Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Chatper 02 La lucha por la verdad
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2: Chatper 02 La lucha por la verdad 2: Chatper 02 La lucha por la verdad Sofía salió del edificio del Grupo de la Torre con los puños cerrados y la mirada decidida.
No iba a dejar que Alejandro la hiciera renunciar a su sueño.
Mientras caminaba por las calles adoquinadas de Madrid, se detuvo en una panadería y compró un 油条 relleno de chocolate.
El sabor dulce y caliente le dio un poco de aliento.
“Tengo que demostrarles que puedo diseñar vestidos increíbles”, se dijo a sí misma.
En su estudio en Lavapiés, Sofía se sumergió en el trabajo.
Pasó horas dibujando diseños en su libreta, cortando trozos de tela y cosiéndolos juntos.
Mientras trabajaba, pensó en todas las críticas que había recibido y en la cara burlona de Alejandro.
Esa imagen la ayudó a trabajar más duro.
Un día, mientras estaba cosiendo un vestido de seda roja, recibió una llamada de su agente, Juan.
“Sofía, el Grupo de la Torre te está ofreciendo un trabajo”, dijo Juan con voz emocionada.
“Quieren que diseñes una colección para su próximo desfile”.
Sofía estaba a punto de decir que no, pero Juan continuó hablando.
“Es una oportunidad genial.
Y… Alejandro de la Torre insistió en que fueras tú”.
Esa noticia la dejó sin palabras.
¿Por qué quería Alejandro que ella trabajara para él después de todo lo que había pasado?
Pero Sofía sabía que no podía dejar pasar esta oportunidad.
“Dile que acepto”, dijo al final.
El primer día de trabajo en el Grupo de la Torre fue estresante.
Sofía se sentía como un pez fuera del agua entre los empleados elegantes y los diseñadores famosos.
Pero lo peor fue cuando se encontró con Alejandro en el pasillo.
“Señorita Rodríguez, espero que no decepciones”, dijo con su sonrisa burlona.
“Yo también espero que aprendas a respetar a los demás”, replicó Sofía sin vacilar.
Durante las siguientes semanas, Sofía trabajó día y noche en su colección.
Pero estaba claro que no estaba sola en este trabajo.
Un diseñador rival, Marta, la estaba sabotendo a cada paso.
Una vez, encontró que alguien había cortado los botones de uno de sus vestidos, y en otra ocasión, la tela que había elegido había desaparecido.
Sofía estaba a punto de rendirse cuando decidió tomar medidas.
Una noche, se quedó en el estudio después de que todos se fueran.
Y allí, vio a Marta entrando sigilosamente.
“¿Por qué estás haciendo esto?”, le gritó Sofía.
Marta se encogió de hombros.
“Soy mejor diseñadora que tú.
No mereces trabajar aquí”.
En ese momento, Alejandro entró en el estudio.
Había visto todo.
“Marta, te despidimos”, dijo en voz fría.
Luego, se volvió hacia Sofía.
“Lo siento por lo que pasó.
Y… quiero decir que tus diseños son realmente buenos”.
Esta fue la primera vez que Sofía vio a Alejandro sin su sonrisa burlona.
Y aunque no quería admitirlo, sintió un hormigueo extraño en el estómago.
Con Marta fuera del camino, Sofía pudo trabajar en paz.
Pero el problema no era solo Marta.
La familia de Alejandro también estaba en contra de su trabajo.
Su madre, la señora de la Torre, llegó un día al estudio y lo miró con disgusto.
“No entiendo por qué mi hijo te ha elegido.
Estas prendas no tienen nada que ver con el estilo del Grupo de la Torre”.
Sofía no se rindió.
“Señora de la Torre, mi estilo es diferente, pero eso no significa que sea malo.
Estos vestidos representan a la nueva generación de moda en Madrid”.
La señora de la Torre la miró con ceño fruncido, pero no dijo nada más y se marchó.
Sofía suspiró.
Sabía que tenía que hacer algo más para convencer a la familia de Alejandro.
Un día, mientras paseaba por el Mercado de San Miguel, vio a una pareja de turistas bailando el flamenco.
La pasión y la energía de la danza la inspiraron.
“Eso es lo que necesitan mis vestidos: la pasión de España”, pensó.
Regresó al estudio y comenzó a trabajar en una nueva idea.
Comenzó a utilizar colores más vibrantes, como el rojo y el azul marino, y agregó detalles de encaje y volantes para darle un toque más flamenco a sus diseños.
Mientras trabajaba en su nueva colección, Sofía y Alejandro comenzaron a entenderse mejor.
Aunque todavía discutían mucho, ahora había algo más que la ira entre ellos.
Un día, mientras estaban revisando los diseños juntos, Alejandro se acercó demasiado y Sofía sintió el corazón saltar un beat.
Pero rápidamente se apartó.
“No puedo dejarme llevar por esto”, se dijo a sí misma.
Pero era difícil evitar los sentimientos.
Un fin de semana, Alejandro la invitó a cenar en un restaurante de tapas en el barrio de La Latina.
Sofía dudó un momento, pero decidió aceptar.
“Es solo un almuerzo de trabajo”, le dijo a sí misma.
En el restaurante, se sentaron en una mesa pequeña en un rincón.
Comieron croquetas, patatas bravas y tomate con pan, y bebieron vino tinto.
Mientras comían, hablaron sobre su infancia, sus sueños y sus miedos.
Sofía descubrió que Alejandro no era solo un heredero mimado.
Había sufrido mucho después de la muerte de su padre, y ahora estaba cargando con todo el peso del Grupo de la Torre.
“Lo siento por lo que dije en el desfile”, dijo Alejandro de repente.
“No sabía nada sobre ti”.
Sofía lo miró sorprendida.
Era la primera vez que le oía decir algo así.
“Bueno, yo también dije cosas malas”, respondió.
En ese momento, el músico del restaurante comenzó a tocar un tema de flamenco.
Alejandro se levantó y extendió la mano hacia Sofía.
“¿Quieres bailar?” Sofía vaciló un momento, pero luego se levantó.
Mientras bailaban, se sentía tan cerca de Alejandro que podía oír su corazón latir.
Pero justo en ese momento, recordó que él era el heredero de un gigante de la moda y que ella era solo una diseñadora en ascenso.
“Esto no puede ser”, pensó y se apartó bruscamente.
“Lo siento, pero tengo que irme”, dijo y salió corriendo del restaurante, dejando atrás a un Alejandro confundido y un poco herido.
Sofía corrió por las calles de Madrid, intentando calmar su corazón.
Sabía que tenía que concentrarse en su trabajo y olvidarse de esos sentimientos.
Pero era más difícil de lo que pensaba.
Y mientras caminaba hacia su estudio, sabía que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
Nuevos retos y confusiones Sofía se despertó a la mañana siguiente con la cabeza cargada de pensamientos.
La imagen de Alejandro en el restaurante, con esa expresión herida cuando se marchó, no la había dejado dormir bien.
Pero sabía que no podía permitirse el lujo de distraerse con los sentimientos.
Tenía un trabajo importante por hacer y una reputación por 重建 en el mundo de la moda.
Llegó temprano al estudio del Grupo de la Torre.
La oficina estaba tranquila, solo se podía oír el sonido del viento que golpeaba suavemente las ventanas.
Se sentó en su mesa y sacó su libreta de dibujo, intentando concentrarse en los diseños de la nueva colección.
Pero cada vez que cerraba los ojos, veía la mano de Alejandro extendida, invitándola a bailar.
“¡Sofía, por favor, concéntrate!”, se dijo a sí misma en voz alta.
En ese momento, la puerta del estudio se abrió y entró Alejandro.
Tenía un aspecto cansado, con ojeras bajo los ojos, pero aún así lucía impecable con su traje gris oscuro y su corbata roja.
Sofía sintió un cosquilleo en el estómago, pero se mantuvo seria.
“Señorita Rodríguez”, dijo Alejandro en tono formal.
“Necesito que trabajes en un proyecto especial conmigo.
Mi familia está planeando un evento importante y queremos una colección exclusiva para el ocasión”.
Sofía levantó la ceja.
“¿Por qué me eliges a mí?
Tienes a muchos diseñadores más experimentados en el grupo”.
Alejandro se acercó a su mesa y se apoyó en ella, mirándola a los ojos.
“Porque siento que tienes algo especial.
Tus diseños tienen una pasión que los demás no tienen.
Y… creo que podemos trabajar bien juntos”.
Sofía notó que su corazón latía más rápido, pero se negó a mostrar su nerviosismo.
“Muy bien, pero no esperes que me rinda a tus caprichos.
Tengo mi propio estilo y no voy a cambiarlo”.
Alejandro sonrió, una sonrisa genuina que le daba un aspecto más joven y atractivo.
“No espero nada menos de ti, Sofía”.
Durante las siguientes semanas, Sofía y Alejandro trabajaron juntos día y noche en el proyecto.
Aunque todavía discutían mucho, ahora había un respeto mutuo entre ellos.
Sofía descubrió que Alejandro no solo era un heredero de un gigante de la moda, sino que también tenía un ojo muy bueno para el diseño y una visión clara de lo que quería para el evento.
Un día, mientras estaban revisando los diseños en el estudio, la madre de Alejandro, la señora de la Torre, entró sin avisar.
Miró a Sofía con disgusto y luego a su hijo.
“¿Qué estás haciendo trabajando con ella?
Estas prendas son un desastre.
No tienen nada que ver con el estilo elegante y sofisticado del Grupo de la Torre”.
Sofía se puso roja de rabia, pero antes de poder decir nada, Alejandro se levantó.
“Madre, Sofía es una gran diseñadora.
Sus diseños son frescos y modernos, y justamente eso es lo que necesitamos para este evento.
No te preocupes, todo saldrá bien”.
La señora de la Torre frunció el ceño, pero decidió callarse.
Pero Sofía sabía que la batalla no estaba ganada.
Tenía que hacer algo para convencer a la familia de Alejandro de que merecía ser parte del proyecto.
Esa misma noche, Sofía decidió hacer una propuesta radical.
Emprendió a trabajar en un diseño que combinaba el estilo tradicional del Grupo de la Torre con su toque moderno y vanguardista.
Usó lentejuelas y seda para darle un aspecto elegante, pero agregó detalles de volantes y cortes atrevidos para darle un toque joven y moderno.
Al día siguiente, mostró el diseño a Alejandro.
Él la miró sorprendido, pero luego sonrió.
“Es genial, Sofía.
Esta es exactamente la combinación que necesitamos”.
Pero no todos estaban de acuerdo.
Cuando mostraron el diseño a la señora de la Torre, ella se enfadó.
“Esto es un insulto al estilo del Grupo de la Torre.
No puedo permitir que se utilicen estos diseños en el evento”.
Sofía estaba a punto de rendirse, pero Alejandro no se rindió.
“Madre, confía en mí.
Este evento es una oportunidad para modernizar el Grupo de la Torre.
Si seguimos haciendo solo lo mismo, perderemos a la nueva generación de clientes”.
Después de muchas discusiones, la señora de la Torre finalmente dio su aprobación.
Pero Sofía sabía que aún había mucho trabajo por hacer.
Ahora tenía que trabajar duro para 确保 que la colección quedara lista a tiempo para el evento.
Mientras trabajaba en la colección, Sofía y Alejandro siguieron acercándose.
Aunque todavía intentaban negar sus sentimientos, era cada vez más difícil.
Un día, mientras estaban trabajando tarde en el estudio, Alejandro se acercó demasiado y Sofía sintió su aliento en su cuello.
En ese momento, pensó que lo más sensato sería apartarse, pero no pudo.
Sus labios se encontraron y Sofía se sintió sumergida en un torbellino de emociones.
Pero justo en ese momento, la puerta del estudio se abrió y entró uno de los empleados.
Sofía y Alejandro se separaron rápidamente, avergonzados.
“Lo siento, no sabía que estaban ocupados”, dijo el empleado y salió corriendo.
Sofía se sentó en su silla, con la cara roja de vergüenza.
“Esto no puede pasar, Alejandro.
Estamos trabajando y no podemos permitir que nuestros sentimientos interfieran”.
Alejandro la miró con tristeza en los ojos.
“Lo siento, Sofía.
Pero yo no puedo negar lo que siento por ti”.
Sofía suspiró.
Sabía que estaba en un aprieto.
Quería seguir trabajando en el proyecto y demostrar que era una gran diseñadora, pero también no podía negar los sentimientos que tenía por Alejandro.
Y mientras se preguntaba qué hacer, sabía que las cosas se estaban poniendo cada vez más complicadas.
Mientras tanto, en el mundo exterior, las redes sociales estaban llenas de rumores sobre el evento del Grupo de la Torre.
Los fans de moda estaban esperando con ansias ver la nueva colección y muchos ya habían comenzado a hacer predicciones sobre cómo sería.
Sofía sabía que todo estaba en juego y que no podía permitir que nada la distrajera.
Pero con los sentimientos complicados y la presión de la familia de Alejandro, no sabía cómo sobreviviría a este reto.
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