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Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Chatper 06 Los caminos entrecruzados
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6: Chatper 06 Los caminos entrecruzados 6: Chatper 06 Los caminos entrecruzados Tras el éxito de la exposición de Juan, Sofía se convirtió en la “ojo de aguja” del Grupo de la Torre para detectar nuevos talentos.

Caminaba por los barrios de Madrid con una libreta en la mano, anotando nombres de pintores, diseñadores y artesanos que mostraban un toque especial en su trabajo.

Pero mientras más éxito tenía, más resistencia encontraba en algunos miembros del equipo.

“¿Qué crees que estás haciendo, Sofía?”, le preguntó un día el gerente de diseño senior, un hombre gruñón que llevaba décadas en el grupo.

“Estos proyectos de arte callejero no tienen nada que ver con nuestro estilo tradicional.

Estás perdiendo el rumbo”.

Sofía trató de explicarle que la innovación era necesaria para atraer a una nueva generación de clientes, pero el gerente no la escuchaba.

En ese momento, Alejandro entró en el despacho.

“¿Qué está pasando aquí?”, preguntó, mirando a los dos.

El gerente le hizo una exposición de todo lo que creía que estaba mal con los proyectos de Sofía.

Pero Alejandro lo dejó hablar y luego se volvió hacia ella.

“¿Tienes algún nuevo proyecto en mente?”, preguntó.

Sofía asintió y sacó una carpeta llena de fotos y dibujos.

“He encontrado a una diseñadora de joyas que hace piezas únicas con materiales reciclados.

Sus diseños son modernos, pero también respetan el medio ambiente.

Creo que sería un gran fit para el grupo”.

Alejandro examinó las imágenes con atención.

“Me gustan los conceptos, pero cómo planeas integrarlos en nuestros productos actuales?”.

Sofía sonrió.

“Estaba pensando en hacer una colección limitada de ropa y accesorios que combine su estilo de joyería con nuestros diseños de moda.

Sería una propuesta fresca y atractiva para el mercado”.

Aunque Alejandro no mostró emoción en su rostro, dio su aprobación.

“Muy bien, pero ten en cuenta los comentarios del gerente de diseño.

No quiero que estos proyectos se aparten demasiado de la esencia del Grupo de la Torre”.

Mientras trabajaba en el nuevo proyecto, Sofía notó que Isabella estaba un poco distante.

Una tarde, la young girl decidió abordarla.

“¿Estás bien, Isabella?

Pareces un poco triste últimamente”.

Isabella suspiró.

“Es mi madre.

Ha estado hablando de mi futuro, de cómo debo centrarme en el negocio y dejar atrás mis pasatiempos artísticos.

Y sé que está en contra de mis amistades con artistas como Juan”.

Sofía la abrazó.

“No dejes que nadie te hable de esa manera.

Tienes derecho a seguir tus propios sueños, al igual que yo”.

En ese momento, Isabella le contó algo que la sorprendió.

“Mi hermano, Alejandro, ha estado defendiendo tus proyectos con mi madre.

Dice que estás trayendo un aire fresco al grupo, aunque nunca te lo diría en cara”.

Estas palabras hicieron latir más rápido el corazón de Sofía.

Sabía que Alejandro y ella habían mejorado su relación, pero no esperaba que estuviera defendiéndola.

Mientras el proyecto de la joyería se acercaba a su final, Sofía descubrió que alguien había roto en el estudio y se había llevado algunos de los diseños más importantes.

Fue una crisis total, ya que solo quedaban días para el lanzamiento.

“¿Quién podría haber hecho esto?”, se preguntó, mirando el desorden.

Sabía que tenía que encontrar una solución rápida.

Emprendió a rediseñar los piezas perdidos, trabajando día y noche.

Alejandro la encontró un día en el estudio, con ojeras bajo los ojos y la ropa desordenada.

“Deja de trabajar, Sofía.

Necesitas descansar”, dijo, pero ella negó con la cabeza.

“No puedo, Alejandro.

Si no terminamos a tiempo, todo el proyecto se derrumbará”.

Alejandro la miró durante un momento, luego se sentó a su lado.

“Entonces, yo te ayudaré”.

Juntos, trabajaron en los diseños, charlaron sobre sus sueños y sus miedos, y cuando el sol salió al día siguiente, habían terminado la mayoría de los trabajos.

Sofía lo miró y sonrió.

“Gracias, Alejandro.

No sabía que eras tan bueno en diseño”.

El joven sonrió, algo que no había hecho con ella desde mucho tiempo.

“Quizás tienes razón, Sofía.

Quizás es hora de que el Grupo de la Torre abrace el cambio”.

En el día del lanzamiento, el evento fue un éxito.

Los clientes amaron la combinación de ropa y joyas recicladas, y los medios dieron grandes reseñas al proyecto.

Pero lo más importante para Sofía fue elogio de Alejandro.

“Has hecho un gran trabajo, Sofía.

Eres realmente talentosa”, dijo, con un tono en su voz que hacía latir más fuerte el corazón de ella.

Pero justo cuando parecía que todo estaba saliendo bien, Sofía recibió una llamada que la dejó sin habla.

Era Marta, que la amenazó con revelar un secreto que podría arruinar su carrera en el Grupo de la Torre.

Y mientras colgaba el teléfono, sabía que los caminos entrecruzados de su vida en la moda se estaban volviendo aún más complicados.

Las tormentas internas Después de desmentir los falsos acusaciones, Sofía esperaba que las cosas se calmaran.

Pero en el Grupo de la Torre, la tranquilidad era solo una ilusión.

La señora de la Torre, aunque reconoció que los documentos eran falsos, no 改变了她对 Sofía 的怀疑态度.

“Tu talento es indudable, señorita Rodríguez”, le dijo un día en el pasillo, “pero no puedo permitir que sigas influenciando a mi hijo”.

Sofía se detuvo, sorprendida.

“No estoy tratando de influir en Alejandro.

Solo estoy haciendo mi trabajo”.

La señora sonrió fríamente.

“Eso es lo que todas dicen”.

Estas palabras la hicieron sentir incómoda.

Pero lo peor vino cuando Alejandro le dijo que debían trabajar menos juntos.

“Es por el bien del grupo”, dijo, evitando mirarla a los ojos.

“Mi madre tiene razón en que nuestras conexiones personales pueden causar malentendidos”.

Sofía estaba herida, pero no se quejó.

Emprendió a trabajar en un nuevo proyecto por su cuenta: una colaboración con un diseñador de calzado local.

Era un trabajo desafiante, pero lo que más la preocupaba era la tensión en el grupo.

Isabella, que antes era su aliada, ahora estaba distante, presionada por su madre.

Un día, mientras estaba en el almacén buscando materiales, oía a Marta y la señora de la Torre hablando en un rincón.

Se acercó sigilosamente y escuchó.

“Esa chica no debe seguir aquí”, decía Marta.

“Es un peligro para el estilo y la reputación del grupo”.

La señora de la Torre suspiró.

“Lo sé, pero Alejandro está muy interesado en ella.

Tengo que ser cuidadosa”.

Sofía sintió un escalofrío.

Sabía que Marta estaba detrás de todo, pero no esperaba que la señora de la Torre la escuchara tan atentamente.

Decidió tomar medidas.

Habló con el diseñador de calzado, un hombre joven y talentoso llamado Diego, y le propuso una idea audaz: hacer una exposición conjunta en el corazón de Madrid, en un espacio público, para mostrar que el Grupo de la Torre podía abrazar la innovación sin dejar atrás su esencia.

Diego estaba emocionado con la idea.

“¡Vamos a demostrarles que el futuro de la moda es ahora!”, dijo.

Pero cuando Sofía presentó el plan a Alejandro, él negó con la cabeza.

“Es demasiado arriesgado.

No podemos correr el riesgo de que la prensa malinterprete nuestro mensaje”.

“¿Y cuándo el Grupo de la Torre se volvió tan cobarde?”, le preguntó Sofía, sin pensarlo dos veces.

“Antes, eras el primero en buscar nuevos retos”.

Estas palabras lo hicieron enrojecer.

“No me desapruebes, Sofía.

Estoy pensando en el bien del grupo”.

“O quizás estás pensando en lo que tu madre diría”, replicó ella.

Esta discusión los dejó enfadados.

Sofía salió del despacho decidida a hacer la exposición con o sin el permiso de Alejandro.

Ella y Diego comenzaron a trabajar día y noche, recibiendo ayuda de algunos empleados jóvenes del grupo que creían en su idea.

El día de la exposición, el espacio estaba lleno de personas.

Los invitados podían ver cómo los diseños de ropa de Sofía se combinaban perfectamente con los zapatos de Diego, creando un look moderno y elegante.

La prensa se mostró encantada, y las redes sociales explotaron con fotos y comentarios positivos.

Alejandro estaba presente, pero mantenía una expresión seria.

Cuando Sofía le preguntó si estaba satisfecho, él solo dijo: “Has tenido suerte.

Pero no todos los riesgos valen la pena”.

Esa noche, Sofía se sentía agotada pero orgullosa.

Pero su felicidad fue corta-lived.

Al día siguiente, recibió una carta de despido del Grupo de la Torre.

La razón: “descuidado en el trabajo y falta de respeto a la dirección”.

Sofía estaba en shock.

Sabía que esto era una venganza de la señora de la Torre y Marta.

Pero lo que más la dolía era que Alejandro no había defendido.

Cuando fue a buscar sus cosas en el estudio, Isabella la encontró llorando.

“Lo siento, Sofía.

He intentado hablar con mi hermano, pero está bajo demasiada presión”.

Sofía se secó las lágrimas.

“No te preocupes, Isabella.

No es tu culpa”.

En ese momento, Alejandro apareció en la puerta.

Tenía una expresión angustiada en su rostro.

“Sofía, quiero explicarme”.

“¿Hay algo que explicar?”, le preguntó ella.

“Has decidido con tu madre que no soy adecuada para el grupo”.

Alejandro entró y cerró la puerta.

“No es así.

Mi madre me ha amenazado con quitarme el control del grupo si no la respeto en este asunto”.

Sofía lo miró, sintiendo una mezcla de rabia y tristeza.

“Entonces, ¿es más importante el grupo que la verdad?”.

Alejandro se acercó y la abrazó, pero ella se apartó.

“No me toques, Alejandro.

Has elegido tu camino, y yo he elegido el mío”.

Con eso, cogió sus cosas y salió del estudio, dejando atrás un Alejandro destrozado y un Grupo de la Torre que se veía cada vez más dividido.

Pero Sofía no se rendiría.

Sabía que tenía talento, y estaba dispuesta a demostrar que no podía ser detenida por nada, ni siquiera por el amor.

Nuevos comienzos y reencuentros Sofía salió del edificio del Grupo de la Torre con la cabeza alta, aunque su corazón estaba destrozado.

El sol de Madrid calentaba sus hombros, pero no lograba calentar el frío que se había apoderado de su pecho.

Caminó por las calles de Lavapiés, su barrio, y se detuvo frente a una tienda abandonada.

Era un espacio pequeño, con vitrinas sucias y una puerta que se cerraba con un creciente, pero en ese momento, Sofía vio un futuro.

“Será mi taller”, dijo en voz alta, como si para convencerse a sí misma.

Con la ayuda de Juan, el pintor callejero, y Diego, el diseñador de calzado, Sofía comenzó a arreglar el local.

Limpiaron las vitrinas, pintaron las paredes de blanco y montaron mesas y estantes para mostrar sus diseños.

Decidieron llamar a la tienda “La Esencia de Madrid”, un homenaje al corazón y la alma de la ciudad.

Mientras trabajaba en la tienda, Sofía no podía evitar pensar en Alejandro.

Se preguntaba cómo estaba, si se arrepentía de lo sucedido.

Pero no tenía tiempo para los dolores de amor.

Tenía un negocio que construir.

En el Grupo de la Torre, las cosas no iban tan bien.

La nueva colección que se había lanzado después de que Sofía se fuera no consiguió el éxito esperado.

Los clientes se quejaban de que los diseños eran demasiado tradicionales, aburridos.

La señora de la Torre estaba furiosa, y Alejandro estaba cada vez más desanimado.

“Necesitamos algo nuevo, algo que atraiga a la gente joven”, dijo Isabella a su hermano un día.

“Sofía tenía razón, Alejandro.

El Grupo de la Torre necesita cambiar”.

Alejandro sabía que su hermana tenía razón.

Había estado pensando en Sofía día y noche, recordando sus palabras, su pasión por la moda.

Decidió tomar una decisión audaz.

“Madre, quiero buscar a Sofía y pedirle que vuelva”, dijo a su madre un día en el desayuno.

La señora de la Torre se puso roja de rabia.

“¿Qué quieres decir?

¿Quieres traer de vuelta a esa chica que ha causado tantos problemas?”.

“Ella no ha causado problemas, madre.

Ella ha sido la única que ha sabido ver el futuro del grupo.

Si no hacemos cambios, perderemos todo”.

Después de largas discusiones, la señora de la Torre finalmente dio su aprobación.

Alejandro salió a buscar a Sofía, pero cuando llegó a su antiguo estudio, se enteró de que se había ido.

“¿Dónde está?”, preguntó a uno de los empleados.

“En Lavapiés.

Ha abierto su propia tienda”, respondió el empleado.

Alejandro se dirigió inmediatamente al barrio.

Cuando llegó a “La Esencia de Madrid”, se detuvo frente a la vitrina.

Dentro, había vestidos y zapatos hermosos, diseños que combinaban la tradición y la modernidad, justamente lo que él había estado buscando.

Entró en la tienda.

Sofía estaba atendiendo a un cliente, pero cuando la vio, se quedó sin habla.

“Alejandro…

¿qué haces aquí?”, preguntó, tratando de mantener la calma.

“Quiero pedirte disculpas, Sofía.

Te echamos de menos en el grupo.

Nuestros diseños no son lo mismo sin ti”.

Sofía lo miró, dudando.

“¿Y tu madre?

¿Está de acuerdo con que te traigas a alguien que ella odia?”.

Alejandro sonrió.

“Mi madre ha visto la luz.

Ha comprendido que necesitamos cambiar, y que solo tú puedes ayudarnos a hacerlo”.

Sofía estaba tentada, pero sabía que no podía olvidar tan fácilmente lo que le había pasado.

“No sé, Alejandro.

Aquí tengo mi propio negocio, mis propios sueños”.

“Te puedo ofrecer algo mejor”, dijo Alejandro.

“Te puedo ofrecer la oportunidad de ser la directora de diseño del Grupo de la Torre.

Serás la encargada de llevar el grupo al futuro”.

Esta propuesta la sorprendió.

Era lo que siempre había soñado, pero no sabía si podía confiar en él.

“Déjame pensar”, le dijo.

Mientras Sofía reflexionaba sobre la oferta de Alejandro, un nuevo problema surgió en el Grupo de la Torre.

Una empresa rival estaba planeando lanzar una colección muy similar a la que ellos habían planeado, y se sospechaba que alguien dentro del grupo les había dado la información.

Alejandro estaba desesperado.

Sabía que solo Sofía podía ayudarlo a salir de este aprieto.

Llamó a Sofía y le contó todo.

“Necesito tu ayuda, Sofía.

No puedo hacerlo sin ti”.

Sofía pensó en todos los años que había trabajado para alcanzar su sueño, en todas las horas que había invertido en el Grupo de la Torre.

Sabía que era una oportunidad única, y que Alejandro la necesitaba.

“Muy bien, Alejandro.

Te ayudaré.

Pero esta vez, las cosas cambiarán”.

Y así, Sofía volvió al Grupo de la Torre, no como una simple empleada, sino como la directora de diseño.

Sabía que todavía había muchos retos por delante, pero estaba lista.

Y mientras caminaba por los pasillos del grupo, se dio cuenta de que a veces, los nuevos comienzos y los reencuentros vienen en los momentos más inesperados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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