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Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 79

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79: Capítulo 81 La Colección del Inicio 79: Capítulo 81 La Colección del Inicio En el taller de Luna, olvidado en un rincón, había una caja de cartón con sketches viejos y trozos de tela.

Uno de ellos era el primer vestido de muñeca que había diseñado cuando la guardería aún era un sueño en construcción: un vestido rosa con volantes hechos con recortes de “MarTex”, la primera fibra reciclada que había probado.

“Mira, Lia”, dijo Luna, mostrándolo a su hija.

“Este vestido nació de un recorte sobrante de una prenda que arruiné en mis primeros intentos”.

Lia, sorprendida, recogió el vestido diminuto.

“Y ahora, este recorte es el origen de todo”, dijo, pensando en cómo aquel pequeño error se había convertido en el principio de una filosofía.

En ese momento, Sofía entró al taller, llevando una carpeta con fotos de los proyectos infantiles de Lia: dibujos de niños coloreando telas, creando juguetes con botellas y diseñando patrones con hojas secas.

“¿Y si hacemos algo que conecte nuestros inicios con lo que somos ahora?”, preguntó.

Así nació la idea de la “Colección del Inicio”.

Luna y Lia se adentraron en los archivos del Grupo, seleccionando diseños icónicos: el primer traje de Alejandro hecho con “ArrozVerde”, los patrones de color block que Lia había creado a los 8 años para una exposición de la guardería, y hasta el abrigo de Sofía que había lucido en el primer desfile de la playa italiana.

“Queremos que cada prenda sea un capítulo de nuestra historia”, dijo Luna.

“No solo de la empresa, sino de la familia que la ha creado”.

Los meses siguientes fueron un viaje al pasado.

Luna recreó el vestido de muñeca en versión adulta, con volantes más grandes y un cinturón hecho con cuerdas recicladas.

“Aquí está el recorte original”, explicaba, mostrando un detalle en el escote.

“Y el color rosa es el mismo que usamos en la primera línea, inspirado en las flores de mi jardín”.

Lia se encargó de adaptar los patrones infantiles.

Los dibujos de aviones hechos con cartón que Carlos había realizado se convirtieron en estampados para camisas, y los corazones que las niñas de la guardería habían pintado con tinta de frutas se transformaron en motives para vestidos.

“Quiero que los adultos se sientan como niños cuando lucen estos diseños”, dijo.

“Como si llevar un pedazo de su propia historia en cada prenda”.

Cada prenda tenía una etiqueta especial, con una historia escrita a mano: “Este vestido nació de un recorte sobrante de la primera fibra reciclada”, “Este color fue elegido por un niño de Kenia en un taller de 2010”, o “Este botón fue fabricado por artesanos de la Amazonas con semillas secas”.

“No queremos vender ropa”, dijo Alejandro en una reunión de lanzamiento.

“Queremos compartir historias de lucha, de error, de aprendizaje”.

El día del desfile, celebrado en el aniversario del Grupo, el estudio se convirtió en un museo vivo.

Fotos de la guardería, de las primeras fábricas y de los proyectos internacionales adornaban las paredes, mientras que los invitados podían tocar los materiales originales, como un trozo de la primera “ArrozVerde” y una muestra de la tierra que había servido para los tintes naturales.

Los modelos caminaron al ritmo de una melodía que combinaba el himno de la guardería con ritmos internacionales.

La primera modelo lucía el vestido rosa de muñeca adaptado, con un ribete en el dobladillo que mostraba el recorte original.

“Este vestido es un homenaje a los comienzos”, dijo Luna en el micrófono.

“A aquellos momentos en los que no sabíamos si íbamos a fallar, pero seguíamos creyendo en nuestro sueño”.

Lia, Entonces, presentó una camiseta con el estampado del avión de cartón de Carlos, ahora adulto y presente en el evento.

“Carlos, que ahora es diseñador, me dijo: ‘Ese avión representaba mi sueño de volar libre’.

Y hoy, ese sueño vuela en cada prenda de esta colección”.

Carlos, emocionado, se acercó al escenario y mostró un dibujo nuevo: un avión con alas de telas recicladas, volando sobre un planeta verde.

La reacción de los invitados fue overwhelm.

Un cliente de muchos años, que había comprado la primera prenda del Grupo, lloró al ver el vestido rosa: “Este color me recuerda a mi hija, que ahora estudia ecología gracias a vuestros mensajes”.

Un diseñador joven se acercó a Lia y dijo: “Estos diseños demuestran que la moda puede ser un libro de recuerdos, no solo un producto”.

Alejandro, en su discurso, anunció que un 10% de las ventas de la colección iría a proyectos que ayudan a niños a desarrollar su creatividad, como la guardería donde todo comenzó.

“Nuestros inicios fueron humildes”, dijo.

“Pero eran sinceroos.

Y ese sincero es lo que queremos conservar en cada prenda, en cada decisión, en cada historia que compartimos”.

En el después del desfile, la familia se reunió en el taller, rodeada de las primeras muestras.

Luna abrazó a Lia y dijo: “Hoy, hemos demostrado que el tiempo no borra los sueños, sino que los convierte en algo más grande”.

Sofía, viendo los mensajes positivos en las redes, agregó: “Y que cada inicio tiene un legado, un legado que crece cuando lo compartimos con el mundo”.

Y así, la “Colección del Inicio” no solo fue un éxito comercial, sino un tributo a los valores que habían guiado al Grupo desde el principio: la creatividad como respuesta a los retos, la familia como motor del cambio, y la creencia en que cada persona, cada fibra, cada historia, pueden ser parte de un sueño más grande.

Y mientras las prendas comenzaban a llegar a casas alrededor del mundo, cada cliente sabía que llevaba en su guardarropa no solo una prenda de ropa, sino un pedazo de una historia de esperanza, de lucha y de amor por el planeta.

En el estudio, Lia posó el vestido rosa de muñeca junto al nuevo diseño de Carlos.

“Imagina”, dijo a su madre, “qué cosas habrán creado los niños de ahora en veinte años”.

Luna sonrió, sabiendo que aquella colección no era el final, sino otro inicio.

Un inicio que recordaba que el camino más bello es el que se construye con los recuerdos de donde se viene, y con la ilusión de hacia donde se va.

En el taller de Luna, olvidado en un rincón, había una caja de cartón con sketches viejos y trozos de tela.

Uno de ellos era el primer vestido de muñeca que había diseñado cuando la guardería aún era un sueño en construcción: un vestido rosa con volantes hechos con recortes de “MarTex”, la primera fibra reciclada que había probado.

“Mira, Lia”, dijo Luna, mostrándolo a su hija.

“Este vestido nació de un recorte sobrante de una prenda que arruiné en mis primeros intentos”.

Lia, sorprendida, recogió el vestido diminuto.

“Y ahora, este recorte es el origen de todo”, dijo, pensando en cómo aquel pequeño error se había convertido en el principio de una filosofía.

En ese momento, Sofía entró al taller, llevando una carpeta con fotos de los proyectos infantiles de Lia: dibujos de niños coloreando telas, creando juguetes con botellas y diseñando patrones con hojas secas.

“¿Y si hacemos algo que conecte nuestros inicios con lo que somos ahora?”, preguntó.

Así nació la idea de la “Colección del Inicio”.

Luna y Lia se adentraron en los archivos del Grupo, seleccionando diseños icónicos: el primer traje de Alejandro hecho con “ArrozVerde”, los patrones de color block que Lia había creado a los 8 años para una exposición de la guardería, y hasta el abrigo de Sofía que había lucido en el primer desfile de la playa italiana.

“Queremos que cada prenda sea un capítulo de nuestra historia”, dijo Luna.

“No solo de la empresa, sino de la familia que la ha creado”.

Los meses siguientes fueron un viaje al pasado.

Luna recreó el vestido de muñeca en versión adulta, con volantes más grandes y un cinturón hecho con cuerdas recicladas.

“Aquí está el recorte original”, explicaba, mostrando un detalle en el escote.

“Y el color rosa es el mismo que usamos en la primera línea, inspirado en las flores de mi jardín”.

Lia se encargó de adaptar los patrones infantiles.

Los dibujos de aviones hechos con cartón que Carlos había realizado se convirtieron en estampados para camisas, y los corazones que las niñas de la guardería habían pintado con tinta de frutas se transformaron en motivos para vestidos.

“Quiero que los adultos se sientan como niños cuando lucen estos diseños”, dijo.

“Como si llevar un pedazo de su propia historia en cada prenda”.

Cada prenda tenía una etiqueta especial, con una historia escrita a mano: “Este vestido nació de un recorte sobrante de la primera fibra reciclada”, “Este color fue elegido por un niño de Kenia en un taller de 2010”, o “Este botón fue fabricado por artesanos de la Amazonas con semillas secas”.

“No queremos vender ropa”, dijo Alejandro en una reunión de lanzamiento.

“Queremos compartir historias de lucha, de error, de aprendizaje”.

El día del desfile, celebrado en el aniversario del Grupo, el estudio se convirtió en un museo vivo.

Fotos de la guardería, de las primeras fábricas y de los proyectos internacionales adornaban las paredes, mientras que los invitados podían tocar los materiales originales, como un trozo de la primera “ArrozVerde” y una muestra de la tierra que había servido para los tintes naturales.

Los modelos caminaron al ritmo de una melodía que combinaba el himno de la guardería con ritmos internacionales.

La primera modelo lucía el vestido rosa de muñeca adaptado, con un ribete en el dobladillo que mostraba el recorte original.

“Este vestido es un homenaje a los comienzos”, dijo Luna en el micrófono.

“A aquellos momentos en los que no sabíamos si íbamos a fallar, pero seguíamos creyendo en nuestro sueño”.

Lia, Entonces, presentó una camiseta con el estampado del avión de cartón de Carlos, ahora adulto y presente en el evento.

“Carlos, que ahora es diseñador, me dijo: ‘Ese avión representaba mi sueño de volar libre’.

Y hoy, ese sueño vuela en cada prenda de esta colección”.

Carlos, emocionado, se acercó al escenario y mostró un dibujo nuevo: un avión con alas de telas recicladas, volando sobre un planeta verde.

La reacción de los invitados fue abrumadora.

Un cliente de muchos años, que había comprado la primera prenda del Grupo, lloró al ver el vestido rosa: “Este color me recuerda a mi hija, que ahora estudia ecología gracias a vuestros mensajes”.

Un diseñador joven se acercó a Lia y dijo: “Estos diseños demuestran que la moda puede ser un libro de recuerdos, no solo un producto”.

Alejandro, en su discurso, anunció que un 10% de las ventas de la colección iría a proyectos que ayudan a niños a desarrollar su creatividad, como la guardería donde todo comenzó.

“Nuestros inicios fueron humildes”, dijo.

“Pero eran sinceros.

Y ese sinceridad es lo que queremos conservar en cada prenda, en cada decisión, en cada historia que compartimos”.

En el después del desfile, la familia se reunió en el taller, rodeada de las primeras muestras.

Luna abrazó a Lia y dijo: “Hoy, hemos demostrado que el tiempo no borra los sueños, sino que los convierte en algo más grande”.

Sofía, viendo los mensajes positivos en las redes, agregó: “Y que cada inicio tiene un legado, un legado que crece cuando lo compartimos con el mundo”.

Y así, la “Colección del Inicio” no solo fue un éxito comercial, sino un tributo a los valores que habían guiado al Grupo desde el principio: la creatividad como respuesta a los retos, la familia como motor del cambio, y la creencia en que cada persona, cada fibra, cada historia, pueden ser parte de un sueño más grande.

Y mientras las prendas comenzaban a llegar a casas alrededor del mundo, cada cliente sabía que llevaba en su guardarropa no solo una prenda de ropa, sino un pedazo de una historia de esperanza, de lucha y de amor por el planeta.

Un año después del estreno de la “Colección del Inicio”, el Grupo decidió celebrar su próximo proyecto en el lugar donde todo comenzó: la playa italiana.

Pero esta vez, no sería solo un desfile.

Sería un evento que uniría a miles de personas para celebrar la creatividad reciclada y el amor por el planeta.

Lia, Sofía y Luna se paseaban por la playa, recordando aquel primer desfile en el que hicieron que la basura se convirtiera en arte.

“¿Y si hacemos algo más grande?”, propuso Lia.

“Un festival donde personas de todo el mundo puedan mostrar cómo transforman la basura en algo bonito y útil”.

Alejandro, que se unió a ellas, sonrió.

“Me encanta la idea.

Y podríamos usar el dinero recaudado para proteger la playa y educar a los niños locales sobre la importancia de cuidar el medio ambiente”.

Y así, nació el “Festival de la Playa de los Sueños”.

En los meses previos al festival, el Grupo lanzó una convocatoria en las redes sociales: “Envíanos tu creación hecha con materiales reciclados y podrías participar en el festival”.

Las respuestas fueron abrumadoras.

De Australia llegó una escultura hecha con botellas de vidrio, de África una chaqueta confeccionada con bolsas de cemento reciclados, y de Asia un paraguas decorado con hojas secas y trozos de tela.

El día del festival, la playa estaba repleta de color y ruido.

En un extremo, había un espacio para talleres donde niños y adultos aprendían a hacer joyas con latas de aluminio y a confeccionar manteles con trapos viejos.

En el centro, un escenario esperaba a los artistas invitados, entre ellos Carlos, que ahora era un diseñador de renombre.

Carlos subió al escenario con una sonrisa.

“Hoy, voy a mostrarles cómo un dibujo hecho con cartón en una guardería se convirtió en una idea que ha viajado alrededor del mundo”.

Y con ayuda de unos jóvenes, montó una estructura gigante con cartones reciclados: un avión que parecía listo para despegar hacia el cielo.

Luna, por su parte, dirigió un taller de diseño de ropa.

“Recuerden”, les decía a los participantes, “que la creatividad no tiene límites.

Y el material que otros consideran basura, puede ser la clave para una obra maestra”.

Un joven de Brasil mostró un traje hecho con sacos de café, impidiendo a todos con su originalidad.

Sofía, mientras tanto, se dedicó a hablar con los visitantes sobre el “Sello del Futuro” y el impacto que estaba teniendo en la industria de la moda.

“Hoy, muchas empresas están siguiendo nuestros pasos”, decía.

“Y eso significa que más personas y más comunidades se benefician”.

Al atardecer, llegó el momento del desfile.

Los modelos caminaron por una pasarela construida con tablas recicladas, luciendo prendas de la “Colección del Inicio” y creaciones hechas exclusivamente para el festival.

En el público, había familias que habían viajado desde otros países para ser parte de aquel momento.

En el discurso final, Lia se acercó al micrófono.

“Hace años, una niña jugaba en esta playa con materiales que otros consideraban basura.

Y hoy, esa misma playa es el centro de un movimiento que está cambiando el mundo.

Esto demuestra que cada idea, a pesar de todo cómo pequeña, puede tener un impacto gigantesco”.

Y mientras la luna iluminaba la playa, y los fuegos artificiales ecológicos llenaban el cielo, todos sabían que el “Festival de la Playa de los Sueños” no era solo un evento.

Era un recordatorio de que la creatividad, la solidaridad y el amor por el planeta pueden transformar cualquier cosa, incluso la basura, en algo extraordinario.

Y que, como en una playa, donde el mar une los océanos, la sostenibilidad une a personas de todo el mundo en un proyecto común: cuidar el único hogar que tenemos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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