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Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 146

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146: Capítulo 153 África Occidental, El Código en la Nube 146: Capítulo 153 África Occidental, El Código en la Nube En el bullicioso mercado de Lagos, donde la comida caliente humeaba en los carritos y los vendedores gritaban ofertas, Emeka caminó entre las bancas de artesanías.

Tenía en la mano un collar de nácar pulido, y en la mente una idea que podría cambiar la vida de miles de artesanos.

“Cada una de estas piezas tiene una historia”, dijo a su equipo, mostrando una figura de madera tallada.

“Y con el código QR, podemos hacer que el mundo la escuche”.

Zoe, que había viajado desde Europa, asintió con entusiasmo.

“Mi app ‘ReparaTuTela’ ya conecta a usuarios con artesanos, pero ‘AfriTransparente’ puede ser la puerta a África”, dijo.

Mientras tanto, Luna trabajaba en un laboratorio local, mezclando residuos de arroz.

“Querido, si comprimimos estos residuos con un poco de agua, obtenemos un material resistente a la humedad perfecto para empaquetar”, anunció, mostrando un envase biodegradable.

La creación de “AfriTransparente”  Emeka fundó “AfriEtico” un año antes, pero ahora lanzaba su versión Versión actualizada: “AfriTransparente”.

Recorrió aldeas rurales de Nigeria, enseñando a artesanos a usar smartphones para grabar sus historias.

“No te preocupes por la tecnología”, les decía a un hombre que tallaba máscaras.

“Solo cuéntanos cómo haces esa máscara, quién te enseñó y cómo ayuda a tu comunidad”.

Los artesanos se mostraron reticentes al principio, pero Emeka insistió.

“Este código QR es como una ventana”, les decía, mostrando un video de un artesano en Kenia que ahora tenía clientes en Europa gracias a un código similar.

“Cada vez que alguien escanee tu código, verán tu trabajo y te pagarán justo”.

Luna, por su parte, logró una hazaña.

Con residuos de arroz que los agricultores solían desechar, creó un material resistente y biodegradable.

“Este empaque no solo protege la artesanía, sino que también ayuda a reducir el desperdicio”, explicaba, mostrando cómo el material se descompone en agua.

El código QR que daba voz a los artesanos  Zoe diseñó la plataforma “AfriTransparente” con un enfoque en la simplicidad.

“Al escanear el código”, decía en un video promocional, “los usuarios verán:  Un video corto del artesano creando la pieza, desde la selección de materiales hasta el detalle final.

Imágenes de su taller y las condiciones laborales, mostrando que son seguras y respetuosas.

Un mapa interactivo de su comunidad, con información sobre el impacto económico generado por el trabajo.

Opciones para comprar directamente al artesano, sin intermediarios”.

En un collar de nácar, el código QR abría un video en el que un pescador hablaba: “Recojo estos nácar en una playa limpia, y cada collar me permite enviar a mis hijos a la escuela”.

En una figura de madera, el código mostraba a un artesano enseñando a su hijo el oficio.

La inauguración de la “Torre de la Transparencia” en Lagos  El día de la inauguración llegó con sol radiante en Lagos.

La “Torre de la Transparencia” se erguía en el centro de la ciudad, un edificio moderno con paneles solares y paredes de vidrio.

Modelos caminaron por el pasillo de desfile, luciendo joyas, máscaras y textiles con códigos QR brillantes.

Emeka subió al estrado, rodeado de artesanos de toda África Occidental.

“Hoy, inauguramos un centro que capacitará a miles de artesanos en el uso del código QR”, anunció.

“Con ‘AfriTransparente’, la tecnología se convierte en puente entre África y el mundo”.

Alejandro, que había viajado desde Bruselas, anunció un acuerdo con la Banca Africana de Desarrollo: “Financiaremos la expansión de ‘AfriTransparente’ a 15 países africanos.

Juntos, podemos dar visibilidad a miles de artesanos”.

Luna mostró en vivo su material de empaque: “Ponga este envase en agua y verá cómo se descompone en solo unas semanas”, dijo, derramando líquido sobre el material.

Zoe invitó a los asistentes a probar la plataforma: “Escanea el código de esa figura y conéctate directamente al artesano que la creó”.

El impacto en las comunidades y el mercado  Después de la inauguración, “AfriTransparente” se convirtió en un éxito.

En tiendas de Europa y Estados Unidos, clientes buscaban artesanías con códigos QR.

“He comprado esta máscara porque quiero saber quién la hizo y cómo ayuda a su comunidad”, dijo un turista en una tienda de Londres, mostrando el video del artesano.

En las aldeas de Nigeria, Ghana y Camerún, los artesanos comenzaron a recibir pedidos directamente de todo el mundo.

“Antes, vendía mis joyas en el mercado local”, decía una artesana.

“Ahora, tengo clientes en Australia y puedo pagar la escuela de mis nietos”.

Un año después: el legado de “AfriTransparente”  Un año después, “AfriTransparente” se había extendido a 10 países africanos.

Luna presentó una nueva versión de su material de empaque: “Ahora, contiene semillas de flores, así cuando se descompone, planta una nueva vida”.

Alejandro anunció que la Banca Africana de Desarrollo había aumentado su financiamiento: “Ahora llegaremos a 20 países”.

Zoe celebró que “AfriTransparente” se hubiera integrado con “ReparaTuTela”: “Ahora, los usuarios pueden encontrar artesanos africanos para reparar sus prendas”, dijo.

Emeka anunció una colaboración con universidades africanas: “Formaremos a jóvenes en diseño y tecnología, para que lideren la próxima generación de ‘AfriTransparente'”.

Un futuro de conexión y dignidad  En una aldea nigeriana, Emeka, Zoe, Luna y Alejandro se reunieron con artesanos.

Mientras observaban a un joven escanear el código QR de una figura de madera, Emeka dijo: “Recuerdo cuando era solo una idea en un cuaderno.

Y ahora, está cambiando vidas”.

Luna sonrió: “Y todavía hay mucho por hacer.

Estoy trabajando en un material de empaque que se autoenvuelva, usando solo la tecnología de códigos QR”.

Zoe asintió: “Y yo, en seguir conectando a personas a través de la tecnología, sin importar dónde vivan”.

Y así, en eso (ese) capítulo de la historia de la Alianza, África Occidental demostró que la tecnología puede ser un puente de dignidad.

Cada código QR en una artesanía era una invitación a conocer un ser humano, su trabajo y su comunidad, mostrando que la transparencia no solo beneficia al consumidor, sino que también da voz a aquellos que durante mucho tiempo han sido invisibles.

En el corazón bullicioso de Lagos, entre los carros atascados y las calles repletas de mercados ambulantes, Emeka se detuvo frente a una banca repleta de artesanías hechas a mano.

Sacó un bloc de notas y anotó rápidamente: “Cada una de estas piezas tiene un alma, pero el mundo no la ve”.

Su ropa, un camisa azul claro y pantalones marrones, contrastaba con la multitud que pasaba deprisa.

“Necesitamos un puente entre estos artesanos y el mercado global”, dijo en voz alta, aunque no había nadie a quien dirigirse.

Zoe, que estaba llegando de un vuelo desde Barcelona, se acercó a él con una sonrisa.

“Oigo que tienes una idea loca”, dijo, sacando su teléfono para mostrarle la app “ReparaTuTela”.

“Imagina si podemos integrar tus artesanos en esto”.

Emeka asintió, emocionado.

“Sería como abrir una ventana al mundo para ellos”.

Mientras tanto, Luna se encontraba en un laboratorio de la universidad local, viendo cómo los residuos de arroz se convertían en algo útil.

“Estos granos que la gente tira pueden ser la clave”, decía, mezclando los materiales con una mezcladora.

La construcción de “AfriTransparente”  Emeka comenzó a viajar por las aldeas rurales de Nigeria.

Llevaba consigo un smartphone y una batería portátil.

En una aldea lejana, encontró a un artesano que tallaba máscaras de madera.

“¿Has oído hablar del código QR?”, le preguntó.

El artesano negó con la cabeza, confundido.

“Es como una puerta virtual”, explicó Emeka.

“Con un simple escaneo, las personas de otros países pueden ver cómo haces esa máscara, quién te enseñó y cómo ayuda a tu comunidad”.

Aunque muchos se mostraron reticentes al principio, Emeka Perseverar.

En una aldea próxima, una artesana que confeccionaba collares de nácar se mostró más receptiva.

“¿Realmente puedo vender mis collares a personas en Europa?”, preguntó, sonriendo tímidamente.

Emeka asintió: “Solo déjame grabarte mientras trabajas”.

Luna, por su parte, logró un gran avance.

Con los residuos de arroz, creó un material resistente a la humedad.

“Mira”, dijo a un grupo de estudiantes de la universidad, mostrando un empaque hecho con el nuevo material.

“Este no solo protegerá las artesanías durante el envío, sino que también se descompondrá en menos de un mes”.

El código QR que desvelaba historias  Zoe se dedicó a diseñar la plataforma “AfriTransparente”.

“Querido público”, decía en un video promocional, “este no es solo un código.

Es una puerta a una historia real”.

Al escanear el código de una figura de madera tallada, los usuarios veían:  Un video en el que el artesano hablaba sobre su inspiración y mostró cómo tallaba la madera desde el bloque crudo hasta la pieza final.

Imágenes de su taller, mostrando las condiciones laborales seguras y respetuosas.

Un relato de cómo el trabajo ayudaba a la comunidad, como financiar la escuela de los niños o la construcción de pozos.

Un botón para comprar directamente, sin intermediarios que se llevaran una parte del precio.

En un collar de nácar, el código QR abría un video en el que la artesana hablaba mientras recorría la playa en busca de nácar.

“Esta playa es mi taller”, decía, sonriendo.

“Y cada collar que vendí me ha permitido construir una cocina en mi casa”.

La inauguración de la “Torre de la Transparencia”  El día de la gran inauguración llegó con un sol abrasador en Lagos.

La “Torre de la Transparencia” se erguía majestuosamente, un edificio de diez pisos con techos verdes y ventanas que parecían reflectorios del cielo.

En la entrada, había una gran pantalla que mostraba códigos QR de diferentes artesanías.

Modelos caminaron por el pasillo de desfile, luciendo joyas, máscaras y textiles con códigos QR discretos.

Emeka subió al estrado, visiblemente emocionado.

“Hoy, inauguramos más que un edificio”, dijo.

“Inauguramos un futuro en el que los artesanos africanos no solo son visibles, sino que también reciben el reconocimiento y el pago que se merecen”.

Alejandro, que había viajado desde Bruselas, se unió a él en el estrado.

“La Banca Africana de Desarrollo ha visto el potencial de ‘AfriTransparente'”, anunció.

“Firmamos un acuerdo para llevar este proyecto a 15 países africanos”.

Luna mostró en vivo cómo su material de empaque se descompone.

Tiro un envase hecho con residuos de arroz al agua y, en cuestión de días, se convirtió en una mezcla blanda y biodegradable.

Zoe, rodeada de influencers locales, animó a los asistentes a escanear los códigos QR y a comprar artesanías en línea.

“Conectémonos con África a través de la cultura y la tecnología”, gritó.

El impacto en las comunidades y en el mundo  Después de la inauguración, el éxito de “AfriTransparente” fue inmediato.

En tiendas de Europa y Estados Unidos, los clientes buscaban artesanías con códigos QR.

“He comprado esta máscara porque no solo es hermosa, sino que también he conocido la historia detrás de ella”, dijo una mujer en una tienda de París.

En las aldeas de Nigeria, la vida de los artesanos comenzó a cambiar.

Una familia que antes vivía con dificultades ahora podía enviar a sus hijos a la escuela gracias a las ventas de sus collares.

“Antes, no soñaba con que alguien en Estados Unidos quisiera mi trabajo”, decía el artesano que tallaba máscaras.

“Ahora, me siento orgulloso”.

Un año después: un legado en crecimiento  Un año después, “AfriTransparente” se había convertido en un fenómeno.

Luna presentó una nueva versión de su material de empaque, ahora con la capacidad de autoenvolver las artesanías.

“Es como un robot de empaque ecoamigable”, dijo, riendo.

Alejandro anunció que la expansión se había extendido a 12 países, con planes para llegar a 20.

Zoe celebró que la integración con “ReparaTuTela” hubiera sido un éxito.

“Ahora, cuando alguien tiene una prenda rota, no solo puede encontrar a un reparador, sino también a un artesano africano que le haga algo único”, dijo.

Emeka, por su parte, anunció una colaboración con la televisión local para crear un programa que mostrara la vida de los artesanos y sus experiencias con la plataforma.

Un futuro de esperanza y conexión  En una noche estrellada en una aldea nigeriana, Emeka, Zoe, Luna y Alejandro se reunieron con los artesanos.

Mientras disfrutaban de una comida casera, Emeka dijo: “Recuerdo cuando era solo una idea loca.

Y ahora, está cambiando vidas”.

Luna sonrió: “Y todavía hay mucho por hacer.

Estoy trabajando en un material que se nutra de la humedad del aire para proteger mejor las artesanías”.

Zoe asintió: “Y yo, en seguir creando plataformas que conecten a personas.

La tecnología es la clave para un mundo más justo”.

Y así, en eso (ese) capítulo de la historia de la Alianza, África Occidental demostró que la tecnología no es solo para los grandes ciudadanos y corporaciones.

Con un código QR, un smartphone y un poco de creatividad, los artesanos más remotos pueden mostrar su trabajo al mundo, cambiar su vida y, en el proceso, darnos una lección sobre la importancia de la transparencia y la conexión humana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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