Paraíso Lujurioso - Capítulo 192
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192: ¿De verdad creíste que te saldrías con la tuya?
192: ¿De verdad creíste que te saldrías con la tuya?
Una furia intensa comenzó a crecer en su interior cuando Lucifer escuchó el plan que estos hombres tenían para Jennifer y Jessica.
No podía creer que alguien se atreviera a hacer algo tan vil e irrespetuoso a las mujeres que le gustaban.
Pero, por otro lado, la codicia y la lujuria no conocían límites.
Lucifer lo sabía muy bien.
Había visto lo suficiente en su vida para comprender que a veces la gente estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para satisfacer sus deseos, sin importar cuán equivocados o retorcidos pudieran ser.
No les importarían las consecuencias de sus actos ni el dolor que causaran a los demás, siempre y cuando al final consiguieran lo que querían.
Pero Lucifer no iba a permitirlo.
Esas mujeres eran importantes para él, y no iba a dejar que nadie las hiriera o las violara.
Eran suyas para amarlas y apreciarlas, no para que otros las usaran y abusaran de ellas.
La idea de que esos dos hombres pensaran que podían salirse con la suya violando a sus amantes le hizo sentir aún más furioso y decidido a poner fin a su plan.
Era hora de tomar el asunto en sus propias manos.
Sin embargo, en ese momento, algo extraño sucedió.
Por mucho que Lucifer lo intentara, no podía abrir los ojos ni mover el cuerpo.
Era como si su mente y su cuerpo estuvieran completamente desconectados.
Podía oír las voces de los hombres y entender su plan, pero no podía hacer nada al respecto.
Se sentía paralizado e indefenso, incapaz de defenderse o de proteger a las mujeres que le importaban.
«¡Mierda!
¡Mierda!
¡La droga!
¿De verdad me hizo efecto?
No…
¡No puede ser!».
Lucifer hizo todo lo que pudo, pero fue inútil.
Luego sintió a alguien de pie a su lado y, a los pocos instantes, tanto sus manos como sus piernas fueron atadas a la cama, restringiendo aún más sus movimientos.
Tras unos segundos más, sintió cómo la persona le sellaba la boca con cinta adhesiva, imposibilitándole hacer ruido o gritar.
«¡¿Qué coño está pasando aquí?!
¿De verdad me han superado estos cabrones?
¿Cómo coño ha pasado esto?».
La mente de Lucifer iba a toda velocidad mientras sentía dos pares de pies moviéndose hacia la puerta.
Cuanto más se alejaban de él, más furioso se ponía, pero la somnolencia también parecía hacerse más fuerte, adormeciendo lentamente todo a su alrededor.
«¡¡¡¡ESTOY HARTO!!!!».
Un fuerte grito reverberó en la mente de Lucifer.
Era algo diferente a lo que estaba acostumbrado.
«¿CÓMO SE ATREVEN ESOS INSECTOS A HACERME ESTO?
¡¡¡VAN A MORIR POR ESTO!!!»
«¡ESAS DOS MUJERES SON MÍAS!
¡MÍAS PARA FOLLAR!
¡¿Y QUIEREN VIOLARLAS?!»
«¡¡¡NUNCA!!!
¡¡¡ESTO NO PASARÁ NUNCA!!!
¡¡¡¡NO LO PERMITIRÉ!!!!»
«¡¡¡¡LOS HARÉ PEDAZOS ANTES DE QUE TOQUEN A MIS MUJERES!!!!»
Fush…
Un fuego oscuro brotó de cada parte del cuerpo de Lucifer y envolvió todo su ser como si quisiera consumirlo.
Pero no dañó su cuerpo ni su alma.
En cambio, consumió todo su cansancio, somnolencia y debilidad.
Incluso se deshizo de las cuerdas que ataban sus manos y piernas y de la cinta adhesiva que sellaba su boca.
Era un extraño tipo de fuego negro que irradiaba un tono azulado y un frío como el de un viento helado soplando en un día de invierno.
Sin embargo, también se sentía poderoso, intenso y lleno de rabia.
Cuando el fuego se dispersó un momento después, dejó atrás a un Lucifer completamente diferente.
Había una expresión oscura y fría en su rostro mientras miraba a los dos hombres que estaban casi en la puerta.
Su mirada estaba llena de ira, odio y una oscuridad pura que podía provocar escalofríos en la espalda de cualquiera.
Se sentía poderoso, más fuerte que nunca.
El fuego en su interior parecía arder con el deseo de aplastar a sus enemigos y hacerles pagar por lo que habían hecho.
—¿Creen que pueden entrar en mi habitación, atarme y luego ir a violar a mis mujeres sin ninguna consecuencia?
—preguntó Lucifer en voz baja, con sus palabras cargadas de ira—.
Hay que tener nervios de acero para hacer algo así.
Díganme, ¿de verdad creyeron que podían salirse con la suya, Mayordomo Alex, Chef Víctor?
Cuando los dos hombres oyeron su voz, se quedaron conmocionados y asustados.
Se giraron rápidamente para ver la expresión sombría del rostro de Lucifer, que les provocó escalofríos.
Antes de que pudieran decir nada, Lucifer saltó de la cama y se movió hacia ellos con una velocidad que no podían creer que fuera posible para un simple humano.
En una fracción de segundo, Lucifer había cerrado la distancia entre él y los dos hombres que estaban junto a la puerta de su dormitorio, preparándose para salir.
Pero antes de que pudieran salir, las manos de Lucifer se dispararon como un borrón, cada una agarrando el cuello de un hombre como si fueran de hierro.
—¡Grk!
—¡Arrgh!
Los dos hombres lucharon contra el agarre de Lucifer, tratando desesperadamente de liberarse, pero fue inútil.
Sus manos eran como un tornillo de banco, firmes e implacables, apretando sus gargantas con una fuerza aplastante.
Sus ojos se abrieron de par en par mientras lo miraban, con el terror grabado en sus rostros mientras jadeaban en busca de aire, con los pulmones ardiendo por la necesidad de oxígeno que se les negaba.
Sus manos volaron hacia los brazos de Lucifer, arañando y rasguñando en un intento frenético de romper su agarre, pero sus esfuerzos fueron inútiles.
Era como una danza salvaje antes de la muerte mientras se retorcían y se agitaban, con sus cuerpos crispándose en agonía mientras luchaban por respirar.
Con cada segundo que pasaba, sus rostros se ponían cada vez más rojos, luego morados y azules, con las venas abultadas en sus sienes, y sus ojos se inyectaban en sangre y se salían de las órbitas mientras lo miraban con puro terror.
Lucifer, sin embargo, parecía indiferente a su sufrimiento, con una expresión fría y sin emociones.
—No se preocupen, no los mataré todavía —dijo en un tono desprovisto de toda compasión o preocupación—.
Primero me divertiré un poco antes de poner fin a sus inútiles vidas.
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