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Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 184

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184: Capítulo 192 Uzbekistán El Telar del Desierto 184: Capítulo 192 Uzbekistán El Telar del Desierto En los llanos desérticos de Uzbekistán, donde el sol abrasa el suelo y el viento arrastra dunas de arena, los ríos han sido la vida: el Amu Darya y el Syr Darya, que nacen en las montañas del Pamir, han regado los campos de algodón por siglos.

Pero en las últimas décadas, el agua se ha vuelto escasa: los canales que llevaban el río a los campos se desbordan en verano y se secan en invierno, y el Mar de Aral, que recibía sus aguas, se ha reducido a un tercio de su tamaño original.

“El algodón es nuestro oro, pero está matando nuestros ríos”, dice un campesino en una aldea cerca de Tashkent, mostrando un canal seco con grietas en el fondo.

Cuando Alejandro, Luna y Zoe llegaron a la capital uzbeka, tras su viaje a Islandia, se sorprendieron por la paradoja: un país famoso por su algodón de alta calidad, pero con ríos agonizantes.

“El problema no es el algodón, sino cómo lo regamos”, dijo Alejandro, mientras volaban en un helicóptero sobre los campos: se veían grandes extensiones de algodón, con canales anchos que desperdiciaban agua por evaporación.

Los agricultores explicaron que usaban el método de riego por inundación, que requiere muchísima agua pero es barato.

“Podemos cambiar esto con tecnología simple”, propuso Zoe, mostrando fotos de sistemas de riego gotele en otros países.

Luna, con una muestra de fibras de una planta llamada “saxaul” (un arbusto resistente que crece en el desierto), sonrió: “Esta planta, que sobrevive con poca agua, tiene fibras que, mezcladas con el algodón, crean una tela más resistente al calor”.

Mientras tanto, Alejandro hablaba con ingenieros locales: “El riego gotele deposita el agua directamente en las raíces de las plantas, ahorrando hasta un 70% de agua”.

La creación de “AmuDaryaTela” La cooperativa “AmuDaryaTela” nació de la unión entre campesinos uzbekistaníes, ingenieros agrónomos y diseñadores de Tashkent.

Los campesinos instalaron tuberías de plástico reciclado con pequeños agujeros, que llevaban el agua desde los ríos hasta las plantas de algodón, gota a gota.

El sistema se controlaba con app móviles, que medían la humedad del suelo y ajustaban el flujo de agua: “Si llueve un poco, el sistema se apaga automáticamente”, explicó un ingeniero, mostrando la app en su teléfono.

El algodón, cultivado con esta técnica, creció más fuerte y con menos enfermedades, ya que el exceso de agua no dañaba las raíces.

Luna, por su parte, mezcló el algodón con fibras de saxaul (molidas y tratadas para hacerlas suaves): “La tela resultante refleja los rayos del sol, por lo que se siente más fresca en el calor”, explicó, mostrando una muestra que, al tocarla, se notaba más fría que la tela normal.

En las fábricas de Tashkent, los artesanos confeccionaron camisas, pantalones y chaquetas en tonos desérticos: beige arena, marrón rocoso y gris polvo.

Cada prenda llevaba un código QR que, al escanear, mostraba: “Esta camisa se hizo con 20 litros de agua, mientras que una camisa convencional usa 200 litros”.

El desfile “Moda de los Ríos” en la Plaza de la Independencia de Tashkent En la Plaza de la Independencia, con el monumento a la libertad como fondo, se armó un escenario decorado con maquetas del río Amu Darya y el Mar de Aral.

Las pasarelas estaban cubiertas con arena blanca, y los fondos proyectaban imágenes de ríos fluyendo y desiertos floreciendo.

Los modelos caminaban luciendo prendas de “AmuDaryaTela” con estampados que representaban el curso del Amu Darya: desde sus 源头 (origen) en las montañas hasta su desembocadura en el mar.

Una modelo llevó una camisa beige con un estampado del río Amu Darya.

Al pasar por un punto de luz, el estampado se iluminó, mostrando los afluentes y los oasis que el río alimenta.

“Cada prenda honra el camino del agua”, explicó una voz en off.

Un periodista escaneó el código QR en el cuello de la camisa y vio un vídeo: campesinos revisando los sistemas de riego gotele, ingenieros midiendo el flujo del río y científicos plantando árboles en las orillas para evitar la erosión.

“Tus compras ayudan a financiar la restauración del Amu Darya”, decía el texto en pantalla.

Acciones de los personajes Alejandro, en una reunión con representantes de Kazajistán, Turqumenistán y Kirguistán (países que comparten el río Amu Darya), presentó el proyecto: “El riego gotele debe ser parte de un plan regional para salvar el Mar de Aral.

Juntos, podemos reducir el consumo de agua en un 50%”.

Los representantes acordaron financiar un centro de investigación en Tashkent para adaptar la tecnología a diferentes zonas: “El agua es un recurso común, y su Proteger (protección) es responsabilidad de todos”, dijo el ministro del Medio Ambiente de Uzbekistán.

Luna, en un laboratorio de la Universidad de Tashkent, probaba la resistencia de la tela.

“Esta muestra, expuesta a temperaturas de 45°C durante 10 horas, no se ha deteriorado ni ha perdido su suavidad”, explicó a estudiantes, mostrando una prenda que lucía como nueva.

“Las fibras de saxaul actúan como un escudo contra el calor”.

Los estudiantes, emocionados, empezaron a diseñar nuevas prendas para el clima desértico.

Zoe lanzó el DesertRiver challenge en TikTok: “Diseña una idea para ahorrar agua en tu comunidad —un sistema de reciclaje, un jardín seco o incluso una forma de regar plantas con menos agua—.

Los mejores proyectos ganan un viaje por los ríos de Asia Central y un taller con ‘AmuDaryaTela'”.

En semanas, llegaron miles de ideas: un niño de Tashkent creó un sistema de reciclaje de agua de lluvia para regar plantas, una maestra de Kazajistán ideó un jardín escolar con plantas resistentes a la sequía, un ingeniero de Turqumenistán diseñó un riego gotele casero con botellas plásticas.

“Este proyecto del niño de Tashkent se implementará en su escuela”, anunció Zoe, y el niño saltó de alegría.

El impacto en los campos y los ríos Los datos del código QR empezaron a mostrar resultados alentadores: “En 6 meses, ‘AmuDaryaTela’ ha ahorrado 1 millón de litros de agua, que han sido devueltos al río Amu Darya”.

Los campesinos, con los ingresos extra por la venta de algodón sostenible, compraron más sistemas de riego gotele y plantaron árboles en las orillas de los canales: “El viento ya no arrastra la arena hacia los campos”, dijo un campesino, mostrando un albero que había crecido 2 metros en pocos meses.

El río Amu Darya, que antes llegaba a los campos con flujo débil, ahora tenía más agua en los meses de sequía, y los oasis a lo largo de su curso empezaron a expandirse.

“Las palmeras vuelven a dar frutos”, dijo un aldeano de la ribera, mostrando un racimo de dátiles.

Las fábricas de Tashkent expandieron sus operaciones, y jóvenes aprendían a diseñar ropa: “Quiero exportar nuestras camisas a todo el mundo, para que sepan que Uzbekistán cuida sus ríos”, dijo una diseñadora de 22 años.

En las tiendas de Moscú y Berlín, las prendas de “AmuDaryaTela” se vendían como símbolos de sostenibilidad.

“Esta camisa no solo es bonita, sino que ha salvado 180 litros de agua”, decía una publicidad en un metro de Berlín.

Nuevas innovaciones y el futuro Alejandro, en una visita a un nuevo campo de algodón, anunció: “Vamos a instalar paneles solares para alimentar los sistemas de riego gotele, para que no dependamos de la electricidad”.

Los campesinos aplaudieron: “El sol y el agua trabajarán juntos”.

Luna presentó una nueva tela: “Mezclamos algodón con fibras de ‘palo borracho’ (un cactus que crece en el desierto), que hace que la tela sea resistente al raspar y al polvo”.

En un test, una prenda de esta mezcla resistió ser raspada con una piedra sin desgastarse, ideal para trabajo en el campo.

Zoe organizó un festival en la ribera del Amu Darya, donde campesinos, científicos y diseñadores se reunieron para celebrar.

“Aquí, el desierto y el río se entienden”, dijo, mientras niños jugaban en el agua.

Los asistentes tejieron una bandera gigante con tela de “AmuDaryaTela”, que mostraba el mapa del río y el lema: “El agua es vida”.

Al atardecer, Alejandro, Luna y Zoe se sentaron en la ribera del Amu Darya, mirando el sol poniente reflejado en las aguas.

Las camisas de “AmuDaryaTela” les mantenían frescas a pesar del calor.

“Recuerdo cuando llegamos y el río parecía moribundo”, dijo Zoe.

“Ahora, fluye con fuerza”.

Luna sonrió, jugando con una fibra de saxaul: “Estoy probando con savia de cactus para hacer tintes naturales —rojo, amarillo, verde—.

No necesitaremos químicos”.

Alejandro señaló el horizonte: “Mañana viajamos a India.

Sus desiertos también tienen historias que contar”.

Mientras, un turista español escaneó el código de su pantalón de “AmuDaryaTela” y exclamó: “¡Estoy viendo el río que este pantalón ayudó a revivir!”.

Su familia, asombrada, decidió comprar más prendas para apoyar.

Así, en Uzbekistán, el algodón se convirtió en un puente entre el desierto y el río.

Mientras los sistemas de riego gotele ahorraban agua y las prendas de “AmuDaryaTela” vestían a la gente, los tres miraron hacia el este, donde los desiertos de India esperaban con nuevas fibras y nuevas historias de vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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