Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 14
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14: chatper 14 Crecimiento individual 14: chatper 14 Crecimiento individual La vida en Barcelona llegó a Sofía como un fresh start.
Después de dejar el Grupo de la Torre, se instaló en un piso pequeño pero acogedor en el barrio Gótico, rodeado de calles empedradas y edificios llenos de historia.
Su nuevo trabajo era en un estudio pequeño llamado “Estudio Luminis”, dirigido por María, una diseñadora catalana que creía en el poder de la moda para transmitir historias.
“¿Por qué quieres trabajar aquí?”, le preguntó María durante la entrevista.
“Eres conocida en el mundo de la moda, podría elegir cualquier empresa grande”.
Sofía sonrió, pensando en los últimos meses.
“Quiero empezar desde cero”, respondió.
“En los grandes grupos, a veces la creatividad se somete a los números.
Aquí, quiero recobrar el placer de diseñar sin prisas, sin presiones”.
María la aceptó, y Sofía comenzó a trabajar como diseñadora junior.
Sus tareas iniciales eran humildes: seleccionar telas en el mercado de la Boquería, redactar listas de materiales, incluso coser botones en prendas de muestra.
Pero su pasión y su ojo entrenado no se iban desapercibidos.
Un día, María le entregó un proyecto crucial: diseñar una pequeña colección para una exposición local llamada “Moda con Alma”, que celebraba el arte hecho a mano.
“Quiero que reflejes tu historia, pero con un toque catalán”, le dijo.
Sofía se sumergió en la cultura de Barcelona.
Caminó por la Sagrada Familia, observando las formas orgánicas de Gaudí; visitó el Mercat de Santa Caterina, inspirándose en los colores de las frutas y verduras; y se sentó en las terrazas del Passeig de Gràcia, viendo cómo la gente combinaba el clásico con el moderno.
Sus bocetos fusionaban el rigor de la costura española con el aire libre de la moda catalana: vestidos de lino con bordados a mano que recordaban las ramblas, y chaquetas de terciopelo con volúmenes que imitaban las torres de la Sagrada Familia.
María estaba impresionada.
“Estos diseños tienen alma”, dijo.
“Los presentaremos en la exposición como tu obra personal”.
Mientras Sofía se Remodelar en Barcelona, en Madrid, Alejandro se sentía como si le hubiera quitado una parte de sí mismo.
El Grupo de la Torre seguía funcionando, pero los proyectos le parecían apáticos sin la inspiración de Sofía.
Se encontraba constantemente mirando su perfil de Instagram, viendo fotos de ella en el estudio, rodeada de telas y bocetos, con una sonrisa que no había visto en Madrid durante meses.
“¿Por qué no la llamas?”, le preguntó Isabella un día, aunque su relación con él seguía siendo tensa.
“Ya sabes que te extraña”.
Alejandro frunció el ceño.
“Ella necesitaba espacio, no quiero molestarla”.
Pero la tentación fue mayor de lo que podía soportar.
Comenzó por enviar mensajes cortos: “¿Cómo va el estudio?”, “Vi tu exposición, los diseños son increíbles”.
Al principio, Sofía respondía con frases breves, pero poco a poco, las conversaciones se alargaban.
En el Estudio Luminis, Sofía estaba preparando el desfile de “Moda con Alma”.
Un día, se encontró con un problema: el tejido que había elegido para un vestido principal no llegó a tiempo.
María estaba nerviosa, pero Sofía se mantuvo calm.
“Tenemos telas de algodón reciclado en el almacén”, dijo.
“Y esos azulejos catalanes que vimos en el mercado…
¿si los usamos como molde para el bordado?”.
El resultado fue sorprendente: un vestido blanco con bordados a mano que imitaban los motivos de los azulejos, combinado con un cinturón hecho con cuero reciclado.
El vestido became the star of the show, y los asistentes aplaudieron cuando Sofía salió al escenario tras el desfile.
“Este vestido no solo es un diseño”, dijo en su discurso, “es un homenaje a la capacidad de reinventarse.
A veces, necesitamos dejar atrás lo conocido para encontrar nuestra verdadera voz”.
En el otro lado de la pantalla, Alejandro la vio en vivo.
Sus palabras le llegaron Directo al corazón.
Sabía que Sofía no solo estaba creciendo como diseñadora, sino que también se estaba reconectando con sí misma, algo que no hubiera sido posible en el Grupo de la Torre mientras él la protegía de los retos.
Decidió visitar Barcelona sin avisar.
Llegó al estudio justo cuando Sofía estaba limpiando después del desfile.
Al verlo, se quedó sin habla.
“Alejandro…
¿qué haces aquí?”, preguntó, sintiendo cómo su corazón latía más rápido.
“Vi tu discurso”, dijo él, acercándose con pasos temerosos.
“Tienes razón.
He estado tan obsesionado con proteger el grupo que me he olvidado de lo importante: que tú necesitas espacio para crecer, y yo necesito aprender a confiar en que nuestras rutas se cruzarán incluso si caminamos por caminos diferentes”.
Sofía lo miró, notando los ojeras en su rostro y la sinceridad en sus ojos.
“En Barcelona, he aprendido que el crecimiento no es solo profesional”, dijo.
“También es personal.
He tenido que lidiar con fallos, con dudas, con la soledad…
y eso me ha hecho más fuerte”.
Alejandro asintió, sintiendo un nudo en la garganta.
“Yo he aprendido que el amor no es controlar, sino apoyar”, dijo.
“Si quieres seguir aquí, lo entenderé.
Pero también quiero que sepas que te extraño, y que el grupo no es el mismo sin ti”.
Sofía sonrió, y por primera vez en meses, sintió que el peso se desvaneció.
“No quiero seguir aquí para siempre”, dijo.
“Pero necesitaba este tiempo para confirmar que mis decisiones no estaban basadas en el miedo, sino en la certeza de quién soy”.
En ese momento, María entró al estudio y los vio sonriendo.
d It seems that you have a lot to talk about.
ijo con una sonrisa, usando el español Imperfect but cariñoso.
“Take all the time you need”.
Alejandro y Sofía se rieron, reconociendo que incluso en medio de la distancia y los retos, su conexión seguía intacta.
En Barcelona, Sofía había encontrado la fuerza para crecer como individuo, y Alejandro había aprendido a respetar su camino.
La próxima etapa de su historia no estaba escrita, pero sabían que, ya sea juntos o separados, sus destinos estaban unidos por algo más fuerte que el trabajo o la distancia: el mutual respeto y el amor que los había llevado hasta allí.
Tras la conversación en el estudio de Barcelona, Alejandro y Sofía mantuvieron un contacto regular.
Aunque Sofía decidió seguir trabajando en el Estudio Luminis por un tiempo, los dos comenzaron a planificar cómo fusionar sus mundos.
Alejandro estaba impresionado con el enfoque artisanal y sostenible que Sofía había adoptado en Barcelona, y quería llevar esos valores al Grupo de la Torre.
En Madrid, la señora de la Torre notó la transformación en su hijo.
“¿Qué te ha pasado?”, le preguntó un día.
“Desde que visitaste a Sofía en Barcelona, parece que has vuelto a encontrar tu pasión”.
Alejandro sonrió.
“Madre, he aprendido que el éxito no se mide solo por las ganancias.
Sofía me ha mostrado que la creatividad y la responsabilidad social pueden coexistir con el crecimiento empresarial”.
Mientras tanto, en Barcelona, Sofía recibió una invitación sorprendente: un festival de moda internacional la había elegido para presentar una colección individual.
Era una oportunidad importante, pero también significaba enfrentarse de nuevo al mundo de la alta costura que había dejado atrás.
“¿Debería hacerlo?”, le preguntó a María.
“Claro que sí”, respondió su jefa.
“Has crecido tanto como diseñadora en estos meses.
Es tiempo de mostrar al mundo lo que eres capaz de hacer”.
Sofía se sumergió en el proyecto.
Quería que esta colección fuera una declaración de su nueva identidad: una mezcla de su origen español, su experiencia en Barcelona y su compromiso con la sostenibilidad.
Recicló telas de anticuarios, usó botones hechos a mano por artesanos locales y creó diseños que celebraban la imperfección.
En el proceso, Sofía y Alejandro trabajaron juntos a distancia.
Él le enviaba datos de mercado y sugerencias sobre la presentación, mientras que ella le contaba las historias detrás de cada diseño.
“Este vestido está hecho con un paño que encontré en un desván”, le dijo una vez.
“Tenía manchas y deshilados, pero eso es lo que le da personalidad”.
El día del festival llegó, y Sofía estaba nerviosa.
El evento se celebraba en un antiguo convento reformado, y la sala estaba repleta de críticos de moda, inversores y celebrities.
Cuando los primeros modelos salieron al pasillo, Sofía sintió cómo el silencio se apoderó de la habitación.
Los vestidos iban desde un abrigo de lana reciclada con bordados que imitaban las ramas de los árboles en el Parc Güell, hasta una falda hecha con trozos de tela de diferentes tonos, combinados en un patrón irregular.
El público se mostró fascinado, y al final del desfile, los aplausos fueron abrumadores.
“Esta colección no solo es una muestra de diseño”, dijo un crítico en su reseña, “es una manifestación de la evolución de una diseñadora que ha encontrado su voz en la simplicidad y la autenticidad”.
Alejandro estaba presente en el festival, y cuando Sofía salió al escenario para recibir los aplausos, le dio un beso en la frente.
“Te dije que eras capaz de todo”, le susurró.
Después del éxito del festival, Sofía y Alejandro hablaron sobre el futuro.
“El Grupo de la Torre necesita de tu visión”, dijo él.
“Y yo necesito tenerte a mi lado, no solo como compañera de trabajo, sino como persona”.
Sofía reflexionó durante días.
Quería volver a Madrid, pero no quería hacerlo sin condiciones.
“Quiero que el grupo abrace completamente la sostenibilidad”, le dijo a Alejandro.
“Y quiero tener libertad para crear sin que nadie me imponga límites”.
Alejandro asintió.
“Hablaremos con el consejo.
Estoy seguro de que, después de ver tu éxito, serán más abiertos a los cambios”.
La señora de la Torre, que había seguido de cerca el desfile de Sofía, también estaba dispuesta a hacer concesiones.
“Tu forma de entender la moda es diferente, pero hay algo en tus diseños que captiva a la gente”, le dijo a Sofía en una reunión.
“Si vienes de vuelta, tendrás todo el apoyo que necesites”.
Con eso, Sofía decidió regresar a Madrid.
Pero no como la diseñadora que había salido meses atrás.
Volvía como una mujer más segura de sí misma, con un nuevo enfoque y la determinación de transformar el Grupo de la Torre.
En el primer día de trabajo, Sofía se encontró con un gran sorpresa.
Alejandro le había preparado un estudio propio, equipado con las mejores máquinas de coser y una vista panorámica de la ciudad.
“Este es tu espacio”, le dijo.
“Y aquí, la única limitante es tu imaginación”.
Sofía lo abrazó, sintiendo cómo todo lo que había vivido en Barcelona había sido un camino necesario para llegar a este momento.
Junto a Alejandro, estaba lista para afrontar nuevos retos y llevar el Grupo de la Torre hacia un futuro más creativo y responsable.
Y aunque sabía que el camino no sería fácil, estaba segura de que, juntos, podían alcanzar cualquier objetivo.
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