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Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 75

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75: Capítulo 77 El Voto de los Niños 75: Capítulo 77 El Voto de los Niños En una reunión con la Asociación Internacional de Jóvenes y Niños por el Planeta, Sofía tuvo una idea brillante.

“Los niños son los verdaderos herederos del futuro”, dijo.

“Pero ¿por qué no les damos una voz en las decisiones que afectan su mundo?”.

Y así, nació el proyecto “Voto Infantil”: un evento donde los niños de menos de 12 años podrían “votar” mediante dibujos, mostrando su idea de un mundo sostenible.

Cada dibujo would contar como un voto, y un jurado formado exclusivamente por niños elegiría la persona o proyecto que mejor refleje sus sueños.

Lia, emocionada, se ofreció a liderar la campaña.

“Los niños ven el mundo con ojos llenos de esperanza”, dijo.

“Sus dibujos nos dirán qué tipo de futuro quieren”.

El equipo del Grupo creó una web especial donde los padres podían subir los dibujos, junto con un pequeño texto donde el niño explicaba su obra.

“Dibuja cómo quieres que sea el planeta cuando seas grande”, decía el slogan.

La respuesta fue abrumadora.

En menos de un mes, llegaron más de 50.000 dibujos de 87 países.

Había retratos de ciudades con aviones de nubes, bosques donde los animales hablaban con los niños, y maquinarias que convertían la basura en flores.

Muchos dibujos incluían a Lia, como una superheroína con un vestido de telas recicladas, o a la “Guardería Verde Sonrisa” convertida en un arcoíris sobre la Tierra.

En África, un niño de 7 años dibujó un elefante caminando sobre un globo hecho con botellas de plástico, con la leyenda: “Protegemos a los animales con material que ya no se usa”.

En Japón, una niña de 6 años pintó un tren que lanzaba semillas en lugar de humo, diciendo: “El tren va a llenar el mundo de árboles”.

El jurado, compuesto por seis niños de diferentes países (incluido Carlos, de la guardería madrileña), tuvo la difícil tarea de elegir entre tantas maravillas.

“Busquemos aquello que haga sonreír a los niños y cuide el planeta”, dijo Carlos, mostrando un dibujo donde Lia daba la mano a un árbol gigante.

Sofía, que se postuló como candidata con el proyecto “Red Global de Colaboración”, presentó un video en donde los niños de la guardería explicaban por qué querían que el mundo fuera sostenible.

“Quiero que mis hijos jueguen en playas sin basura”, decía Ana, ahora adolescente.

El día de la ceremonia, transmitida en directo por la ONU, los niños jurados mostraron los dibujos favoritos.

La mayoría reflejaba un mundo unido, donde la creatividad reciclada y la colaboración eran clave.

Cuando se anunció el ganador, todos los ojos se posaron en Sofía.

“Sus proyectos ayudan a los niños a soñar y a trabajar por su futuro”, dijo Carlos, como portavoz del jurado.

La ONU, que respaldaba la iniciativa, anunció entonces un nuevo programa: “Los Niños Deciden”, que incluiría a representantes infantiles en mesas de diálogo ambiental globales.

“Hoy, hemos aprendido que las mentes pequeñas tienen ideas grandes”, dijo el embajador de la ONU.

Para Sofía, el premio fue más que un reconocimiento.

“Estos dibujos son un testamento de lo que los niños esperan de nosotros”, dijo en su discurso de aceptación.

“No podemos fallarlos.

Debemos construir ese mundo que ellos han dibujado: lleno de color, de respeto y de esperanza”.

Los medios se convirtieron en difusores de los dibujos, mostrando en portadas y noticias las creaciones infantiles.

Una editorial publicó un libro con los 100 dibujos más inspiradores, con el título “El Futuro que Queremos”.

Las ventas del libro se donaron a proyectos de educación ambiental en países en vías de desarrollo.

En la “Guardería Verde Sonrisa”, ahora una escuela internacional, los alumnos organizaron una exposición de los dibujos locales.

“Mira este dibujo de María”, dijo Lia a un grupo de visitantes, mostrando una pintura donde las nubes eran de algodón reciclado y las casas tenían techos de paneles solares.

“Ella quiere que todo sea suave y limpio”.

El “Voto Infantil” demostró que los niños no solo son el futuro, sino que su voz es crucial en el presente.

El Grupo, con esta experiencia, anunció que en todos sus proyectos futuros incluiría un comité infantil, formado por niños de diferentes países, para garantizar que sus ideas sean escuchadas.

Y mientras los dibujos continuaban llegando, llenando las pantallas y los corazones, todo el mundo comprendió algo importante: la sostenibilidad no es un problema para adultos, sino un legado que los niños themselves nos ayudan a construir.

Y si queremos un planeta mejor, debemos comenzar por escucharles, porque sus sueños son el mapa que nos guiará hacia el futuro.

En el estudio del Grupo, Sofía guardaba cuidadosamente los dibujos en una carpeta llamada “Tesoro del Futuro”.

Una de ellas, un retrato de Lia rodeada de niños de todo el mundo, tenía una nota al costado: “Con ustedes, el planeta estará en buenas manos”.

Y Sofía, sonriendo, sabía que aquella niña tenía razón.

Con la unión de adultos y niños, de ideas y acciones, el futuro sí podía ser como aquellos dibujos: colorido, justo y lleno de vida.

Capítulo 93: El Voto de los Niños  En una reunión con la Asociación Internacional de Jóvenes y Niños por el Planeta, Sofía tuvo una idea brillante.

“Los niños son los verdaderos herederos del futuro”, dijo.

“Pero ¿por qué no les damos una voz en las decisiones que afectan su mundo?”.

Y así, nació el proyecto “Voto Infantil”: un evento donde los niños de menos de 12 años podrían “votar” mediante dibujos, mostrando su idea de un mundo sostenible.

Cada dibujo contaría como un voto, y un jurado formado exclusivamente por niños elegiría la persona o proyecto que mejor refleje sus sueños.

Lia, emocionada, se ofreció a liderar la campaña.

“Los niños ven el mundo con ojos llenos de esperanza”, dijo.

“Sus dibujos nos dirán qué tipo de futuro quieren”.

El equipo del Grupo creó una web especial donde los padres podían subir los dibujos, junto con un pequeño texto donde el niño explicaba su obra.

“Dibuja cómo quieres que sea el planeta cuando seas grande”, decía el slogan.

La respuesta fue abrumadora.

En menos de un mes, llegaron más de 50.000 dibujos de 87 países.

Había retratos de ciudades con aviones de nubes, bosques donde los animales hablaban con los niños, y maquinarias que convertían la basura en flores.

Muchos dibujos incluían a Lia, como una superheroína con un vestido de telas recicladas, o a la “Guardería Verde Sonrisa” convertida en un arcoíris sobre la Tierra.

En África, un niño de 7 años dibujó un elefante caminando sobre un globo hecho con botellas de plástico, con la leyenda: “Protegemos a los animales con material que ya no se usa”.

En Japón, una niña de 6 años pintó un tren que lanzaba semillas en lugar de humo, diciendo: “El tren va a llenar el mundo de árboles”.

El jurado, compuesto por seis niños de diferentes países (incluido Carlos, de la guardería madrileña), tuvo la difícil tarea de elegir entre tantas maravillas.

“Busquemos aquello que haga sonreír a los niños y cuide el planeta”, dijo Carlos, mostrando un dibujo donde Lia daba la mano a un árbol gigante.

Sofía, que se postuló como candidata con el proyecto “Red Global de Colaboración”, presentó un video en donde los niños de la guardería explicaban por qué querían que el mundo fuera sostenible.

“Quiero que mis hijos jueguen en playas sin basura”, decía Ana, ahora adolescente.

El día de la ceremonia, transmitida en directo por la ONU, los niños jurados mostraron los dibujos favoritos.

La mayoría reflejaba un mundo unido, donde la creatividad reciclada y la colaboración eran clave.

Cuando se anunció el ganador, todos los ojos se posaron en Sofía.

“Sus proyectos ayudan a los niños a soñar y a trabajar por su futuro”, dijo Carlos, como portavoz del jurado.

La ONU, que respaldaba la iniciativa, anunció entonces un nuevo programa: “Los Niños Deciden”, que incluiría a representantes infantiles en mesas de diálogo ambiental globales.

“Hoy, hemos aprendido que las mentes pequeñas tienen ideas grandes”, dijo el embajador de la ONU.

Para Sofía, el premio fue más que un reconocimiento.

“Estos dibujos son un testamento de lo que los niños esperan de nosotros”, dijo en su discurso de aceptación.

“No podemos fallarlos.

Debemos construir ese mundo que ellos han dibujado: lleno de color, de respeto y de esperanza”.

Los medios se convirtieron en difusores de los dibujos, mostrando en portadas y noticias las creaciones infantiles.

Una editorial publicó un libro con los 100 dibujos más inspiradores, con el título “El Futuro que Queremos”.

Las ventas del libro se donaron a proyectos de educación ambiental en países en vías de desarrollo.

En la “Guardería Verde Sonrisa”, ahora una escuela internacional, los alumnos organizaron una exposición de los dibujos locales.

“Mira este dibujo de María”, dijo Lia a un grupo de visitantes, mostrando una pintura donde las nubes eran de algodón reciclado y las casas tenían techos de paneles solares.

“Ella quiere que todo sea suave y limpio”.

El “Voto Infantil” demostró que los niños no solo son el futuro, sino que su voz es crucial en el presente.

El Grupo, con esta experiencia, anunció que en todos sus proyectos futuros incluiría un comité infantil, formado por niños de diferentes países, para garantizar que sus ideas sean escuchadas.

Y mientras los dibujos continuaban llegando, llenando las pantallas y los corazones, todo el mundo comprendió algo importante: la sostenibilidad no es un problema para adultos, sino un legado que los niños themselves nos ayudan a construir.

Y si queremos un planeta mejor, debemos comenzar por escucharles, porque sus sueños son el mapa que nos guiará hacia el futuro.

En el estudio del Grupo, Sofía guardaba cuidadosamente los dibujos en una carpeta llamada “Tesoro del Futuro”.

Una de ellas, un retrato de Lia rodeada de niños de todo el mundo, tenía una nota al costado: “Con ustedes, el planeta estará en buenas manos”.

Y Sofía, sonriendo, sabía que aquella niña tenía razón.

Con la unión de adultos y niños, de ideas y acciones, el futuro sí podía ser como aquellos dibujos: colorido, justo y lleno de vida.

Con el éxito del “Voto Infantil”, el Grupo decidió expandir su compromiso con la próxima generación.

Alejandro anunció un nuevo proyecto: “La Academia del Planeta”, una escuela virtual donde niños y jóvenes de todo el mundo podrían aprender sobre sostenibilidad, diseño ecológico y emprendimiento verde.

Luna se encargó de la creación del plan de estudios.

“Queremos que sea un lugar donde la creatividad y el conocimiento se unan”, dijo.

Los cursos incluirían talleres prácticos, como cómo hacer fibras recicladas en casa, y clases teóricas sobre la importancia de la biodiversidad.

Lia, como embajadora de la institución, grabó videos de presentación para los estudiantes.

“Aquí, no hay nada que no puedas hacer”, decía, mostrando un proyecto de un niño que había construido una casa sostenible con materiales reciclados.

Mientras tanto, en el Amazonas, el proyecto “Amazonas Resiste” continuaba ganando fuerza.

El Grupo, en colaboración con las comunidades indígenas, había creado un sistema de vigilancia digital para detectar a las empresas ilegales de extracción.

“Con estas cámaras, podemos ver desde Madrid si alguien está cortando árboles”, explicó un joven indígena capacitado por el Grupo.

Además, la línea de ropa “Amazonas Resiste” se había convertido en un éxito de ventas, y los fondos recaudados se destinaban a la protección del bosque y a la educación de los niños de la región.

Sofía, inspirada por los dibujos de los niños, propuso un nuevo desafío: “Construir una ciudad modelo sostenible”.

El proyecto, llamado “EcoUrbe”, tendría edificios con techos cubiertos de jardines, transporte público eléctrico y sistemas de reciclaje automático.

“Queremos demostrar que es posible vivir en una ciudad sin dañar el planeta”, dijo en una conferencia.

Los jóvenes se unieron al proyecto con entusiasmo.

Un estudiante de arquitectura de México presentó un diseño de una torre donde los pisos se convertían en huertos verticales, mientras que un ingeniero alemán propuso un sistema de energía basado en la captured del viento y la luz solar.

Lia, ahora responsable de la selección de proyectos, decía: “Estos jóvenes tienen ideas que pueden cambiar el mundo.

Solo necesitan un impulso”.

En el cumpleaños de la “Guardería Verde Sonrisa”, ahora una institución icónica, se anunció el lanzamiento de un libro sobre la historia del Grupo.

El libro, titulado “De la Guardería a la Tierra”, contaba la historia de Lia, Luna, Alejandro y Sofía, y cómo su lucha por la sostenibilidad había inspirado a millones.

En el estreno, niños de todas partes del mundo acudieron con sus dibujos y cartas de agradecimiento.

“Gracias por enseñarnos a amar el planeta”, decía una niña de India en un video.

El legado del Grupo no solo se medía en proyectos exitosos, sino en las vidas que habían cambiado.

En una aldea africana, un grupo de jóvenes que habían estudiado en “La Academia del Planeta” habían creado una fábrica de Ladrillos reciclados, reduciendo la deforestación en la región.

En Australia, un colectivo de artistas utilizaba las técnicas de tintado natural aprendidas del Grupo para crear obras de arte ambiental.

En un discurso final, Lia dijo: “Cuando era pequeña, solo quería que los niños tuvieran un mundo bonito.

Ahora, veo que ese sueño es posible, pero solo si seguimos trabajando juntos.

Los adultos, los jóvenes y los niños, todos somos guardians de la Tierra”.

Y mientras los aplausos llenaban el auditorio, todo el mundo sabía que el legado del Grupo seguiría creciendo, generación tras generación, como un árbol que echa raíces profundas y extiende sus ramas hacia el futuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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