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Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 67

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67: Capítulo 70 Moda sin residuos en la costa 67: Capítulo 70 Moda sin residuos en la costa La arena de la playa de Marina di Ravenna, en Italia, estaba repleta de botellas, redes de pesca y trozos de plástico.

Lia, junto a los niños de la “Guardería Verde Sonrisa” y voluntarios del Grupo, se acercó con bolsas para recoger la basura.

“Cada botella que recojamos es un capítulo menos de la historia de contaminación”, dijo, Inclínate y recoge una botella de plástico que tenga impreso un dibujo de dibujos animados.

“Y cada capítulo nuevo puede ser una historia de esperanza”.

Los niños, equipados con guantes y latas para clasificar el plástico, worked con entusiasmo.

Carlos, que había traído su pequeño recipiente de basura separada, señaló una red entredichada en las rocas: “Esto puede ser una red de corazones”, dijo.

Lia sonrió: “Exacto.

Una red que captura la belleza en lugar de peces”.

Luna, junto a su equipo de diseño, inspeccionó los materiales recolectados.

“Las redes pueden convertirse en telas tridimensionales”, dijo, examinando una red de nylon.

“Los botellines de plástico, en lentejuelas; y los trozos de madera, en accesorios”.

Los diseñadores comenzaron a trabajar en el taller montado al lado de la playa, usando maquinas de coser portátiles y tintes a base de alga para dar color a los plásticos.

Alejandro, coordinación con organismos de limpieza marina, Cerciorarse que la recogida de basura fuera eficiente y segura.

“Este desfile no es solo moda”, dijo a los periodistas que cubrían el evento.

“Es un llamado a la acción.

La playa es nuestro escenario, y la basura, nuestro material de creación”.

El día del desfile, la playa se transformó.

La pasarela, construida con madera reciclada de embarcaciones viejas, se extendía sobre el mar.

Los invitados, sentados en bancos hechos con paletos reciclados, esperaban con expectación.

En el fondo, un coro de niños de la guardería cantaba un himno compuesto por Lia: “Mar, madre del mundo, limpia tus lagrimas de plástico…”  Las modelos comenzaron a caminar, luciendo vestidos hechos con redes de pesca tejedas a mano, pantalones con botellines fundidos en forma de escamas y sombreros elaborados con trozos de madera barnizada.

Una modelo llevó un vestido azul oscuro, con plásticos transparenteos que imitaban las olas, y un cinturón hecho con anillos de botellas.

“Este vestido es un mar limpio”, dijo Luna en el micrófono.

“Y podemos hacerlo realidad si trabajamos juntos”.

Lia, acompañada por Carlos y Ana, subió a la pasarela luciendo un traje hecho con un paraguas roto convertido en capote y botas de plástico reciclado.

“Soy la guardian de la costa”, anunció, riendo mientras la arena se le adhiera a los pies.

El coro de niños, ahora detrás de ella, began a cantar más fuerte, y los presentes comenzaron a aplaudir, algunas con lágrimas en los ojos.

El video del desfile se volvió viral en menos de 24 horas.

Con el hashtag ModaLimpia, millones de personas vieron cómo la basura podía convertirse en arte.

En los comentarios, aparecían fotos de playas limpias, proyectos de reciclaje y mensajes como “Ahora recojo basura en la playa y pienso en Lia”.

En Italia, el gobierno anunció fondos adicionales para limpiar las costas, y muchas marcas de moda se unieron al movimiento, lanzando colecciones con materiales marinos reciclados.

El Grupo, por su parte, donó el dinero recaudado del desfile a organizaciones que luchan contra la contaminación marina.

Para Lia, el momento más importante fue cuando un niño de la playa de Italia le dijo: “Gracias a ti, ahora veo la basura como algo valioso”.

Ella lo abrazó y respondió: “La basura solo es basura si la dejamos ahí.

Si la transformamos, es potencial”.

Con el atardecer, los niños de la guardería y los voluntarios realizaron un fuego de basura controlado, donde quemaron los plásticos que no podían reciclarse, convirtiéndolos en energía.

“Así, hasta el fuego puede ser limpio”, explicó Lia, mostrando cómo las cenizas serían usadas como fertilizante en el huerto de la guardería.

El desfile en la playa demostró que la moda puede ser un powerful herram de conciencia.

No solo mostró ropas innovadoras, sino que también conmovió a las personas a ver el planeta con ojos nuevos.

Y mientras el mar se calmaba a su lado, Lia sabía que este evento había sido más que un desfile: había sido un grito de esperanza, lanzado desde la arena hasta el cielo, pidiendo que cuidemos el mar como si fuera nuestra propia propia piel.

Y en el estudio del Grupo, mientras Luna diseñaba una nueva línea inspirada en el mar, Lia y los niños empezaron a planificar el próximo proyecto: un desfile en las montañas, usando basura recolectada en las pistas de esquí.

“Allí, la nieve será nuestra tela”, dijo Ana, emocionada.

Y Lia, sonriendo, agregó: “Y las botellas de plástico, nuestras estrellas”.

Así, el movimiento seguía creciendo, de playa en playa, de montaña en montaña, uniendo a quienes creen en un mundo sin desechos, solo con sueños por convertir en realidad.

La arena de la playa de Marina di Ravenna, en Italia, estaba repleta de botellas, redes de pesca y trozos de plástico.

Lia, junto a los niños de la “Guardería Verde Sonrisa” y voluntarios del Grupo, se acercó con bolsas para recoger la basura.

“Cada botella que recojamos es un capítulo menos de la historia de contaminación”, dijo, agachándose para recoger una botella de plástico con un dibujo de cartoon.

“Y cada capítulo nuevo puede ser una historia de esperanza”.

Los niños, equipados con guantes y latas para clasificar el plástico, trabajaban con entusiasmo.

Carlos, que había traído su pequeño recipiente de basura separada, señaló una red entredichada en las rocas: “Esto puede ser una red de corazones”, dijo.

Lia sonrió: “Exacto.

Una red que captura la belleza en lugar de peces”.

Ana, por su parte, estaba ocupada en desentrañar un nudo de cables que habían encontrado en la arena, intentando separar los materiales para reciclarlos.

Luna, junto a su equipo de diseño, inspeccionó los materiales recolectados.

“Las redes pueden convertirse en telas tridimensionales”, dijo, examinando una red de nylon.

“Los botellines de plástico, en lentejuelas; y los trozos de madera, en accesorios”.

Los diseñadores comenzaron a trabajar en el taller montado al lado de la playa, usando máquinas de coser portátiles y tintes a base de alga para dar color a los plásticos.

Uno de ellos, un joven diseñador llamado Matteo, experimentó con fundir botellas en moldes para crear adornos para los vestidos, consiguiendo resultados sorprendentes.

Alejandro, coordinando con organismos de limpieza marina, aseguró que la recogida de basura fuera eficiente y segura.

Además conectar a organizaciones locales para que participaran en el evento.

“Este desfile no es solo moda”, dijo a los periodistas que cubrían el evento.

“Es un llamado a la acción.

La playa es nuestro escenario, y la basura, nuestro material de creación”.

También anunció que parte de los fondos recaudados se destinaría a programas de educación ambiental en las escuelas italianas.

El día del desfile, la playa se transformó.

La pasarela, construida con madera reciclada de embarcaciones viejas, se extendía sobre el mar.

Los invitados, sentados en bancos hechos con paletos reciclados, esperaban con expectación.

En el fondo, un coro de niños de la guardería cantaba un himno compuesto por Lia: “Mar, madre del mundo, limpia tus lagrimas de plástico…” Las notas del himno se mezclaban con el sonido de las olas, creando un ambiente cargado de emoción.

Las modelos comenzaron a caminar, luciendo vestidos hechos con redes de pesca tejedas a mano, pantalones con botellines fundidos en forma de escamas y sombreros elaborados con trozos de madera barnizada.

Una modelo llevó un vestido azul oscuro, con plásticos transparentes que imitaban las olas, y un cinturón hecho con anillos de botellas.

“Este vestido es un mar limpio”, dijo Luna en el micrófono.

“Y podemos hacerlo realidad si trabajamos juntos”.

Otro modelo se presentaba con un abrigo hecho con trozos de telas recuperadas de barcos, combinados con adornos de conchas y cuentas de plástico reciclado.

Lia, acompañada por Carlos y Ana, subió a la pasarela luciendo un traje hecho con un paraguas roto convertido en capote y botas de plástico reciclado.

“Soy la guardian de la costa”, anunció, riendo mientras la arena se le adhiera a los pies.

El coro de niños, ahora detrás de ella, comenzó a cantar más fuerte, y los presentes comenzaron a aplaudir, algunas con lágrimas en los ojos.

Un anciano local, emocionado, se puso de pie y comenzó a aplaudir con fuerza, inspirando a los demás asistentes.

El video del desfile se volvió viral en menos de 24 horas.

Con el hashtag #ModaLimpia, millones de personas vieron cómo la basura podía convertirse en arte.

En los comentarios, aparecían fotos de playas limpias, proyectos de reciclaje y mensajes como “Ahora recojo basura en la playa y pienso en Lia”.

En España, muchas escuelas organizaron talleres de reciclaje inspirados en el desfile, y empresas locales comenzaron a donar materiales a la “Guardería Verde Sonrisa”.

En Italia, el gobierno anunció fondos adicionales para limpiar las costas, y muchas marcas de moda se unieron al movimiento, lanzando colecciones con materiales marinos reciclados.

El Grupo, por su parte, donó el dinero recaudado del desfile a organizaciones que luchan contra la contaminación marina.

Además, se puso en marcha un programa de voluntariado en la playa de Marina di Ravenna, con la finalidad de mantenerla limpia a largo plazo.

Para Lia, el momento más importante fue cuando un niño de la playa de Italia le dijo: “Gracias a ti, ahora veo la basura como algo valioso”.

Ella lo abrazó y respondió: “La basura solo es basura si la dejamos ahí.

Si la transformamos, es potencial”.

Y en ese instante, decidió que el Grupo debía continuar creando eventos similares en diferentes lugares del mundo.

Con el atardecer, los niños de la guardería y los voluntarios realizaron un fuego de basura controlado, donde quemaron los plásticos que no podían reciclarse, convirtiéndolos en energía.

“Así, hasta el fuego puede ser limpio”, explicó Lia, mostrando cómo las cenizas serían usadas como fertilizante en el huerto de la guardería.

Mientras el fuego ardía, los asistentes se reunieron alrededor, cantando canciones y contando historias sobre el cuidado del planeta.

El desfile en la playa demostró que la moda puede ser una herramienta poderosa de conciencia.

No solo mostró ropas innovadoras, sino que también conmovió a las personas a ver el planeta con ojos nuevos.

Y mientras el mar se calmaba a su lado, Lia sabía que este evento había sido más que un desfile: había sido un grito de esperanza, lanzado desde la arena hasta el cielo, pidiendo que cuidemos el mar como si fuera nuestra propia piel.

Tras el éxito del desfile en la playa italiana, el Grupo recibió una propuesta inesperada.

Un grupo de aldeas en África Central, preocupadas por la deforestación y la escasez de energía eléctrica, pidieron ayuda.

“Queremos un proyecto que una la creatividad reciclada con la solución energética”, escribió el líder de una de las comunidades.

Lia, emocionada con la idea, propuso: “¿Y si creamos luces recicladas para iluminar sus caminos?”.

Luna y el equipo de diseño comenzaron a trabajar en conceptos: luces hechas con botellas de vidrio, tornillos viejos y focos LED reciclados.

“Queremos que cada luz sea una pequeña esperanza”, dijo Luna, mostrando un boceto de una lámpara que se iluminaba con energía solar.

Alejandro, por su parte, se encargó de coordinar el envío de materiales y la colaboración con empresas de tecnología.

“Esto no es solo un donativo”, dijo en una reunión.

“Es un intercambio.

Aprenderemos de ellos, y ellos de nosotros”.

Y así, un equipo de expertos del Grupo viajó a África Central para ayudar a las comunidades a construir y montar las luces.

Los aldeanos se mostraron entusiasmados con el proyecto.

Juntos con los expertos, aprendieron a soldar, a instalar paneles solares y a decorar las botellas para que las luces fueran hermosas.

Una joven llamada Amina, mientras decoraba una botella con tintes naturales, dijo: “Esta luz no solo ilumina el camino, sino que también ilumina nuestras sonrisas”.

Lia, que se había unido al equipo en África, organizó talleres para los niños de las aldeas.

“¿Sabéis que un trozo de alambre y una botella pueden ser una lámpara?”, les preguntó, mostrando los materiales.

Los niños, emocionados, comenzaron a crear sus propias luces, algunas con formas de animales y otras con dibujos de flores.

Cuando las luces fueron instaladas en los caminos de las aldeas, el momento fue emocionante.

Con un simple clic, miles de luces iluminaron la noche, convirtiendo los senderos en caminos de estrellas.

Los aldeanos bailaron y cantaron, agradeciendo al Grupo por el regalo.

“Ahora podemos caminar en la noche sin temor”, dijo el líder de la comunidad.

“Y podemos trabajar más tiempo en nuestros campos”.

El proyecto no solo iluminó los caminos, sino que también inspiró a otras comunidades.

En Asia, un grupo de pueblos montañeses pidió ayuda para crear luces recicladas para sus aldeas.

En Sudamérica, escuelas comenzaron a replicar los talleres de Lia, enseñando a los niños a crear energías limpias con materiales reciclados.

Para el Grupo, este proyecto marcó un nuevo rumbo.

No solo se dedicaba a la moda y la educación, sino que también se adentraba en soluciones energéticas sostenibles.

“La creatividad reciclada puede iluminar más que caminos”, dijo Lia en una conferencia.

“Puede iluminar mentes y corazones”.

Y mientras el sol se ponía sobre las aldeas africanas, con sus nuevos senderos iluminados, Lia sabía que el viaje del Grupo estaba lejos de terminar.

Había más caminos por iluminar, más mentes por inspirar y más sueños por convertir en realidad, todos unidos por la misma idea: que con creatividad y trabajo en común, cualquier problema tiene solución.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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