Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Chatper 07 El retorno del fuego
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7: Chatper 07 El retorno del fuego 7: Chatper 07 El retorno del fuego La primera mañana de Sofía como directora de diseño del Grupo de la Torre began con un amanecer dorado que se filtraba por las grandes ventanas del estudio.
Se sentó en su nueva mesa, rodeada de bocetos, telas y accesorios, y sintió que el 肾上腺素 le recorría los veins.
Había vuelto, pero esta vez como la jefa, y estaba decidida a demostrar que podía liderar el grupo hacia un futuro más brillante.
Alejandro la recibió con una sonrisa tímida en el despacho.
“Todas las equipas están listas para escucharte”, dijo, mostrándole el plan del día.
“Hoy tenemos una reunión con el equipo de marketing para la próxima campaña publicitaria”.
Sofía asintió, pero su atención se detuvo en un detalle: en la esquina del escritorio de Alejandro había un pequeño cuadro de Juan, el pintor callejero, que ella le había regalado antes de marcharse.
“¿Lo has conservado?”, preguntó, sorprendida.
Alejandro asintió, ruborizado.
“Me gustó el estilo, y…
me recuerda a ti”.
Antes de que Sofía pudiera responder, la puerta se abrió y entró la señora de la Torre.
Su expresión era más relajada de lo habitual, pero todavía tenía un brillo de desafío en los ojos.
“Señora Rodríguez”, dijo, usando su nuevo título, “espero que esta vez entienda las responsabilidades de su puesto”.
“Gracias, señora de la Torre”, respondió Sofía, manteniendo la compostura.
“Estoy lista para cumplirlas”.
La reunión con el equipo de marketing fue intensa.
Los miembros dudaban de los diseños modernos que Sofía proponía, pero ella los convenció mostrando cómo combinarían la tradición del grupo con tendencias actuales.
“No queremos olvidar nuestra historia”, dijo, “pero sí queremos hablarle al mundo de hoy”.
Mientras trabajaba, Sofía notó que Alejandro la observaba con atención, como si estuviera viéndola por primera vez.
Había algo en su mirada que no había visto antes: respeto, y quizás algo más.
Pero el peligro no tardo en aparecer.
Un día, Diego, el diseñador de calzado, llegó corriendo al estudio.
“Sofía, hay un problema.
La empresa rival ha lanzado una colección que es un clon exacto de la nuestra”.
Sofía examinó las fotos que le mostró Diego y notó que incluso los detalles más pequeños, como los bordados y los cortes, eran idénticos.
“Alguien dentro del grupo les ha regalado nuestros diseños”, dijo, frunciendo el ceño.
Alejandro se unió a ellos inmediatamente.
“Vamos a investigar quién es el traidor”, dijo, con rabia en la voz.
Mientras el equipo de seguridad revisaba los registros, Sofía y Alejandro se refugiaron en el estudio para rediseñar la colección en secreto.
Trabajaron juntos durante horas, charlando y riéndose como en los viejos tiempos, y Sofía notó que la tensión entre ellos había desaparecido.
“¿Por qué te marchaste?”, le preguntó Alejandro de repente.
Sofía lo miró.
“Porque necesitaba demostrarme a mí misma que podía hacerlo solo.
Pero también porque…”, vaciló, “because I needed to know if you really wanted me here for my talent, not for anything else”.
Alejandro asintió, comprendido.
“Te quería aquí por tu talento, Sofía.
Y por mucho más”.
Antes de que Sofía pudiera responder, el jefe de seguridad entró con una expresión grave.
“Hemos encontrado al traidor.
Es Marta”.
Los dos se miraron, resignados.
Era obvio que Marta no se había dado por vencida.
“Qué sorpresa”, dijo Sofía, sarcástica.
“¿Qué queremos hacer con ella?”.
Alejandro pensó un momento.
“La denunciaremos legalmente, pero primero, vamos a demostrarle que no puede detenernos”.
Y así, Sofía y Alejandro decidieron lanzar la colección original despite el robo, pero con un toque extra: una serie de piezas que combinaban el arte de Juan con los diseños de Diego, creando un estilo único que la competencia no podría imitar.
El día del desfile, el salón estaba lleno de famosos, periodistas y clientes fieles.
Los modelos caminaron por el pasillo luciendo vestidos que mezclaban lujo y creatividad, con colores y texturas que recordaban a las calles de Madrid.
El público aplaudió 暴风雨般,y las reseñas fueron excelentes.
Después del desfile, Alejandro se acercó a Sofía y la abrazó sin pensarlo dos veces.
“Lo has logrado”, dijo, emocionado.
“Has dado vida nuevamente al Grupo de la Torre”.
Sofía lo miró a los ojos y vio algo que no había visto antes: un amor sincero, libre de dudas y presiones.
En ese momento, sabía que los caminos que habían recorrido, con sus altas y bajas, habían llevado a ambos a un lugar donde podían confiar el uno en el otro.
Mientras salían del salón, la señora de la Torre los interceptó.
Esta vez, tenía una sonrisa en los labios.
“Te congratulo, Sofía”, dijo.
“Has demostrado que eres capaz de liderar.
Pero recuerda: el honor de la familia siempre debe ser prioridad”.
Sofía asintió, pero sabía que ahora tenía el poder para cambiar las reglas.
“La familia y el grupo pueden crecer juntos, señora de la Torre.
No hay que elegir entre tradición y modernidad”.
La señora la miró un instante, y luego asintió.
Era un pequeño avance, pero importante.
En la calle, Alejandro y Sofía caminaron juntos, sintiendo el viento de Madrid en sus caras.
“¿Qué tal un café en la Plaza Mayor?”, sugirió él.
Sofía sonrió.
“Me encantaría”.
Y mientras caminaban hacia la plaza, rodeados de la vida y el ruido de la ciudad, Sofía supo que el fuego que había encendido en su corazón al principio de su viaje no se había apagado; en cambio, había crecido, convirtiéndose en algo más fuerte: un amor por la moda, por Madrid, y por un hombre que, al fin, había aprendido a ver más allá de los prejuicios.
Duelo de diseños La announce del concurso de diseño interno del Grupo de la Torre fue recibida con emoción en todo el equipo.
Sofía, como directora de diseño, y Alejandro, como gerente general, were elegidos para liderar dos equipos en una batalla creativa: el tema era “Madrid, corazón de la moda”, y el ganador tendría la oportunidad de presentar su colección en la próxima Semana de la Moda de París.
“Es una excelente oportunidad para demostrar tu talento”, le dijo Alejandro a Sofía en el pasillo, pero con un brillo competitivo en los ojos.
“Y el tuyo también”, respondió ella, sonriendo desafíante.
“Pero espero que no te pongas triste cuando pierdas”.
Los equipos se dividieron rápidamente.
Sofía eligió a diseñadores jóvenes y creativos, mientras que Alejandro se centró en los miembros más experimentados del grupo.
Los dos comenzaron a trabajar en sus respectivos estudios, rodeados de bocetos, telas y mood boards llenos de imágenes de la ciudad: la Plaza Mayor, los callejones de Lavapiés, el arte callejero y la pasión del flamenco.
La tensión creció día a día.
En reuniones comunes, los dos equipos discutían sobre colores, cortes y materiales, y Sofía y Alejandro often terminaban discutiendo en privado, pero con un respeto mutual que no había existido antes.
“Tu equipo está perdiendo el foco en la tradición”, le decía Alejandro.
“Los clientes buscan lujo, no experimentación descontrolada”.
“Y el tuyo está atrapado en el pasado”, replicaba Sofía.
“La moda necesita renovarse, Alejandro.
No puedes esperar que el mundo se detenga”.
Pero todo cambió una noche cuando Sofía llegó al estudio y descubrió que los bocetos definitivos de su equipo habían desaparecido.
La puerta estaba forzada, y en la mesa solo quedaba un papel con una nota: “Los viejos siempre ganan”.
Sofía se sentó en la silla, horrorizada.
Sabía que sin esos diseños, su equipo no podría participar en el concurso.
La primera persona a la que pensó fue en Alejandro.
“¿Qué has hecho?”, le gritó al teléfono.
Alejandro estaba en su despacho, trabajando tarde, y se quedó desconcertado con el ataque.
“No entiendo, Sofía.
¿Qué pasa?”.
“Mis diseños han sido robados.
Y la nota dice que los viejos siempre ganan.
¿No es así tu filosofía?”.
Alejandro negó con la cabeza, aunque sentía el corazón latir más rápido.
“No lo he hecho yo, Sofía.
Pero juntos podemos encontrar quién es”.
Aunque dudaba, Sofía accedió.
Comenzaron a revisar las cámaras de seguridad del edificio, y vieron a una figura enmascarada entrando en el estudio de Sofía alrededor de la medianoche.
El individuo se movía con familiaridad, lo que indicaba que era alguien del grupo.
“La forma de moverse…”, dijo Alejandro, frunciendo el ceño.
“Es Marta”.
Sofía recordó la venganza de la ex diseñadora, pero Marta había sido despedida meses antes.
“¿Cómo puede estar aquí?”.
Alejandro llamó al jefe de seguridad y descubrieron que Marta había conseguido un pase temporal como visitante, usando a un amigo del equipo de limpieza.
“Ella está detrás de esto”, dijo, con rabia en la voz.
Pero Sofía no quería acusar a nadie sin pruebas.
Emprendieron a buscar evidencia en los correos electrónicos y los registros de entrada, y descubrieron que Marta se había comunicado con miembros del equipo de Alejandro, ofreciéndoles dinero a cambio de información.
“Esto es un setup”, dijo Sofía.
“Quería que nos acosáramos el uno al otro, mientras ella se llevaba los diseños”.
Alejandro asintió, sintiéndose culpable por no haberse dado cuenta antes.
“Perdóname, Sofía.
Debería haberte creído desde el principio”.
Sofía lo miró, y vio en sus ojos el mismo fuego de lucha que había visto en los días difíciles.
“No importa quién haya hecho esto.
Lo importante es recuperar los diseños y demostrar que juntos somos más fuertes que cualquier traición”.
Juntos, retrataron los bocetos perdidos desde la memoria, ayudados por los miembros de ambos equipos, que habían dejado de ser rivales para convertirse en aliados.
Sofía y Alejandro trabajaron side by side, combinando sus ideas: ella propuso los cortes modernos, él sugirió los materiales de lujo, y juntos crearon una colección que superaba los diseños originales.
El día del concurso, los dos equipos presentaron sus colecciones.
La de Sofía era un homenaje a la energía de Madrid, con vestidos llenos de color y texturas que recordaban a los mercados y las calles del barrio.
La de Alejandro era una interpretación elegante de la tradición, con trajes de terciopelo y lentejuelas que recordaban a los teatros y palacetes de la ciudad.
Cuando se anunció el ganador, todos estaban nerviosos.
El jurado elogió ambas colecciones, pero finalmente eligió a Sofía por su “audacia y conexión con la esencia viva de Madrid”.
Alejandro la abrazó, sincero en su felicidad.
“Lo has logrado, Sofía.
Esa colección es perfecta”.
Ella lo miró, agradecida.
“Gracias a ti.
Si no hubieras ayudado a retomar los diseños, todo habría terminado mal”.
En ese momento, Marta fue detenida por la seguridad, y los bocetos robados fueron recuperados.
Pero para Sofía y Alejandro, el importante era lo que habían aprendido: que la competencia podía convertirse en colaboración, y que los malentendidos podían superarse si se tiene fe en el otro.
Mientras salían del salón de concurso, Alejandro la detuvo.
“¿Te apetece celebrar?
Hay un restaurante en el barrio de La Latina que hace las mejores croquetas de Madrid”.
Sofía sonrió, sintiendo que la conexión entre ellos había cambiado para siempre.
“Claro.
Pero esta vez, la ronda de vinos es tuya”.
Y así, caminaron juntos hacia la noche madrileña, sabiendo que los retos del futuro serían muchos, pero que juntos podrían afrontarlos.
El duelo de diseños había terminado, pero el duelo del corazón estaba apenas comenzando, y ambos estaban dispuestos a jugar para ganar.
Los secretos detrás del diseño La celebración en el restaurante de La Latina fue una alegría.
Sofía y Alejandro disfrutaron de croquetas, patatas bravas y un vino tinto que parecía mezclarse perfectamente con la conversación.
Pero en medio de la risa y los chistes, Sofía notó que Alejandro tenía algo en la mente.
“¿Qué pasa?”, le preguntó, mordiéndose el labio.
“Sigue pensando en el concurso, ¿verdad?”.
Alejandro dejó su copa de vino sobre la mesa y suspiró.
“No es solo el concurso, Sofía.
Es Marta.
No puedo dejar de pensar en cómo pudo infiltrarse tan fácilmente en el grupo.
Y…”, vaciló, “en cómo algunos de mis propios empleados pudieron ayudarla”.
Sofía se acercó y le puso la mano sobre la suya.
“No es tu culpa, Alejandro.
Marta es una persona despiadada.
Sabía cómo explotar las debilidades de los demás”.
Pero Alejandro no podía calmarse.
Al día siguiente, volvió a investigar los registros, y descubrió algo que lo dejó helado: antes de ser despedida, Marta había copiado una gran cantidad de información confidencial del grupo, incluyendo contratos con proveedores y planes de expansión futura.
“Esto es grave”, le dijo a Sofía en un tono sombrío.
“Si esa información llega a nuestros rivales, el Grupo de la Torre podría caer en picado”.
Sofía frunció el ceño.
“Entonces, tenemos que encontrarla y recuperar la información antes de que sea demasiado tarde”.
Juntos, comenzaron a buscar pistas de Marta.
Hablaron con antiguos empleados que habían mantenido contactos con ella, y uno de ellos les dijo que había visto a Marta en un bar en el barrio de Malasaña, un lugar known for its alternative and underground atmosphere.
“Es un lugar peligroso”, dijo el empleado.
“Hay muchas personas que se dedican a negocios oscuros”.
Sofía y Alejandro no se asustaron.
Esa noche, se vistieron de forma discreta y se dirigieron al bar.
Era un local oscuro, lleno de humo y música altavoz.
Miraron a su alrededor, tratando de encontrar a Marta entre la multitud.
Y de repente, la vieron.
Estaba sentada en un rincón, hablando en secreto con un hombre de aspecto siniestro.
Sofía y Alejandro se acercaron lentamente, tratando de escuchar lo que decían.
“Los documentos estarán listos mañana”, decía Marta.
“El Grupo de la Torre no sabrá qué les ha hit”.
El hombre sonrió, mostrando dientes amarillos.
“Y yo te pagaré lo prometido.
Esa información vale un fortuna”.
Sofía estaba a punto de saltar y confrontar a Marta, pero Alejandro la detuvo.
“No, esperemos.
Necesitamos más pruebas”.
Mientras esperaban, un grupo de individuos entró en el bar y se acercó a la mesa de Marta.
Parecían ser de una organización criminal, y estaban enojados.
“¿Dónde están los documentos?”, les gritó el líder.
“Nos has hecho perder un gran negocio”.
Marta se puso pálida.
“Están en un lugar seguro.
Pero primero, quiero mi dinero”.
En ese momento, todo salió mal.
Los hombres comenzaron a gritar y a amenazar a Marta, y Sofía y Alejandro sabían que tenían que hacer algo.
“Llamemos a la policía”, dijo Sofía.
Pero era demasiado tarde.
Un grito se elevó en el bar, y luego se oyó un disparo.
Todos comenzaron a gritar y a correr, y Sofía y Alejandro se perdieron en el caos.
Cuando la policía llegó, Marta ya se había ido.
Pero habían encontrado los documentos robados escondidos en un baúl.
Sofía y Alejandro se sintieron aliviados, pero sabían que Marta estaba todavía en libertad, y que seguiría siendo una amenaza.
“Vamos a encontrarla”, dijo Alejandro, con determinación en la voz.
“No podemos dejar que se escape con esto”.
En los siguientes días, Sofía y Alejandro siguieron investigando.
Descubrieron que Marta se había refugiado en un piso abandonado en el sur de Madrid, y decidieron ir a buscarla.
Cuando llegaron al piso, estaba en silencio.
Entraron con cuidado, y encontraron a Marta sentada en el suelo, rodeada de fotos y notas sobre el Grupo de la Torre.
Parecía enloquecida.
“¿Por qué has hecho todo esto?”, le preguntó Sofía.
Marta se echó a reír, una risa histérica que llenó el piso.
“Porque os he odiado desde el primer día.
Vosotros, con vuestros talentos y vuestras oportunidades.
Yo he trabajado tanto, y nunca me han dado la oportunidad que merezco”.
Alejandro se acercó a ella.
“No es así, Marta.
Si te hubieras comportado bien, habrías tenido muchas oportunidades en el grupo”.
Pero Marta no quería escuchar.
Agarró un cuchillo y se lo apuntó a Sofía.
“Te he odiado más que a nadie, Sofía.
Tú eres la que se ha llevado todo lo que era mío”.
En un momento de desesperación, Alejandro saltó sobre Marta y le arrebató el cuchillo.
La policía llegó minutos después y la arrestó.
Con Marta detenida, Sofía y Alejandro volvieron al Grupo de la Torre.
El peligro había sido evitado, pero la experiencia los había 改变.
“Lo siento por todo lo que has pasado por culpa mía”, le dijo Alejandro a Sofía.
Sofía lo miró y sonrió.
“No es culpa tuya, Alejandro.
Y…
gracias por salvarme”.
En ese momento, algo cambió entre ellos.
El peligro y la tensión habían desaparecido, y lo que quedaba era un sentimiento profundo que ni siquiera sabían cómo nombrar.
Pero sabían que, después de todo lo que habían vivido juntos, su destino estaba unido, y que el futuro del Grupo de la Torre y de ellos mismos estaba en las manos de ambos.
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