Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 15
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15: Chatper 15 La oferta de colaboración 15: Chatper 15 La oferta de colaboración El segundo día de la cumbre, Sofía estaba revisando los materiales de la exposición de su estudio cuando una mujer de traje elegante se acercó a ella.
“Sofía Rodríguez, ¿verdad?
Soy Clara Mendes, directora de compras de ‘Vida Nueva’, una marca de ropa sostenible con sede en Milán”.
Sofía la saludó, interesada.
“Encantada, Clara.
He oído hablar de tu marca; hacen un trabajo increíble con telas recicladas”.
Clara asintió, sonriente.
“Gracias.
En realidad, es por eso que vine a buscarla.
Nos gustaría colaborar en una colección conjunta con el Grupo de la Torre y su estudio.
Creemos que su estilo y el de Alejandro se complementan a la perfección”.
Sofía se quedó sin habla.
La idea de trabajar nuevamente con Alejandro la intimidaba, pero a la vez, la señuelo de un proyecto de esta envergadura era irresistible.
“Es una oferta muy interesante, pero…” “¿Pero qué?”, interrumpió Clara.
“He visto su desfile en Barcelona y los proyectos de Alejandro en Madrid.
Ustedes son los dos referentes de la moda sostenible en España.
Imagine lo que podrían lograr juntos”.
Antes de que Sofía pudiera responder, Alejandro apareció detrás de ella.
Había estado observando la conversación desde lejos, y su corazón latía con fuerza al escuchar la oferta.
“Clara tiene razón, Sofía.
Esta colaboración podría ser un hito para ambos”.
Sofía se volvió, notando la esperanza en los ojos de Alejandro.
“Pero el Grupo de la Torre tiene su propio equipo de diseño.
¿Por qué necesitan a mí?”.
“Porque tu visión es única”, dijo Alejandro, con vehemencia.
“Los diseños que creaste en Barcelona tienen algo que no hay en ningún otro lugar: una autenticidad que conecta con la gente.
Quiero que esa autenticidad sea parte del grupo”.
Clara asintió, entusiasmada.
“Además, ‘Vida Nueva’ pagará una comisión considerable y asumirá parte de los costos.
Es un win-win para todos”.
Sofía reflexionó.
Sabía que este proyecto podría elevar su carrera a otro nivel, pero también sabía que implicaría trabajar estrechamente con Alejandro, algo que still le causaba dolor.
“Si accepto”, dijo, lentamente, “tengo condiciones”.
Alejandro asintió rápidamente.
“Cualquier condición, Sofía.
Solo dime”.
“Primero”, dijo Sofía, “quiero liderar el equipo de diseño, con plena libertad para elegir materiales y techniques.
No quiero que nadie me imponga límites creativos”.
“De acuerdo”, respondió Alejandro sin dudarlo.
“Segundo”, continuó Sofía, “quiero que el grupo invierta en talleres artesanales en Barcelona, para apoyar a los pequeños productores locales”.
Alejandro sonrió.
“Ya estaba planeando algo similar.
Es una excelente idea”.
“Y tercero”, dijo Sofía, con voz más baja, “quiero que nuestra relación sea solo profesional.
No quiero mezclar el trabajo con lo personal”.
Alejandro vaciló un instante, pero luego asintió.
“Respetaré tus límites, Sofía.
Lo único que pido es que me des la oportunidad de demostrar que puedo ser tu compañero de trabajo sin complicaciones”.
Sofía lo miró, buscando cualquier señal de mentira en su rostro.
No vio nada más que sinceridad.
“Muy bien”, dijo, extendiendo la mano.
“Tendremos una colaboración profesional”.
Alejandro la apretó, sintiendo el calor de su palma.
Sabía que era solo el primer paso, pero estaba agradecido de tener una oportunidad más.
“Gracias, Sofía.
No te arrepentirás”.
En las siguientes semanas, Sofía y Alejandro comenzaron a trabajar juntos en el proyecto.
Sofía se mudó temporalmente a Madrid, pero se instaló en un apartamento independiente, lejos del palacio del grupo.
Los encuentros se limitaban a reuniones de trabajo, y Sofía mantuvo una actitud distante, aunque 专业.
Alejandro, por su parte, cumplió todas sus promesas.
Se creó un equipo de diseño exclusivo para el proyecto, se firmaron acuerdos con talleres en Barcelona, y Sofía tuvo plena libertad para desarrollar sus ideas.
Incluso la señora de la Torre, aunque reservada, no opuso resistencia.
“Si esto hace crecer el grupo”, decía, “entonces vale la pena”.
Mientras trabajaban, Sofía notó que Alejandro se había convertido en un compañero de trabajo impecable: respetuoso, creativo y comprometido.
Pero a pesar de ello, seguía manteniendo una barrera emocional, temiendo volver a sufrir el dolor de antes.
Un día, mientras revisaban los bocetos finales, Alejandro se atrevió a mencion el pasado.
“Sofía”, dijo, con voz suave, “sé que no tienes por qué perdonarme, pero quiero que sepas que cada día me arrepiento de lo que hice.
Tu eres la persona más importante en mi vida, tanto en el trabajo como en la vida personal”.
Sofía cerró los ojos, sintiendo cómo sus palabras le deshacían la barrera que había erigido.
“Alejandro, por favor…”, dijo, sin terminar la frase.
“Te pido solo una cosa”, continuó él, “que no cierres para siempre la puerta.
Estoy dispuesto a esperar todo el tiempo que sea necesario, pero no puedo imaginar mi vida sin ti”.
Sofía lo miró, y en ese momento, vio no solo a su compañero de trabajo, sino a la persona que había amado y perdido.
Sabía que el camino hacia el perdón sería largo, pero también sabía que el amor que habían compartido no se borraba tan fácilmente.
“Por ahora”, dijo, con un suspiro, “concentrémonos en el proyecto.
El resto…
veremos”.
Alejandro sonrió, reconociendo que era el primer avance desde el reencuentro.
“Muy bien”, dijo, “pero quiero que sepas que siempre estaré aquí, esperando”.
Y así, mientras trabajaban juntos en la colaboración con ‘Vida Nueva’, Sofía y Alejandro comenzaron un nuevo capítulo: uno de confianza laboral, de respeto mutuo, y de esperanza en un futuro que, aunque incierto, ofrecía la posibilidad de reconectar con lo que habían perdido.
Y aunque Sofía insistía en que era solo una colaboración profesional, ambos sabían que las historias de corazón tienen una manera de reescribirse cuando menos se espera.
Con el acuerdo firmado, Sofía y Alejandro se sumergieron en el proyecto de colaboración con ‘Vida Nueva’.
Aunque Sofía había establecido claras fronteras entre su relación profesional y personal, pronto se dio cuenta de que trabajar juntos en un proyecto tan ambicioso no sería sencillo.
El primer obstáculo llegó cuando los equipos de diseño de Barcelona y Madrid se encontraron en desacuerdo sobre el concepto central de la colección.
Los diseñadores del Estudio Luminis defendían un enfoque más artesanales y minimalista, inspirado en la vida cotidiana y la naturaleza, mientras que el equipo del Grupo de la Torre abogaba por un estilo más elegante y sofisticado, con influencia de la alta costura española.
“Estos diseños son demasiado simplisticos”, dijo uno de los diseñadores madrileños, señalando los bocetos de Sofía.
“No tienen el lujo que espera el público objetivo de ‘Vida Nueva'”.
Sofía frunció el ceño.
“El lujo no se mide solo por la opulencia material”, respondió.
“Quiero transmitir la calidad y la atención al detalle de la artesanía, y esa es una forma de lujo más auténtica”.
Alejandro, que estaba presidiendo la reunión, intentó calmar las aguas.
“Ambos enfoques tienen mérito.
¿Qué te parece si combinamos la sofisticación del diseño madrileño con la autenticidad del estilo barcelonés?”.
Pero la tensión siguió latente.
Además, el proceso de producción presentó problemas.
Los talleres artesanales de Barcelona, aunque talentosos, tenían dificultades para cumplir con los plazos estrictos establecidos por ‘Vida Nueva’.
Un día, Sofía recibió la noticia de que la entrega de una gran cantidad de telas bordados estaba retrasada.
“Esto es un desastre”, dijo a Alejandro, mostrándole los correos electrónicos preocupados de Clara Mendes.
“Si no resolvemos esto, ‘Vida Nueva’ podría cancelar la colaboración”.
Alejandro se mostró impertérrito.
“No te preocupes, Sofía.
Yo me encargo de enviar un equipo de expertos de Madrid para ayudar a los talleres locales a organizarse y cumplir con los plazos”.
Sofía lo miró con escepticismo.
“¿Y si los artesanos se sienten intimidados por la llegada de extraños a su taller?”.
“Entonces, iremos juntos”, respondió Alejandro.
“Mostraremos que queremos trabajar con ellos, no por encima de ellos”.
Esa misma semana, Sofía y Alejandro viajaron a Barcelona.
Al llegar al taller, se encontraron con un ambiente tenso.
Los artesanos estaban preocupados por no cumplir con las expectativas y temían que los expertos de Madrid les impusieran métodos nuevos que no entendían.
“Queridos artesanos”, dijo Sofía, hablando en el catalán que había aprendido durante su estancia en la ciudad, “no estamos aquí para criticar vuestro trabajo.
Sabemos que sois los mejores en lo que hacéis, y solo queremos ayudaros a cumplir con los plazos sin perder la calidad que caracteriza vuestro trabajo”.
Alejandro asintió.
“Trajimos materiales adicionales y algunos equipos que os harán la tarea más fácil, pero el diseño y la ejecución son vuestros.
Solo queremos ser vuestros aliados en este proyecto”.
Con el tiempo, la tensión se disipó.
Los expertos de Madrid trabajaron de la mano de los artesanos barceloneses, enseñándoles a optimizar su tiempo y a utilizar mejor los materiales, mientras que Sofía y Alejandro revisaban constantemente los diseños para asegurarse de que no perdían su esencia.
En medio de estos retos, la relación entre Sofía y Alejandro comenzó a cambiar.
Aunque ella seguía manteniendo una actitud distante, no podía negar que admiraba la forma en que Alejandro se envolvía en el proyecto y respetaba sus opiniones.
Y él, por su parte, disfrutaba de cada momento que pasaba con ella, aunque fuera solo en el contexto del trabajo.
Un día, después de un día largo de trabajo en el taller, Sofía y Alejandro se sentaron en una terraza cercana a tomar un café.
“Gracias por venir conmigo a Barcelona”, dijo Sofía, sorprendiéndolo.
“Sabía que era importante resolver el problema de los plazos, pero también que podía ser complicado para los artesanos”.
Alejandro sonrió.
“Yo solo hice lo que tenía que hacer.
Además, me alegra poder ver cómo trabajas, Sofía.
Eres realmente talentosa y comprometida”.
Sofía se sonrojó ligeramente.
“Bueno, tampoco estás mal”, dijo, intentando mantener un tono ligero.
En ese momento, Alejandro decidió tomar un riesgo.
“Sofía, sé que dijiste que queríamos mantener una relación solo profesional, pero…
¿crees que algún día podríamos hablar de lo que pasó entre nosotros?
No para presionarte, sino para entenderlo mejor”.
Sofía se quedó callada durante un momento, reflexionando.
“Quizás algún día”, dijo, lentamente.
“Pero por ahora, concentrémonos en terminar este proyecto con éxito”.
Alejandro asintió, satisfecho con la respuesta.
Sabía que era un avance, aunque pequeño.
Y mientras disfrutaban del café y la brisa de Barcelona, ambos sabían que, a pesar de los retos que aún les esperaban en el proyecto, estaban creando una nueva forma de relacionarse, más sólida y basada en el respeto y la confianza profesional.
Mientras tanto, en Madrid, la señora de la Torre seguía de cerca el progreso del proyecto.
Aunque no se atrevió a interferir, estaba interesada en ver cómo se desarrollaría la colaboración y si podía ser un modelo para futuros proyectos del grupo.
Y en Milán, Clara Mendes esperaba con impaciencia los resultados finales, ansiosa por ver cómo se veía la colección que podría ser un hito para ‘Vida Nueva’.
Y así, Sofía y Alejandro continuaron trabajando juntos, sabiendo que cada obstáculo superado los acercaba más, no solo al éxito del proyecto, sino también a una posible reconciliación emocional.
Aunque el futuro seguía siendo incierto, la esperanza y la determinación los impulsaban a seguir adelante, unidos en el objetivo de crear una colección que sorprendiera al mundo de la moda.
Con los plazos cumplidos y los diseños terminados, el proyecto de colaboración estaba a punto de debutar en la Semana de la Moda de Milán.
Sofía y Alejandro habían superado muchos obstáculos, y la relación entre ellos se había fortalecido, aunque seguía siendo puramente profesional.
Pero justo cuando todo parecía ir de maravilla, una tormenta se avecinaba.
Un día, Sofía recibió un mensaje en su cuenta de Instagram.
Era un usuario anónimo que le envió una serie de imágenes: diseños muy similares a los que ella y su equipo habían creado para la colaboración con ‘Vida Nueva’.
“Estos diseños los vi hace meses en un estudio local de Milán”, decía el mensaje.
“¿Estás segura de que no los copiaste?”.
Sofía se quedó sin habla.
Consultado los detalles de las imágenes y notó que, aunque no eran idénticos, las similitudes eran alarmantes.
Sin pensarlo dos veces, le mostró el mensaje a Alejandro.
“Esto es ridículo”, dijo él, frunciendo el ceño.
“Nuestros diseños son originales.
Alguien está tratando de echarle un cabo al proyecto”.
Pero las acusaciones no tardaron en llegar a los medios.
Una revista de moda publicó un artículo con el titular “¿Plagio en la colaboración esperada?”.
Las redes sociales se convirtieron en un hervidero de críticas y especulaciones.
Clara Mendes, de ‘Vida Nueva’, se mostró preocupada y pidió una investigación inmediata.
“Tenemos que demostrar nuestra inocencia”, dijo Sofía, con determinación.
“Pero ¿por dónde comenzar?”.
Alejandro decidió contactar con el detective privado que el grupo solía contratar en casos difíciles.
Mientras tanto, Sofía y él revisaron todos los registros de los bocetos, los correos electrónicos y las fechas de creación de los diseños.
Consultado los archivos de seguridad del estudio de Barcelona y el del Grupo de la Torre, buscando cualquier pista de un robo de información.
En medio de la crisis, la tensión entre Sofía y Alejandro volvió a surgir.
Algunos miembros del equipo de Madrid le echaban la culpa a Sofía, sugiriendo que era demasiado “libre” en su forma de trabajar y que podría haber dado lugar a filtraciones.
“¿Estás escuchando esto?”, le dijo Sofía a Alejandro, indignada.
“Después de todo lo que hemos hecho juntos, ¿me acusan de plagiarismo?”.
Alejandro trató de calmarla.
“No te preocupes, Sofía.
Yo confío en ti.
Pero tenemos que encontrar la verdad para detener estos rumores”.
Durante la investigación, el detective privado descubrió algo sorprendente: una serie de transacciones bancarias sospechosas entre un empleado junior del Grupo de la Torre y una persona desconocida.
Consultado las comunicaciones electrónicas del empleado y encontró mensajes en los que se hablaba de “entregar información valiosa”.
Alejandro y Sofía entrevistaron al empleado, quien finalmente confesó que había sido sobornado por una marca rival para difundir el rumor de plagio y arruinar la colaboración.
“Me dieron mucho dinero”, dijo, llorando.
“Pensé que era una forma fácil de ganar”.
Con la verdad al día, el Grupo de la Torre y ‘Vida Nueva’ publicaron una declaración detallada, mostrando las pruebas de la trampa y desmentiendo las acusaciones de plagio.
La marca rival fue sancionada legalmente, y las redes sociales se volvieron en contra de quienes habían intentado destruir el proyecto.
Después de superar esta 危机,Sofía y Alejandro se encontraron en el despacho de él, cansados pero aliviados.
“Gracias por confiar en mí”, dijo Sofía, con un suspiro.
“En un momento dado, pensé que todo se estaba derrumbando”.
Alejandro la miró a los ojos.
“Te he dicho una y otra vez que confío en ti, Sofía.
Y no solo como diseñadora, sino como persona”.
En ese momento, la tensión sexual entre ellos era palpable.
Sofía trató de apartar la vista, recordando las fronteras que había establecido, pero Alejandro se acercó.
“Sofía, ¿cuándo vamos a dejar de fingir que no sentimos nada el uno por el otro?”.
Sofía respiró hondo.
“Alejandro, no es tan fácil…”.
“Lo sé”, dijo él, interrumpiéndola.
“Pero después de todo lo que hemos vivido juntos, no puedo seguir callando mis sentimientos.
Te amo, Sofía, y siempre te he amado”.
Sofía lo miró, y en los ojos de Alejandro vio la sinceridad.
Ella sabía que también lo amaba, pero el miedo a volverse a herir la detuvo.
“No podemos”, dijo, con voz temblorosa.
“No podemos arriesgar el proyecto y nuestro trabajo”.
Alejandro la tomó de las manos.
“No estás arriesgando nada.
El proyecto es un éxito, y nuestro trabajo es sólido.
Y si algo nos hace más fuertes en el trabajo, es la conexión que tenemos”.
Sofía dudó.
Sabía que Alejandro tenía razón, pero el miedo seguía latente.
“Déjame pensar”, dijo, soltando sus manos y alejándose.
Alejandro la dejó marchar, sabiendo que no podía presionarla.
Pero en aquel momento, ambos sabían que la barrera que separaba su relación profesional y personal estaba a punto de derrumbarse, y que el futuro podía ser muy diferente a cómo lo habían imaginado.
Y mientras la tensión y la incertidumbre los invadían, el proyecto de colaboración estaba listo para cautivar a todo el mundo en la Semana de la Moda de Milán, aunque el verdadero drama estaba ocurriendo en el corazón de aquellos que lo habían creado.
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