Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Chatper 18 La prueba de la vida y la muerte
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18: Chatper 18 La prueba de la vida y la muerte 18: Chatper 18 La prueba de la vida y la muerte La lluvia caía a cántaros cuando Sofía y Alejandro emprendieron el viaje hacia un pueblecito de montaña en el norte de España.
Eran los primeros días de su nueva etapa juntos, después de que Isabella fuera destituida y la señora de la Torre diera su blessing implícito a su relación.
El objetivo: visitar a artesanos que trabajaban con lana de oveja local, un material clave para la nueva línea sostenible que estaban preparando.
“¿Estás segura de que este camino es el correcto?”, preguntó Alejandro, frunciendo el ceño mientras manejaba por un sendero empedrado y resbaladizo.
El GPS había perdido señal hacía media hora, y las nubes grises amenazaban con oscurecer la tarde antes de lo previsto.
Sofía revisaba el mapa en papel.
“Según el artesano, deberíamos llegar en media hora.
Pero con esta lluvia…”, su voz se apagó al notar que el coche comenzaba a deslizarse en el camino resbaladizo.
De repente, un clato de trueno retumbó en el cielo, y el coche chocó contra un árbol en el borde del camino.
El airebag se infló con un estruendo, y Sofía sintió un dolor agudo en el hombro.
Cuando abrió los ojos, vio que el parabrisas estaba roto y que Alejandro tenía la mano derecha sangrante, probablemente fracturada.
“Alejandro, ¿estás bien?”, preguntó, tratando de deshacer el cinturón de seguridad con manos temblorosas.
“Estoy…
bien”, respondió él, jadeando.
“Pero no puedo mover el brazo.
Creo que me he fracturado la muñeca”.
El coche estaba inutilizable, y el teléfono no tenía señal.
La lluvia seguía cayendo, y la temperatura comenzaba a bajar.
Sofía sacó un abrigo de lana del maletero y lo extendió sobre ambos para protegerse del frío.
“Tenemos que salir de aquí”, dijo Sofía.
“Quizás hay un pueblo cerca”.
Alejandro la detuvo.
“No, Sofía.
Estás herida, y yo no puedo caminar bien.
Es mejor esperar a que alguien nos encuentre”.
Pero sabían que el tráfico en ese camino era escaso, especialmente en un día como aquel.
Sofía se acercó a Alejandro y le limpió la sangre de la mano con un pañuelo húmedo.
“No te preocupes, vamos a salir adelante.
Recuerdo cuando estábamos en Tokio y tuvimos que reorganizar la presentación después de que Tanaka se negara a colaborar.
那时我们也解决了问题,不是吗?” Alejandro sonrió débilmente.
“Sí, pero en ese momento no te amaba como te amo ahora”.
Sus palabras hanging in the air, cargadas de una sinceridad que no había habido antes.
La lluvia, el frío y el peligro les habían liberado de cualquier reservación.
“Sofía, desde que te vi en el Estudio Luminis en Barcelona, supe que eras la persona que me faltaba.
He luchado contra mis sentimientos, contra mi familia, contra todo, pero no puedo más.
Te amo, y quiero que me acompañes en el resto de mi vida”.
Sofía le tomó la mano no herida y la apretó contra su mejilla.
“Yo también te amo, Alejandro.
He estado tan asustada de perder mi independencia, de caer en la misma trampa de la presión familiar, pero ahora sé que el amor no es una trampa.
Es el pilar que nos sostiene”.
En el silencio que siguió, solo se escuchaba la lluvia y el latir de sus corazones.
Sofía se acercó más a Alejandro, procurando compartir el calor del abrigo.
Hablaron de sus sueños, de los proyectos que querían realizar juntos, de cómo superar cada obstáculo como equipo.
Cuando la noche cayó, el frío se hizo insoportable.
Alejandro notó que Sofía temblaba, y aunque él estaba herido, trató de darle más cobertura con el abrigo.
“No te preocupes por mí”, dijo Sofía.
“Estoy aquí para cuidarte, como tú siempre has cuidado de mí”.
Al amanecer, un camionero que pasaba por el camino los vio y llamó a emergencias.
Mientras esperaban la ambulancia, Sofía y Alejandro se besaron, sintiendo como si el mundo se detuviera alrededor de ellos.
Aquella noche de lluvia y frío había sido una prueba, no solo de su supervivencia, sino de la profundidad de su amor.
En el hospital, mientras Alejandro recibía tratamiento para su fractura, la señora de la Torre los visitó.
Viendo a los dos juntos, heridos pero unidos, se derritió un poco más.
“Ya veo que la vida os ha elegido a ambos”, dijo, con una sonrisa temblorosa.
“Y yo, por fin, entiendo que el amor puede ser la base más fuerte para cualquier proyecto”.
Cuando salieron del hospital, Sofía y Alejandro caminaron hacia el coche nuevo que les habían regalado.
La lluvia había cesado, y el sol comenzaba a asomar entre las nubes.
“¿Sabes lo que más me gustó de aquella noche?”, preguntó Alejandro, tomándole la mano.
“Que no habíamos necesitado palabras grandiosas o promesas.
Solo nuestra presencia mutua fue suficiente para entender que juntos, podemos afrontar cualquier cosa”.
Sofía asintió, sabiendo que aquella experiencia los había llevado a un nivel de confianza y amor que no podría ser alterado por nada en el mundo.
Y mientras se acercaban a su futuro juntos, sabían que cada obstáculo que encontraran en su camino sería una oportunidad para demostrar que su amor era más fuerte que cualquier adversidad.
Nuevos retos, nuevos sueños Tras el accidente, Sofía y Alejandro volvieron a Madrid más unidos que nunca.
La señora de la Torre, conmovida por la lealtad y el amor que habían demostrado, los abrazó y les ofreció todo el apoyo necesario para continuar con sus proyectos.
El Grupo de la Torre estaba en un momento de cambio, y los dos jóvenes se veían obligados a tomar decisiones importantes para llevar la empresa hacia el futuro.
“La experiencia en la montaña me ha hecho reflexionar”, dijo Alejandro una mañana, mientras desayunaban en el piso de Sofía.
“Querido, no solo sobre nuestro amor, sino sobre el camino que queremos trazar para el grupo.
No queremos solo ser una marca de moda, sino un referente en sostenibilidad y responsabilidad social”.
Sofía asintió, mordiéndose el labio.
“Estoy de acuerdo, pero también sabemos que no será fácil.
Hay muchos en el consejo de administración que prefieren seguir con los métodos tradicionales”.
Justo en ese momento, Alejandro recibió una llamada que cambiaría el rumbo de sus planes.
Era un representante de la ONU, que le informó de un concurso internacional para diseñar ropa sostenible para refugiados.
“Sería una oportunidad perfecta para mostrar lo que podemos hacer”, dijo al 挂断 el teléfono.
“Pero implicaría un gran esfuerzo y recursos”.
Sofía se puso en pie, emocionada.
“No podemos dejar pasar esta oportunidad.
Imagina, no solo estaríamos ayudando a personas necesitadas, sino que también estaríamos demostrando que la moda puede ser un medio para hacer el mundo mejor”.
Sin dudarlo, comenzaron a trabajar en el proyecto.
Recogieron telas recicladas de todo el mundo, se reunieron con expertos en diseño funcional y convirtieron el taller del Grupo de la Torre en un hervidero de actividad.
Pero pronto se dieron cuenta de que no estaban solos en este reto.
Una marca de moda estadounidense, conocida por su agresividad en el mercado, también estaba participando en el concurso y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para ganar.
“Han roto todos los acuerdos de colaboración con los proveedores locales”, les dijo uno de sus artesanos, preocupado.
“Están ofreciendo precios 荒谬 os para monopolizar los materiales”.
Alejandro y Sofía se encontraron en un aprieto.
Sin los materiales adecuados, no podrían terminar su colección a tiempo.
Pero en lugar de desanimarse, buscaron una solución alternativa.
Recorrieron pueblos y ciudades, hablando con artesanos y grupos comunitarios que estaban dispuestos a trabajar con ellos.
En un pequeño pueblo de Andalucía, encontraron a una cooperativa de mujeres que tejían tela de algodón orgánico.
“Esta tela es perfecta”, dijo Sofía, acariciando el tejido.
“Y trabajar con ustedes significa apoyar a una comunidad”.
Mientras tanto, en el Grupo de la Torre, el consejo de administración se mostraba dividido.
Algunos miembros creían que el proyecto era demasiado arriesgado y que se estaba perdiendo tiempo y dinero en una competencia que no les preocupaba.
“Somos una empresa de alta costura, no una organización humanitaria”, dijo uno de ellos en una reunión.
Alejandro lo miró a los ojos con determinación.
“Si no nos preocupamos por el bienestar de los demás, ¿para qué sirve todo esto?
Esta es una oportunidad de mostrar que el Grupo de la Torre no solo es rentable, sino también responsable”.
La señora de la Torre, que había estado callada durante la discusión, finalmente habló.
“Alejandro tiene razón.
Si queremos seguir siendo relevantes en un mundo cada vez más consciente, debemos apostar por proyectos como este”.
Con el apoyo de su madre, Alejandro y Sofía siguieron adelante.
Los días se volvieron largos y difíciles, pero la motivación de ayudar a los refugiados los impulsaba.
Isabella, que había tratado de sabotear sus planes desde la sombra, se dio cuenta de que esta vez no tendría fácil la tarea.
El día del jurado llegó.
Sofía y Alejandro estaban nerviosos, pero orgullosos de lo que habían logrado.
Cuando se mostraron sus diseños, el salón se quedó en silencio.
Las prendas no solo eran funcionales y hermosas, sino que cada una de ellas contaba una historia de superación y esperanza.
“Esta no es solo una colección de ropa”, dijo uno de los jueces, emocionado.
“Es un mensaje de solidaridad y cambio”.
Antes de que se anunciara el ganador, Alejandro se acercó a Sofía y la abrazó.
“No importa el resultado”, le susurró.
“Lo importante es que hemos hecho algo que realmente importa”.
Y cuando se anunció que el Grupo de la Torre era el ganador del concurso, los aplausos se volvieron abrumadores.
Sofía y Alejandro salieron al escenario, rodeados de felicitaciones.
Habían demostrado que el amor y la responsabilidad social podían llevar a la empresa a nuevas alturas, y estaban más dispuestos que nunca a enfrentar cualquier reto que viniera en su camino.
Las olas de la adversidad El éxito en el concurso de la ONU abrió las puertas a nuevas oportunidades para el Grupo de la Torre.
Alejandro y Sofía se veían invitados a conferencias internacionales, y empresas de todo el mundo se interesaban en colaborar con ellos.
Pero con el reconocimiento llegó también la envidia y la oposición.
Un día, mientras revisaban los planes para la apertura de una nueva fábrica sostenible en África, Sofía recibió una noticia preocupante.
Un informe en la prensa acusaba al grupo de utilizar prácticas no éticas en la producción de alguno de sus materiales.
“Esto es una mentira pura”, dijo, mostrándole el artículo a Alejandro.
“Sabemos que todos nuestros proveedores cumplen con los estándares más altos”.
Alejandro frunció el ceño.
Sabía que alguien estaba detrás de esta campaña de desprestigio, y sospechaba que era la misma marca estadounidense que habían enfrentado en el concurso.
“No podemos dejar que esto se extienda”, dijo.
“Tenemos que encontrar quién está detrás y demostrar la verdad”.
Mientras investigaban, el consejo de administración se volvió nervioso.
Algunos miembros sugirieron que era mejor apagar el fuego y hacer concesiones, pero Alejandro y Sofía se negaron a rendirse.
“Si hacemos eso, estábamos admitiendo que hay algo de verdad en estas acusaciones”, dijo Sofía en una reunión.
“Y no podemos permitir que nos mancillen de esta manera”.
En medio de la crisis, la preparación del casamiento de los dos se vio afectada.
La señora de la Torre, aunque más comprensiva que antes, tenía ciertas expectativas tradicionales sobre cómo debía ser el evento.
“El casamiento de una familia como la nuestra debe ser un acontecimiento espléndido”, le dijo a Sofía.
“Necesitamos una boda en el palacio, con todos los protocolos”.
Sofía, que soñaba con una celebración más sencilla y cercana a la naturaleza, se encontró en un dilema.
“Querida señora de la Torre, entiendo su punto de vista, pero Alejandro y yo queremos una boda que refleje nuestros valores.
¿Por qué no hacemos algo más sostenible y acogedor?”.
La discusión se volvió tensa, y Alejandro tuvo que interponerse.
“Madre, Sofía tiene razón.
Nuestra boda debe ser una celebración de nuestro amor y de lo que creemos, no solo una exhibición de riqueza”.
Antes de que pudiera resolverse el asunto del casamiento, la situación en el grupo se complicó aún más.
Un importante proveedor de telas anunció que suspendía la colaboración, influido por las acusaciones en la prensa.
“Esto es un desastre”, dijo Clara Mendes, que se había unido al equipo del grupo.
“Si no resolvemos esto rápidamente, podríamos perder miles de clientes”.
Alejandro y Sofía se pusieron manos a la obra.
Emprendieron un viaje a los países donde tenían proveedores, mostrando en persona los estándares éticos de su producción.
En África, visitaron la comunidad donde se planeaba la nueva fábrica y se aseguraron de que todos los empleados serían contratados localmente y recibirían una educación continua.
Mientras tanto, el detective privado que habían contratado encontró pruebas definitivas de que la marca estadounidense estaba detrás de la campaña de desprestigio.
Habían pagado a un ex empleado del grupo para fabricar falsos informes y difundir rumores.
Con las evidencias en mano, Alejandro presentó una demanda legal.
En el día en que la noticia de la traición se hizo pública, los clientes del grupo volvieron a mostrar su confianza.
La marca estadounidense fue sancionada severamente, y el Grupo de la Torre salió ileso de la crisis.
Con el peligro superado, Alejandro y Sofía volvieron a la preparación de su boda.
Esta vez, la señora de la Torre decidió respetar los deseos de los jóvenes.
“Quizás era hora de que nuestra familia evolucionara”, dijo, sonriendo.
“Y una boda sostenible en un campo de flores parece una idea maravillosa”.
En el día del casamiento, con el sol iluminando un campo lleno de gerberas y margaritas, Sofía y Alejandro se dieron los votos.
Habían superado muchas pruebas, desde accidentes y traiciones hasta diferencias de opinión, pero su amor y su compromiso con sus valores los habían llevado hasta ese momento.
Y mientras los invitados los aplaudían, sabían que cualquier desafío que viniera en el futuro sería superable, siempre y cuando estuvieran juntos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com