Pasión en llamas: Amor y renacimiento en Madrid - Capítulo 97
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97: Capítulo 100 Perú, la Amazonía Protegida 97: Capítulo 100 Perú, la Amazonía Protegida En las profundidades de la selva peruana, donde el sol filtra through las hojas en charcos de luz, María caminaba entre filas de algodón orgánico.
Llevaba consigo la experiencia de años trabajando con cooperativas en la India, y ahora quería compartirla con los agricultores peruanos.
“En mi país, aprendimos que el algodón orgánico no solo protege el suelo, sino que también une a comunidades”, les decía a un grupo de agricultores reunidos en una choza de madera.
“Aquí, en la Amazonía, esto puede ser un escudo para proteger el bosque”.
Los agricultores de la cooperativa “SelvaViva” asentían mientras mostraban sus campos regados con agua de riego sostenible, capturada desde lluvias y canales que serpenteaban entre los árboles.
María les explicó cómo en la India usaban lombrices y abonos orgánicos para Fértilel suelo, evitando químicos que dañaban el ecosistema.
“El algodón es como un aliado”, dijo, tocando una hoja verde.
“Si lo cultivamos con respeto, el bosque se mantiene sano”.
En meanwhile, en la ciudad de Iquitos, un joven peruano llamado Carlos estaba desarrollando una idea revolucionaria.
Inspirado por la necesidad de monitorear la biodiversidad en las fincas de algodón orgánico, creó una app llamada “AmazoniaVive”.
“Con esta app”, explicaba a un grupo de inversionistas, “los agricultores pueden registrar cada especie de animal y planta en sus tierras.
Los clientes, al escanear el código QR de un paquete de algodón, verán cuántas especies se han protegido gracias a su compra”.
Alejandro, en la capital lima, se reunió con representantes de la Organización Mundial del Turismo (OMT).
“El turismo sostenible puede ser un motor para proteger la Amazonía”, le decía al director regional.
“Imagine un turista que visita una finca de algodón orgánico, aprende sobre la biodiversidad y compra productos certificados.
Es un ciclo que beneficia a todos”.
El acuerdo firmado prevía la creación de rutas turísticas que conectaran fincas, comunidades indígenas y centros de educación ambiental.
Lia, con su cámara en mano, se adentró en la selva para rodar un documental sobre los agricultores peruanos.
“Quiero mostrar la cara humana detrás del algodón orgánico”, dijo a María mientras filmaba a un agricultor regando las plantas.
“No solo es un producto, sino una vida laboriosa y un amor por la tierra”.
Los retratos de los agricultores, sus familias y la vida silvestre que habitaba sus fincas se convirtieron en el corazón del documental, titled “Raíces de la Selva”.
El evento clave llegó con la inauguración de la escuela técnica “Amazonía Futura”, financiada por las ventas de algodón certificado por la Alianza.
La escuela, construida con materiales reciclados y alimentada por energía solar, ofrecía cursos en agricultura sostenible, confección de ropa y uso del código EcoTransparencia.
María, invitada como experta, cortó el listón junto con autoridades locales y miembros de la cooperativa.
“Esta escuela es un regalo para nuestras jóvenes”, dijo una madre de familia, emocionada.
“Ahora, pueden aprender sin abandonar su tierra”.
En la ceremonia, Carlos presentó su app “AmazoniaVive” a los asistentes.
Mediante una demostración en pantalla, mostró cómo un agricultor podía registrar un pájaro rare en su finca, y cómo ese dato se convertía en parte del código QR del algodón que producía.
“Cada vez que un consumidor escanée el código”, explicó, “verá no solo el proceso de cultivo, sino también la vida que se ha protegido.
Es como darle un corazón a cada prenda”.
Alejandro, en su discurso, anunció el acuerdo con la OMT.
“A partir de mañana”, dijo, “los turistas podrán visitar estas fincas, participar en la siembra del algodón y aprender de estos guardianes de la selva.
Es un turismo que no solo contempla, sino que también protege”.
Las ruedas de autobuses sostenibles que llevar a los turistas a las fincas debutaron ese mismo día, decorados con motives de algodón y aves tropicales.
Lia, mientras rodaba la ceremonia, se dio cuenta de la importancia de estos proyectos.
“En la India, vi cómo el algodón orgánico cambió vidas”, le dijo a María.
“Aquí, en la Amazonía, es como si estuviéramos construyendo un muro de algodón verde alrededor del bosque”.
María asintió, viendo a los niños de la escuela correr por los campos, llenos de esperanza.
La app de Carlos pronto se hizo popular entre los agricultores, quienes ahora podían mostrar a los consumidores el impacto real de sus labores.
Un cliente en Barcelona, al escanear el código de un jersey de algodón peruano, descubrió que en la finca donde se cultivó habían proliferado trece especies de aves, including el aguila halcón, en peligro de extinción.
“Esto no es solo ropa”, escribió en su reseña, “es un regalo para el planeta”.
Alejandro, Satisfechocon el progreso, anunció que la Alianza estaba en conversaciones con la FAO para Promoción el modelo peruano en otros países tropicales.
“La Amazonía no pertenece solo a Perú”, dijo.
“Pertenece a todo el mundo, y estos agricultores son sus primeros soldados”.
Y así, la selva peruana comenzó a cambiar.
Las fincas de algodón orgánico se expandieron, protegiendo millares de hectáreas de bosque, y la escuela “Amazonia Futura” se convirtió en un faro de esperanza.
María, al regresar a la India, llevaba consigo la certeza de que la solidaridad entre pueblos y la innovación podían ser el escudo más fuerte para proteger la Amazonía.
Mientras la selva seguía respirando en su ritmo, los agricultores peruanos sabían que cada grano de algodón plantado era un paso hacia un futuro donde la vida silvestre y la humanidad coexistían en harmonia.
En el corazón de la Amazonía brasileira, donde el río Negro se mezcla con el Solimões, las lanchas avanzaban entre árboles inundados.
María, ahora de regreso a Brasil después de su estancia en Perú, visitaba una cooperativa de agricultores que cultivaban algodón orgánico en tierras protegidas.
“En Perú vimos cómo el algodón puede ser un escudo”, les dijo.
“Aquí, con vuestra riqueza natural, el impacto puede ser inmensurable”.
Los agricultores, muchos de ellos indígenas, habían adaptado métodos de cultivo que no requerían deforestar.
Usaban riego por goteo con agua de lluvia y sembraron árboles frutales junto a las filas de algodón, protegiendo la biodiversidad.
“Nuestro algodón no solo sale en ropa”, decía un jefe indígena, “sino que también mantiene viva nuestra cultura y nuestra madre selva”.
Alejandro, en meanwhile, se reunió con ejecutivos de la industria textil brasileña en São Paulo.
“El mundo quiere productos que cuiden el planeta”, les decía, mostrando muestras de algodón orgánico peruano y brasileño.
“Con el código EcoTransparencia, pueden mostrar que su cadena de suministro no daña la Amazonía, sino que la protege”.
Las empresas, consientes de la tendencia, accedieron a colaborar en una campaña conjunta llamada “Amazonia en Tela”.
Lia, ahora en Brasil, comenzó a rodar un documental complementario a su trabajo en Perú.
“La Amazonía es un todo”, decía mientras filmaba a niños indígenas bailando en una ceremonia de siembra.
“Los agricultores de Perú y Brasil comparten la misma misión: cuidar este pulmón del planeta”.
El documental, que fusionaría historias de ambas naciones, sería transmitido en canales internacionales durante el Mes de la Amazonía.
Zoe, en Río de Janeiro, estaba desarrollando una nueva función en su app “ReparaTuTela”.
“Ahora, los usuarios brasileños pueden escanear prendas de algodón orgánico y ver la historia de la finca donde se cultivó”, explicaba en una entrevista.
“Incluso pueden contactar directamente con los agricultores para conocer más sobre su trabajo”.
La función incluyó fotos y vídeos de las cooperativas, convirtiendo la compra en una experiencia interactiva.
El evento clave llegó con el lanzamiento de la campaña “Amazonia en Tela” en Río de Janeiro.
El desfile, montado en un escenario diseñado como un trozo de selva, mostró ropas hechas con algodón orgánico de Perú y Brasil, tejidos con motives indígenas y códigos QR disimulados en los bordados.
Los modelos caminaron mientras se escuchaba la música tradicional de ambos países, y los asistentes podían escanear los códigos para ver la vida en las fincas.
“Esta campaña no es solo sobre ropa”, dijo Alejandro en su discurso.
“Es sobre respetar la vida que hay detrás de cada tela.
La Amazonía no puede ser destruida por el gancho del capitalismo, sino que debe ser protegida por el corazón de cada ser humano”.
anunció también un acuerdo entre Brasil y Perú para crear un corredor ecológico de algodón orgánico, que uniría las cooperativas de ambas naciones.
María, invitada al desfile, presentó a los agricultores brasileños y peruanos en el escenario.
“Somos diferentes países, pero la misma selva nos une”, dijo, abrazando a un agricultor brasileño.
“Juntos, demostramos que la agricultura y la conservación pueden caminar de la mano”.
La app de Carlos, ahora adaptada para Brasil, debutó durante el evento.
Los asistentes pudieron experimentar cómo monitorear la biodiversidad en una finca virtual, y luego comprar productos que realmente protegeran la selva.
“Es como dar un voto por el planeta con cada compra”, dijo Carlos, rodeado de niños indígenas que mostraban sus diseños en la app.
Lia, satisfecha con el éxito, anunció que su documental would be presented at the Rio de Janeiro International Film Festival.
“Quiero que los espectadores se sientan parte de esta historia”, dijo.
“Que entiendan que cada algodón orgánico es un grano de esperanza para la Amazonía”.
El impacto de la campaña pronto se hizo sentir en ambos países.
Las ventas de algodón orgánico aumentaron un 40% en Brasil y un 35% en Perú, y las cooperativas recibieron solicitudes de empresas de Europa y Estados Unidos.
Los agricultores,,Inspirador, comenzaron a organizar talleres para enseñar a otras comunidades sus métodos de cultivo.
Alejandro, Satisfechocon el progreso, anunció un nuevo proyecto: la creación de una escuela virtual para agricultores de toda la Amazonía, donde María y otros expertos compartirían sus conocimientos.
“La Amazonía necesita más guardianes”, dijo.
“Y esta escuela será un lugar donde la sabiduría tradicional y la tecnología moderna se unan para protegerla”.
Y así, Brasil y Perú demostraron que la Amazonía podía ser un símbolo de unión y esperanza.
El código EcoTransparencia, en esta región, no solo informaba a los consumidores sino que también fortale la conexión entre pueblos y la selva que los rodea.
Mientras las lanchas seguían avanzando por los ríos, los agricultores sabían que su trabajo tenía un impacto global: cada fibra de algodón orgánico era un capítulo en la historia de una Amazonía protegida, una historia que se Continuadoía con cada planta sembrada y cada vida respetada.
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