Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 84
- Inicio
- Todas las novelas
- Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid
- Capítulo 84 - 84 Capítulo 87 La Alianza Global de la Moda Sostenible
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
84: Capítulo 87 La Alianza Global de la Moda Sostenible 84: Capítulo 87 La Alianza Global de la Moda Sostenible La sala de conferencias de Ginebra estaba repleta de representantes de marcas, gobiernos y ONG, cada uno con un lanyard que lucía el logotipo en construcción de la “Alianza Global de la Moda Sostenible”.
Alejandro, con un folder en la mano y una expresión seria, revisaba los últimos detalles antes de comenzar.
Detrás de él, un póster con el lema “Transparencia obligatoria: el derecho de todo consumidor” dominaba la pared.
“Las negociaciones van a ser duras”, murmuró Sofía a Lia mientras se acomodaban en sus asientos.
“Hay marcas que ven la trazabilidad como un gasto innecesario”.
Pero Lia, siempre optimista, respondió: “Pero también hay quienes como María saben que es posible.
Su historia cambiará corazones”.
El primer obstáculo surgió con “FastTrend”, una marca de fast fashion famosa por sus bajos precios.
Su director, Monsieur Leclerc, levantó el brazo en medio de la presentación: “¿Ustedes saben lo que costará implementar códigos QR en todas nuestras prendas?
Perderemos el 20% de margen”.
El ambiente se tensó, pero Alejandro, sereno, se acercó al micrófono.
“Permítanme presentar datos de nuestra fábrica en la India”, dijo, mostrando gráficos en pantalla.
“Desde que adoptamos el código ‘EcoTransparencia’, nuestras ventas aumentaron un 35% en dos años.
Los consumidores pagan más por prendas que respetan a las personas y al planeta”.
Luego, hizo una señal a María, que se acercó temblorosa al escenario.
“En mi pueblo, antes los niños como mi hijo trabajaban en fábricas”, dijo, con lágrimas en los ojos.
“Ahora, él va a la escuela, y yo gano un salario digno.
Todo gracias a que la marca mostró su proceso.
¿No merece la pena, señor Leclerc, que más niños tengan la oportunidad de estudiar?”.
El silencio fue la respuesta, y Leclerc asintió, derrotado pero convencido.
Mientras Alejandro mediaba en el conflicto empresarial, Sofía se dirigía a la sede de la ONU, acompañada de un equipo de abogados.
En el Consejo Económico y Social, mostró un video que resumía el impacto del código en países como México y Kenia: menos trabajo infantil, más recursos para educación, y una reducción del 40% en las emisiones de CO2 en las fábricas certificadas.
“Esta Alianza no es solo para la moda”, dijo, mirando a los representantes de naciones.
“Es un modelo que puede replicarse en cualquier sector.
La ONU tiene la oportunidad de liderar este cambio”.
La respuesta fue positiva: el Consejo anunció que se convertiría en patrocinador de la Alianza, lo que daba credibilidad internacional.
Lia, por su parte, estaba en el taller de diseño, trabajando en el uniforme de los representantes.
“Quiero que refleje la unión”, dijo a su equipo, mostrando bocetos.
Finalmente, eligió un abrigo de color neutral, con eslabones de colores rojo, verde, azul, amarillo y morado cosidos en la manga, cada uno representando un continente.
En el pecho, un parche con el logotipo de la Alianza: una mano que sostiene un globo, rodeado de códigos QR miniatura.
El día de la firma del Acuerdo de Ginebra llegó con sol y un aire de esperanza.
En el patio de la sede de la Alianza, mesas estaban dispuestas con los textos finales, y un desfile preparaba el escenario.
María, Tomás y Zoe (ahora con un roles más activo en los proyectos juveniles) estaban en el primer renglón, junto a representantes de países como Indonesia, Perú y Nigeria.
Alejandro, como presidente fundador, leyó los principios del Marco Ético: Transparencia obligatoria: Todas las marcas deben mostrar en sus etiquetas el origen de materiales, condiciones laborales y impacto ambiental, a través de códigos QR accesibles a todos.
Materiales sostenibles: Un 50% de materiales reciclados o biodegradables para 2025, y un 100% para 2030.
Dignidad laboral: Prohibición del trabajo infantil, salarios justos y horarios razonables, certificados por organismos independientes.
Cuando llegó el turno de Monsieur Leclerc, sorprendió a todos al firmar el acuerdo con un gesto decidido.
“María me ayudó a ver que el verdadero costo es el de no cambiar”, dijo en un entrevista posterior.
El desfile multimarca fue el clímax.
Modelos de diferentes países caminaron por el pasillo, luciendo prendas de marcas como “FastTrend” (ahora con etiqueta QR visible), la indonesa “Batik Verde” y la argentina “Lana Sana”.
Cada prenda tenía un letrero pequeño: “Hecho con 7 botellas recicladas” o “Este algodón proviene de una cooperativa sin trabajo infantil”.
Lia, al final del desfile, apareció en el escenario con el abrigo que había diseñado, rodeada de niños de la guardería de Madrid.
“Este abrigo no es solo tela”, dijo, mostrando los eslabones.
“Es un puente entre culturas, entre generaciones, entre el presente y el futuro”.
Los niños gritaron “¡Unidos por el planeta!”, mientras挥动aban carteles con el logotipo de la Alianza.
En la recepción posterior, Sofía anunció el primer logro: “La ONU ha aprobado que todos sus suministros textiles deben ser certificados por la Alianza.
Esto es un avance para miles de personas”.
Alejandro, mientras saludaba a los delegados, se acercó a María y la abrazó: “Gracias a ti, muchos dudosos cambiaron de opinión.
Tu historia es el mejor argumento”.
Zoe, que había ayudado a organizar el desfile, se acercó a un grupo de jóvenes representantes.
“¿Sabéis que mi madre comenzó con un cartón en una guardería?”, les dijo, mostrando fotos de la exposición.
“Ahora, nosotros tenemos la oportunidad de hacer que esto sea norma, no excepción”.
Los jóvenes asintieron, inspirados por el legado que se construía ante sus ojos.
Y así, la Alianza Global nació no solo como una organización, sino como un sueño compartido.
Demostrando que, aunque las negociaciones fueran duras, la evidencia de vidas mejoradas y un planeta menos contaminado era más poderosa que cualquier objeción.
Y mientras las luces de Ginebra iluminaban el acuerdo firmado, todo el mundo sabía que este era solo el principio: un principio que uniría a empresas, gobiernos y personas en un camino hacia una moda más justa y sostenible, donde cada prenda tenía una historia honesta, y cada historia contribuía a un futuro mejor.
Con la Alianza Global de la Moda Sostenible establecida, el siguiente objetivo era claro: llevar las normas a nivel legislativo en la Unión Europea.
Sofía, con su experiencia en relaciones internacionales, encabezó el equipo que viajó a Bruselas.
Llevaba consigo carpetas repletas de datos: los ahorros ambientales en las fábricas certificadas, la caída en el índice de pobreza en comunidades donde se aplicaban los estándares y los crecientes beneficios económicos de las empresas comprometidas.
En el Parlamento Europeo, la audiencia era fría.
“¿No es demasiado costoso imponer estas medidas a todas las empresas textiles?”, preguntó un diputado holandés.
“La industria europea podría perder competitividad”.
Sofía, impertérrita, respondió: “Los datos demuestran lo contrario.
En Alemania, las ventas de marcas certificadas han superado al 30% del mercado local”.
Lia, que estaba presente en la audiencia, se dio cuenta de que los datos técnicos no eran suficientes.
Sacó su teléfono y mostró un video en la pantalla gigante detrás del escenario.
Era un reportaje de la fábrica india, donde se veía a María cocinando con su familia, mientras su hijo estudiaba en la mesa.
“Esta es la verdad detrás de nuestros códigos QR”, dijo Lia, hablando directamente al micrófono.
“No solo se trata de números, sino de vidas”.
Mientras Sofía y Lia luchaban en Bruselas, Alejandro se dedicó a reunirse con ejecutivos de empresas textiles europeas.
En una reunión con una marca de ropa deportiva en Francia, mostró un plan de transición: “Pueden comenzar con una línea sostenible, probar los códigos QR en un grupo reducido de clientes y luego expandirse”.
La idea comenzó a convencer a los dudosos, especialmente cuando se les mostró que las inversiones iniciales serían recompensadas en menos de un año.
Luna, en Madrid, no se quedaba atrás.
Organizó un taller con diseñadores europeos, mostrando cómo crear prendas atractivas con materiales reciclados.
“No hay nada feo en ser sostenible”, decía, mostrando un vestido de seda hecha a partir de residuos de algodón.
“Solo necesitamos creatividad”.
Los diseñadores, inspirados, comenzaron a crear nuevos diseños que se presentarían en el próximo desfile de la Alianza.
Zoe, ahora activa en las redes sociales, creó una campaña llamada MiRopaTieneHistoria.
Invitó a los usuarios a escanear los códigos QR de sus prendas (si las tenían) y a compartir en línea la historia detrás de ellas.
En pocos días, miles de videos aparecieron en las redes, mostrando a agricultores que cosechaban algodón, a costureras que confeccionaban prendas y a diseñadores que explicaban su proceso creativo.
La presión social comenzó a afectar a los diputados.
Sofía, en una segunda audiencia, presentó una petición con más de un millón de firmas de ciudadanos europeos que pedían la regulación de la moda sostenible.
“El público está listo para un cambio”, dijo.
“Y la UE tiene la oportunidad de liderar este movimiento en todo el mundo”.
Finalmente, después de meses de negociaciones, la Comisión Europea presentó un borrador de ley.
Proponía que todas las marcas textiles que vendían en la UE debieran mostrar en sus etiquetas el origen de los materiales, el impacto de carbono y las condiciones laborales, al menos a través de un código QR.
Además, establecía metas para la reducción de residuos y emisiones en las fábricas.
La noticia fue recibida con alegría en la sede de la Alianza.
En un video en directo, Alejandro habló a los miembros: “Este es un gran paso, pero solo el principio.
Ahora debemos trabajar para que otras regiones del mundo sigan nuestro ejemplo”.
Lia, emocionada, anunció un nuevo proyecto: un festival de la moda sostenible en Bruselas, justo antes de la votación final en el Parlamento.
El festival fue un éxito.
Había talleres para niños, donde aprendían a coser con materiales reciclados, desfiles de marcas aliadas y conferencias con expertos internacionales.
En el centro de la plaza, una instalación artística representaba un árbol hecho con miles de códigos QR, cada uno representando una prenda sostenible.
“Toca cualquiera de ellos”, invitaba un cartel, “y descubre una historia”.
Cuando llegó el día de la votación en el Parlamento Europeo, la galería estaba repleta de miembros de la Alianza, de representantes de ONG y de ciudadanos que habían apoyado la campaña.
El debate fue acalorado, pero los argumentos a favor de la ley fueron más fuertes.
“Si no actuamos ahora”, dijo un diputado español, “estamos condenando a futuras generaciones a un planeta sin recursos”.
El resultado fue aplastante: un 82% de aprobación.
La sala explotó en aclamaciones, y Sofía, emocionada, se abrazó a Lia.
“Lo hicimos”, dijo.
“Ahora la moda sostenible es más que una opción, es una obligación”.
En Madrid, en la guardería convertida en museo, Zoe y los demás niños gritaron de alegría al ver la noticia en televisión.
“Este es solo el comienzo”, dijo Zoe a sus amigos.
“Ahora debemos llevar estas normas a todos los países del mundo”.
Y así, la batalla en Bruselas se convirtió en un hito importante.
Demostró que, con datos, emociones y presión social, era posible impulsar cambios legislativos que beneficiaban a personas y planeta.
La Alianza Global sabía que habría más batallas por delante, pero con esta victoria en el bolsillo, se sentía más fuerte que nunca.
Mientras el sol se ponía sobre Bruselas, todos sabían que el futuro de la moda estaba camino de ser más transparente, ético y sostenible.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com