Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 87
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- Capítulo 87 - 87 Capítulo 90 La Conquista de Asia
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87: Capítulo 90 La Conquista de Asia 87: Capítulo 90 La Conquista de Asia La llegada de Sofía a Jakarta estaba cargada de expectativas.
El gobierno indonesio había visto el éxito de la fábrica india y quería replicar el modelo en su país, especialmente en la industria del batik, un arte tradicional declarado patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.
“Nuestros artesanos son la alma de esta industria”, dijo el ministro de Industria, “pero necesitamos que el mundo conozca su trabajo de manera ética”.
Sofía, acompañada de María —la ex-trabajadora de la fábrica india, ahora embajadora de la Alianza—, mostró datos del impacto en la sub-continente.
“En la India, las becas para hijos de trabajadores redujeron el trabajo infantil en un 40%”, explicó.
“Y aquí, puede ser igual: investir en educación es invertir en el futuro de la industria”.
El gobierno, convencido, anunció que cada fábrica certificada tendría subsidios para construir escuelas cerca de las instalaciones.
Mientras tanto, Luna se adentró en las llanuras de Java, donde los talleres de batik palpitaban con la energía de artesanos de generaciones.
“El batik no es solo un diseño”, les dijo, mostrando un molde de madera con motives tradicionales, “es una historia grabada en tela.
Pero para que sobreviva, debemos proteger a quienes la crean y al medio ambiente”.
Introdujo tintes naturales obtenidos de hojas de indigo, frutos de mangostino y raíces de curcuma, que no solo eran ecoamigables sino que también daban colores más vivos y resistentes.
En un taller en Yogyakarta, un joven artesano llamado Dimas probó un tinte rojo hecho con flores de hibisco.
“Antes usábamos tintes químicos que enfermaban a mis padres”, dijo, mientras aplicaba el diseño en una tela blanca.
“Ahora, puedo trabajar sin miedo, y los turistas pagan más por mis diseños porque saben que son sostenibles”.
Lia, en la costa de Tailandia, se unió a una cooperativa de agricultores de lino.
“El lino es como un regalo de la Tierra”, les dijo, caminando por los campos verdes.
“Crece rápido, consume poco agua, y sus residuos pueden convertir en fibras”.
Junto a ellos, creó un taller de diseño con jóvenes indonesios, donde mezclaron motives de batik, como el “naga” (dragón) y el “bintang” (estrella), con el logotipo de la Alianza: un eslabón colorido en la esquina de una camisa de lino.
“Esta prenda es un abrazo entre Indonesia y el mundo”, dijo Lia, mostrando el resultado.
Alejandro, en Singapur, firmaba un acuerdo con el Banco Asiático de Desarrollo.
“Este fondo financiará proyectos como la fábrica modelo de batik en Java y las cooperativas de lino en Tailandia”, anunció en una rueda de prensa.
“Creemos que el cambio sostenible necesita aliados, y el sector privado y público deben caminar juntos”.
El día del desfile mixto indonesio-europeo llegó con sol y color.
En el centro de Jakarta, el escenario estaba rodeado de telas de batik que ondeaban al viento.
Los modelos, mitad indonesios, mitad europeos, lucían prendas que fusionaban tradición y modernidad: un vestido de batik con motive de parang (diseño de espada) combinado con un cinturón de fibras recicladas, y un traje de “ArrozVerde” con bordados en batik de flores de jasmín.
Cada prenda tenía un código QR en la pera, que al escanearlo mostraba un video del artesano o artesa que la había creado.
“Este desfile es un sueño hecho realidad”, dijo Sofía en su discurso.
“Un sueño donde la tradición no se pierde, sino que se transforma.
Donde cada trazo de batik es un mensaje de respeto a los trabajadores y a la Tierra”.Cuando se trata de esto,Dimas subió al escenario, mostrando su traje con motive de naga, y dijo en bahasa indonesia: “Mi abuela siempre decía que el batik es la piel del cielo.
Ahora, esa piel está protegida”.
En Tailandia, la marca de lino “Siam Verde” anunció su nueva línea con códigos QR en cada prenda.
Al escanearlos, los consumidores veían cómo los agricultores cosechaban el lino, cómo los tintoreros usaban hojas de té para teñir las telas, y cómo los trabajadores confeccionaban las camisetas en instalaciones con通风良好 y horarios razonables.
“Nuestros clientes no solo compran ropa”, dijo el director de la marca, “compran una historia de justicia”.
El gobierno tailandés, inspirado, promulgó una ley que exigía a todas las fábricas mostrar el origen de materiales y las condiciones laborales, basándose en el Marco Ético de la Alianza.
“Esto es un hito para nuestra industria”, dijo el ministro de Trabajo, “ahora, el respeto a las personas y al planeta es obligatorio, no opcional”.
En la playa de Bali, un grupo de pescadores probaba un nuevo proyecto: fibras hechas con residuos de marisco, como conchas y caracoles.
Luna, que los había ayudado, explicaba: “Estos residuos solían ser desecheados, pero ahora son materia prima.
Y con el código QR, los consumidores saben que cada prenda protege los océanos”.
Sofía, al final del día, se reunió con Lia y Luna en un café de Jakarta.
“Hemos demostrado que el modelo india funciona aquí”, dijo, mostrando fotos de las escuelas en construcción cerca de las fábricas.
“Y es porque respetamos la cultura.
El batik no es un simple diseño, es un legado que hay que honrar”.
Lia asintió, mostrando un dibujo que un joven indonesio le había regalado: un oso de peluche hecho con restos de batik, con un eslabón de la Alianza en el pecho.
“Esto es el futuro”, dijo.
“No solo normas, sino conexiones.
Personas de diferentes países, unidos por el deseo de cuidar el planeta”.
Y así, la conquista de Asia no fue una invasión, sino un diálogo.
Un diálogo entre tradiciones y modernidad, entre trabajo honesto y tecnologia limpia, entre culturas millenarias y un mundo en cambio.
Y mientras los códigos QR continuaban contando historias en cada prenda, todo el mundo sabía que en Asia, la moda estaba escribiendo un capítulo nuevo: uno donde el arte, la ética y la sostenibilidad caminaban mano con mano, invitando a todo el planeta a unirse al baile del cambio.
El sol se filtraba a través de los techos de bambú en el taller de batik de Yogyakarta, iluminando las manos de Dimas mientras aplicaba un diseño con un canting, un instrumento tradicional para el batik.
Luna se acercó, sorprendida por la nitidez del motive de naga que el joven artesano estaba creando.
“¿Sabes que este diseño puede ser una estrella en el desfile?”, le dijo, mostrándole un boceto de cómo combinaría el batik con telas recicladas.
Dimas sonrió, orgulloso de que su trabajo se valorara en un nivel internacional.
En Jakarta, Sofía se encontraba en una reunión crucial con funcionarios del gobierno.
“La fábrica modelo que proponemos no solo producirá batik sostenible”, decía, mostrando planos de la instalación, “sino que también incluirá un centro de capacitación para jóvenes y un parque ecológico para educar sobre la importancia del agua limpia”.
Compartió datos de la fábrica india, cómo el aumento de salarios y la creación de becas habían reducido la tasa de trabajo infantil en un área entera.
“Si hacemos lo mismo aquí, no solo protegeremos la tradición del batik, sino que también construiremos un futuro mejor para los niños”.
El gobierno, convencido, anunció un plan ambicioso: se construirá una fábrica modelo en el corazón de Java, financiada en parte por el Banco Asiático de Desarrollo, gracias al acuerdo firmado por Alejandro.
Además, se establecería un sistema de becas para los hijos de los trabajadores de las fábricas certificadas,仿照 el éxito de la India.
Mientras tanto, en Tailandia, Lia estaba rodeada de jóvenes diseñadores en un taller de la cooperativa de lino.
“Imaginemos una prenda que hable de nuestra unión”, les propuso.
Juntos, comenzaron a crear diseños que combinaban motive de batik indonesio con patrones tailandeses, como los motivos florales del traditional thai silk.
Una joven diseñadora, named Ploy, propuso agregar el logotipo de la Alianza en un botón hecho con residuos de café, convirtiéndolo en un detalle distintivo.
“Esta prenda no solo contendrá telas recicladas y lino orgánico”, dijo Lia, mostrando el resultado final, “sino que también contará la historia de dos culturas unidas por la sostenibilidad”.
Alejandro, en Singapur, firmó el acuerdo definitivo con el Banco Asiático de Desarrollo.
“Este fondo de 50 millones de dólares financiará 20 proyectos sostenibles en Indonesia y Tailandia”, anunció en una rueda de prensa.
“Incluirá la fábrica modelo de batik, las cooperativas de lino y nuevos centros de reciclaje”.
Los medios se mostraron entusiasmados, y la noticia se extendió rápidamente por Asia, generando interés en otros países de la región.
El día del primer desfile mixto indonesio-europeo llegó con esplendor.
El escenario estaba decorado con gigantes telones de batik, y la música combinaba sonidos tradicionales con ritmos modernos.
Los modelos, vestidos con prendas que fusionaban el arte del batik con la tecnología de “ArrozVerde” y otras fibras recicladas, desfilaron ante una audiencia que incluía a funcionarios gubernamentales, empresarios y representantes de la Alianza Global.
Un vestido de batik azul oscuro, con motive de parang y un toque moderno en la forma, atrajo todas las miradas.
Al escanear el código QR en la pera, los espectadores podían ver un video de Dimas creando el diseño en su taller, contando su historia y cómo la Alianza le había dado la oportunidad de mostrar su arte al mundo.
“Este desfile es más que una simple exhibición de moda”, dijo Sofía en su discurso de clausura.
“Es un testimonio de que la ética y la belleza pueden coexistir, y de que las culturas pueden aprender una de otra mientras protegen el planeta”.
En Tailandia, la marca “Siam Verde” anunció el lanzamiento de su nueva línea con códigos QR en todas sus prendas.
Los consumidores, al escanearlos, no solo podían ver el proceso de fabricación desde la siembra del lino hasta la confección final, sino que también podían conocer a los trabajadores, sus salarios y las medidas de seguridad en el lugar de trabajo.
“Nuestra meta es que cada cliente se sienta orgulloso de llevar nuestra ropa, sabiendo que está contribuyendo a una industria más justa y sostenible”, dijo el director de la marca en una entrevista.
El éxito de estos proyectos no se hizo esperar.
En Malasia, un grupo de artesanos de songket, una tela tejida con hilos de oro y plata, se acercó a la Alianza para obtener ayuda en la certificación de sus productos.
En Filipinas, un emprendimiento de ropa de playa fabricada con residuos marinos pidió ser parte del Marco Ético.
Sofía, Lia y Luna, después del desfile, se reunieron en una terraza con vista al mar en Bali.
“Hemos demostrado que el modelo de la Alianza funciona en Asia”, dijo Sofía, mientras tomaba un sorbo de té de limón.
“Y es gracias a que hemos respetado y fortalecido las tradiciones locales”.
Lia asintió, mostrando fotos de los talleres donde los jóvenes habían creado prendas únicas.
“Estos jóvenes son el futuro de la moda sostenible en Asia.
Ellos saben cómo mezclar lo antiguo y lo nuevo para crear algo realmente extraordinario”.
Luna, pensativa, agregó: “Y el mejor de todo es que esto no se detiene aquí.
Cada vez que un nuevo proyecto es aprobado, cada vez que una nueva marca se une al Marco Ético, estamos construyendo un continente más responsable.
Un continente donde la moda no solo viste, sino que también cuida, inspira y une”.
Y así, la “conquista de Asia” siguió avanzando, no como una conquista forzada, sino como un viaje de colaboración y aprendizaje mutuo.
Un viaje donde la Alianza Global y las culturas asiáticas se unían para crear una industria textil más justa, sostenible y bella, demostrando que el cambio es posible cuando se respeta el legado del pasado y se abraza el potencial del futuro.
Mientras el sol se ponía sobre el océano indio, todo el mundo sabía que esta era solo el principio de un gran capítulo en la historia de la sostenibilidad en Asia.
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