo le dé la vuelta a la tortilla».
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