Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 78
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78: Capítulo 80 El Acuerdo de la Familia 78: Capítulo 80 El Acuerdo de la Familia La reunión en el comedor de la casa de Luna y Alejandro tenía un aire cargado.
Había meses desde que la familia se reuniera sin interrupciones: Luna estaba absorta en los diseños de la nueva línea, Alejandro viajaba constantemente por la India, y Sofía se sumergía en los proyectos de la Asociación.
Lia, que había notado la distancia, decidió tomar la iniciativa.
“¿Alguna de ustedes recuerda la última vez que comimos juntos sin que alguien saliera corriendo a responder un correo?”, preguntó, mientras servía té.
Los silencios era la respuesta.
Luna suspiró, mirando a su hija: “Has razón, cariño.
El trabajo se ha convertido en nuestra vida, y nosotros nos hemos olvidado de ser una familia”.
Alejandro, con cara cansada, agregó: “Las presiones de la empresa y las expectativas de la sociedad..
a veces siento que estamos persiguiendo un objetivo que nunca alcanzaremos..
Sofía, que había llorado en privado por la falta de conexión, asintió: “Incluso en las fiestas, estamos con el teléfono en la mano.
No somos como antes”.
Lia se acercó a la mesa y sacó un bloc de papel.
“Propongo el ‘Consejo de Inicio'”, dijo.
“Un comité donde evaluemos cada decisión empresarial no solo por su impacto económico o ambiental, sino también por cómo afecta a nuestra relación.
Y establezcamos reglas para proteger nuestro tiempo juntos”.
Los padres se miraron, intrigados.
“¿Qué tipo de reglas?”, preguntó Luna.
“Primero, dedicar cada sábado a actividades en común, sin teléfonos, correos ni llamadas de trabajo”, respondió Lia.
“Segundo, antes de tomar una decisión importante, preguntarnos: ‘¿Esta decisión hace que nos acerquemos o nos alejemos?'” Sofía sonrió, sintiendo una punzada de culpa por haber estado tan ocupada.
“Me gustaría organizar las actividades”, dijo.
“Podemos hacer excursiones, cocinar juntos, incluso trabajar en proyectos reciclados como en la vieja guardería”.
Alejandro, pensativo, se levantó y took un papel y un lápiz.
“Vamos a escribir este pacto”, propuso.
“Y firmarlo, como si fuera un contrato importante.
Porque lo es”.
escribió las reglas que Lia había mencionado y agregó una más: “Celebrar cada cumpleaños con una actividad ecológica en familia, como plantar un árbol o limpiar una playa”.
Luna, emocionada, firmó primero.
“Yo he estado tan obsesionada con los diseños que he olvidado lo importante: ustedes”, dijo.
“Este pacto es una segunda oportunidad”.
Sofía y Lia siguieron, y Alejandro, al firmar, dijo: “Prometo ser más presente, no solo en la empresa, sino en vuestras vidas”.
El primer sábado después del pacto fue un éxito.
Sofía organizó una excursión a un bosque cercano, donde hicieron una parrillada con alimentos locales y biodegradables.
Sin teléfonos, hablaron de viejos recuerdos: de cuando Lia era niña y converting basura en arte, de las primeras reuniones en el estudio, de los proyectos que habían fallado pero habían aprendido.
“Recuerdo cuando creamos la ‘ArrozVerde'”, dijo Alejandro, riendo.
“Pensábamos que era una locura, pero Lia tenía razón”.
“Y tú”, le dijo Luna a Sofía, “era tan seria en las reuniones…
quién hubiera pensado que acabarías dirigiendo una asociación”.
Lia, que había traído un kit de reciclaje, propuso hacer una competencia: crear un juego con materiales que habían encontrado en el bosque.
Sofía y Luna hicieron una tienda con hojas y cuerdas, mientras que Alejandro y Lia construyeron un puente con palos secos para un muñeco.
“¡Es un puente hacia el futuro sostenible!”, dijo Lia, riendo.
Al atardecer, se sentaron en un claro y miraron las estrellas.
“Hace tiempo que no hacemos esto”, dijo Sofía.
“Siento que vuelvo a conoceros”.
Luna la abrazó: “Y nosotros a ti.
Has sido tan valiente al frontar los retos de la Asociación”.
Alejandro, en silencio, tomó un papel y escribió algo.
“Es el primer punto del ‘Consejo de Inicio'”, dijo.
“Aprobar la creación de un fondo para proyectos familiares en la empresa: horarios flexibles, talleres para hijos de trabajadores, etc”.
Lia sonrió, sabiendo que este pacto no solo reconquistaría su relación, sino que también haría de la empresa un lugar más humano.
“La familia es el núcleo de todo”, dijo.
“Y si tenemos claro eso, los proyectos saldrán bien”.
Y así, mientras la luna iluminaba el bosque, la familia entendió que el éxito no se medía en metas alcanzadas, sino en las sonrisas compartidas, en los recuerdos creados, y en el saber que, juntos, podían cambiar el mundo sin perder lo más importante: la conexión entre ellos.
El “Consejo de Inicio” no era solo un comité, era un recordatorio de que la mejor forma de liderar es amando primero a quienes están a nuestro lado.
Y mientras caminaban de vuelta a casa, manejar, Lia supo que este acuerdo marcaría un antes y un después.
No solo en la vida de su familia, sino en la forma en que el Grupo entendería el éxito: no como una carrera sola, sino como un camino compartido, lleno de alegría, aprendizaje y amor.
Y eso, más que cualquier logro, era lo que realmente importaba.
La reunión en el comedor de la casa de Luna y Alejandro tenía un aire cargado.
Había meses desde que la familia se reuniera sin interrupciones: Luna estaba absorta en los diseños de la nueva línea, Alejandro viajaba constantemente por la India, y Sofía se sumergía en los proyectos de la Asociación.
Lia, que había notado la distancia, decidió tomar la iniciativa.
“¿Alguna de ustedes recuerda la última vez que comimos juntos sin que alguien saliera corriendo a responder un correo?”, preguntó, mientras servía té.
El silencio fue la respuesta.
Luna suspiró, mirando a su hija: “Tienes razón, cariño.
El trabajo se ha convertido en nuestra vida, y nosotros nos hemos olvidado de ser una familia”.
Alejandro, con cara cansada, agregó: “Las presiones de la empresa y las expectativas de la sociedad…
a veces siento que estamos persiguiendo un objetivo que nunca alcanzaremos”.
Sofía, que había llorado en privado por la falta de conexión, asintió: “Incluso en las fiestas, estamos con el teléfono en la mano.
No somos como antes”.
Lia se acercó a la mesa y sacó un bloc de papel.
“Propongo el ‘Consejo de Inicio'”, dijo.
“Un comité donde evaluemos cada decisión empresarial no solo por su impacto económico o ambiental, sino también por cómo afecta a nuestra relación.
Y establezcamos reglas para proteger nuestro tiempo juntos”.
Los padres se miraron, intrigados.
“¿Qué tipo de reglas?”, preguntó Luna.
“Primero, dedicar cada sábado a actividades en común, sin teléfonos, correos ni llamadas de trabajo”, respondió Lia.
“Segundo, antes de tomar una decisión importante, preguntarnos: ‘¿Esta decisión hace que nos acerquemos o nos alejemos?'” Sofía sonrió, sintiendo una punzada de culpa por haber estado tan ocupada.
“Me gustaría organizar las actividades”, dijo.
“Podemos hacer excursiones, cocinar juntos, incluso trabajar en proyectos reciclados como en la vieja guardería”.
Alejandro, pensativo, se levantó y took un papel y un lápiz.
“Vamos a escribir este pacto”, propuso.
“Y firmarlo, como si fuera un contrato importante.
Porque lo es”.
escribió las reglas que Lia había mencionado y agregó una más: “Celebrar cada cumpleaños con una actividad ecológica en familia, como plantar un árbol o limpiar una playa”.
Luna, emocionada, firmó primero.
“Yo he estado tan obsesionada con los diseños que he olvidado lo importante: ustedes”, dijo.
“Este pacto es una segunda oportunidad”.
Sofía y Lia siguieron, y Alejandro, al firmar, dijo: “Prometo ser más presente, no solo en la empresa, sino en vuestras vidas”.
El primer sábado después del pacto fue un éxito.
Sofía organizó una excursión a un bosque cercano, donde hicieron una parrillada con alimentos locales y biodegradables.
Sin teléfonos, hablaron de viejos recuerdos: de cuando Lia era niña y convertía basura en arte, de las primeras reuniones en el estudio, de los proyectos que habían fallado pero habían aprendido.
“Recuerdo cuando creamos la ‘ArrozVerde'”, dijo Alejandro, riendo.
“Pensábamos que era una locura, pero Lia tenía razón”.
“Y tú”, le dijo Luna a Sofía, “era tan seria en las reuniones…
quién hubiera pensado que acabarías dirigiendo una asociación”.
Lia, que había traído un kit de reciclaje, propuso hacer una competencia: crear un juego con materiales que habían encontrado en el bosque.
Sofía y Luna hicieron una tienda con hojas y cuerdas, mientras que Alejandro y Lia construyeron un puente con palos secos para un muñeco.
“¡Es un puente hacia el futuro sostenible!”, dijo Lia, riendo.
Al atardecer, se sentaron en un claro y miraron las estrellas.
“Hace tiempo que no hacemos esto”, dijo Sofía.
“Siento que vuelvo a conoceros”.
Luna la abrazó: “Y nosotros a ti.
Has sido tan valiente al frontar los retos de la Asociación”.
Alejandro, en silencio, tomó un papel y escribió algo.
“Es el primer punto del ‘Consejo de Inicio'”, dijo.
“Aprobar la creación de un fondo para proyectos familiares en la empresa: horarios flexibles, talleres para hijos de trabajadores, etc”.
Lia sonrió, sabiendo que este pacto no solo reconquistaría su relación, sino que también haría de la empresa un lugar más humano.
“La familia es el núcleo de todo”, dijo.
“Y si tenemos claro eso, los proyectos saldrán bien”.
Y así, mientras la luna iluminaba el bosque, la familia entendió que el éxito no se medía en metas alcanzadas, sino en las sonrisas compartidas, en los recuerdos creados, y en el saber que, juntos, podían cambiar el mundo sin perder lo más importante: la conexión entre ellos.
El “Consejo de Inicio” no era solo un comité, era un recordatorio de que la mejor forma de liderar es amando primero a quienes están a nuestro lado.
Con el “Consejo de Inicio” en funcionamiento, el Grupo experimentó un cambio profundo.
Los horarios flexibles en la empresa se volvieron la norma, y los talleres para hijos de trabajadores se convirtieron en un espacio donde los jóvenes aprendían a dibujar con materiales reciclados y a entender la importancia de la sostenibilidad.
Un día, mientras Lia y Alejandro revisaban los planes para una nueva fábrica en África, Lia se detuvo.
“¿Y si creamos un sello de calidad que represente no solo nuestra ética ambiental, sino también nuestro compromiso con las familias?”, preguntó.
“Un sello que garantice que cada prenda está hecha con respeto para el planeta y para las personas que la fabrican”.
Alejandro, interesado, llamó a Sofía y Luna para una reunión de emergencia.
“Lia tiene una idea genial”, dijo.
“Un sello que sea como un sello de confianza, no solo para los clientes, sino para todos los que trabajan con nosotros”.
Sofía, que estaba en medio de un proyecto para educar a jóvenes en países en vías de desarrollo, asintió: “Eso ayudaría a promocionar nuestro modelo de trabajo equitativo y sostenible”.
Luna, con su vista creativa, comenzó a dibujar esbozos en un bloc.
“Imagino un sello con un árbol, cuyas raíces son manos unidas”, dijo, mostrando un boceto.
“Las raíces representan a las familias y la comunidad, mientras que el árbol es el futuro sostenible que construimos juntos”.
El equipo trabajó durante semanas para definir los estándares que debía cumplir una prenda para obtener el sello.
No solo debía ser hecha con materiales reciclados o biodegradables, sino que también debía garantizar un salario justo a los trabajadores, horarios razonables y un ambiente de trabajo seguro.
Además, se incluyó un compromiso con la educación de las familias de los trabajadores, como becas para los hijos.
Cuando el sello, llamado “Sello del Futuro”, se anunció, la industria de la moda se sorprendió.
“Es un estándar más alto que cualquier otro en el mercado”, dijo un experto en la televisión.
“Estos estándares no solo abordan el impacto ambiental, sino también la justicia social”.
Para promocionar el sello, el Grupo organizó un desfile en una ciudad europea.
Las modelos caminaron por el pasillo de honor con prendas que lucían el “Sello del Futuro”, mientras en las pantallas gigantes se mostraban videos de las fábricas, de los trabajadores sonrientes y de las familias beneficiadas por los proyectos sociales.
“Detrás de cada prenda, hay una historia de trabajo, de amor y de futuro”, dijo Lia en un discurso.
En la India, la “Fábrica Transparente de la Esperanza” fue una de las primeras en obtener el sello.
María, la trabajadora que había mostrado los procesos de producción a los visitantes, se convirtió en la imagen del sello en un anuncio.
“Con este sello, saben que la camisa que compran no solo es ecológica, sino que también ayuda a mi familia a tener un futuro mejor”, dijo en el anuncio.
El “Sello del Futuro” no solo transformó la forma en que los clientes veían el Grupo, sino que también influyó en otras empresas.
Pocos meses después de su lanzamiento, varias firmas de moda se unieron al movimiento y comenzaron a trabajar para obtener el sello.
“Esto demuestra que es posible ser exitosos en el mercado mientras se cuida el planeta y se respeta a las personas”, dijo Sofía en una entrevista.
Y mientras el “Sello del Futuro” se convertía en un símbolo de calidad y justicia, la familia detrás del Grupo seguía fortaleciendo su vínculo.
Los sábados se volvieron días llenos de risas, proyectos creativos y conversaciones sinceras.
Y en cada decisión empresarial, el “Consejo de Inicio” recordaba que el verdadero éxito se medía en la felicidad de las personas y en la salud del planeta que compartían.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com