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Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 106

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106: Capítulo 109 Canadá, el Hielo y la Innovación 106: Capítulo 109 Canadá, el Hielo y la Innovación En las tierras heladas del ártico canadiense, donde el invierno dura ocho meses al año y el hielo cubre los océanos, la comunidad inuit de Nunavut faced un problema invisible pero urgente: las redes de pesca abandonadas, llamadas “ghost nets”, que contaminaban las aguas y amenazaban a la vida marina.

Pero cuando Luna llegó a Inukjuak, una aldea en las costas del mar de Beaufort, trajo una idea que transformaría ese desperdicio en algo útil: “Las redes son plástico, y el plástico puede ser fibra”.

La comunidad inuit, experta en sobrevivir en climas extremos, colaboró con Luna.

“Nosotras conocemos el valor del material”, dijo Ani, una artesana inuit, mientras mostraba un hacha de hueso y una red de pesca vieja.

“Antes, las redes eran una amenaza.

Ahora, pueden ser nuestro escudo contra el frío”.

Luna, usando su experiencia con fibras recicladas, desarrolló “ArcticShield”: una mezcla de plástico de redes abandonadas y algas polares, que resultaba resistente al agua, al viento y a las temperaturas bajo cero.

Alejandro, en meanwhile, se reunió con ejecutivos de The North Face en Vancouver.

“Su marca es un símbolo de supervivencia en el frío”, le dijo.

“Imaginen un parka hecha con redes que salvan vidas marinas y protegen a quienes las usan”.

El acuerdo fue inminente: The North Face se comprometió a producir una línea de outerwear con ArcticShield, cada prenda con un código QR que mostraba el proceso de reciclaje y el impacto en la comunidad inuit.

Lia, inspirada por las historias de Ani y sus compañeras, escribió un libro infantil titulado Los Héroes de la Red Azul , donde un grupo de niños inuit transforman redes en arte y ropa.

“Quiero que los niños entiendan que el desperdicio puede ser una oportunidad”, dijo en una presentación en una escuela de Iqaluit.

Los dibujos del libro mostraban a walrus salvados de redes atrapadas y a niños luciendo parkas hechas con material reciclado.

El evento clave llegó con el desfile “Hielo Vivo” en un ice floe cerca de Nunavut.

El escenario fue un sendero de hielo empacado, iluminado por faros solares, con fondos de auroras boreales en pantallas gigantes.

Modelos inuit jóvenes, entre ellos Ani’s hija, Kallu, caminaron luciendo parkas negras y blancas de ArcticShield, con bordados inuit en las solapas.

“Cada parka protege dos metros cuadrados de océano”, anunció Luna en su discurso, “ya que los fondos de sus ventas financian la recogida de redes en el ártico”.

Ani, subiendo al escenario con Kallu, mostró el código QR de su parka.

Al escanearlo, los asistentes vieron un video de ella recogiendo una red en la playa, luego transformándose en fibras en el laboratorio de Luna, y finalmente confeccionándose en la aldea.

“Esta parka no solo me calienta”, dijo Ani en inglés roto pero emotivo, “me conecta con todo el mundo que cree en un océano limpio”.

Alejandro anunció en el desfile un acuerdo con el gobierno canadiense para instalar estaciones de reciclaje de redes en todas las comunidades árticas.

“Canadá tiene la responsabilidad de cuidar su ártico”, dijo, “y con ArcticShield, la moda se convierte en un aliado de la conservación”.

La respuesta del mercado fue inmediata.

Las parkas de The North Face se vendieron en menos de 48 horas en EE.

UU.

y Europa, y las reseñas elogiaban su diseño y su propósito.

Un cliente en Oslo, al escanear el código de su parka, vio un vídeo de Kallu jugando en la nieve y escribió en Amazon: “Compra con corazón.

Esta parka no solo protege del frío, sino que también salva vidas marinas”.

Luna, ahora trabajando en una versión mejorada de ArcticShield, anunció en un foro climático: “Próximamente, esta fibra podrá absorber microplásticos del agua, convirtiéndose en una herram para limpiar los océanos”.

Su sueño era extender el proyecto a Greenland y Rusia, donde también abundaban las redes abandonadas.

Lia, satisfecha con el éxito de su libro, anunció una colaboración con la Fundación WWF para distribuir copias en escuelas de todo el ártico.

“Los niños son los verdaderos héroes del cambio”, dijo.

En Inukjuak, las mujeres de la cooperativa empezaron a recibir órdenes de todo el mundo.

Ani, mientras cosía una parka para un cliente en Japón, le decía a Kallu: “Verás, hija, la ropa puede ser como el hielo: fría en apariencia, pero cálida en corazón”.

Y Kallu, riendo, respondía: “Y también como el agua: capaz de transformarse”.

Y así, Canadá demostró que incluso en los entornos más duros, la innovación y la solidaridad pueden florecer.

El ártico, antes visto como un límite, se convirtió en un laboratorio de sostenibilidad, donde cada fibra de ArcticShield era un puente entre la tradición inuit y la tecnología moderna.

En las calles de Barcelona, donde la moda se mezcla con el arte y el diseño, la Alianza anunció un proyecto audaz: “Moda Circular en Plazas Públicas”.

Zoe, ahora en Madrid, se reunió con el ayuntamiento para transformar las plazas de la ciudad en desfiles sostenibles.

“Queremos que la moda sea accesible”, dijo, “y que cada callejón, cada plaza, sea un escenario para la sostenibilidad”.

La idea fue simple: en plazas como la del Sol y la de Catalunya, montar desfiles gratuitos con ropa reciclada y certificada, donde los modelos fueran habitantes comunes: estudiantes, ancianos, trabajadores de la calle.

“La belleza no tiene edad ni estatura”, decía Zoe en un vídeo promocional, “y la sostenibilidad tampoco”.

Luna, en meanwhile, colaboró con el designer español Adolfo Domínguez en una línea llamada “Mar de Plástico”, donde cada prenda estaba hecha con fibras recicladas de botellas de plástico recogidas en las playas de España.

“El Mediterráneo es nuestro tesoro”, dijo Domínguez en un entrevista, “y ahora, sus desperdicios se convierten en telas lujosas”.

Alejandro, en Bruselas, celebró que la UE hubiera adoptado normas parciales del código EcoTransparencia, inspiradas en los éxitos de California y México.

“España puede ser el puente entre Europa y América”, le decía a un diputado europeo, “promueve la moda como arte y como respeto al planeta”.

El evento clave llegó con el desfile “Barrio a Barrio” en Madrid.

Comenzó en la Plaza Mayor, donde un abuelo de 70 años caminaba con un abrigo de “Mar de Plástico”, seguido de una estudiante de intercambio con un vestido tejido con algodón orgánico de Perú.

Los códigos QR en las prendas podían escanearse por los espectadores, que podían luego visitar tiendas locales de ropa circular.

Lia, filmando el evento, entrevistó a una madre que había traído a sus hijos.

“Quiero que aprendan que la moda no es solo comprar”, dijo, “sino pensar en cómo cada elección afecta el planeta”.

Los niños, emocionados, participaron en un taller de reparación de ropa, aprendiendo a coser botones y arreglar descosidos.

Zoe anunció la creación de “La Red Española de Moda Circular”, una red de tiendas, diseñadores y fabricantes que se comprometían a usar materiales reciclados y a mostrar su trazabilidad a través del código QR.

“En un año, queremos que cada ciudad española tenga al menos una tienda circular”, dijo.

Las ventas de ropa reciclada en España aumentaron un 35% en un mes, y las cooperativas de reciclaje como Ecoalf vieron su presencia en el mercado aumentar.

Un joven en Valencia, al escanear el código de una camiseta de Ecoalf, vio un vídeo de la playa de Cullera donde se había recogido el plástico para su prenda: “Gracias por ayudar a limpiar mi playa”, escribió en redes.

Alejandro, Satisfechocon el impacto, anunció un intercambio entre diseñadores españoles y artesanos de Oaxaca, promueve la mezcla de tradiciones y tecnologías.

“España y México, unidos por la tela”, dijo en un evento cultural.

Y así, España demostró que la moda circular podía ser elegante y accesible, que cada prenda podía ser un gesto de amor por el planeta.

En las plazas de Barcelona y Madrid, los desfiles seguían llenando de color las calles, y los códigos QR en las prendas eran una invitación a reflexionar: ¿Qué historia carry lo que llevas puesto?

Mientras el sol se ponía sobre la Plaza Mayor, Zoe se sentó a descansar, viendo a la multitud dispersarse con sonrisas.

“En España, la moda no solo se viste”, pensó, “se siente.

Y ese sentimiento es la esperanza de un mundo mejor”.

Y en las tiendas de ropa circular, las luces seguían brillando, mostrando prendas que no solo eran bonitas, sino que también contaban historias de cambio, una fibra reciclada y un código QR a la vez.

En las islas de Indonesia, donde la selva tropical cubre gran parte de la tierra, la comunidad Dayak en Kalimantan tengah estaba luchando contra la deforestación.

La tala de árboles para la madera y la palma aceitera amenazaba no solo el hábitat de los orangutanes, sino también la vida de los aldeanos que dependían de la selva.

Pero cuando Sofía llegó con la Alianza, trajo una idea: “La selva tiene más valor vivo que muerta.

¿Y si usáramos sus hojas y raíces para teñir textiles?”  La comunidad Dayak, con sus conocimientos ancestrales sobre las plantas, se unió al proyecto.

“Tenemos más de 200 años de experiencia en tejer y teñir con tintes naturales”, dijo Budi, un líder comunitario, mostrando una tela de algodón teñida de color verde esmeralda con hojas de indigofera.

Junto con Sofía, crearon la marca “Daun Hidup”, que significa “Hojas Vivas”, y se comprometieron a usar solo materiales sostenibles y a proteger 1 hectárea de selva por cada 100 prendas vendidas.

Zoe, en meanwhile, estaba en Jakarta creando una plataforma digital para “Daun Hidup”.

Los códigos QR en las prendas no solo mostraban el proceso de teñido y tejido, sino también un recorrido virtual por el bosque Dayak, donde los clientes podían ver a los aldeanos recolectando hojas y protegiendo a los orangutanes.

“Queremos que los consumidores se sientan parte del cuidado de la selva”, dijo.

Alejandro, en Bruselas, se reunió con funcionarios de la ONU para promocionar el modelo indonesio.

“Indonesia tiene el segundo bosque tropical más grande del mundo”, le decía al representante de la FAO.

“Con ‘Daun Hidup’, la moda se convierte en un aliado de la conservación forestal”.

El ONU anunció un fondo para apoyar proyectos similares en países tropicales.

El evento clave llegó con el desfile “Selva en la Piel” en Bali.

Modelos indonesios lucían vestidos y pantalones de “Daun Hidup”, con bordados que representaban las aves y los animales de la selva.

En el escenario, había una instalación con árboles artificiales y videos en 3D de la selva Dayak.

“Cada prenda que compras protege un pedazo de la selva”, anunció Budi en el desfile, mostrando el código QR de un vestido.

Lia, que filmó el proceso en Kalimantan, presentó un documental sobre “Daun Hidup”.

En él, se veía a niños Dayak ayudando a sus padres a recolectar hojas y a tejer telas, mientras un orangután observaba desde un árbol cercano.

“Esta no es solo una marca de ropa”, dijo Lia, “es un compromiso con la supervivencia de una cultura y un ecosistema”.

Las ventas de “Daun Hidup” explotaron en Asia y Oceanía.

Empresas de modas sostenibles en Australia y Japón se asociaron con la marca.

Un cliente en Singapur, al escanear el código de su camisa, vio un vídeo de Budi plantando árboles en la selva y escribió en redes: “Me siento orgulloso de llevar esta camisa.

Es como llevar un pedazo de la selva en mi corazón”.

Sofía, satisfecha con el éxito, anunció un acuerdo con la Universidad de Indonesia para crear un centro de investigación en tintes naturales y textiles sostenibles.

“Queremos que la tecnología y la tradición trabajen juntas”, dijo.

En las aldeas Dayak, los telares seguían funcionando desde la mañana hasta la tarde, y los aldeanos sabían que cada prenda que salía de allí era un mensaje de esperanza para la selva.

Budi, al escanear el código de una tela que acababa de tejer, vio un mensaje de un cliente en Nueva Zelanda: “Gracias por cuidar la selva para todos nosotros”.

Y él sonrió, sabiendo que la lucha por la conservación tenía ahora un aliado poderoso: la moda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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