Paraíso Lujurioso - Capítulo 163
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163: A veces eres un gilipollas, Lucifer.
163: A veces eres un gilipollas, Lucifer.
Cuando Lucifer y Sasha terminaron de ducharse, se secaron rápidamente y se envolvieron en suaves toallas.
Con la tensión entre ellos aún palpable, salieron del cuarto de baño y regresaron a la habitación de Sasha, con los cuerpos todavía tibios y enrojecidos por la experiencia que habían compartido.
Sasha se sentó en el borde de la cama, con el cuerpo todavía hormigueando de deseo mientras alzaba la vista hacia Lucifer.
Su mirada se detuvo en su pecho y brazos musculosos, admirando cómo la toalla se ceñía a su cuerpo.
A pesar de que le había dicho que se comportara, la forma en que el cuerpo de él respondía a su presencia era evidente.
Verlo hizo que se le acelerara la respiración y no pudo evitar sentir una sensación de anhelo y necesidad.
Había pasado tanto tiempo desde que había sentido el contacto de un hombre, y la forma en que él la había tocado en la ducha había despertado un profundo deseo en su interior.
Sintiendo el peso de su mirada, Lucifer se colocó frente a Sasha.
Se inclinó, apoyando las manos en la cama a ambos lados de las caderas de ella, y le susurró al oído, con su aliento caliente contra la piel de la mujer.
—¿En qué piensas, tía Sasha?
¿Por qué me miras así?
No tienes que ocultarlo, solo dímelo.
Al oír sus palabras, Sasha cerró los ojos y respiró hondo, sintiendo la oleada de deseo recorrerle el cuerpo, que ya había sido estimulado en la ducha.
Era como si su mente estuviera en guerra con su cuerpo; una parte le pedía cautela y la otra exigía acción.
Podía sentir cómo flaqueaba su determinación, pero no quería admitirlo.
Estaba mal desearlo, a su propio sobrino, pero en ese momento, no podía evitar sentir un profundo anhelo por él, una necesidad que la consumía por dentro.
El deseo crecía en su interior, empujando contra los muros del autocontrol y la razón, amenazando con liberarse.
Sasha sintió el suave roce de los labios de él en su oreja, el calor de su aliento en el cuello y la delicada caricia de sus manos en su cuerpo, lo que le provocó un escalofrío por toda la espalda.
Era como si él supiera exactamente qué hacer para encender el fuego en su interior.
Poco después, se quitó la toalla y se encontró recostada en la cama, con el cuerpo anhelando que él la tomara.
Su mente le gritaba que se resistiera, que le impidiera seguir adelante, pero su cuerpo estaba en llamas y no quería detenerse.
Era como si lo hubiera estado esperando durante demasiado tiempo.
Sasha sabía que no debería estar haciendo esto, que no debería sentirse así, pero su cuerpo la estaba traicionando, instándola a rendirse al deseo que la consumía por dentro.
Sus pezones se endurecieron con el aire fresco de la habitación mientras la mirada de Lucifer recorría sus pechos al descubierto, y su respiración se volvió pesada.
Lo deseaba; quería sentir su peso sobre ella y su dureza en su interior.
Lucifer también sintió la llamada del deseo al contemplar a Sasha, con su cuerpo desnudo expuesto ante él.
Sus ojos se detuvieron en sus pechos generosos y sus curvas tonificadas, recorriendo cada centímetro de su piel al descubierto.
Podía ver la excitación de ella en cómo lo miraba, en cómo se mordía el labio inferior.
Le hizo hervir la sangre y sentir cómo palpitaba su erección.
Así que se quitó su propia toalla y la arrojó a un lado, dejando al descubierto su cuerpo desnudo y su dura erección.
Con el corazón desbocado y la respiración entrecortada en jadeos, Sasha atrajo a Lucifer, tirando de él hasta colocarlo sobre ella, y sus cuerpos chocaron en un abrazo ardiente.
Su mente era una nebulosa de deseo, y en lo único que podía pensar era en sentirlo dentro de ella.
—Lucifer, ahora mismo estoy cachondísima.
No puedo contenerme.
Fóllame de una vez —susurró Sasha contra los labios de él mientras se echaba hacia atrás en la cama, abriendo las piernas y guiando el duro pene del joven hacia su entrada.
Pero Lucifer no se movió, sino que la miró desde arriba; sus ojos azules se percataron de algo que le hizo contenerse.
A pesar del intenso deseo que recorría su cuerpo, vaciló, con la respiración entrecortada.
Clavó su mirada en la de Sasha mientras intentaba encontrar las palabras para explicar por qué se contenía, a pesar de que ella se le estaba ofreciendo.
Tras unas cuantas respiraciones profundas para calmarse, consiguió recuperar una mínima parte de control sobre su cuerpo y su mente, y miró a Sasha a los ojos, con una mezcla de emociones arremolinándose en su interior.
—Tía Sasha, no puedo hacer esto contigo ahora mismo —dijo Lucifer con un susurro ronco.
Sus palabras fueron un duro golpe para Sasha, y no pudo evitar sentir una punzada de dolor en el corazón mientras el rechazo de él resonaba en su cuerpo y su alma.
—¿Cómo que no puedes?
¿No te he dicho que no puedo controlarme y que quiero tener sexo contigo ahora mismo?
—preguntó Sasha con un deje de ira, decepción e incredulidad en su tono.
Su voz estaba cargada de emoción y no podía entender por qué la rechazaba cuando se le había ofrecido hacía apenas unos segundos.
Había pensado que él estaba tan excitado y preparado como ella.
—No es lo que piensas —empezó Lucifer, con los ojos clavados en los de Sasha mientras le acariciaba la mejilla con la mano, intentando calmarla—.
Sabía que ella estaba disgustada y que su rechazo la había afectado mucho, pero necesitaba que entendiera sus razones antes de poder permitirse perderse en el placer del abrazo de la mujer.
—Te deseo de verdad y quiero tener sexo contigo.
De hecho, yo también estoy muy cachondo y no creo que pueda resistir mucho más.
Pero hay algo que me detiene.
No eres tú.
Es otra cosa.
—¿Y qué es ese algo?
—exigió Sasha, con la voz teñida de impaciencia y frustración—.
Dilo de una vez y acabemos con esto.
Mi cuerpo anhela el tuyo ahora mismo.
Ya no puedo contenerme.
Así que, por favor, dime qué ocurre y sigamos adelante.
Lucifer suspiró.
Podía sentir la excitación de Sasha en cada aliento, en cada caricia.
Su cuerpo desnudo bajo él lo estaba volviendo loco de deseo.
Su aroma era embriagador y sus ojos le suplicaban que la tomara.
Quería hacerlo, de verdad que quería.
Pero algo lo frenaba.
No sabía cómo reaccionaría ella cuando le dijera la verdad.
—Tía Sasha…, estás cansada.
Lo veo.
Y no lo digo en el mal sentido, lo digo porque me preocupo por ti.
Estás agotada por tu trabajo nocturno y la falta de sueño.
Y ahora acabas de ducharte y te ves cansada, agotada y adormilada.
Los ojos se te cierran de sueño y no quiero estresar más tu cuerpo con el sexo.
Tu cuerpo te está diciendo que necesita descansar.
Si tenemos sexo ahora mismo, no obtendrás el descanso que tu cuerpo necesita y eso no es lo que quiero.
Te mereces el sueño y el relax que tu cuerpo requiere.
—Ugh…
A veces eres un completo gilipollas, Lucifer —gruñó Sasha, frustrada por la preocupación de Lucifer.
Pero entonces cerró los ojos y respiró hondo, sintiendo la fatiga y el agotamiento de su propio cuerpo.
Se dio cuenta de que él tenía razón—.
Ahora me siento muy avergonzada.
¡Maldita sea!
Pero…
bueno, quizá tengas razón.
Sasha suspiró al abrir los ojos y mirar a Lucifer, con una suave sonrisa dibujada en los labios.
Podía sentir su preocupación y su cariño, y eso le reconfortó el corazón.
—Mi dulce, dulce Lucifer, de verdad te preocupas por mí.
¿Pero qué hay de tu erección?
—Se me pasará pronto, no te preocupes.
Me alegro de que lo hayas entendido —sonrió Lucifer y le dio a Sasha un tierno beso en la frente.
Luego se apartó de encima de ella y se tumbó a su lado, observando su hermoso rostro antes de tirar de ella para colocarla sobre él.
Sasha no podía negar que la preocupación y el cuidado de Lucifer por su bienestar la habían hecho sentir especial.
A pesar de que su cuerpo se moría por él, tuvo que admitir que él tenía razón.
Estaba cansada y su cuerpo pedía descanso.
Mientras apoyaba la cabeza en el pecho de él, Sasha sintió su mano recorrerle el pelo y la espalda, tranquilizándola y calmándola.
Su contacto era reconfortante y suave, haciéndola sentir querida y cuidada.
Le gustaba estar envuelta en su cálido abrazo y no pudo evitar cerrar los ojos y rendirse a esa sensación.
Su mente comenzó a divagar y su cuerpo empezó a relajarse.
Sasha siempre se había enorgullecido de ser fuerte e independiente.
Nunca antes había necesitado a nadie y siempre se había cuidado sola.
Pero con Lucifer, las cosas eran diferentes.
Sentía una conexión con él, una cercanía que iba más allá de las palabras, un vínculo profundo e íntimo que la hacía sentir segura y querida.
—Oigo los latidos de tu corazón, y es muy relajante.
Gracias, Lucifer —suspiró Sasha, con voz suave y delicada, mientras se quedaba dormida.
Su respiración se volvió lenta y constante, su cuerpo fundiéndose en la comodidad de estar tumbada sobre él.
Mientras se sumía en el sueño, Sasha no pudo evitar sentirse agradecida por el joven que yacía bajo ella.
Era como un ángel de la guarda, velando por ella y protegiéndola.
Sentía que él la entendía mejor que nadie en su vida.
Parecía saber lo que ella necesitaba y cuándo lo necesitaba.
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