Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 180
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180: Capítulo 187 Escocia La Moda del Océano 180: Capítulo 187 Escocia La Moda del Océano En las costas rocosas de Escocia, donde las olas azules rompen contra acantilados y las nieblas marinas bañan las islas, los pescadores y marineros han conocido el poder del océano durante siglos.
Pero en los últimos años, notaban un cambio: el agua se volvía más ácida, matando las conchas de las ostras y alterando la migración de las ballenas.
“El mar está enfermo”, decía un anciano pescador en una taberna de Aberdeen, mostrando una concha rota en su mano.
Cuando Alejandro, Luna y Zoe llegaron a Edimburgo, trajeron una idea que provenía de las profundidades del mar: cultivar algas que absorben los ácidos del océano y convertirlas en fibra para la moda.
“Estas algas, llamadas ‘kelp’, son como los árboles del mar”, explicó Alejandro a un grupo de biólogos marinos en un laboratorio de la Universidad de Edimburgo.
“Cada kilo de algas absorbe 2 kilos de dióxido de carbono, que es lo que causa la acidificación”.
Sacó un código QR: “Al escanearlo, verás cuánto CO₂ ha capturado la fibra de tu jersey”.
Luna, con una muestra de fibra de algas marrones brillantes, se acercó a una estantería de lanas escocesas.
“Esta fibra, mezclada con lana de oveja de las Highlands, crea una tela resistente a la sal y el agua, y muy caliente”, dijo, mostrando una prenda gruesa con reflejos verde azulado.
“Ideal para jerseys y abrigos marinos”.
Mientras tanto, Zoe ajustaba su cámara en un muelle: “El OceanKnit va a hacer que todo el mundo teja y cuide el océano al mismo tiempo”.
La creación de “SeaAlpaca” La marca “SeaAlpaca” nació de la colaboración entre pescadores escoceses (que cultivaban algas en jaulas marinas), diseñadores de Edimburgo y expertos en protección de ballenas.
Los pescadores instalaron jaulas de madera sostenible en zonas poco profundas, donde las algas kelp crecían rápidamente.
Cada mes, cosechaban una parte de las algas (dejando suficiente para que se regeneren) y las llevaban a fábricas donde se convertían en fibra: se hervían, se pulían y se hilaban, usando energía eólica para todo el proceso.
En un taller de lanas en Inverness, artesanos tejían jerseys, bufandas y gorros con la mezcla de algas y lana.
Los jerseys tenían estampados de ballenas, y en la etiqueta, un código QR.
“Al escanear, los clientes ven dos cosas”, explicó Margaret, una tejedora de 60 años: “Un gráfico de cuánto CO₂ ha absorbido su prenda, y un enlace al proyecto de seguimiento de ballenas en las Islas Hebridas”.
El desfile “Moda Marina” ante el Castillo de Edimburgo En una mañana fría de noviembre, el Castillo de Edimburgo, con sus torres medievales, fue el escenario perfecto.
Los modelos caminaron sobre una pasarela decorada con algas secas y conchas, luciendo prendas de “SeaAlpaca” que cambiaban de color según la acidez del agua: en contacto con agua ácida, se volvían amarillas; con agua neutra, azul marino.
Una modelo llevó un jersey verde oscuro con un estampado de una ballena azul.
Al pasar por un sensor de acidez, el jersey se volvió ligeramente amarillo: “Esto muestra cómo el mar está cambiando”, anunció una voz en off.
Un espectador escaneó el código QR en el cuello y su teléfono mostró: “Este jersey ha absorbido 3 kg de CO₂ y financia el seguimiento de una ballena llamada ‘Isla'”.
En las pantallas gigantes, se veía a “Isla” nadando en las aguas de las Hebridas, gracias a un collarete GPS financiado con las ventas.
Acciones de los personajes Alejandro, en una reunión con la Asociación Marina Británica en Londres, presentó el proyecto: “La fibra de algas es la primera en obtener la certificación ‘Marina Sostenible’, que garantiza que no daña el ecosistema”.
Los representantes firmaron un acuerdo: las tiendas de lanas del Reino Unido venderán solo productos con esta certificación a partir de 2027.
“Esto cambiará la forma en que la industria textil mira al mar”, dijo Alejandro, levantando un jersey de “SeaAlpaca”.
Luna, en su laboratorio de Edimburgo, probaba la resistencia de la tela.
“Este abrigo, sumergido en agua salada durante 30 días, no se ha deteriorado”, explicó a estudiantes, mostrando una muestra que lucía como nueva.
“La fibra de algas crea una capa protectora contra la sal, ideal para marineros y amantes del mar”.
Los estudiantes tocaron la tela, sorprendidos por su suavidad.
Zoe, en un directo de YouTube desde las Islas Hebridas, lanzó el OceanKnit.
“Haz un tejido con lana o cualquier material, y sube un vídeo explicando por qué quieres proteger el mar”, pidió.
“Los mejores ganan un taller de tejido con ‘SeaAlpaca’ y un tour para ver ballenas”.
En semanas, llegaron miles de entradas: una abuela en Galicia tejiendo un jersey con diseños de algas, un grupo de niños en Dublin haciendo bufandas con hilo reciclado, un marino en Noruega mostrando su jersey de “SeaAlpaca” mientras trabajaba en un barco.
“Este vídeo de la abuela gana”, anunció Zoe, y la anciana lloró de alegría.
El impacto en las costas y la comunidad Los datos del código QR empezaron a mostrar resultados impresionantes: “En 8 meses, las algas de ‘SeaAlpaca’ han absorbido 50 toneladas de CO₂”, decía un informe.
Las zonas donde se cultivaban las algas tenían menos acidez, y las poblaciones de ostras y mejillones empezaban a recuperarse.
“Ahora puedo vender conchas sanas”, dijo un pescador, mostrando una caja de ostras grandes y resistentes.
Los pescadores, con los ingresos de la venta de algas, compraron barcos más modernos y ecológicos, con motores que emiten menos CO₂.
“Antes, dependíamos solo de la pesca”, explicó un joven pescador.
“Ahora, las algas nos dan un ingreso seguro todo el año”.
En las aldeas costeras, se construyeron centros de interpretación marina, donde los turistas aprendían sobre las algas y las ballenas.
“Los niños vienen y quieren ser biólogos marinos”, dijo Margaret, la tejedora.
El proyecto de seguimiento de ballenas, por su parte, logró identificar 20 nuevas ballenas en las Hebridas, gracias a los collares GPS financiados por “SeaAlpaca”.
“Estas ballenas comen los peces que viven entre las algas”, explicó un biólogo en un vídeo en directo.
“Es un ciclo perfecto: algas protegen el mar, el mar protege a las ballenas”.
Nuevas innovaciones y el futuro Luna presentó una nueva tela: “Ahora mezclamos las algas con fibras de lino escocés, que crece en las tierras agrícolas”, explicó en un congreso.
“Es 15% más ligera y equally caliente”.
En un test, un jersey de esta nueva mezcla resistió temperaturas de -10°C, ideal para inviernos escoceses.
Alejandro, en una reunión con representantes de Irlanda y Noruega, propuso expandir el modelo: “Las costas de estos países también tienen condiciones perfectas para cultivar algas”.
Los representantes acordaron crear una red europea de cultivadores de algas textiles: “Un kilo de fibra escocesa ayudará a un cultivador noruego”, dijo.
Zoe, con el OceanKnit, organizó un evento en Edimburgo: miles de personas se reunieron en la plaza del castillo para tejer una bufanda gigante con hilos de “SeaAlpaca”.
“Esta bufanda, de 50 metros, se donará a un centro de refugio para ballenas heridas”, anunció, y la multitud aplaudió.
Al atardecer, Alejandro, Luna y Zoe se sentaron en un acantilado, mirando las olas romper contra las rocas.
Los jerseys de “SeaAlpaca” les mantenían calientes, y en el horizonte, se veía una ballena saliendo a la superficie.
“Recuerdo cuando pensábamos que el mar solo nos daba pescado”, dijo Alejandro.
“Ahora, nos da fibra, oxígeno y esperanza”.
Luna sonrió, mirando una muestra de algas frescas: “Estoy probando con algas rojas, que tienen más fibras.
Podrían hacer telas para verano”.
Zoe sacó su cámara: “Mañana, hacemos un directo desde la jaula de algas.
La gente verá cómo crecen y purifican el agua”.
Mientras, un turista español escaneó el código de su bufanda de “SeaAlpaca” y exclamó: “¡Estoy viendo a ‘Isla’ la ballena en directo!”.
Su familia, emocionada, decidió comprar más prendas para apoyar.
Así, en las costas de Escocia, la fibra de algas se convirtió en un puente entre el mar y la moda.
Mientras las algas continuaban purificando el océano y los jerseys de “SeaAlpaca” calentaban a la gente, los tres miraron hacia el norte, donde las costas de Islandia esperaban con nuevas fibras y nuevas historias de regeneración marina.
Las costas de Islandia son un contraste de fuego y hielo: volcanes humeantes al lado de glaciares azules, y mares turbulentos que bañan acantilados donde los puffins anidan.
Cuando Alejandro, Luna y Zoe llegaron a Reikiavik, el viento helado les pellizcaba las mejillas, pero su atención estaba en las ovejas islandesas, con lanas gruesas y lanudas que resistían las temperaturas más bajas del país.
“Estas ovejas son una maravilla de la evolución”, dijo Alejandro a un grupo de pastores islandeses reunidos en un refugio de madera.
Mostró una lana que brillaba como seda bajo la luz del fuego: “Su lana tiene dos capas: una exterior impermeable y una interior que retiene el calor.
Y cada oveja pastorea en las llanuras volcánicas, donde las plantas absorbían minerales del suelo, lo que hace que la lana sea más resistente”.
Sacó un código QR: “Al escanearlo, verás cómo el pastoreo sostenible de estas ovejas ayuda a prevenir la erosión de las tierras volcánicas”.
Luna, con una muestra de fibra de musgo de glaciar en la mano, se acercó a una oveja negra.
“Este musgo, que crece en las grietas de los glaciares, mezclado con la lana, crea una tela que resiste hasta -40°C”, explicó, mostrando una prenda que parecía un abrigo de invierno, pero ligero.
“Ideal para expediciones a los glaciares y para la moda de Reikiavik”.
Mientras tanto, Zoe filmaba con una cámara resistente al frío: “El IceWool va a mostrar que el frío no es un enemigo, sino un aliado”.
La creación de “GlacierFleece” La marca “GlacierFleece” nació de la colaboración entre pastores islandeses, científicos de glaciares y diseñadores de Reikiavik.
Los pastores movían sus rebaños según las estaciones: en verano, pastoreaban en las llanuras volcánicas, donde las plantas crecían rápido gracias a la ash del volcán; en invierno, se refugiaban en valles protegidos, donde los arbustos resistían el hielo.
Esto permitía que la tierra se recuperara y no sufriera erosión.
En un taller de Reikiavik, artesanos tejían abrigos, ponchos y guantes con la lana de las ovejas islandesas.
Luna añadía fibra de musgo de glaciar, que se deshidrataba y molía en polvo antes de mezclarse con la lana: “Así, la tela repela el agua y el viento, y adquiere un color azulado, como los glaciares”, explicó.
Cada prenda llevaba un código QR que, al escanear, mostraba: “Esta poncho se hizo con lana de 5 ovejas y financia la protección de 10 metros cuadrados de glaciar”.
El desfile “Moda de Hielo y Fuego” en el Lago Thingvellir En el Lago Thingvellir, donde las placas tectónicas se separan, creando grietas en el agua, se armó un escenario sobre hielo.
Los modelos caminaban sobre una plataforma de hielo transparente, luciendo prendas de “GlacierFleece” en tonos de glacial (azul, blanco, gris) y de lava (rojo, negro).
Las prendas tenían detalles de fibras que brillaban en la oscuridad, imitando las auroras boreales que a veces iluminan el cielo islandés.
Una modelo llevó un abrigo azul con un estampado de un glaciar.
Al pasar por una fuente de vapor geotérmica (característica de Islandia), el abrigo se calentó ligeramente, demostrando su capacidad de retener el calor: “Gracias a la lana y el musgo, se adapta a cualquier temperatura”, anunció una voz.
Un espectador escaneó el código QR en la manga y vio un vídeo: pastores cuidando las ovejas, científicos midiendo el glaciar y auroras boreales bailando en el cielo.
Acciones de los personajes Alejandro, en una reunión con el gobierno islandés en Reikiavik, presentó un plan: “Queremos expandir el pastoreo sostenible a otras zonas volcánicas.
Ofreceremos subvenciones a pastores que adopten prácticas que protejan los glaciares”.
El ministro del Medio Ambiente aceptó: “Islandia es conocida por su energía geotérmica, ahora también lo será por su lana sostenible”.
Luna, en un laboratorio de la Universidad de Islandia, probaba la resistencia de la tela.
“Esta muestra, expuesta a vientos de 100 km/h en un túnel de viento, no ha perdido su capacidad de retener el calor”, explicó a estudiantes, mostrando un termómetro que marcaba 20°C en el interior de la tela, mientras el exterior estaba a -10°C.
“Es como llevar un pequeño calorífico en la ropa”.
Zoe, en un directo de TikTok desde un glaciar, lanzó el IceWoolChallenge.
“Pon tu ropa de invierno y haz una actividad en un lugar frío: montar en trineo, hacer snowboard o simplemente tomar un café al aire libre”, pidió.
“Los mejores vídeos ganan un viaje a Islandia para ver los glaciares y aprender a tejer”.
En días, llegaron miles de entradas: un grupo de amigos en Noruega luciendo abrigos de “GlacierFleece” en una expedición, una familia en Canadá haciendo muñecos de nieve con guantes de la marca, incluso un científico en Antártida usando un poncho mientras trabajaba.
El impacto en las tierras y la comunidad Los datos del código QR mostraron resultados sorprendentes: “En 6 meses, las ovejas de ‘GlacierFleece’ han ayudado a prevenir la erosión en 500 hectares de tierras volcánicas”, decía un informe.
Los pastores, con los ingresos de la venta de lana, compraron refugios más modernos para las ovejas en invierno y equipos para medir la temperatura del suelo, para evitar pastorear en zonas demasiado frágiles.
En Reikiavik, las tiendas de moda empezaron a llenarse de turistas que buscaban abrigos de “GlacierFleece”.
“No solo me mantengo caliente, sino que sé que estoy ayudando a los glaciares”, dijo una turista italiana, escaneando el código de su poncho.
Los diseñadores islandeses colaboraron con marcas internacionales: “La lana islandesa es un símbolo de resistencia”, dijo un diseñador en una entrevista, mostrando una colección de abrigos para París Fashion Week.
Los glaciares, por su parte, estaban recibiendo ayuda: con los fondos de “GlacierFleece”, se instalaron sensores para medir su masa y se financiaron proyectos de educación ambiental en escuelas.
“Los niños ahora saben que las ovejas y los glaciares están conectados”, dijo una maestra en Reikiavik, mostrando dibujos de estudiantes donde ovejas pastoreaban alrededor de un glaciar.
Nuevas innovaciones y el futuro Luna presentó una nueva tela: “Ahora mezclamos la lana con fibras de algas marinas de Islandia, que contienen minerales que hacen que la tela sea más flexible”, explicó en un congreso.
“Es perfecta para ropa de deporte de invierno”.
En un test, una prenda de esta mezcla resistió 100 lavados sin perder su elasticidad.
Alejandro, en una reunión con representantes de Noruega y Finlandia, propuso una red de lanas frías: “Cada país tiene ovejas con características únicas.
Juntas, podemos crear una moda sostenible que resista el frío en todo el mundo”.
Los representantes acordaron: “La ‘Lana Fría Europea’ será una marca que certifique la sostenibilidad”.
Zoe, con el IceWoolChallenge, organizó un festival en Reikiavik: “Vendremos prendas de ‘GlacierFleece’ y mostraremos cómo se hace la lana”, anunció.
Miles de personas asistieron, y los pastores enseñaron a los niños a cardar lana.
“Queremos que la gente se sienta parte del proceso”, dijo Zoe, filmando a un niño con una bola de lana en las manos.
Al atardecer, Alejandro, Luna y Zoe se sentaron en un acantilado, mirando un glaciar que se reflejaba en el mar.
Los abrigos de “GlacierFleece” les mantenían calientes, y en el cielo, las auroras boreales empezaban a aparecer.
“Recuerdo cuando pensábamos que el frío limitaba las posibilidades”, dijo Alejandro.
“Ahora, lo vemos como una fuente de inspiración”.
Luna sonrió, mirando una muestra de lana: “Estoy probando con fibras de lava solidificada, molidas en polvo.
Podría hacer que la tela resista fuego”.
Zoe sacó su cámara: “Mañana, filmaremos a los pastores moviendo las ovejas hacia las llanuras volcánicas.
Es un espectáculo”.
Mientras, un pastoreo islandés escaneó el código de su chaleco de trabajo y sonrió: “Mi prenda ha ayudado a proteger un trozo de glaciar”.
Se miró a las ovejas pastoreando en la distancia y se sintió orgulloso: en Islandia, el hielo y la lana habían creado un ciclo perfecto.
Así, en las tierras de fuego y hielo, “GlacierFleece” demostró que el frío puede ser un aliado.
Mientras las ovejas pastoreaban y las prendas calentaban a la gente, los tres miraron hacia el este, donde las costas de Noruega esperaban con nuevas fibras y nuevas historias de resistencia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com